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miércoles, 20 de febrero de 2013

Ser o tener

César Ricardo Luque Santana



Hacer lo correcto o preferir la verdad a pesar de las consecuencias negativas que nos puedan acarrear, es una actitud de elemental congruencia para los espíritus elevados, tal como la practicó Sócrates en su época con los resultados ya conocidos. En este sentido, cuando uno prefiere hacer lo correcto o defender la verdad o lo que uno cree es verdadero con base en los hechos, en altos valores y a favor de los intereses de la comunidad, no debe esperar el reconocimiento o aceptación de los demás, sino más bien lo contrario, la desaprobación, la estigmatización y el abuso.

Sin embargo, esta actitud no debe confundirse con el principio cristiano de poner la otra mejilla, porque no se trata de incurrir en una actitud masoquista, de servidumbre o de fanatismo religioso, sino que se trata de una relación entre medios y fines donde se partiría de que no es el fin el que justifica los medios como procedería el pragmático, el cínico o el fundamentalista, sino que son los medios los que justifican los fines, pues de nada sirve tener fines nobles utilizando medios viles, como tampoco lo es pagar un mal con otro mal. En otras palabras, cuando se tienen fines nobles los medios deben ser moralmente adecuados.

La referida actitud cristiana implica sumisión a otro cuyo poder está sustentado en la fuerza y el abuso; en la resignación ante una situación adversa que atribuye a un designio divino o natural porque no entiende que la desigualdad y la injusticia es cultural o social, es decir, construido por los hombres mismos y por lo tanto susceptible de modificación. Este despiste los lleva a concebir la felicidad como vedada en la vida terrena y por tanto reservada a una “vida” celeste o de ultratumba, de ahí que el bien mismo no está en función de su valor intrínseco sino de una supuesta recompensa en el más allá, en la creencia de una “vida eterna” del alma, lo que explica la actitud de conformismo ante la pobreza y el sufrimiento, de desprecio al cuerpo visto con mero envase del alma y cosas por el estilo. Claro, no todos los creyentes asumen esta postura.

Desde luego, estamos ante una concepción religiosa de corte místico, empero, quienes predican la vida terrenal como un “valle de lágrimas” y postulan una “vida celestial eterna”, no suelen ser congruentes con ese precepto el cual es usado como un postulado ideológico de dominio y control. Al margen de esta hipocresía, el amor cristiano en el sentido del ágape agustiniano, es de sacrificio por un ideal trascendente o sobrenatural, de amor incondicional a Dios, diferente del eros socrático-platónico. El primero es un amor subordinado, una abstracción vacía; el segundo es el que plantea Platón en boca de Sócrates en El Banquete, es un deseo de conocer permanentemente a partir de reconocer una carencia o ignorancia concomitante a la condición humana. Uno se rige por la verdad revelada y apela al dogma; el otro, aunque bajo una perspectiva metafísica, aduce un esfuerzo racional por descubrir o develar la verdad que se supone preestablecida.

Es la verdad filosófica como aletheia, que significa develar o correr los velos que ocultan la verdadera realidad de algo, la cual no está en la superficie sino en la esencia de las cosas y que por ende sólo es accesible al pensamiento. Es el logos, la razón y la palabra, es decir, la argumentación racional o fundamentada y la interlocución que somete al escrutinio público la pretensión de verdad. Por eso el filósofo a diferencia del sabio de la concepción arcaica o prefilosófica, no es el que posee un saber fijo o acabado, sino el que busca la verdad y la buena vida mediante la indagación, el diálogo y una conducta ejemplar donde la realización del hombre no tienen nada que ver con el éxito material sino con un enaltecimiento de la condición humana, en los términos que como personas somos un puente tendido entre los animales y la divinidad (un modelo de perfección). Este es el sentido real del “yo sólo sé que no sé nada” socrático: evitar el dogmatismo en la peor acepción de la palabra y asumir la responsabilidad de pensar por cuenta propia para crecer como persona con base en un modelo a seguir.

La idea del bien asociado a la felicidad también cambia entre la concepción filosófica y la teológica. Para Platón, el mal es ausencia del bien, esto es, el mal es relativo, es privación del bien, mientras que éste es absoluto. No hay una dicotomía o un maniqueísmo del bien y el mal como dos polos que se repelen pero que propician un equilibrio como sostienen algunas metafísicas filosóficas y religiosas cargadas al misticismo.

La dialéctica del bien y el mal en las filosofías socrática, platónica e incluso aristotélica -con variantes respecto a este último- plantean el bien como modelo y como actitud a seguir que conduce a la felicidad, entendida esta en términos espirituales e intelectuales como un bienestar consigo mismo en la medida en que se cultiva la inteligencia, se actúa con prudencia en la consecución de una vida moralmente elevada. No tiene nada que ver con la espiritualidad religiosa que moldea su conducta con base en una recompensa a futuro, es decir, que no hace el bien sino sólo por salvar su alma. No se mueve por generosidad sino por egoísmo, no necesita cultivar su intelecto porque ello implica dudar, cuestionar, ejercer la crítica, debatir; sino que debe creer, tener fe, actuar irracionalmente. No en vano Tertuliano, uno de los próceres del cristianismo primitivo decía: “creo porque es absurdo”. También conlleva una actitud de mansedumbre que avala las injusticias.

En conclusión, aunque las fronteras de las espiritualidad laica y religiosa son confusas porque unos y otros parecen determinados a superar las pasiones, en los filósofos griegos antiguos se describe esta espiritualidad como la superación de la hybris (pasiones, impulsos, violencia) versus la sofrosine (prudencia), lo que significa optar por una vida intelectual y desapegada de lo material sin despreciarlo, mientras que la actitud religiosa extrema opta por el repudio del cuerpo y todo lo material. El modo de vida no está mediado por el uso de la razón sino por la fe; la diferencia entre un sujeto espiritual y uno codicioso son tajantes pues el primero prefiere el ser al tener y el segundo justamente lo contrario.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Ricardo Luque - Repensar la Universidad más allá de las competencias


Repensar la Universidad más allá de las competencias

 César Ricardo Luque Santana

 

Opinar desde afuera sobre la Universidad Autónoma de Nayarit resulta difícil y aventurado cuando uno no está inmerso en su vida cotidiana, aunque ello no impide tener un conocimiento relativamente aceptable de la misma, pues  indirectamente se mantienen lazos que proporcionan información valiosa de ella:  a través de los hijos que estudian alguna carrera universitaria u otros familiares o conocidos que laboran en esta noble institución, de las pláticas de sobremesa entre amigos, y ocasionalmente, de los comentarios que se leen o escuchan en distintos medios, todo lo cual permite hacerse una idea general. Empero, quienes tenemos el privilegio de ser docentes universitarios, podemos tener un conocimiento más estrecho, vivencial, disponiendo de una diversidad de fuentes más especializadas y de una mejor interlocución, lo que nos permite en teoría tener una visión más sistemática y reflexiva del “modelo” universitario que se está implementando desde que comenzó la llamada Reforma Universitaria a inicios de la década pasada, siempre y cuando seamos lo suficientemente maduros y abiertos para juzgar integral e imparcialmente.

  En ambos casos es aconsejable procurarse mayores elementos de juicio para arribar a una valoración más justa, tratando de ver el fondo del asunto sin dejarse impresionar por los cambios que se observan a simple vista en la superficie. Esto significa que una vez que se conocen aspectos más concretos del proyecto y funcionamiento de la Universidad, se tiene una mejor idea de sus logros y de lo que se pretende construir. Sin embargo, es necesario ir más allá de la versión oficial contrastando sus posturas y justificaciones con otras experiencias y perspectivas de signo contrario, pues de esa manera se estará en mejores condiciones para hacer un análisis más reposado pasando por un tamiz crítico las diferentes tesis y antítesis para arribar a una síntesis o verdad.

  Lo primero que habría que decir es una obviedad: no podría verse la educación sin tomar en cuenta el contexto de globalización neoliberal que ha permeado todos los aspectos de la vida social y política bajo el dominio del factor económico, dominio avasallador que se resume en la frase “es la economía estúpido”, empleada por los políticos estadounidenses en la era de Clinton. Con este eslogan pretendían subrayar que para ellos todo se reduce al factor económico, al punto de que “todo lo sólido se desvanece en el aire” como dijera Marshall Berman siguiendo a Marx, a quien paradójicamente los neoliberales le dan la razón de la centralidad de la economía, cuando otros lo descalificaban por “economicista”, esto es, supuestamente por exagerar el papel de la economía en la configuración de la sociedad capitalista. En contrapartida a esta “exigencia” mercantilista de ceñirse a las necesidades económicas, la Universidad debería decir que su obligación primaria y fundamental es con la verdad y la razón.

