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jueves, 19 de abril de 2012

Ricardo Luque - Notas críticas sobre Didáctica de la Filosofía


Notas críticas sobre Didáctica de la Filosofía

César Ricardo Luque Santana

La orientación de la filosofía a la totalidad, sus diversos modos de expresión, su lenguaje a veces abrupto, así como su larga historia, hacen en sí misma difícil su enseñanza en el nivel medio superior, además de otras razones externas, entre ellas, la brevedad de tiempo de que se dispone para englobar todos estos aspectos tratando de simplificarlos sin desdibujar la filosofía, aunado a las características de los jóvenes estudiantes (todavía adolescentes), el contexto de globalización donde la imagen domina sobre la palabra, las deficiencias escolares estructurales que vienen arrastrando los alumnos de los niveles anteriores, las eventuales limitaciones del profesor en cuanto al conocimiento de la materia y/o experiencia, etc.

A primera vista resulta obvio que la solución a esta compleja problemática no se reduce a la didáctica porque hay factores externos que en cierto modo escapan al docente, pero otros le competen directamente, en particular cuando el docente es licenciado en filosofía. En este sentido, si goza de libertad de cátedra, tendrá que diseñar su propio programa, lo que implica tener capacidad para determinar los contenidos, su secuencia, así como seleccionar los materiales de estudio respectivo, considerando desde luego el nivel de los alumnos, su carencia de antecedentes en el tema, el poco tiempo disponible para desarrollar un curso, etc. Asimismo, deberá contar con los recursos didácticos necesarios que le permitan realizar su labor satisfactoriamente sobre todo en el marco de la exigencia kantiana de que no se trata de enseñar filosofía sino de enseñar a filosofar. Por cierto, esta demanda puede parecer excesiva dadas las condiciones académicas en las que se pretende usar estos conocimientos y recursos didácticos, pero al menos se buscaría no “vacunar” a los alumnos contra la filosofía, lo que en sí mismo sería una ganancia.

En efecto, se parte de que la mayoría de los chicos que entrarán en contacto con la filosofía no buscarán estudiarla a fondo de manera profesional, aunque seguramente en casi cualquier carrera que elijan (en caso de que avancen al nivel superior), verán algunos tópicos filosóficos ya sea desde la ética o desde la epistemología –principalmente- y desde luego, se supone que les serviría en su vida en el sentido socrático de que una vida sin autoexamen no vale la pena vivirla. Reconocer esta realidad es indispensable para no ponerse metas imposibles de realizar o que provoquen efectos contraproducentes.

Asimismo, sería deseable que los estudiante de filosofía que en esta etapa comienzan una formación básica de Didáctica de la Filosofía que incluye aspectos pedagógicos, teorías del aprendizaje y estrategias didácticas de implementación práctica, tuvieran conciencia de que su formación en este sentido es de largo aliento y que aunado a la práctica o experiencia que vayan teniendo en las aulas, deberán de profundizar en los aspectos teóricos de manera que gradualmente puedan desarrollar por sí mismos un marco teórico de referencia que les permita autocorregir sus estrategias didácticas así como depurar sus contenidos y materiales de lectura.

Es importante decir que en este punto, que no es suficiente abocarse a estudiar la literatura en boga en esta materia sino que es necesario el intercambio o retroalimentación con sus pares, no sólo los que laboran en su mismo entorno o lugar, sino con colegas de otras latitudes que trabajan con estas mismas inquietudes y que han estado haciendo aportaciones valiosas mediante la publicación de sus trabajos en libros y revistas. Asimismo se puede tener un contacto permanente con cofrades de otras latitudes a través del Internet, ya sea localizando sitios Web específicos o foros virtuales que operan mediante redes de trabajo en los cuales se da toda clase de intercambios académicos. También es importante acudir a reuniones periódicas en determinados puntos del país o del planeta como los congresos, encuentros, foros, talleres, etc., a discutir y aprender colegiadamente, para lo cual es recomendable agruparse en asociaciones establecidas.

La producción de investigaciones sobre Didáctica de la Filosofía según mi percepción, han recibido un fuerte impulso los últimos 10 años, al menos por parte de profesores de filosofía de diversas regiones de Latinoamérica y España (por ceñirnos a nuestro entorno cultural), luego de un tortuoso y espaciado comienzo con obras “paradigmáticas” (si se me permite la expresión) como las del mexicano Juan Manuel Villalpando y del peruano Augusto Salazar Bondy, además de otras aportaciones interesantes como la de Guadalupe Patterson de la Universidad de Guadalajara o las obras de John Passmore traducidas al español. Luego de estas (re)conocidas obras publicadas en las últimas décadas del siglo pasado y tal vez impulsados por el éxito de Filosofía para Niños (FpN), ha habido mucha producción principalmente ensayística o sobre aspectos muy puntuales de la enseñanza de la filosofía cuya difusión se ha dado en gran medida gracias al Internet, pero en general, todas las obras referidas dan la impresión de una gran dispersión de temas que hace difícil concretar con esos materiales un programa de Didáctica de la Filosofía para un semestre. De hecho, esta asignatura apenas ha sido incorporada hace unos años a los planes de estudios de las carreras de filosofía en México pues en su lugar se venía ofreciendo la materia de Pedagogía como un sucedáneo de ésta. Hace unos pocos años incluso, leí en Internet a una colega (al parecer de Sudamérica), quejarse de que en los congresos de filosofía no se hacía un espacio para tratar esta problemática, lo que da una idea de su existencia marginal.

En este sentido, existe la necesidad imperiosa de sistematizar esta temática revisando las obras existentes que han ido creciendo en número, pero se tendría que empezar por releer las obras “clásicas” ya referidas porque cada una sigue una estrategia diferente, aunque a lo mejor, vistas en su conjunto, podrían dar lugar a tópicos comunes, pero sospecho por el conocimiento que tengo de la mayoría de ellas, que incluso así no sería posible una síntesis porque la tendencia sería más bien a una ampliación de temas, esto sin contar con los otros aportes referidos a nivel de artículos, ponencias, ensayos, propuestas, conferencias, tesis, etc., que pululan en Internet, que además habría que ponderar en sus contextos específicos, sin contar como ya se aludió, a la enorme contribución realizada por FpN (que además en Latinoamérica se ha ido construyendo una interesante variante denominada Filosofía con Niños), más apegada a nuestra realidad social y a nuestras aspiraciones políticas.