  Así entonces, el interés estratégico que normalmente tiene el Estado en la educación no es la excepción ahora y menos cuando éste se encuentra secuestrado por los intereses del gran capital, el cual ha venido ha socavar y pervertir su función original de salvaguardar la viabilidad de la comunidad impidiendo mediante el derecho que los intereses de unos cuantos atenten contra ella. La “mano invisible” de Adam Smith no suponía dejar la sociedad al garete de los vaivenes del mercado en su faceta de capitalismo salvaje, pues él pensaba, al igual que otros liberales ilustrados de la modernidad, que la fórmula “menos Estado más Sociedad” consistía en que éste no ahogara los impulsos creativos de los individuos que permitían generar progreso, pero en modo alguno significaba permitir manga ancha para que la codicia de unos pocos deteriorara severamente el tejido social sustituyendo la tiranía del Estado por la tiranía del mercado.

  La educación ha corrido una suerte paralela al Estado cayendo víctima de los mismos chantajes, lo cual se muestra claramente al transformarla sin rubor de un derecho humano en una mercancía. Estos son los aspectos que habría que tomar en cuenta al pensar la Universidad y no abstractamente los indicadores que se usan para condicionar los apoyos públicos a los institutos de educación superior que deberían de gozar de la más amplia libertad sin mayores sujeciones que a sus propios parámetros académicos, pues esta obsesión fetichista por los indicadores está llevando a prácticas antiacadémicas deleznables de simulación de algunas instituciones que “preparan” o “entrenan” a sus estudiantes para pasar exámenes de las evaluaciones oficiales (como sucede abiertamente en escuelas de educación básica) y, satisfacer así dichos indicadores, en vez de proporcionarles aprendizajes significativos y duraderos. Asimismo, existen académicos que se limitan a hacer las actividades que les permiten acceder a los estímulos económicos incurriendo en conductas deshonestas o simuladoras  actuando como mercenarios, sin que sus logros personales se reflejen necesariamente en un mejor aprovechamiento de sus estudiantes o en beneficios significativos para la sociedad.

   Por eso creo que no hay que fiarse de las apariencias, pues si bien desde hace mucho tiempo nuestra Universidad goza de estabilidad política, donde los conflictos no alteran las actividades académicas, con docentes con mejores perfiles en términos de tener niveles de posgrado, más publicaciones, una vida académica más intensa y más dinámica, etc.; es necesario no dejarse llevar por las supuestas bondades que el nuevo “paradigma” de las competencias educativas ha traído, sino examinar detenidamente sus ventajas y desventajas, pues es sabido que este nuevo diseño no lo hicieron expertos educativos, ni los propios educadores, sino los oligopolios financieros. En este sentido, he visto  algunos profesores entusiasmados con este “modelo” sin preguntarse su origen y su finalidad, denostando acríticamente la llamada educación “tradicional” sin reparar en sus fortalezas, despachándola sin más como mera obsolescencia.

   Hoy por ejemplo, los mismos impulsores del “modelo por competencias”, o como le quieran llamar, reconocen que antes un egresado universitario tenía buenas expectativas de empleo, pero que hoy lo que priva es la incertidumbre; y sucede que se dice que “antes” no se vinculaba la educación a las “necesidades” sociales (o sea, del mercado), mientras que hoy que se forma o adiestra a los chicos para el mercado laboral, éste es incapaz de absorberlos; lo cual hace pensar que no era en sí el modelo educativo el que fallaba, sino que la sociedad actual, bajo la égida neoliberal, se ha vuelto socialmente más excluyente, con todo los males que ello representa. Lo peor es que se hace tanto énfasis en el aspecto técnico o instrumental de la formación profesional relegando o suprimiendo la formación humanística y ciudadana,  que este joven desempleado (que tal vez nunca tenga un trabajo remunerado estable que le dé certidumbre para realizar sus proyectos personales como tener una familia) está desarmado para ser un ciudadano crítico y participativo en su comunidad, a la vez que agraviado y resentido, lesionándose con ello la reserva moral que anida en la sociedad ante un mundo que se vuelve cada vez más egoísta y despiadado.

   De este modo, se exime a este sistema social propiciador de asimetrías e injusticias de su responsabilidad, trasladando ésta a las personas en cuanto individuos. Con ello le dicen a la gente que no es culpa del sistema el fracaso personal porque el éxito es responsabilidad de cada quien, cuando éste por definición está reservado a unos pocos y casi siempre se obtiene por medios no éticos. Los promotores a ultranza de este modelo que sirve deliberadamente y casi exclusivamente al mercado, esto es, a los intereses mezquinos de una minoría opulenta, hacen una lectura  naturalista de la sociedad, como si la inequidad, el abuso, el autoritarismo apenas disimulado, las injusticias, la pobreza galopante, etc., fueran algo dado, eterno, natural, mas no algo devenido históricamente como realmente ocurre, pretendiendo cancelar con esta visión (falsa y parcial), la posibilidad de un mundo alternativo deseable y posible.

   Hay que revisar críticamente cuánto hay de engaño e iniquidad en muchas de las supuestas “bondades” de este “modelo” que no sólo se limita a proporcionar mano de obra barata al mercado, sino que genera una ilusión de libertad y progreso casi inexistente para la mayoría de las personas facilitando su dominio mediante la enajenación. No es casual que ante tanta miseria e ignorancia, haya tanta avidez por la charlatanería de la literatura light de “superación personal”, conferencias motivacionales, cursos de “desarrollo humano” o “programación neurolingüística”, y desde luego, una emergencia preocupante de sectas irracionales de toda laya.

   Sé que mis comentarios e inquietudes pueden incomodar a algunos porque suenan como políticamente incorrectas, pero prefiero dar esa impresión que actuar hipócritamente dejándome llevar por la inercia o el oportunismo de abrazar modas académicas sin cuestionar su origen y sentido. Tal vez me digan que debo conocer más a fondo  la propuesta del nuevo paradigma educativo, pero yo digo que también hay que escuchar con la misma atención a las voces que lo critican.

   En lo personal, me parece que instituciones como la Universidad no deben estar condicionada por intereses extracadémicos, sino que debe gozar de la más amplia libertad de pensamiento de manera que sus beneficios se darían por añadidura, además de que se corre el riesgo de terminar uniformando a todas las carreras profesionales sin considerar sus diferencias sustantivas que las enriquecen, aplicando indiscriminadamente criterios que bien pueden tener sentido en unas ciencias pero no otras. Por ejemplo, hablan del cambio del paradigma de la enseñanza al aprendizaje convirtiendo al profesor en “facilitador”, cuando lo correcto es ver a ambos polos dialécticamente. En este tenor, subrayan la forma, los procedimientos, minimizando los contenidos, sin reparar que no todas las ciencias sufren cambios tan vertiginosos por igual. Decir que hay que “des-aprender” constantemente para volver “aprender”, tiene sentido en aquellas profesiones cuyos usos de las tecnologías son muy fuertes y sus contenidos efímeros, como en informática y otras disciplinas que dependen en buena medida de dichas tecnologías, pero no en las ciencias sociales y humanas cuyos conocimientos son más estables, profundos y duraderos,  lo cual no las hace mejor ni peor que otras ciencias, sino diferentes en virtud de su objeto. Entonces, ¿por qué pretender medir a todas las carreras con el mismo rasero?, ¿por qué condicionar las investigaciones con criterios de “rentabilidad” o provecho inmediatista castigando a ciencias básicas como la física teórica o la filosofía que tanto le han dado a la humanidad?

   Hay que repensar la Universidad despojándose de prejuicios y de actitudes cínicas como decir que “no hay de otra” porque si no se acatan las disposiciones y reglas impuestas por los empresarios y las autoridades educativas, no hay recursos económicos, aceptando con este tipo de “respuestas” que no se tiene la razón, sino que se asume una actitud convenenciera y por ende antiacadémica. Los universitarios son o deben ser la parte pensante y crítica de la sociedad, no meros autómatas u oportunistas que se dejan chantajear o enajenar por el canto de las sirenas. La verdadera “rendición de cuentas” de los universitarios no es someterse a las necesidades del mercado, sino al conocimiento en sí mismo, a la razón y la verdad, porque sólo ésta actitud es lo que nos hace dignos y la que contribuye significativamente con la sociedad.

sábado, 20 de octubre de 2012

Ricardo Luque - El papel de la historia en la política


El papel de la historia en la política

 César Ricardo Luque Santana

 
Las teorías políticas suelen fundamentarse y sistematizarse observando el ejercicio del poder a través la historia. Si uno revisa las grandes obras del pensamiento político encontrará que todas ellas abrevan de la historia, pues a través de ésta es cómo puede darse cuenta de cómo se ha ejercido el poder y la dominación de unos sobre otros. Así como en las ciencias naturales repiten sus experimentos para confirmar la validez de sus resultados, en la política se tiene que observar el pasado para identificar esas reiteraciones sacando lecciones de ellas, tanto en lo que respecta a la psicología de las masas como de los políticos, lo que permite a los conocedores de la historia aplicada a la política, predecir o prever comportamientos de la gente ante determinadas situaciones políticas. De este modo, quienes detentan el poder, saben como dominar a los subordinados, resumiéndose dicho dominio o hegemonía en la fórmula gramsciana de consenso + violencia. En efecto, para que un pueblo obedezca a sus gobernantes, o lo hace mediante consentimiento o se somete por la fuerza, utilizando el Estado ambos recursos, prevaleciendo a veces uno polo, a veces el otro. Por lo tanto, en la medida en que los que detentan el poder conozcan la historia, procurarán más la vía pacífica del consenso y utilizarán menos la violencia.

 Los ejemplos de esta simbiosis entre la historia y la política abundan. Recientemente, durante su gira por Europa, el presidente electo de México Enrique Peña Nieto, fue recibido con “inusitada” deferencia por el primer ministro de Francia. Al menos así lo reportó la prensa mexicana de acuerdo a comentarios de diplomáticos expertos en esos menesteres. Esta actitud zalamera y convenenciera del gobierno francés, viene precedida de las actitudes previas del priista en España y Alemania donde también sorprendió a sus anfitriones por su comportamiento de culo fácil, pues mientras al último “emperador” azteca –Cuauhtémoc- los conquistadores españoles le quemaron los pies para hacerlo confesar dónde tenía guardado sus tesoros sin poder doblegarlo, a Peña Nieto ni siquiera le alcanzaron a decir “mi alma” cuando ya se había bajado los calzones. Esta actitud entreguista me evocó una lectura que hice hace unas décadas de una obra titulada Exaltación de ineptitudes de Rafael Ruiz Harrell, en la cual escudriña el sistema político mexicano dominado por el PRI, exhibiendo con anécdotas bizarras la hipocresía, inmoralidad y corrupción de los políticos mexicanos de esa época, como el caso de una ocasión en que el entonces presidente de México Luis Echeverría visitó un estado del norte del país y sus anfitriones montaron una farsa para sacarle dinero.  Según el relato de Ruíz Harell, lo recibieron en una escuela pública cuyos directivos y autoridades políticas locales contrataron previamente a un experto de Hollywood en diseño de escenarios para que “envejeciera” artificialmente el edificio para justificar un apoyo económico, entre otras transas y tonterías, como la de un alcalde de un pueblito rabón donde apenas había unos cuantos carros, pero no obstante eso, el edil construyó un periférico que los locales llamaban “burroférico”, porque sólo circulaban asnos. Ahí cuenta también de como a un presidente mexicano (no recuerdo si José López Portillo o Miguel de la Madrid), se le hizo en Francia una recepción protocolariamente exagerada (alfombra roja, condecoraciones y adulaciones de por medio), con la intención de que favoreciera ciertas inversiones de empresarios franceses en México. Lástima que no tengo el libro a la mano para dar detalles de esta anécdota, pero como Marx  dijera (complementando a Hegel) en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, “la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa”.

 En El príncipe de Maquiavelo, las citas que recurren a la historia para ilustrar la manera de cómo se ha conquistado y ejercido el poder son abundantes, particularmente de la historia romana que desde luego era la más cercana a él. De ahí desprende varias enseñanzas válidas sobre el comportamiento político de la gente en determinadas situaciones, dando lugar a una psicología política tanto de las masas como los políticos, y por ende, la posibilidad de prever su conducta en situaciones semejantes. Con base en esas observaciones, Maquiavelo llega la conclusión de que en política “el fin justifica los medios”, principio que algunos ignaros lo toman como sugerencia suya a los políticos, dando lugar al mote despectivo de “maquiavélico” para quienes en política utilizan métodos truculentos, mostrando con esta noción, en el “mejor” de los casos, un desconocimiento de su pensamiento político, y en el peor, cometiendo una injusticia sobre el florentino. Para quienes no tienen claro este asunto, les recomiendo que lean El Príncipe de Maquiavelo y lo comparen con el Breviario de los políticos de Julio Mazarino (s. XVII), un manual de perversidades orientado a los políticos taimados, corruptos y sinvergüenzas, aunque este opúsculo se publicó póstumamente porque el tenebroso obispo lo elaboró para su uso personal. Dicho sea de paso, también en esta obra hay referencias a hechos históricos donde el poder se muestra tal cual.

 Podría seguir evocando e invocando obras políticas que demuestran palmariamente la importancia suprema de la historia en la formación política, al margen de los usos que cada quien quiera darle. Incluso en obras aparentemente más alejadas del tema se pueden encontrar referencias antiguas que son todavía vigentes, como en Erasmo de Rotterdam en Elogio de la locura, donde hay pasajes del libro que hablan de fraudes electorales y de políticos demagogos, cuando ni siquiera había democracia ni formaba parte de sus preocupaciones, como de hecho se puede constatar en el ideario político del liberalismo ilustrado  de los pensadores de los siglos XVIII y XIX donde el concepto de democracia está completamente ausente. Si uno presentara esos extractos sin referir el autor ni la época, cualquiera creería que está hablando de México en el siglo XXI, siendo que Erasmo fue del siglo XV.

 Una obra que seguramente sorprenderá a los lectores por su actualidad en nuestro entorno mexicano, es un opúsculo del francés Étiene de La Boétie, del siglo XVI, quien a sus 18 años de edad escribió su única obra titulada: Discurso sobre la servidumbre voluntaria, una obra visionaria que alimentaría El Contrato Social de Rousseau en el asunto de la soberanía popular y que fundamentaría la estrategia de desobediencia civil como una forma legítima, legal y pacífica de oponerse al poder autoritario. En dicha obra también salen a relucir ejemplos que manipulación política que dejan claro que al respecto no hay nada nuevo bajo el sol, excepto que las prácticas y mecanismos de hoy en día para embaucar a la gente se han adecuado a los avances tecnológicos. Para ilustrar esto pongo dos ejemplos que nos ofrece de La Boétie: uno de ellos nos habla de cómo un rey antiguo, Ciro (de Persia, siglo VI a. C.) controló a una colonia griega en rebeldía (Lidia del Rey Creso) sin usar la violencia. Cuando le informaron que los lidios de la ciudad de Sardes se había rebelado y no queriendo destruir esa ciudad que le gustaba, ni mandar un ejército de ocupación que implicaba mucho gasto, les puso cantinas, burdeles y casinos, obligando por decreto a sus habitantes a acudir a ellas. De ahí viene la palabra “lúdico”. Como puede verse, este estratagema se ha usado repetidas veces en otras ocasiones y latitudes, como por ejemplo, el uso del opio de los ingleses para adormecer  a los chinos y ahora la televisión como el distractor sucedáneo más relevante. Otro ejemplo que nos da es cuando un rey reparte trigo entre unos aldeanos (a manera de despensas) y los campesinos se desgañitaban gritando loas al rey. No saben –dice de La Boétie- que solo les repartió migajas de lo mucho que les ha robado. Cualquier parecido con las entregas de despensas y su cacareo propagandístico o las “cenas gratis” en el bodrio llamado popularmente “parque del sombrero” -por la forma de sombrero que tiene su techo- mismo que se construyó así para satisfacer el ego del actual gobernador de Nayarit, quien aunque ha “renegado” de los gastos de imagen de su antecesor, empieza a exhibir ad nauseam sus mismos comportamientos, con el añadido de que sus declaraciones políticas lo hacen ver como un sujeto obcecado y pendenciero, en vez de conducirse como un gobernante mesurado y conciliador. Si tuviera conciencia del significado de su manida y simplona frase “haciendo historia en el presente”, no apoyaría de manera fanática y facciosa la construcción de la presa Tres Cruces, cuyas consecuencias para el ecosistema de la región y para la economía de los pobladores de los márgenes del Rio San Pedro serán funestas, a decir de los investigadores científicos.