Dicho lo anterior, parafraseando la tesis agnóstica del sofista Gorgias de Leontini, dado la amplitud del tema y la brevedad del tiempo, considero que los contenidos a tratar en un curso de Didáctica de la Filosofía podrían ceñirse a determinar qué contenidos y qué enfoque debería tratarse en un curso de filosofía a nivel medio superior, lo que a su vez sugiere decantarse por una forma de introducción a la filosofía (a través de 2 ó 3 problemas concretos en lugar del enfoque “histórico”), utilizar algunas estrategias didácticas que sean pertinentes acorde a los temas o problemas a tratar y a las condiciones esperadas (principalmente el diálogo), recurrir a los recursos tecnológicos en boga (como los blogs o foros virtuales, entre otros), y por último, valorar algunas propuestas o sugerencias de motivación de los alumnos de acuerdo a sus características.

sábado, 3 de julio de 2010

Félix García Moriyón - Cuando una amiga se va, algo se parte en el alma

Cuando una amiga se va, algo se parte en el alma

Félix García Moriyón

Es conmovedora la letra de una canción que siempre me ha emocionado profundamente: «Cuando un amigo se va, algo se parte en el alma» Una amiga se ha ido, mi mejor amiga en la comunidad internacional, una amiga a la que amaba profundamente; y sin duda algo se parte en mi alma. Sólo hay tristeza, apenas aminorada por la esperanza. Anne Sharp se ha ido, se ha ido definitivamente y ya nunca estará con nosotros. Una muerte repentina, cuando todavía estaba llena de vida, de proyectos y de ilusiones. Una muerte inesperada. Íbamos a trabajar juntos dentro de veinte días en Italia; íbamos a encontrarnos de nuevo a finales de septiembre, en Colombia, pero ya no será posible. Ha muerto en su casa de Chiapas y ya no compartiré con ella ninguno de esos proyectos e ilusiones. Habíamos estado iniciando algunos planes para el futuro próximo tan solo hace un par de semanas, pero esos planes ya no tienen presente ni futuro. Somos frágiles, somos vulnerables, somos humanos.

Muchos de esta lista tuvieron la suerte, el privilegio, de conocerla personalmente. Era una espléndida comunicadora y una muy competente filósofa. No me cansaba de repetirlo en charlas y en escritos: filosofía para niños no sería lo que es sin ella. Lipman aportó la idea global, escribió espléndidas novelas, pero fue ella la que convirtió toda esa gran elaboración en un proyecto pedagógico que podía ser llevado a las aulas. Y fue básicamente ella la que diseñó un modelo de formación del profesorado que se ha convertido con el tiempo en uno de los instrumentos decisivos para la difusión de este ambicioso y hermoso proyecto por todo el mundo. A España vino muchas veces. Los primeros años venía puntualmente en verano a impartir el curso de formación para futuros formadores y bajo su cariñoso, imprevisible, creativo, magisterio, fuimos muchos los que nos ilusionamos y nos subimos al barco de una propuesta original e innovadora. Luego vino a varios seminarios, el último el pasado mes de marzo en Alcalá. Y una vez más estuvo brillante y cercana, sugerente y provocadora. De ella nos quedarán buenos recuerdos para siempre y, sobre todo, una misma ilusión: conseguir que la filosofía contribuya a hacer de todos, niños y adultos, mejores personas, más críticas, más solidarias, más cuidadosas, en un mundo que sobre todo necesita el apoyo generoso de quienes nunca han perdido la esperanza en los seres humanos.

Anne ha muerto. Frío, oscuridad y silencio. Bien lo decía Bécquer: «¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!». A duras penas se abre camino un cálido rayo de esperanza, la esperanza de que la muerte no tiene la última palabra, pues quizá el diálogo filosófico en el seno de una acogedora y fraterna comunidad de investigación se prolongue más allá de la muerte. Te has ido Anne y ya no hay consuelo. Tan solo la confianza en que tu recuerdo nos ayudará a seguir alimentando esta bella empresa filosófica. «Cuando un amigo se va y va dejando una huella que no se puede borrar».

Nota: Documento compartido al grupo Didáctica Filosófica (didactifilosofica@googlegroups.com) por Félix García Moriyon (felix.garciamoriyon@gmail.com) Mensaje reenviado de Wilbert Tapia (w211165@yahoo.com) Fecha: Sábado 3 de Julio de 2010 0:37

jueves, 1 de julio de 2010

Gabriel Vargas Lozano - La SEP y la eliminación de las humanidades

La SEP y la eliminación de las humanidades

GABRIEL VARGAS LOZANO *

Entre septiembre y octubre de 2008, la SEP inició una Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS), a través de dos acuerdos (442 y 444) publicados en el Diario Oficial de la Federación. Esta reforma, dictada y orientada por la OCDE e inspirada en el Plan de Bolonia, tiene una gran trascendencia porque afecta a millones de estudiantes. Se trata de un paso más en la estrategia neoliberal puesta en marcha en el país desde 1982 y proseguida por todo y a pesar de todo por los gobiernos priístas y panistas. Algunas de sus características son: ubicar a todos los subsistemas de educación media superior (Colegio de Bachilleres, Conalep, Cecyt, las preparatorias de las universidades con excepción de la UNAM) en un Sistema Nacional de Bachillerato (SNB) controlado por el gobierno; poner en práctica una reforma educativa tecnocrática y eficientista basada en el método de competencias y eliminar, en lo posible, la función propedéutica que tenía la preparatoria para convertirla prácticamente en el último grado de educación de los mexicanos. Para este fin, los artífices de la RIEMS fijaron un “marco curricular común” para todos los subsistemas que estaba inicialmente formado por cuatro áreas disciplinares: matemáticas, ciencias experimentales, ciencias sociales (donde se ubicó la historia) y comunicación (donde se colocó la literatura). En otras palabras, la reforma ya no contemplaría ni el área de humanidades ni las asignaturas filosóficas como obligatorias.

¿Cuáles eran las razones? La SEP nunca las ha explicado pero no hace falta mucha perspicacia para descubrirlas: se trata de un proyecto de instrucción para el mercado de trabajo. Ante ello, desde un primer momento, las asociaciones de filosofía del país, organizadas en el Observatorio Filosófico de México (OFM), denunciaron, con el apoyo de la comunidad científica y cultural del país, el enorme desatino que implicaba la supresión de las disciplinas mencionadas para la educación. Afortunadamente, diversos factores hicieron que las autoridades educativas se retractaran y llegaran a un acuerdo (el 488) con el OFM, avalado por las autoridades educativas de todo el país y que se publicara en el Diario Oficial el 23 de junio de 2009 restableciendo el área de humanidades y considerando la lógica, la ética, la estética y la introducción a la filosofía como disciplinas obligatorias. Ese mes se celebró en Santo Domingo la Reunión de alto nivel sobre la enseñanza de la filosofía en la educación media superior convocada por la UNESCO y allí descubrimos que en otros países de Latinoamérica, desde hace unos años, se había suprimido la enseñanza de la filosofía; se había cambiado de nombre a los cursos y se había declarado que su función era “transversal” con los resultados de la eliminación de la disciplina. En esa oportunidad se redactó un importante documento (que se puede consultar en www.ofmx.com.mx) rechazando esa tendencia tecnocrática y antihumanística. Pasaron los meses y la SEP no movía un solo dedo para cumplir el acuerdo y, por tanto, el 5 de febrero de 2010 hicimos entrega tanto al titular de la SEP, Alonso Lujambio, como al subsecretario de Educación Media Superior, Miguel Ángel Martínez, de una carta firmada por un centenar de profesores e investigadores; representantes de todas las escuelas y facultades de filosofía del país y avalada por la Federación Mundial de Sociedades de Filosofía (FISP) donde se demandaba el cumplimiento de las disposiciones del acuerdo 488. La respuesta verbal (que está grabada) que dio el subsecretario a una comisión del observatorio fue negativa. En otras palabras, la SEP se retractaba de sus propios acuerdos y la mayor prueba es que hasta el momento, pasados 10 meses de la publicación del acuerdo 488, los funcionarios de la secretaría no han ofrecido una respuesta por escrito a nuestro documento ni se han interesado en promover los cambios de los planes y programas de estudio en los subsistemas. Frente a ello, hay que felicitar al Consejo Universitario de la UNAM por su excelente, preciso y contundente comunicado del 7 de abril, conminando a la SEP para que cumpla con el acuerdo 488.