 Volviendo al tema me pregunto si los políticos actuales tienen consciencia de que repiten marrullerías que en algunos casos son de origen remoto, o lo hacen por mera intuición, como si existiera una especie de estructura mental en los demagogos para engañar a los incautos. ¿Será coincidencia o algo deliberado?, no lo sé, lo cierto es que hay un reportorio tan vasto de artimañas que se podrían escribir muchas páginas estableciendo los paralelismos o las copias entre ellas. En la película de Calzonzín Inspector de Alfonso Arau (inspirada en el personaje del caricaturista Rius), hay un episodio donde el cacique del pueblo y presidente municipal vitalicio, don Perpetúo del Rosal (en el nombre lleva la fama), inaugura un hospital de utilería para “engañar” al “inspector” Calzonzín, y de ahí se va a inaugurar otra obra en la cárcel (o al revés), y en lo que se traslada de un lugar a otro, desarman todo para volverlo a armar de nuevo en otro lado. Hasta los paleros (comparsas) que se prestan a representar papeles como enfermos, presos y personal, eran los mismos. Se dice que nuestros últimos dos gobernadores en Nayarit han hecho cosas parecidas, es decir, han inaugurado hospitales públicos exhibiendo una impresionante tecnología, pero después de la foto los han desmantelado. Esto tipo de simulaciones con fines meramente propagandísticos tampoco son nuevos sino que los hacía el Zar Nicolás I de Rusia, según nos narra Ruíz Harrell en el libro referido. Aníbal Ponce en su obra Educación y lucha de clases nos cuenta algo parecido respecto al Faraón de Egipto, quien para impresionar a sus súbditos y reforzar la creencia de ellos en su estirpe “divina”, reunía al pueblo para que atestiguaran la crecida del Rio Nilo. El Faraón arrojaba unas “instrucciones” escritas al río “ordenándole” crecer y… ¡oh milagro!, el río “obediente” empezaba a crecer. Lo que la gente no sabía es que los agrimensores egipcios le habían informado al Faraón del momento exacto en que ello ocurriría. (Ver pp., 20-21, en Editorial Cartago, disponible en Internet)

 La conclusión es que la historia –como decía Cicerón- es maestra de la vida, y por ende, los políticos, los politólogos y los ciudadanos deberíamos de aprender de ella. No es extraño que los neoliberales en el poder hayan hecho esfuerzos por extirpar la historia de los pueblos para borrar su identidad y sus raíces, o la hayan distorsionado con el pretexto de “desmitificar” las versiones oficiales (del otrora nacionalismo revolucionario), pero en vez de restablecer la verdad han incurrido en nuevas falsificaciones a fin de quitarle al pueblo referentes válidos de sucesos y personajes que nos llenan de orgullo. Los historiadores de derechas como Armando Fuentes Aguirre “Catón”, Manuel Villalpando (asesor de Felipe Calderón), Juan Miguel Zunzunegui y Macario Schettino entre otros, a quienes el historiador Pedro Salmerón Sanginés ha exhibido duramente en su columna “Falsificadores de la historia” publicada en La Jornada, ha demostrado que detrás de la aparente “objetividad” de dichos historiadores, se esconden propósitos de vendettas y revanchismo político que son lo que realmente los animan a “revisar” la historia de México para acomodarla a sus aviesos propósitos, y desde luego, la intención propia de los tinterillos neoliberales de hacer tabula rasa del pasado o provocar que la gente se avergüence del mismo, es para desarmar a los pueblos de su memoria histórica y que no vean que el saqueo actual es una continuación del saqueo y vasallaje de otras épocas, mismos que encontraron resistencia popular y generaron movimientos sociales en defensa de la patria. Esta tendencia de la reacción a empañar la historia de México la denuncié en mi artículo “Los bemoles del Bicentenario” que escribí el 20 de marzo de 2010 en mi blog “Hetairos” (Ver http://hetairosfilosofia.blogspot.com/)

 Ahora sí, por último, Marx nos decía en La ideología alemana que “las ideas dominantes son las de la clase dominante” y mediante su teoría de la enajenación explicaba este hecho, aunque los métodos y estrategias de manipulación para mantener esa enajenación se han ido afinando y sofisticando gracias al desarrollo de los medios masivos de comunicación, en particular la televisión. Las estrategias mediatizadoras de “pan y circo” romano o la aplicación del garrote como recurso de última instancia para mantener a raya a la plebe, aunque son en esencia las mismas, se han ido adaptando a las circunstancias de cada época. Hoy en día se pueden conocer las estrategias de manipulación de la opinión pública del neoliberalismo para imponer sus políticas depredadoras y colonialistas recurriendo a reflexiones como Las 10 estrategias de manipulación mediática de Noam Chomsky (http://www.mitosyfraudes.org/Polit/chomsky.html) y a las investigaciones de Naomi Klein, cuyo documental sobre la Doctrina del shock se puede consultar por Internet en http://www.youtube.com/watch?v=gP591bZNc0I. Respecto al primero, también pueden verse mi artículo en mi blog “Hetairos” (05/12/10).

lunes, 1 de octubre de 2012

Ricardo Luque - Nuestra deuda con la lucha del movimiento del 68


Nuestra deuda con la lucha del movimiento del 68

César Ricardo Luque Santana

 
La historia de México nos refiere la vocación y tradición de lucha del pueblo mexicano, desde sus orígenes que nos llevaron primero a la independencia de la corona española, luego a la reforma liberal con Benito Juárez (separación de la Iglesia y el Estado mediante el laicismo) en pugna con las fuerzas conservadoras, hasta la revolución mexicana de principios del siglo XX propiciada por la enorme injusticia social y el autoritarismo asfixiante del régimen porfirista. Posterior a la revolución, se multiplicaron los movimientos reivindicatorios de obreros, campesinos, estudiantes y profesionistas, siendo el movimiento estudiantil de 1968 uno de los más emblemáticos del México moderno y posrevolucionario, mismo que constituyó un antes y un después de nuestra nación, pues fue determinante para obligar al régimen autoritario de entonces -signado por la hegemonía de un “partido de Estado” que ejercía el monopolio de la política mediante un férreo control corporativista, mediático y represivo de los trabajadores y ciudadanos, que en la práctica suprimía la disidencia auténtica mediante una oposición simulada o la reducía a una presencia testimonial- a aceptar cambios políticos que darían cauce al pluralismo que exigía la sociedad. Por cierto, los cambios que se darían para transitar a dicho  pluralismo no fueron inmediatos ni una concesión gratuita; del mismo modo que la apertura del régimen tampoco significó una auténtica conversión democrática de quienes detentaban autoritariamente el poder político. Por desgracia, quienes a la postre se beneficiaron con el relevo democrático, no estuvieron a la altura de las luchas que las organizaciones sociales y los ciudadanos impulsaron pagando un alto precio por ello.

 Sin un afán de hacer una recapitulación de los hechos que dieron origen al movimiento del 68 y a las etapas del mismo que tuvieron un trágico desenlace mediante una masacre de gente pacífica e indefensa y cuyos culpables quedaron impunes; y sin pretender tampoco traer a colación explicaciones académicas del mismo, no porque no sean necesarias y pertinentes, sino porque por un lado, es una de las luchas que más pervive en la memoria popular, y porque por otro lado, se asume que en general existe un consenso sobre el mismo visto en su totalidad, gracias a la perspectiva que la distancia en el tiempo nos da sobre esos sucesos, sin que eso signifique que no haya aún opiniones encontradas al respecto. Empero, lo importante por ahora es subrayar la deuda que como demócratas tenemos con la gesta que los jóvenes universitarios de esa época hicieron para que las futuras generaciones gozaran de un país más libre, justo y democrático.

 Los cambios que se han logrado a partir de la lucha de los jóvenes de hace 44 años, no han sido honrados del todo porque la alternancia en el poder que se supone debían darse mediante procesos electorales equitativos y autoridades imparciales, el pluralismo concomitante a dicha alternancia, así como el supuesto fortalecimiento de la división de poderes de nuestra democracia republicana, han dejado mucho que desear por los sesgos y distorsiones que se han venido suscitando, avanzando solamente en las reglas formales del juego democrático, paralelamente a un retroceso en las condiciones de vida de los ciudadanos comparativamente con esa época. En este tenor, la corrupción no sólo no se ha podido superar sino que ha empeorado con las privatizaciones que las políticas neoliberales ha instrumentado llegado al colmo de legalizarla, todo en detrimento de los contribuyentes, de la viabilidad de la convivencia social y desdibujando asimismo nuestra identidad nacional socavada por la globalización capitalista donde todo lo sólido se desvanece al punto de que el mercado se ha puesto  por encima de cualquier cosa por sagrada que sea, llegando al extremo de hacer inconciliable la democracia con el mercado en perjuicio del primero.

 El conservadurismo instalado en el poder los últimos 30 años, ha sacrificado los principios por los que lucharon mexicanos de todas las épocas y en particular los jóvenes del 68 que pagaron con sus vidas sus anhelos de construir un país más independiente, democrático y justo. Sin embargo, eso no significa que su legado y su sacrificio hayan sido en vano porque éste se ha mantenido vivo en todas las luchas posteriores a ellos hasta la actualidad, siendo tal vez la emergencia del movimiento #YoSoy132 su expresión más acabada. Hoy como ayer, los estudiantes y los trabajadores de nuestro país, acompañados de los mejores intelectuales, artistas, académicos y científicos del país, siguen pugnando por un cambio verdadero sin amedrentarse por los obstáculos y sin perder la esperanza de que un mundo mejor sea posible pese a los descalabros obtenidos y las dificultades de los retos.

 En este tenor resulta estimulante recordar y retomar los pensamientos y testimonio de los luchadores de esa época y la actual, mismos que revelan el espíritu indomable del pueblo mexicano es su afán de defender su patria mediante la defensa de los intereses populares, los cuales han sido afectados gradual y descaradamente por los grupos conservadores dominantes que como en la colonia, la reforma y la revolución, han estado en contra de los intereses populares aunque siempre han terminado vencidos por la voluntad inquebrantable de nuestro pueblo y las fuerzas progresistas.