¿Por qué la SEP se opone a las humanidades y la filosofía? A mi juicio, los autores de la reforma creen, en forma equivocada, que la formación técnica y competente está reñida con una buena formación filosófica y ya no se diga humanística. Se trata de un inmenso error. En las condiciones en que se encuentra el país, que afectan especialmente a la juventud, ¿no debería de ofrecerse un curso de ética bien formulado, no doctrinal y laico, donde se aborden los temas como el de las drogas, el narcotráfico, el aborto, la clonación, la muerte asistida, la enajenación, la desigualdad o la crisis de valores?; ¿el estudiante no debería saber cuáles son las concepciones filosóficas que han conformado a nuestra sociedad desde el pensamiento prehispánico hasta la actualidad?; ¿no debería tener elementos para conformar un pensamiento propio y correctamente formulado? ¿Y no debería ser consciente de la dimensión estética que se expresa en el arte o la literatura? Y en el caso de la técnica, ¿no debería saber qué es la técnica; cuál es su función en la sociedad y cuáles son sus formas de utilización beneficiosas o perjudiciales para la naturaleza y la especie humana? La respuesta de las autoridades ha sido y es la supresión de estas dimensiones en la formación del estudiante para que sólo se preocupe de cómo integrarse en forma acrítica, alienada y mecánica a las formas de trabajo exigidas por la “globocolonización”. Pero además de negarse en los hechos a incorporar las humanidades han recurrido a la simulación colocando cursos como los de “construcción de la ciudadanía” que, por el contrario, no deberían ser exclusivamente filosóficos sino interdisciplinarios.

Para documentarse, los tecnócratas de aquí y de allá, deberían leer el libro de la UNESCO La filosofía, escuela de la libertad, donde se expone que la materia debería ser enseñada en todos los niveles para conformar una auténtica ciudadanía democrática. Agregaría que la filosofía “bien enseñada” (ojo, autoridades de la SEP) permite la conformación de una mente libre, creativa, dispuesta a debatir y dialogar racionalmente sobre los grandes problemas sociales y que coadyuva a que los individuos puedan desempeñar en forma competente cualquier actividad. La filosofía y las humanidades proporcionan a los individuos armas culturales, históricas y lingüísticas para poder enfrentar un mundo extraordinariamente conflictivo como el actual. Es por ello que la SEP está obligada a cumplir ética y jurídicamente sus propios acuerdos.

* Coordinador del Observatorio Filosófico de México y profesor-investigador de la UAM-I.

Tomado de La Jornada (29 de Junio de 2010)

miércoles, 21 de abril de 2010

Luis Hernández Navarro - El NO a Enlace

El no a Enlace

LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

Cuando Felipe Calderón comenzó su discurso para dar el banderazo de salida a la prueba Enlace, preguntó a los niños de la escuela primaria Canadá si estaban listos para la prueba. “Nooo…”, respondieron los jóvenes. Lo mismo han dicho miles de maestros en todo el país.

Se ha presentado la prueba Enlace ante la opinión pública como un instrumento moderno para evaluar el sistema educativo nacional. No lo es. Por el contrario, se trata de una herramienta contraproducente para promover una educación de calidad.
El lunes 19 de abril comenzó su aplicación en educación básica. Se trata de una prueba del Sistema Educativo Nacional que se lleva a cabo en planteles públicos y privados del país. La palabra es el acrónimo de Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares.

Se aplicará a niñas y niños de tercero a sexto de primaria, así como a jóvenes de primero, segundo y tercero de secundaria. Se evaluarán las asignaturas de español, matemáticas e historia.

En educación media superior presentarán el examen los alumnos que cursan el último grado de bachillerato para evaluar conocimientos y habilidades básicas adquiridas a lo largo de la trayectoria escolar que les permitan usar apropiadamente la lengua y las matemáticas.

A partir de los resultados de la evaluación en las escuelas públicas se entregan estímulos económicos a maestros y directores de los planteles. El Programa de Estímulos a la Calidad Docente destina 900 millones de pesos a este fin.
La prueba responsabiliza exclusivamente a los maestros de los resultados educativos. “Los profesores cuyos estudiantes muestren bajo rendimiento en la prueba Enlace –dice el follero de la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE)– deberán tomar cursos especialmente orientados.”

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no participará en la evaluación nacional. Que la máxima casa de estudios no tenga interés en que la prueba Enlace se aplique entre sus alumnos y sea la propia institución la que se evalúa a sí misma es un hecho que no puede pasar inadvertido.

Entre otros muchos, uno de los problemas que enfrentarán 2.5 millones de niños que cursan sexto de primaria al ser evaluados es que no cuentan con un libro completo de historia de México. El material que se utiliza en clases está lleno de graves errores e imperfecciones. Épocas como la Conquista y la Colonia fueron mutiladas de los contenidos.

Enlace es un examen de opción múltiple en el que el alumno debe escoger una entre cuatro respuestas posibles, rellenando un óvalo. Con frecuencia las preguntas formuladas son confusas, están mal planteadas o admiten varias posibles contestaciones. Sin embargo, si se llenan dos o mas óvalos la respuesta es calificada de incorrecta.

La prueba se aplicará cuando en las escuelas apenas se ha trabajado tres bimestres y aún faltan por impartir dos. Esto es, los niños y jóvenes no han estudiado todavía una parte significativa del programa. No obstante, el examen preguntará sobre contenidos de todo el ciclo escolar.

Entre los primeros efectos que ha provocado Enlace está destinar cada vez más tiempo de clases a adiestrar a los alumnos para que apliquen la prueba correctamente. Los profesores y los muchachos no se dedican a enseñar y a aprender los contenidos, sino a prepararse para el examen. Dedican horas en el aula a ensayar cómo llenar la hoja de respuesta. Cada semana se suspenden cursos. En escuelas del Distrito Federal se han realizado entre cinco y 10 ensayos. Lo mismo sucede en otras entidades.

La razón de ser de la escuela está siendo desvirtuada. Funcionarios educativos de todos los niveles y líderes sindicales corruptos afines a Elba Esther Gordillo prometen computadoras, dinero, viajes a quienes obtengan buenos resultados.
A pesar de ello, los resultados son muy pobres. En 2009, 67.2 por ciento de los alumnos de primaria quedaron en los niveles de insuficiente y elemental. La proporción de quienes estudian secundaria en estos niveles fue aún mayor: 81.2 por ciento.

Enlace es una prueba diseñada para no ser aprobada. Con frecuencia se incorporan preguntas que no están contenidas en los libros de texto. El lenguaje que se utiliza es ajeno a los estudiantes. Su estandarización ignora la diversidad geográfica, cultural y socioeconómica del país. Evalúa de igual manera a los diferentes.

Enlace no vincula la evaluación al aprendizaje ni a la construcción de conocimientos. Violenta el derecho de la niñez a ser evaluada en función de su desarrollo histórico-cultural y su lengua. Fomenta un espíritu competitivo, individualista y mercantil. Genera un ambiente de sanción social, administrativa y laboral hacia los maestros. Con el pretexto de la transparencia y la rendición de cuentas impone una cultura de aceptación de pruebas y sanciones desde organismos empresariales.

Enlace ignora el conocimiento general y los procesos para la formación integral del educando. Convierte el proceso educativo en informativo. En lugar de comprender se premia el memorizar. Hace a un lado los conocimientos previos de maestros y alumnos.
Cuando los alumnos de la escuela Canadá dijeron “Noo…” a Felipe Calderón tenían sus razones. Como mecanismo de evaluación del desempeño del sistema escolar la prueba Enlace es un fracaso. No es que se haya agotado, como dijo Elba Esther Gordillo. Es que nunca funcionó para estos fines. Su objetivo fue otro: golpear al gremio magisterial y cuestionar la educación pública. Por eso miles de maestros democráticos se resisten a aplicarla.

Fuente: La Jornada (20 de Abril de 2010)

viernes, 16 de abril de 2010

Enrique Ubieta Gómez - Crónica personal en 59 segundos

Crónica personal en 59 segundos

Enrique Ubieta Gómez
Rebelión/http://la-isla-desconocida.blogspot.com

La viejita estaba sentada en el saloncito de protocolo cuando llegamos al estudio. Un amigo solidario me había llevado y en la puerta encontramos a Willy Toledo. Todos la saludamos. Se notaba satisfecha de la atención que recibía. El viejito de la Fundación Hispano Cubana, en cambio, salió enseguida del local, sin saludar, y estuvo de pie en la entrada, expectante, hosco. Unos minutos después llegó Pedro Zerolo, del PSOE, y Willy Meyer, eurodiputado de Izquierda Unida. Calentamos motores: Zerolo adelantó su visión de que resultaba difícil para su Partido la defensa de una posición de diálogo, cuando Cuba actuaba de la manera en que lo hacía. Meyer y yo respondimos sin mostrar todas las cartas. Zerolo es un político correcto, pelea mentalmente para seleccionar las palabras que resulten menos ofensivas, se muestra casi conciliador cuando se adhiere a conceptos diseñados por la derecha. Moragas no apareció hasta el minuto final en el plató y saludó a los representantes de los partidos contrincantes. Parecía ser la estrella, aunque el tema era Cuba. ¿Sería acaso porque el PP representa en España a la mafia de Miami, y viceversa?

La moderadora, indudablemente bella, nos dedica a todos un minuto de amabilidad. Y enseguida nos señala dónde debemos sentarnos. Ella al centro, Moragas a su derecha (eso está bien, pensé), Zerolo a su izquierda, (¿será posible?), Meyer, en la fila del primero, un poco más separado. La viejita, entre Meyer y Toledo, qué mala suerte. A mí me ubican entre el viejo hosco que no me mira y una espléndida actriz. Podría ser una estrategia para crearme un foco de distracción visual. No caeré en la trampa. Nos piden que levantemos la mano cada vez que queramos hablar. En el moderno plató hay asientos para un público extraño, que parece no importarle a qué programa asiste: felices de estar dentro de la caja del televisor, le han dicho que habrá, como en el antiguo Coliseo, una pelea de gladiadores. A última hora, una asistente vuelve a retocar nuestros maquillajes y sacude con una escobilla los sacos.

Cuenta regresiva, se inicia el programa: la linda moderadora empieza como si acabáramos de ver los vídeos con breves declaraciones de Álvaro Vargas Llosa (hijo del escritor, y socio de Montaner), y de Rosa Montero, que delira al suponer que la Revolución cubana se encuentra en su fase final; también, en una manipulada presentación del otro “bando”, Raúl reafirma lo inaceptable de cualquier chantaje y Silvio dice en palabras puestas fuera de contexto, que no solo nos afectan las agresiones externas, sino los errores propios, lo cual suscriben todos los cubanos, Fidel y Raúl los primeros. Se suceden imágenes de Zapata Tamayo, de Fariñas y de las Damas de Blanco. No sé cómo se las arreglan para que nunca aparezcan en ellas los diplomáticos norteamericanos y occidentales que las siguen de cerca. Pero los vídeos los vemos después, en casa, cuando el programa sale al aire.

Moragas es el primero en hablar, y le siguen en orden “jerárquico” Zerolo y Meyer. La discusión empieza a calentarse, al principio en un marco casi partidista: Zerolo que sí, que es una dictadura, pero que hay que derogar la Posición Común de la Unión Europea porque no da resultados. Moragas, que no hay que dialogar con la dictadura, sino con la “oposición”. Meyer y Toledo empiezan a golpear en el estómago, con efectivos jabs. Sus intervenciones son brillantes y precisas. Doy mis golpes, aunque los 59 segundos de intervención como límite máximo cada vez, me impiden exponer todas las razones. Siempre he tenido dificultades para chatear, porque las cosas, pienso, necesitan explicarse. A Moragas se le concede la palabra cada dos intervenciones del resto de los ocho panelistas. La moderadora dice que es el derecho a réplica. Al inicio se ve arrogante, seguro en su medio (que normalmente solo aparenta pluralidad), pero pronto pierde el control y se desmorona. Los viejitos a ambos lados de la mesa no contribuyen mucho a ayudarlo. Y la actriz, que también habla de dictadura, hace lo que puede para distanciarse de Moragas y reconoce que el “problema” cubano debe ser resuelto por los cubanos. Al final, despistada y conciliadora, dice: “aquí todos somos demócratas, ¿no?”, y me mira implorante de soslayo. Ella ha firmado la condena a Cuba. La coordinadora del programa nos había comentado lo difícil que resultó encontrar a un firmante que estuviese dispuesto a defender su posición.

El muro de argumentos de la derecha se agrieta, Moragas a la defensiva miente una y otra vez sobre la posición de su Partido ante temas como la dictadura de Franco, o el golpe de estado contra Chávez, o el de Honduras y el espurio presidente electo bajo estado de sitio, o el bloqueo a Cuba. Hace caritas, sopla, entorna los ojos, mueve los brazos. “Tu escribes en Granma”, me espeta como si esa fuese una estocada fatal. En más de treinta años de vida profesional he publicado cuatro, quizás cinco artículos en Granma, y me siento satisfecho de ellos. Toledo le pregunta en cuáles medios publica él: en La Razón, El Mundo, ABC, El País, dice como si hablara de periódicos con líneas editoriales muy diferentes. ¿Por qué no publicas en Granma a Vladimiro Roca?, me dice Moragas, ¿por qué debo publicar a las personas que ustedes seleccionan y pagan? Sugiere que usufructúo en España a mi favor las posibilidades que me concede la “libertad de expresión”. La Cadena Ser, ciertamente, me entrevistó durante una hora. Trasmitió tres brevísimos cortes de mis palabras que no llegan a completar el minuto. E inmediatamente, una mesa de tres comentaristas opuso durante media hora sus consideraciones. CNN plus me ofreció quince minutos bajo hostigamiento. Después que salí del estudio, apareció un contrarrevolucionario que tuvo la posibilidad de discursear por el doble de tiempo. Mis quince minutos –una gota de agua en el océano de la desinformación sobre Cuba--, no alcanzan a ser contraparte de una posición editorial que repite los tópicos contrarrevolucionarios sin descanso, pero tienen que ser respondidos. Después de salir al aire el programa 59 Segundos, otros medios nacionales cancelaron la entrevista que habían concertado conmigo. En los periódicos en los que escribe Moragas, no pueden publicar los cubanos que defienden a la Revolución. Todos están editorialmente obligados a escribir “régimen” por “gobierno”, si de Cuba se trata. ¿Libertad de expresión? Moragas estaba desconcertado en el plató porque a pesar de todas las trampas –el tiempo, los vídeos, la composición que siempre otorga mayoría a la derecha, y la presencia de un árbitro que modere a su favor--, el debate no era de “mentirita”.