 Las nuevas generaciones han mostrado un interés genuino por lo ocurrido el 2 de octubre de 1968 donde no obstante la opacidad del gobierno de esa época y los posteriores que nos impiden saber con certeza cuántos muertos realmente hubo y quiénes fueron, y desde luego el encubrimiento de los asesinos, existen muchos testimonios independientes de los actores, periodistas y personalidades de la cultura que vivieron de cerca el movimiento quienes a través de libros, documentales y otros medios, así como de investigaciones académicas posteriores, nos han permitido reconstruir esos dolorosos pasajes de nuestra historia para tener un conocimiento de la verdad histórica y extraer de ellos sus múltiples y profundos significados.

  El conocimiento crítico de nuestra historia remota y reciente, particularmente del movimiento de 1968 que en esta ocasión nos convoca a esta reflexión, me deja en lo personal un compromiso a continuar la lucha más allá de un mero acto de remembranza que por otra parte es obligado, pero  limitarse a evocar esos trágicos sucesos de la noche de Tlatelolco de 2 de octubre de 1968 sin sacar las enseñanzas y compromisos derivados del mismo, sería incurrir en un ritual vacío con la falsa percepción de mirar el pasado como si fuera un suceso superado por el tiempo y no como una lección de vida y una cuenta pendiente por saldar.

martes, 25 de septiembre de 2012

Ricardo Luque - La desaparición de las Teleprepas


La desaparición de las Teleprepas.

César Ricardo Luque Santana
 

 
Después de varios amagos del “gobierno de la gente” para desparecer el subsistema de telepreparatorias, finalmente se hizo oficial la intención de sustituirlo por otro subsistema de educación a distancia conocido como EMSAD (Educación Media Superior a Distancia), pasando del dominio del gobierno del estado al gobierno federal, lo que implicará de entrada un perjuicio irreparable a los derechos de los profesores de las todavía Teleprepas, quienes en este momento están construyendo un sindicato para defender sus derechos, mismo que se empezó a fraguar como una respuesta a sus difíciles condiciones laborales, sujetas a la discrecionalidad y unilateralidad del gobierno estatal quienes han venido dilatando las contrataciones y los pagos del personal, al mismo tiempo que los envían arbitrariamente a sus lugares de trabajo sin considerar experiencia, edades, arraigo, derechos, etc. Por ello, como sucedió hace unos pocos meses, los profesores de las Teleprepas acompañados de sus alumnos y los padres de éstos, salieron de nuevo a las calles a protestar pidiendo certidumbre a maestros y estudiantes, entre otras demandas que presuntamente les afectarán de un modo u otro. Al mismo tiempo, en la tribuna de la Cámara de Diputados, el legislador perredista y luchador social Miguel Ángel Arce Montiel, realizó un pronunciamiento del cual me permito destacar algunos puntos.

  En primer lugar hizo una descripción somera pero concreta de los alcances de este servicio educativo que se presta a jóvenes de 80 comunidades rurales que en total suman alrededor de 6 mil alumnos. Su desaparición podría perjudicar a miles de jóvenes que por sus precarias condiciones sociales no pueden salir a una cabecera municipal a estudiar, lo que significaría cancelar sus posibilidades de mejorar sus condiciones de vida a través del estudio, ensanchando y enriqueciendo sus conceptos de la vida transformándolos en mejores ciudadanos, alejándolos al mismo tiempo de las malas influencias que pudieran convertirlos en carne de cañón de las bandas de delincuentes. Asimismo, plantea su preocupación por la conculcación de los derechos laborales de los trabajadores de este subsistema que de por sí se encuentran en una situación vulnerable ante la carencia de un sindicato registrado que defienda sus derechos y logre una relación contractual (contrato colectivo) con las autoridades más justa.

Acto seguido hizo un reconocimiento tanto de los estudiantes de Teleprepas como de sus maestros. De los primeros dijo que muchos de ellos realizan enormes esfuerzos por estudiar ya que muchos de ellos deben hacer compatible sus estudios con labores del campo, además de que muchos otros tienen que desplazarse varios kilómetros a sus centros escolares; mientras que los profesores tienen que quedarse en sus comunidades que suelen estar muy alejadas de la ciudad capital de dónde proceden la mayoría de ellos, lo cual le agrega un plus a su trabajo porque se involucran en la vida de sus comunidades convirtiéndose en gestores, consejeros y amigos de los pobladores. Todo esto sin contar que cada profesor de Teleprepas hace la labor de al menos 4 ó 5 maestros, pues prácticamente entre unos cuantos imparten todas las asignaturas de los tres grados escolares. Estos sacrificios de los profesores de Teleprepas le evocan al legislador la mística o apostolado de los profesores rurales de la época cardenista.

 Refiere el diputado Arce que la pretensión del secretario de SEPEN Marco Antonio Ledesma González de desaparecer el subsistema de Telepreparatorias y emigrarlo al EMSAD, provocará de entrada un daño a la economía de los papás de los estudiantes que tendrán que pagar una inscripción anual más cara que la que vienen pagando (de 50 pesos a mil pesos), lo cual en familias pobres como lo son muchas de ellas, representa un fuerte impacto económico, lo que podría provocar que muchos de ellos decidan no enviar a sus hijos a la escuela.  Los profesores por su parte -como ya lo mencionó- se verán disminuidos en sus derechos porque se haría borrón y cuenta nueva con su antigüedad, además de que muchos corren el riesgo de no ser (re)contratados al ser sometidos a un “examen de oposición” que hace tabula rasa de la formación académica de estos docentes (muchos con grado de maestría) y de su experiencia laboral que en algunos casos rebasa los 6 años de vida de este subsistema, es decir, hay profesores que cuentan con una amplia experiencia docente y profesional que pueden ser retirados por razones ajenas a sus capacidades con la aplicación de dicho examen que puede ser adoptado como una coartada. Este temor existe entre muchos profesores de las Teleprepas que unidos han venido luchando por sus derechos. Desde luego que aunque todos ellos han cerrado filas en torno a sus dirigentes, éstos como cabezas visibles del movimiento se hayan más expuesto a represalias, de ahí que el diputado Arce subraye que las autoridades deben evitar vendettas contra ellos, pues no han hecho otra cosa que defender sus intereses y las de sus educandos amparados en las leyes mismas, principalmente la Constitución Política Mexicana que ampara nuestros derechos individuales y sociales.
 
En conclusión, el legislador Arce Montiel  hace una llamado claro y firme a las autoridades educativas del gobierno del Estado a tener sensibilidad en este caso, a respetar los derechos logrados por los trabajadores, actuar con justicia e imparcialidad, pero sobre todo, los conmina a apoyar al subsistema de Teleprepas que da una amplia cobertura educativa a miles de jóvenes de la zona rural a un bajo costo.

jueves, 23 de agosto de 2012

Ricardo Luque - Hacia una democracia participativa

Hacia una democracia participativa

César Ricardo Luque Santana


El día 21 de agosto del presente año y en el marco de la primera plenaria del segundo período de sesiones del Congreso del Estado de Nayarit, el diputado Miguel Ángel Arce Montiel presentó al pleno su iniciativa de Ley de Participación Ciudadana cuya Exposición de Motivos leyó en tribuna, turnándose luego el documento completo a la comisión correspondiente para su análisis, discusión y eventual aprobación en dicha instancia, para de ahí retornar de nuevo al pleno para su aprobación definitiva, en caso de que así ocurra, con las modificaciones que en ese proceso pudieran darse.

 Haciendo un poco de historia, los antecedentes de este tipo de iniciativas en este espacio legislativo son la que presentó el entonces gobernador Antonio Echeverría Domínguez (2003) y el ex diputado perredista Jesús Castañeda Tejeda (2009), respectivamente. La diferencia con la actual iniciativa es que durante el sexenio de Ney González (hacia el final de su mandato), algunas figuras de participación ciudadana se elevaron a rango constitucional, a saber: plebiscito,  referéndum e iniciativa popular; de manera que la creación de una ley reglamentaria se volvió una necesidad imperiosa, pues de otro modo estos derechos ciudadanos quedaría como letra muerta. Así entonces, este proyecto constituía una materia pendiente de urgente resolución para la actual legislatura, cuya concreción dotará a la sociedad de un nuevo instrumento jurídico y político para incidir en la vida política del estado sin depender directamente de los partidos políticos ni de sus representantes populares.

 A continuación, aunque de manera sumaria, presentaré los puntos esenciales de la Exposición de Motivos leída en tribuna por el legislador perredista, dejando para otras entregas el desglose de la iniciativa como tal, de modo que los ciudadanos sepan en qué consiste cada figura, cuáles son sus objetivos, causales, requerimientos, procedimientos y sus alcances, no sin antes señalar que quienes deseen el documento completo me lo pueden solicitar mediante el correo electrónico preferentemente.
 