Viene entonces la entrevista “en vivo” a Fariñas. Concebida para contrarrestar nuestras palabras, paradójicamente las reafirma: Fariñas habla con voz fuerte, clara –después de 45 días en huelga de hambre ¡y de sed!-, y menciona la labor de su equipo médico. La linda moderadora pregunta por qué está encarcelado. El huelguista responde que no está preso. Me mira desconcertada, y yo le confirmo sonriente que no. Reacciona rápido: quise decir, que por qué ha estado preso. El intercambio de miradas y señales en el plató no aparece desde luego en la edición posterior. La entrevista en vivo introduce un argumento más: Fariñas es abordado con total libertad por la prensa extranjera. Ante el recordatorio de las sanciones que en todos los países (incluida España) reciben quienes se asocian a personas o entidades extranjeras para subvertir el orden, Zerolo ofrece un criterio lamentable –su sinceridad lo lleva al punto neurálgico de la discusión-: no puede aceptarse la evocación del Código Penal de España porque Cuba no es, dice, un estado de derecho. Si así fuese, Cuba podría ser invadida, sería válida la injerencia de estados extranjeros en la subversión interna. La Constitución cubana sin embargo, fue aprobada en referendo nacional, con voto secreto y directo. La declaración de Zerolo lo ubica finalmente junto a Moragas, junto al PP y al gobierno norteamericano. A pesar de ello, Moragas exclama frente a las cámaras que el PP está solo en el programa, y la cosa resulta peor: la viejita –con la que seguramente no quería ser asociado-, grita entusiasmada desde su esquina: “yo estoy con el PP”.

Termina el debate. Se apagan las luces. El público aplaude como si hubiese presenciado una obra de teatro: eso, habitualmente, es la política en el mundo “libre”. Pero Moragas está furioso. Ha sido apaleado. Increpa a la moderadora: ¿no se suponía que también estaría Rosa Montero? “En uno de los vídeos mostrados”, responde nerviosa. La experiencia para mí es abrumadora: me quedan muchas cosas por decir, muchos argumentos truncos, pero también la satisfacción de haber abierto con la ayuda de dos amigos una brecha en la campaña informativa contra la Revolución. Los dos Willy, mi amigo Juan Ma y yo, nos vamos hasta el barrio de Lavapiés en el centro de Madrid, donde nos esperan más de cien personas en un acto de solidaridad con Cuba. El programa es trasmitido esa misma noche, a la una de la madrugada, después de una larga discusión sobre el caso más reciente y escandaloso de corrupción en el PP.

Fuente: blog del autor: http://la-isla-desconocida.blogspot.com/2010/04/cronica-personal-en-59-segundos.html

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Tomado de: www.rebelion.org

jueves, 15 de abril de 2010

Rafael Hernández - Diálogo imaginario sobre política cubana

Diálogo imaginario sobre política cubana

RAFAEL HERNÁNDEZ *

Imaginemos por un momento que tenemos delante a Raúl Castro y entablamos una conversación franca y ecuánime sobre la política cubana y sus problemas.

Déjeme ser abogado del diablo, y empezar por el pluralismo. ¿Por qué Cuba no adopta un esquema multipartidista, como Europa del este, España, el propio México? ¿No está el Partido Comunista seguro de que pueda retener el voto de la mayoría si compitiera con otras organizaciones?

En ese plano conversacional, quizá Raúl respondería: “Supongamos que el PCC se dividiera en tres, digamos, un Partido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC), un Partido Revolucionario Cubano (PRC) y el PCC, todos anticapitalistas, pero diferentes, ¿sería este sistema bastante pluralista?” En mi papel de abogado, volvería a la carga: Y la oposición histórica genuina, el exilio, ¿no podría participar en campañas electorales, con sus propios recursos? ¿Y otras fuerzas internacionales (socialdemócratas, liberales, demócrata-cristianos) no podrían apoyar esta oposición, con la meta admisible de restaurar el capitalismo? De otra manera, esos tres partidos serían vistos como puros cambios cosméticos. Raúl comentaría: “Precisamente. ¿Entonces deberíamos ser más pluralistas que Estados Unidos, Francia, España? ¿Qué partidos tienen un chance real de instaurar un socialismo de verdad en esos sistemas? Además, ¿por qué no pedirles lo mismo a los chinos y a los vietnamitas; será que ellos son potentes tigres asiáticos, no islitas en el golfo?”

Segundo round: Se dice que los disidentes están presos por criticar al gobierno, representar la sociedad civil, defender la paz, la reconciliación, los derechos humanos.

“Pacíficas y reconciliadoras, las iglesias –quizá contestaría Raúl–, que sí representan sectores de la sociedad civil, hacen sus reclamos al Estado, pero sin aliarse con ningún gobierno extranjero; y fíjese lo bien que nos llevamos, pronto nos reuniremos para escuchar y discutir sus necesidades. ¿A qué sector de esa sociedad civil representan los disidentes? No reclaman mejoras económicas o sociales; su agenda política es antisistema socialista; no portan armas de fuego, pero son muy beligerantes.”

–Pero ¿por qué llegar al extremo de encarcelarlos?¿Realmente son una amenaza tan grande para la estabilidad política del socialismo?

“Ellos no, pero sus patrocinadores sí, en especial Estados Unidos. No podemos correr el riesgo de dejarles creer que vamos a tolerar su injerencia en nuestros asuntos, pues son la verdadera amenaza a nuestra independencia nacional.”

–¿Entonces no habrá cambios en la política hacia esa oposición?

Raúl se queda pensando. “Vamos a suponer que indultamos al puñado que está preso, les permitimos que sigan hablando y reuniéndose entre ellos, como la mayoría hace hasta ahora. ¿Cesaría la operación política internacional que los promueve? ¿Dejarían de ser el plato fuerte de la “prensa internacional”? ¿Actuarían dentro de la legalidad del sistema, en vez de asociarse con fuerzas políticas extranjeras para subvertirlo?”

Si fuera así, ¿habría espacio interno para esa oposición? ¿Podrían postularse y tener representación en la Asamblea Nacional?

“La ley no les impide proponerse como candidatos a delegados en su circunscripción, ni ser elegidos a los distintos niveles del Poder Popular. El Partido no les dice a sus miembros ni a nadie cómo deben votar ante ningún candidato. Numerosos diputados en la Asamblea Nacional no son militantes del PCC. Ahora mismo estamos en medio de ese proceso electoral, aunque fuera casi nadie se entera”.

Tercer round: En Cuba todo el mundo se queja de que la situación no ha mejorado; los salarios no alcanzan para los precios del mercado; hay demasiados controles burocráticos y prohibiciones; las viviendas están cada vez en peor estado; los medios no reflejan la opinión pública. ¿Cuándo se verán los cambios estructurales del sistema anunciados hace tiempo?

“Estamos ante un conjunto de deficiencias acumuladas, algunas tan viejas como la Revolución, y de las que el PCC es el máximo responsable. Los ciudadanos se han acostumbrado a un Estado paternalista, que no estimula el trabajo; salarios sin resultados productivos, con más dinero circulante y subida de precios. Sobran más de un millón de trabajadores, pero carecemos de constructores, obreros, maestros, policías. Nos habituamos a vivir por encima de nuestros ingresos, a comernos el futuro. Hay que romper dogmas, y actualizar nuestro modelo socialista.”
¿Cuáles son los ejes de esa actualización?

“Reordenar la economía, descentralizar, desburocratizar, elevar la participación y el control, recuperar el desarrollo social y el nivel de vida”.

¿Dónde está el principal obstáculo para que las políticas ya decididas se apliquen realmente?

“La desorganización y la resistencia pasiva de la burocracia intermedia a implementar los cambios.”

¿Está la actual dirigencia en capacidad de liderar esos cambios? ¿Hay un relevo político en marcha?

“Los jóvenes se parecen más a su tiempo que a nosotros, como debe ser. Hacen falta líderes reales, que convenzan y movilicen con capacidad y prestigio. No pueden creerse dueños de la verdad, sino habituarse a la discrepancia, que es fuente de soluciones; a razonar con argumentos, no con consignas; a desconfiar de una unanimidad ficticia y dañina; a erradicar la simulación y el oportunismo, y fomentar una discusión franca con el pueblo, el encargado de juzgarlos.”

Quedan otros problemas de los que no hemos tenido tiempo de hablar: la política social, la vivienda, la libreta de abastecimiento, los medios de difusión, el nuevo código de familia, las regulaciones migratorias, las relaciones con Estados Unidos y Europa, una lista mayor que las soluciones visibles. El más difícil quizá sea, sin embargo, gobernar a esos ciudadanos inconformes y críticos, creados por el propio socialismo, y que son hoy, paradójicamente, su consenso real.

* Politólogo cubano, director de la revista Temas

Fuente: La Jornada (14 de Abril de 2010)

jueves, 1 de abril de 2010

Richard Dawkins - La improbabilidad de Dios


Richard Dawkins - La improbabilidad de Dios (1998)

14 de marzo de 2010 por Patricia Damiano •
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La gente hace muchas cosas en nombre de Dios. Los irlandeses se vuelan los unos a los otros en su nombre. Los árabes se vuelan en su nombre. Los imanes y los ayatolás oprimen a la mujer en su nombre. Los papas y sacerdotes en celibato trastornan la vida sexual de la gente en su nombre. Los shohets judíos les rajan la garganta a los animales en su nombre. Los logros de la religión en la historia (las sangrientas cruzadas, los inquisidores torturadores, los conquistadores genocidas, los misioneros destructores de culturas, la resistencia impuesta legalmente a toda verdad científica hasta el último momento) son aun más impresionantes. ¿Y a qué ha ayudado todo esto? Creo que está quedando cada vez más claro que la respuesta es absolutamente a nada. No hay razón para creer en la existencia de ningún tipo de dios, y buenas razones para creer que no existen y nunca han existido. Todo ha sido una enorme pérdida de tiempo y de vidas. Sería un chiste de proporciones cósmicas si no fuera tan trágico.

¿Por qué cree la gente en Dios? Para la mayoría de la gente, la respuesta es todavía una versión del antiguo Argumento del Diseño. Contemplamos la belleza y la complejidad del mundo: el aerodinámico batir del ala de una golondrina, la delicadeza de las flores y de las mariposas que las fertilizan, la hormigueante vida existente en una gota de agua de estanque a través de un microscopio, la copa de una secuoya gigante a través de un telescopio. Nos reflejamos en la complejidad electrónica y la perfección óptica de nuestros propios ojos, que son los que miran. Si tenemos algo de imaginación, estas cosas nos llevan a un sentimiento de respeto y reverencia. Por otra parte, no podemos dejar de impresionarnos por la obvia semejanza entre los organismos vivientes y los diseños cuidadosamente planificados de los ingenieros humanos. Este argumento fue expresado en la famosa analogía del relojero del sacerdote del siglo XVIII William Paley. Aunque no supieras lo que es un reloj, el carácter obviamente diseñado de sus ruedas dentadas y muelles, y de cómo se engranan para un propósito, te forzarían a concluir “que el reloj debe tener un hacedor: que tiene que haber existido, alguna vez, y en algún lugar, un inventor o inventores que lo construyeron para el propósito que le encontramos; que comprendían su construcción, y diseñaron su uso.” Si esto es cierto para un reloj relativamente simple, ¿cuánto más lo será para el ojo, el oído, el riñón, el codo y el cerebro? Estas estructuras bellas, complejas, intrincadas y con un propósito obvio tienen que tener su propio diseñador, su propio relojero (Dios).

Así decía el argumento de Paley, y es un argumento que casi todas las personas pensativas y susceptibles acaban por descubrir en algún momento de su infancia. A lo largo de casi toda la historia, debe haber sido una verdad completamente convincente y autoevidente. Y ahora, como resultado de una de las revoluciones intelectuales más sorprendentes de la historia, sabemos que es falso, o al menos superfluo. Sabemos que el orden y el aparente propósito del mundo viviente ha aparecido mediante un proceso completamente distinto, un proceso que trabaja sin necesidad de ningún diseñador y que básicamente es consecuencia de unas leyes físicas muy simples. Es el proceso de la evolución por selección natural, descubierto por Charles Darwin e, independientemente, por Alfred Russel Wallace.

¿Qué tienen en común todos los objetos que parecen haber tenido un diseñador? La respuesta es su improbabilidad estadística. Si encontramos una piedra transparente pulida en forma de lente por el mar, no concluimos que debe haberla diseñado un óptico: las leyes físicas pueden lograr este resultado sin ayuda; no es tan improbable que simplemente “haya ocurrido”. Pero si encontramos una lente compuesta, corregida cuidadosamente contra la aberración esférica y cromática, con un filtro para la luz brillante, y con las palabras “Carl Zeiss” grabadas en la montura, sabemos que no puede haber aparecido por casualidad. Si coges todos los átomos de la lente compuesta y los juntas al azar bajo la influencia de las leyes de la física, es teóricamente posible que, por pura casualidad, los átomos formen el patrón de una lente compuesta de Zeiss, e incluso que los átomos de alrededor de la montura queden de manera que aparezca grabado el nombre de Carl Zeiss. Pero el número de otras posibilidades en las que podrían quedar los átomos es tan enorme, vasto e inconmensurablemente grande que podemos despreciar completamente la hipótesis de la casualidad. La casualidad no cuenta como explicación.