En principio, la pertinencia de la democracia participativa como complemento de la democracia representativa, parte del reconocimiento de la crisis de esta última que pese al advenimiento del pluralismo político -luego de siete décadas de monopolio de un sólo partido-  ha quedado a deber a los ciudadanos respecto a las expectativas de una alternancia que significara la superación de los vicios del ancien régime, malográndose la transición a la democracia al desvirtuar ésta a una partidocracia que ha terminado secuestrando las aspiraciones de cambio verdadero incurriendo en un “cambio” simulado, al grado de que el voto de los ciudadanos en las diversas elecciones constitucionales se ha tornado en la práctica en un cheque en blanco para la clase política.

La fundamentación de esta iniciativa se cuida sin embargo de la pretensión de suplantar a la democracia representativa  por la democracia participativa  o participación ciudadana, enfatizando su papel complementario (que no suplementario), al mismo tiempo que advierte que tampoco se trata de una panacea, sino de un instrumento democrático que requiere de una reglamentación precisa que evite distorsiones y usos ilegítimos del mismo. Asimismo, la Exposición de Motivos hace una distinción entre las distintas formas de participación política especificando la que corresponde a la participación ciudadana. El esclarecimiento de la naturaleza de la participación ciudadana y su relación con la democracia representativa, es importante porque alrededor de la democracia participativa se han tejido algunos mitos e idealizaciones, al mismo tiempo que se ha caído en una confusión conceptual que lejos de contribuir a su entendimiento y florecimiento, introducen elementos extraños que generan una adulteración, al grado de distorsionar la intención de empoderamiento de la sociedad con una forma encubierta de privatización de la política, en vez de concebirla más sustancialmente como una socialización del poder. En este sentido, los grupos conservadores tienden a resignificar mañosamente los conceptos de democracia, libertad y otros para encauzar la participación ciudadana en un sentido privatizador, usurpando mediante asociaciones civiles camufladas al servicio de grupos de presión a la llamada sociedad civil. Esta tentativa reaccionaria de las derechas resulta  en sí misma aberrante o contra natura, porque el poder y la política son por definición asuntos de interés público.

El texto mencionado hace referencia también a la existencia de la participación ciudadana en otros ámbitos como el municipal y el federal, ponderando sus alcances y señalando sus limitaciones, la cual a veces no se debe a la falta de instrumentos jurídicos sino a la ausencia de vocación democrática de los gobernantes, como sucede marcadamente en el ámbito municipal que es el más propicio para la participación ciudadana dada la naturaleza colegida de su forma de gobierno y a la cercanía entre gobernantes y gobernados. Este último señalamiento me parece significativo porque en efecto, la democracia participativa necesita una base jurídica que le dé certidumbre y legitimidad, pero en sí misma es insuficiente si no existe una cultura política democrática de la población y una vocación democrática auténtica en las autoridades. No obstante, es necesario que la ley de participación ciudadana sea lo más precisa y clara posible en sus reglas de operación y en sus objetivos. En este sentido, debe garantizar la imparcialidad de la instancia encargada de llevar a cabo algún procedimiento impulsado por los ciudadanos (en este caso el Consejo Estatal Electoral), dando condiciones de equidad a las partes en pugna ante un tema concreto, de manera que los ciudadanos puedan tomar decisiones de manera informada y con plena libertad.

Para finalizar, no menos importante resulta la alusión al concepto de soberanía tan vapuleada por los embates del neoliberalismo. De esta manera, la soberanía, que reside en el pueblo, retoma o refuerza su papel de salvaguarda de los intereses colectivos suplantados por una banda de bribones empecinados en saquear y vender el país y nuestro estado como si fuera feria de pueblo a los grandes capitales nacionales y extranjeros, sin importarles los daños al medio ambiente, la supresión de derechos labores, el socavamiento de los derechos humanos, y en sí, el poner en riesgo la viabilidad del país como nación independiente permitiéndoles que se apropien de nuestras riquezas naturales con total impunidad. Sin duda, la participación ciudadana en cierto modo permite recuperar la soberanía del pueblo dándole armas jurídicas para defender los bienes públicos y el bienestar de la sociedad sometida a políticas de mercado que lo único que han provocado es un profundo deterioro del tejido social expresado en un Estado fallido. Asimismo, insistiendo en su papel de complemento y equilibrio de la democracia representativa -mas no su sucedáneo- la democracia participativa permite una relación más horizontal entre autoridades y ciudadanos, al mismo tiempo que abona a una forma de relación sana entre ambos, ajeno al envilecimiento que han provocado las prácticas clientelares, el corporativismo, el tráfico de favores, etc., cuyas consecuencias han sido perpetuar un autoritarismo apenas simulado en un afán de sostener contra viento y marea un “modelo” de economía neoliberal altamente depredador.
 

viernes, 20 de julio de 2012

Ricardo Luque - Argumentos falaces y cínicos

Argumentos falaces y cínicos

César Ricardo Luque Santana


El presente escrito constituye una crítica al artículo de Soledad Loaeza titulado “La defensa del voto” publicado en La Jornada en 19 de julio de 2012, mismo que se revela como un mero panfleto reaccionario sin poder analítico alguno. Al principio pensé remitirlo ahí mismo en la sección de “comentarios”, pero al exceder la cantidad de caracteres establecida como límite, opté por dejarlo como artículo de opinión publicándolo en los medios acostumbrados por mí.  Creo que sus objeciones falaces y cínicas contra quienes impugnan la elección presidencial por las vía jurídica y mediante las movilizaciones sociales, son más o menos las mismas que los priistas y sus “intelectuales” orgánicos esgrimen a través de diversos medios, de ahí la importancia de salir al paso de los mismos.

Asombra la superficialidad de los razonamientos de Soledad Loaeza y me pregunto como puede mostrar tanta puerilidad con sus credenciales académicas que deberían de permitirle argumentar con mayor rigor. La función de comunicar un análisis al gran público mediante un artículo periodístico no la exime de ello, pues la claridad de un discurso no depende tanto de la belleza en la forma de escribir, sino en la coherencia en el modo de pensar, así como en la objetividad y la actitud ética que como investigador se debe mostrar

Desde el primer párrafo se advierte la ligereza de sus objeciones a quienes impugnan por la vía jurídica, la movilización callejera y las redes sociales, la validez de las elecciones (principalmente la segunda), pues los resultados electorales son producto de la inducción (encuestas, medios), la coacción (chantaje a empleados públicos y a los pobres que dependen de los programas sociales del gobierno) y la compra del voto (despensas mediante tarjetas de Soriana, pagos en efectivo, tarjetas Monex, etc.), con el agravante de que esto último se realizó con dinero de origen ilícito (lavado de dinero). Si bien es cierto que resulta difícil comprobar -como ella dice- todas los delitos electorales cometidos por el PRI, no significa que haya que desestimarlos sino por el contrario, habría que exigir que se investiguen a fondo para determinar hasta dónde pudieron haber sido un factor de inequidad que afectó la libertad del voto que según la ley debe existir para que los resultados sean legales y por ende el ganador esté también legitimado.

 La dificultad para comprobar dichos ilícitos es aún mayor por la actitud negligente y complaciente de las autoridades electorales que lejos de coadyuvar al esclarecimiento de las denuncias presentadas por la coalición de izquierda del Movimiento Progresista, tratan de minimizarlas, darle largas al asunto arguyendo que la tarea llevará mucho tiempo de investigación, cuando la periodista Carmen Aristegui y su equipo han hecho importantes hallazgos en un tiempo relativamente corto sobre el uso de las tarjetas Monex que incluso revelan indicios lavado de dinero, al grado que el PRI ha tenido que aceptar parcial y matizadamente estos hechos que antes venía negando tozudamente. Peor aún, algunos magistrados del Tribunal Electoral (Trife) han hecho declaraciones controversiales como el magistrado Alejandro Luna Ramos quien anticipó que “nadie ganará en la mesa lo que no ganó en las urnas”, lo que se interpretó como una especie de albazo jurídico porque sin conocer las pruebas para impugnar de los inconformes, dio a entender que de todos modos no modificaran los resultados; mientras que otros jueces como Carmen Alanís, mantiene nexos orgánicos con el grupo de Peña Nieto al igual que otros magistrados como Salvador Olimpo Nava Gomar y Flavio Galván Rivera con antecedentes que los vinculan al PRI. La imparcialidad de estos sujetos es puesta en duda por los nexos referidos y lo más sano sería que se retiraran de su encargo por el obvio conflicto de intereses en que están envueltos.

También podría añadirse que desde el título mismo de su escrito hay errores porque no se trata propiamente de una “defensa del voto” a secas sino del voto libre. La exigencia de invalidar las elecciones presidenciales descansa en el presupuesto de que hubo un margen de votos que no se ejercieron libremente los cuales eventualmente afectaron los resultados electorales. Huelga añadir que esta anomalía está contemplada como delito por la ley electoral en sus artículos 39 y 41. Asimismo usa mal la palabra “propugnan” en vez de decir “impugnan” lo cual es un sinsentido si se lee la frase completa de su artículo. Además, cuando menciona la “sugerencia” de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a los electores de que recibieran las despensas de los priistas pero que votaran libremente, no significa en modo alguno que estuviera avalando este tipo de prácticas perniciosas como ella maliciosamente insinúa, sino que se trataba de una orientación a determinados electores que se sienten obligados a votar por quienes les dan obsequios aconsejándoles dar el clásico esquinazo. En otras palabras, la idea es que la gente reciba todo lo que les den pero que no vendan su voto por esas migajas ni a ningún precio.

Su molestia en contra de quienes pretenden “anular” desde la protesta callejera su voto y el de 33 millones de mexicanos que no votaron por AMLO, da por sentado que no cuestiona las numerosas violaciones a la ley, es decir, acepta los resultados “haigan sido como haigan sido” (Felipe Calderón dixit) considerando asimismo una supuesta imparcialidad del IFE que muchos ponemos en duda a partir de sus actuaciones complaciente de dejar hacer y dejar pasar las evidentes y múltiples trapacerías del PRI. También Soledad Loaeza confiesa desconcierto porque por un lado hay una impugnación de la izquierda social a las elecciones (que según su atavismos ideológicos son propios de una izquierda revolucionaria o radical que repudian en sí mismos los procesos electorales como farsa burguesa, lo cual evidentemente es falso porque la lucha de las organizaciones ciudadanas, gremiales, estudiantiles, etc., es para que haya elecciones limpias y equitativas. En otras palabras, no se rechazan las elecciones democráticas en sí sino su adulteración). De este modo malinterpreta los objetivos de la lucha de los diversos grupos reunidos en Atenco, los cuales caminan por un carril distinto al de AMLO y de los partidos agrupados en torno al Movimiento Progresista que tiene que sujetarse a los cauces formales (incluidas las presiones o chantajes como el “Pacto de Civilidad” impulsado por empresarios y medios, donde las autoridades electorales se proyectaron a sí mismas en su ilegalidad al convocar a los actores políticos de la contienda electoral a comprometerse a respetar la ley que se supone deben acatar sin ninguna mediación metalegal). Del mismo modo, la impugnación jurídica de AMLO y los partidos que lo postularon no debería causarle escozor a nadie pues son derechos que él puede utilizar de acuerdo a la ley electoral.

Esto nos lleva a otra impugnación igualmente insostenible de Soledad Loaeza que además empata con los argumentos cínicos de los priistas. Ella se pregunta que por qué nada más impugnan la elección presidencial y no las de senadores y diputados, así como otras de carácter estatal que se realizaron paralelamente. Añade: ¿por qué no impugnan las elecciones que ganaron las izquierdas? En este último caso, son los perdedores los que deben de impugnar si creen que hubo trampas o irregularidades, como de hecho ocurre en todos lados y por todos los partidos. Son las autoridades del Trife quienes podrían hacer extensivo en un momento dado la invalidación o anulación de todo el proceso electoral cuyo costo económico y político sería muy alto, pero la focalización a la elección presidencial no se pondera en esos términos pues el Movimiento Progresista ha impugnado todos los distritos a legisladores federales o estatales, así como municipios donde tiene elementos para hacerlo. Asimismo, se tienen sospechas fundadas por las evidencias descubiertas de que la compra de votos se realizó en varios estados y no en todos. El no impugnar las elecciones en su totalidad, incluidas las que ganaron las izquierdas, no es ninguna contradicción, sino un intento cínico de descalificar el cochinero perpetrado por el PRI en contubernio con las instancias electorales. Este argumento por cierto es una variante de otro muy socorrido donde los priistas dicen que todos hacen trampas y que el enojo de los opositores no es en sí a estas prácticas sino por una especie de envidia.

Respecto a otros señalamientos como las referencias a Arturo Núñez y Manuel Bartlett, antiguos adversarios y hoy aliados de las izquierdas (o más propiamente de AMLO), nos remiten a situaciones muy complejas que están más allá de un simple maniqueísmo, pues la incorporación de estos personajes (entre otros) al PRD y PT, tienen que ver con un pragmatismo ramplón que en el seno de las izquierdas ha sido denunciado con anterioridad, particularmente en aquellos casos donde se ha ganado gubernaturas para reditar la forma de gobernar del PRI. Este fenómeno de políticos saltimbanquis o de travestismo político es muy complejo, pero mal haríamos en estigmatizar a todos los políticos conversos que finalmente no es un fenómeno privativo del PRD, sino que es algo que ocurre en todos los partidos (también hay trásfugas de izquierda en el PRI). Casuísticamente se podrían mencionar personajes que llegaron al PRD procedentes del PAN y del PRI como Bernardo Bátiz y Ricardo Monreal -por poner un ejemplo- que han resultado más congruentes, firmes y provechosos que otros que siempre han militado en las izquierdas y actúan como políticos de derechas, además de que espetar como incongruencia la llegada al PRD de personajes de otros partidos como algo cuestionable, es aceptar tácitamente que el PRD es una especie de ente impoluto que no debería aceptar personajes cuestionables por su pasado, cuando en realidad el PRD es un proyecto fracasado desde hace varios años. Al mismo tiempo, estaríamos cayendo en un fatalismo al creer que el pasado de alguien proveniente del PAN o del PRI (hablando en abstracto), lo condena irremediablemente negándoles la posibilidad de rectificar si ese fuera el caso. Pienso en alguien por ejemplo como el periodista Jacobo Zabludosky que en la era de avasallamiento del PRI jugó un papel muy importante como vocero oficioso del sistema y que desde que salió de Televisa hace un par de décadas ha dado un vuelco haciendo un periodismo crítico. En este caso, se trata del mismo hombre inteligente y culto pero que en una época estaba atado a los intereses del PRI-Gobierno como le llamábamos, mientras que al ejercer el periodismo en forma independiente, se ha podido sacudir los compromisos y prejuicios que otros todavía no remontan, a pesar de que se vive en condiciones un tanto distintas a cuando el PRI ejercía el monopolio  de la política.

Respecto al cuestionamiento o la suspicacia del carácter apartidista del movimiento social independiente de los 300 grupos de la Convención Nacional de Atenco que ella y los priistas tienden a ver como “Lópezobradorismo” embozados en el ánimo de  restarles autoridad moral y regatearles su capacidad de pensar y actuar por su cuenta, no dista mucho de las temerarias acusaciones de la jerarquía priista de endosarle a priori a AMLO la responsabilidad de una hipotética masacre o una situación de violencia que nadie en las filas del movimiento social ni de los partidos políticos de izquierda están impulsando. Por cierto, a los despistados que siguen moliendo con poner en duda el carácter apartidista de la izquierda social, los remito al excelente artículo del filósofo Enrique Dussel (“Interpelaciones del movimiento #YoSoy132” del 09 de junio de 2012). En ambos frentes que impugnan las elecciones por la vía social (movilización y redes sociales) como son los grupos ya mencionados (en especial los del #YoSoy132) y la vía jurídica y política impulsada por los partidos de izquierda, que reitero, se mueven en carriles distintos si bien convergen en la demanda central de reclamar la invalidez de la elección presidencial por las irregularidades ya mencionadas que inhibieron el voto libre, son formas válidas política y legalmente de lucha y no pretenden como Soledad Loaeza y los priistas dicen falazmente, descalificar los treinta y tantos millones de votos de quienes no votaron por AMLO ni mucho menos los cincuenta millones de todos los que votaron , sino al revés, se trata de dignificarlos porque si bien la compra de votos fue de unos cuantos millones, son esos votos comprados los que dañan a todos los demás independientemente de por quien hayan votado

Creo que la pobreza de su argumentación de Soledad Loaeza se debe principalmente a sus prejuicios ideológicos, es decir, a que no es librepensadora para analizar las cosas de manera imparcial. La verdad es simple y llana pero nos pone del lado del pueblo decía Rousseau en El Contrato Social, añadiendo que el pueblo no da embajadas ni pensiones, lo que explicaría por qué se dan tantos intelectuales alcahuetes del poder.

martes, 10 de julio de 2012

Ricardo Luque - Inequidad e iniquidad electoral

Inequidad e iniquidad electoral

César Ricardo Luque Santana


Ricardo Alemán, uno de los más furibundos anti-Lopezobradoristas, dice que la compra de votos del PRI es un mito genial y reta a que se saquen cuentas para que se vea lo inverosímil de esta posibilidad. Trataré de hacer un acercamiento somero al tema para determinar su posibilidad, partiendo de que el tope de gastos de campaña de 330 millones de pesos, evidentemente fue rebasado por el PRI varias veces, examinando el asunto desde luego a ojo de buen cubero,  pues recordemos que tan solo en los traslados de Peña Nieto y su séquito a diferentes lugares del país, se hacían en hasta 3 aviones privados, entre otros gastos onerosos como hospedajes y comidas de todos sus acompañantes, además de las rentas de salones o espacios para los actos políticos, equipos de sonido,  estrados, pago a trabajadores, publicidad, acarreos (trasportes, comidas, playeras, matracas, etc.) y otros gastos menos visibles, como los 1,500 taxis que rentaron en Nayarit a mil pesos cada uno para mover a sus votantes durante la jornada electoral (según me confesó un taxista). El punto sin embargo se centra en los posibles gastos de compra del voto, de su volumen, toda vez que en las redes sociales circularon muchas evidencias de todo tipo que sin duda son datos empíricos incuestionables, aunque paradójicamente sean difíciles de usar como pruebas.