Por cierto, esto no es un argumento circular. Puede parecer circular porque se podría decir que cualquier disposición de los átomos es muy improbable. Como se ha dicho con anterioridad, cuando una bola cae sobre una hoja de césped particular en un campo de golf, sería absurdo exclamar: “De todos los miles de millones de hojas de césped en los que podría haber caído, la bola ha caído justamente sobre ésta. ¡Qué asombrosa y milagrosamente improbable!” Aquí la falacia es, por supuesto, que la bola tenía que caer en alguna parte. Sólo podemos asombrarnos de la improbabilidad del suceso si lo especificamos a priori: por ejemplo, si un hombre con los ojos vendados gira sobre sí mismo en el tee, golpea la bola al azar, y logra un hoyo en uno. Eso sería realmente asombroso, porque el objetivo de la bola se especifica de antemano.

De los trillones de formas que hay de juntar los átomos de un telescopio, sólo una minoría funcionaría realmente de manera útil. Sólo una pequeña minoría tendría el nombre de Carl Zeiss grabado, o, de hecho, cualquier palabra de cualquier lenguaje humano. Ocurre lo mismo con las piezas de un reloj: de todos los miles de millones de formas que hay de juntarlas, sólo una pequeña minoría dará la hora o hará algo útil. Y, por supuesto, lo mismo ocurre, a posteriori, con las partes de un cuerpo viviente. De las trillones de trillones de maneras que hay de juntar las partes de un cuerpo, sólo una minoría infinitesimal podría vivir, buscar comida, comer y reproducirse. Cierto, hay muchas formas de estar vivo (al menos diez millones de formas si contamos el número de especies distintas que hay en la actualidad) pero, haya las formas que haya de estar vivo, ¡es seguro que hay muchísimas más formas de estar muerto!

Podemos concluir con seguridad que los seres vivos son demasiado complicados (demasiado improbables estadísticamente) para que hayan aparecido por pura casualidad. ¿Cómo, pues, han aparecido? La respuesta es que la casualidad tiene que ver en esta historia, pero no un acto individual y monolítico de casualidad. En cambio, se ha dado uno tras otro en secuencia, una larga sucesión de pequeños pasos casuales, cada uno lo suficientemente pequeño para que sea un producto creíble de su predecesor. Estos pequeños pasos de casualidad están causados por las mutaciones genéticas, cambios al azar (errores de hecho) en el material genético. Estos cambios producen alteraciones en la estructura del cuerpo. La mayoría de estos cambios son letales y llevan a la muerte. Una minoría de ellos resultan ser ligeras mejoras, que llevan a un aumento de la supervivencia y la reproducción. A través de este proceso de selección natural, esos cambios azarosos que resultan ser beneficiosos acaban por extenderse en la especie y se convierte en la norma. La escena queda ahora a la espera de otro pequeño cambio en el proceso evolutivo. Después de, digamos, un millar de estos pequeños cambios, cada uno de los cuales proporciona la base para el siguiente, el resultado final se ha hecho, por proceso de acumulación, demasiado complejo para que haya aparecido en un acto individual de casualidad.

Por ejemplo, es teóricamente posible que aparezca, de un simple golpe de suerte, un ojo de la nada: digamos de la piel desnuda. Es teóricamente posible en ese sentido que la receta se haya escrito en la forma de un gran número de mutaciones. Si todas estas mutaciones ocurrieran simultáneamente, podría aparecer un ojo de la nada. Pero, aunque es teóricamente posible, es inconcebible en la práctica. La cantidad de suerte implicada es demasiado grande. La receta “correcta” implica cambios en un número enorme de genes simultáneamente. La receta correcta es una combinación particular de cambios entre trillones de combinaciones de cambios igualmente probables. Podemos descartar con seguridad una coincidencia tan milagrosa. Pero es perfectamente plausible que el ojo moderno haya aparecido a partir de algo casi igual al ojo moderno pero no del todo: un ojo un poquito menos elaborado. Con el mismo argumento, este ojo un poquito menos elaborado apareció a partir de un ojo un poquito menos elaborado aún, etcétera. Si suponemos un número suficientemente grande de diferencias suficientemente pequeñas entre cada etapa evolutiva y su predecesora, podemos derivar un ojo complejo a partir de la piel desnuda. ¿Cuántas etapas intermedias podemos postular? Eso depende de con cuánto tiempo podemos tratar. ¿Ha habido suficiente tiempo para que se desarrollen ojos de la nada mediante pequeños pasos?

Los fósiles nos dicen que la vida se ha desarrollado en la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años. Es casi imposible para un hombre imaginar una cantidad de tiempo tan inmensa. Natural y afortunadamente, tendemos a percibir nuestra propia vida como un periodo de tiempo bastante largo, aunque raramente vivamos un siglo. Hace 2.000 años que vivió Jesucristo, un periodo de tiempo suficientemente largo para confundir la diferencia entre historia y mito. ¿Puedes imaginar un millón de veces ese periodo? Supón que queremos escribir toda la historia en un largo rollo de papel. Si metiéramos toda la Historia en un metro de rollo, ¿cuánto ocuparía la parte del rollo destinada a la Prehistoria, desde el principio de la evolución? La respuesta es que la parte del rollo dedicada a la Prehistoria se extendería desde Milán a Moscú. Piensa en las implicaciones que esto tiene en la cantidad de cambio evolutivo que cabría en todo ese tiempo. Todas las razas domésticas de perro (pekineses, perros de lanas, perros de aguas, San Bernardos y Chihuahuas) han surgido a partir de lobos en un periodo de tiempo que se mide en cientos o como mucho miles de años: no más de dos metros en el trayecto de Milán a Moscú. Piensa en la cantidad de cambio implicado en el tránsito de un lobo a un pekinés; ahora multiplica esa cantidad de cambio por un millón. Si lo miras de esa manera, parece más fácil creer que un ojo puede desarrollarse de la nada poco a poco.

Se hace necesario para satisfacer nuestra existencia que todas las partes intermedias en la ruta evolutiva, digamos desde la piel desnuda hasta el ojo moderno, tienen que haberse favorecido por la selección natural; haber sido una mejora con respecto a su predecesor en la secuencia o al menos haber sobrevivido. No tiene sentido pensar que teóricamente existe una cadena de partes intermedias casi imperceptiblemente diferentes, si muchos de esos individuos intermedios han muerto. A veces se arguye que las partes de un ojo tienen que estar todas presentes o el ojo no funcionaría en absoluto. Medio ojo, dice el argumento, no es mejor que ningún ojo. No puedes volar con medio ala; no puedes oír con medio oído. Por tanto no puede haber existido una serie de partes intermedias hasta el ojo, ala u oído modernos.

Este tipo de argumento es tan ingenuo que uno sólo puede preguntarse cuáles son los motivos subconscientes para querer creer en él. Es obviamente falso que medio ojo sea inútil. Los que padecen de cataratas cuyos cristalinos han sito extirpados quirúrgicamente no ven bien sin gafas, pero están mucho mejor que la gente que no puede ver nada. Sin cristalino no puedes enfocar detalladamente una imagen, pero puedes evitar chocar con obstáculos y detectar la sombra amenazante de un depredador. Con respecto al argumento de que no se puede volar con medio ala, es refutado por un gran número de animales planeadores, incluyendo a mamíferos de muchos tipos, lagartos, ranas, serpientes y calamares. Muchos tipos distintos de animales arbóreos tienen membranas de piel entre sus articulaciones que son realmente medio alas. Si te caes de un árbol, cualquier membrana de piel o aplanamiento del cuerpo que aumente el área de tu superficie puede salvarte la vida. Y, sean como sean de grandes tus membranas, siempre tiene que haber una altura crítica tal que, si te caes de un árbol desde esa altura, habrías salvado la vida con sólo un poquito más de superficie. Entonces, cuando tus descendientes hayan desarrollado esa superficie extra, podrán salvar sus vidas con sólo un poquito más de superficie, si se caen de un árbol a una altura ligeramente superior. Y así, mediante una sucesión imperceptiblemente gradual de pasos, cientos de generaciones después, aparecen alas completas.