 El tope de gastos de campaña como se mencionó fue de alrededor de 330 millones de pesos más o menos. Ricardo Monreal llegó a decir en los primeros días posteriores a la jornada electoral, que el PRI rebasó ese límite al menos 14 veces, aunque recientemente su equipo dice que tienen pruebas de exceso de gastos de por lo menos 6 veces más que el tope legal. Con la primera estimación estaríamos hablando entonces de más de 4 mil 600 millones de pesos gastados (invertidos para ellos) en las despensas típicas, tarjetas de Soriana para adquirir mercancías, tarjetas con tiempo aire para llamar por teléfono, pago de operadores (mediante un esquema multinivel o piramidal), sobornos a comunicadores, entre otros muchos. Gran parte de este dinero es incluso no rastreable porque se manejó en efectivo sin comprobantes de ninguna especie e incluso es de procedencia dudosa por decir lo menos. De estos gastos excesivos  se han venido dando muchos testimonios diversos en Internet, como la propaganda del PRI en trípticos con billetes incrustados, reuniones en locales cerrados atestados de gente durante la jornada electoral donde se pagó directamente a cada votante y otras formas innovadoras que solo a los genios de la corrupción se les puede ocurrir. Tal vez la cifra sea incluso mayor a la que supuso Monreal al principio, es decir, quizá ronde en los 6 mil millones de pesos o más, tomando en cuenta también el uso generalizado de los recursos de las dependencias públicas, pues la compra de al menos 5 millones de votos que es lo que se cree adquirió el PRI de gente miserable de espíritu, requiere de fuertes cantidades de dinero que a mi juicio si están al alcance de la mafia priista.

 La pregunta de si una cifra de ese tamaño estaría al alcance del PRI tendría una respuesta afirmativa. Recordemos que tienen 20 gobernadores que echan mano del presupuesto a su antojo gozando de total impunidad y que podrían haber estado preparando un fondeo financiero para esta campaña con mucho tiempo de antelación. De hecho se ha llegado a decir que gran parte del endeudamiento excesivo de los gobiernos estatales priistas sería en parte con fines electorales. Asimismo, es cosa sabida que  los gobiernos priistas se han caracterizado por incurrir en usos facciosos y patrimonialistas del erario público desviando los recursos a su arbitrio; que existe una corrupción endémica en los gastos de los dineros públicos en obras y adquisiciones con contratistas y proveedores donde se suelen inflar costos; que en este tipo de corruptelas se han tejido  redes de complicidad con algunos empresarios que también aportan recursos a cambio de mantener privilegios de negocios; tampoco se descarta que haya dinero de procedencia ilegal (piense por ejemplo en los decomisos de dinero de delincuentes del crimen organizado y otras variantes relacionadas al mismo). Todas estas fuentes de financiamiento son posibilidades plausibles.

 Desde luego que nadie está diciendo que todos los que votaron por el PRI fueron comprados con dinero en efectivo, con monederos virtuales, prebendas, etc. Para nada, muchos otros fueron amenazados con retirarles apoyos diversos de los programas sociales si perdía el PRI; otros solo necesitaron promesas de un empleo; a los burócratas de los gobiernos estatales y municipales donde gobierna el PRI los amedrentaron y coaccionaron con represalias laborales como por ejemplo no recontratarlos si son eventuales o escamotearles sus derechos si son de base; y desde luego, hubo quienes votaron por el PRI por otras razones ajenas a la coacción: por inercia (“mi familia siempre vota por el PRI”), por irse a la cargada  inducidos por los medios y las encuestas decían que iba a ganar Peña por un amplísimo margen, por conveniencias personales (aviadurías, chayotes, sueldos altos, etc.), por frivolidades (“porque Peña está guapo”), por masoquismo (víctimas apoyando a sus verdugos) y hasta por convicciones auténticas (aunque sean difíciles de admitir).

 Pero la inducción y coacción del voto, junto con la compra del mismo, fueron lo determinante, principalmente esto último. En el SNTE por ejemplo, me contaron algunos maestros conocidos míos, que un enviado del sindicato los abordaba en sus centros de trabajo y les pedía que se involucraran en actividades de promoción de los candidatos del PRI: “No es obligatorio -les decían- pero el sindicato tomará en cuenta su apoyo”. Resulta ocioso explicar el sentido de esta frase. Aparte de ir de puerta en puerta o agitar banderolas en una esquina haciendo el ridículo en actividades proselitistas ajenas a sus funciones, les pedían listas de 10 votantes para el PRI. En otro caso que conocí y que fue una práctica generalizada, a una amiga mía (abogada), se le amenazó con despedirla del trabajo si no les proporcionaba una lista de 10 votantes seguros (lo que incluía copias fotostáticas de la credencial de elector). Ella creyó que saldría al paso apoyándose entre familiares y amigos quienes le hicieron el favor de prestarse simuladamente, pero no contaba con esa lista sería verificada por otra persona del PRI que se dio cuenta que la mayoría de esa lista votarían por otra opción, lo que le valió una reprimenda y se le obligó de nuevo a juntar los 10 votos “auténticos” para el PRI. Para verificar estas listas por cierto, lo que hacían era fingir una encuesta domiciliaria, preguntaban tu nombre y tu preferencia electoral, y de ese modo sabían si el apoyo era real o no (aunque siempre cabía la posibilidad de mentirles si uno estaba alerta). Mi amiga no tiene base en su trabajo y es madre de varios hijos, de manera que no quiso arriesgarse a perder su empleo que es el sustento de su familia.

Del mismo modo se pueden ir añadiendo muchas otras formas ilegales e inmorales de apoyos que el PRI obtuvo de diversas instituciones públicas cuyos recursos materiales y humanos se utilizaron de manera patrimonialista en su campaña, mismas que desde luego no son detectadas o no se pueden comprobar. De este modo obtuvieron muchos brigadistas y activistas gratis, usaron teléfonos, computadoras, papelería, vehículos, etc., de muchas dependencias de gobierno también en forma gratuita, aunque lo de “gratuito” es un decir porque realmente estamos hablando  desvío de recursos públicos o peculado.

 Todas estas variedades de apoyos y fuentes de financiamiento juntas, acumulan un poder económico nada despreciable, aunado a las inducciones con encuestas copeteadas, comentaristas alcahuetes que se parapetaban en ellas para generar una percepción de invencibilidad de Peña Nieto y otras formas más de inequidad e iniquidad electoral que generaron ventajas desleales e ilegales a favor del PRI, amén de toda una serie de delitos electorales perpetrados impunemente ante la complacencia sospechosa de las autoridades electorales, sin olvidar el insólito crecimiento de las casillas rurales contrarias a las tendencias de población del país según el INEGI que señala que la inmigración del medio rural al urbano es una constante. Curiosamente en las zonas rurales Peña Nieto salió favorecido, mientras que en el medio urbano le fue más desfavorable.

En suma, las condiciones de posibilidad de unos comicios democráticos fueron inexistentes de tal forma que una cantidad importante de personas que votaron por el PRI no ejercieron su sufragio de manera libre sino coaccionada de una u otra manera. No creo ni por asomo que el PRI pueda tener éxitos electorales sin usar grandes cantidades de dinero y sin contar con una impunidad plena. La asombrosa maquinaria electoral que despliega el PRI con una enorme eficacia, tiene por consiguiente como mecanismo fundamental el empleo de dinero a raudales e impunidad absoluta para violar las reglas del juego democrático. Así las cosas, podemos imaginar para la siguiente “contienda” la aplicación de esta misma estrategia electoral pero ahora con el PRI en el gobierno federal. Llegamos al absurdo de que podemos tener votaciones sin democracia porque como en los viejos tiempos del PRI avasallante, el pueblo vota pero no elije. Nada de esto debe soslayar sin embargo las limitaciones de los partidos y dirigentes de izquierda cuyas prácticas de corrupción en sus partidos y en sus gobiernos se asemejan mucho a las del PRI, lo que impide que muchos electores los vean como una alternativa de cambio válida y deseable. En este punto que está más a nuestro alcance, se tendrá que trabajar sin dilación con gran sentido autocrítico, esto es, una vez consumada la imposición que independientemente del esfuerzo que se haga por limpiar las elecciones, se dará por desgracia.