Los ojos y las alas no pueden aparecer de una vez. Eso sería como tener la casi infinita suerte de dar con la combinación que abre la caja fuerte de un gran banco. Pero si giras las ruedas de la cerradura al azar, y cada vez que te acercas un poco al número afortunado la puerta de la caja fuerte hace un crujido, ¡no tardarías en abrir la puerta! Esencialmente, ése es el secreto de cómo la evolución por selección natural logra lo que antes parecía imposible. Las cosas que no pueden derivarse plausiblemente de predecesores muy diferentes pueden derivarse plausiblemente de predecesores sólo ligeramente diferentes. Teniendo una serie suficientemente larga de predecesores ligeramente diferentes, podemos derivar cualquier cosa a partir de cualquier otra cosa.
La evolución, pues, es teóricamente capaz de hacer el trabajo que, érase una vez, parecía ser una prerrogativa de Dios. Pero ¿existe alguna prueba de que la evolución haya existido realmente? La respuesta es sí; las pruebas son abrumadoras. Se encuentran millones de fósiles exactamente en el sitio y exactamente a la profundidad que deberíamos esperar si la evolución fuese cierta. No se ha encontrado ni un solo fósil en un lugar donde la evolución no sea capaz de explicarlo, aunque esto podría haber pasado fácilmente. Un fósil de mamífero en rocas tan antiguas que los peces aún no habían aparecido, por ejemplo, sería suficiente para refutar la teoría de la evolución.

Los patrones de distribución de los animales y plantas en los continentes e islas del mundo es exactamente lo que esperaríamos si se hubieran desarrollado a partir de ancestros comunes mediante un proceso lento y gradual. Los patrones de semejanza entre los animales y plantas es exactamente lo que deberíamos esperar si algunos fueran primos entre ellos, y otros fueran primos más distantes. El hecho de que el código genético sea el mismo en todas las criaturas vivientes sugiere abrumadoramente que todas son descendientes de un único ancestro. La evidencia de evolución es tan convincente que la única manera de salvar la teoría de la creación es suponer que Dios colocó deliberadamente enormes cantidades de pruebas para hacer que pareciese que la evolución fuese real. En otras palabras, los fósiles, la distribución geográfica de los animales, etcétera, son todos un gigante truco de timador. ¿Alguien quiere adorar a un Dios capaz de tal fraude? Es seguro mucho más reverente, y más sensato científicamente, aceptar el significado literal de la evidencia. Todos los seres vivos son primos unos de otros, descendientes de un ancestro remoto que vivió hace más de 3.000 millones de años.

El Argumento del Diseño ha sido pues destruido como razón para creer en Dios. ¿Hay muchos más argumentos? Algunos creen en Dios por lo que dicen es una revelación interior. Tales revelaciones no son siempre edificantes pero parecen sin duda reales al individuo implicado. Muchos habitantes de manicomios tienen la fe interior de que son Napoleón o Dios mismo. El poder de esas convicciones es indudable para los que las tienen, pero esto no es razón para que el resto de nosotros les creamos. De hecho, ya que esas creencias son mutuamente contradictorias, no las creemos en absoluto.
Hay algo más que debe decirse. La evolución por selección natural explica muchas cosas, pero no pudo empezar de la nada. No podría haber empezado hasta que apareciese algún tipo de reproducción y herencia. La herencia moderna está basada en el código del ADN, que es de por sí demasiado complicado para que apareciese espontáneamente mediante una casualidad individual. Esto parece significar que tuvo que haber existido un sistema hereditario anterior, ahora desaparecido, que era lo suficientemente simple para que apareciese por casualidad por las leyes de la química, y que proporcionó el medio en el que pudo dar comienzo una forma primitiva de selección natural acumulativa. El ADN fue un producto posterior de esta selección acumulativa. Antes de esta original forma de selección natural, hubo un periodo en el que los compuestos químicos se formaron a partir de elementos más simples, siguiendo las conocidas leyes de la física. Antes de eso, todo fue construido a partir del hidrógeno puro como consecuencia inmediata del Big Bang, el suceso que inició el universo.

Existe la tentación de argumentar que, aunque Dios puede no ser necesario para explicar la evolución de orden complejo una vez que el universo comenzó con sus leyes fundamentales de la física, sí necesitamos a Dios para explicar el origen de todas las cosas. Esta idea no le deja mucho trabajo a Dios: sólo hizo estallar el Big Bang, se sentó y esperó a que pasara todo. El físico-químico Peter Atkins, en su libro maravillosamente escrito La Creación, postula un Dios perezoso que se esforzó por hacer lo menos posible para iniciarlo todo. Atkins explica cómo todo suceso en la historia del universo resulta, por simple ley física, de su predecesor. Así reduce el trabajo que el perezoso creador necesitaría realizar y finalmente concluye que, de hecho, ¡no habría necesitado hacer nada en absoluto!

Los detalles de la etapa primordial del universo pertenecen al reino de la física, mientras que yo soy un biólogo, más relacionado con las etapas posteriores de la evolución de la complejidad. Para mí, la cuestión importante es que aunque el físico necesite postular un mínimo irreductible que tuvo que estar presente en el inicio, para que el universo pudiera comenzar, ese mínimo irreductible es ciertamente extremadamente simple. Por definición, las explicaciones que surgen de premisas simples son más plausibles y más satisfactorias que las explicaciones que tienen que postular comienzos complejos y estadísticamente improbables.

Y es difícil conseguir algo más complejo que un Dios Todopoderoso.


Traducción: Gabriel Rodríguez Alberich
Extraído el 27 de diciembre de 2006 de http://the-geek.org/docs/

martes, 30 de marzo de 2010

Richard Dawkins - La fe cree "no importa qué"

Richard Dawkins: “La fe cree ‘no importa qué’”

7 de marzo de 2010 por Patricia Damiano.

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He tenido el predecible aluvión de cartas de víctimas de la fe, protestando por mis críticas a ésta. La fe es un lavado de cerebro tan exitoso y autoperpetuador, sobre todo en los niños, que es difícil de desarraigar. Pero, después de todo, ¿qué es la fe? Es un estado mental que lleva a la gente a creer en algo — no importa qué — en ausencia total de evidencia que lo apoye. Si hubiese una buena evidencia de apoyo, la fe sería superflua, pues la evidencia nos haría creer en ello de todos modos. Esto es lo que hace absurda la tan repetida idea de que «la propia evolución es cuestión de fe» . La gente cree en la evolución no porque desee creer arbitrariamente en ella, sino por la abrumadora evidencia pública que la apoya.

He afirmado que la fe cree « no importa qué », lo que sugiere que la gente tiene fe en cosas totalmente estúpidas y arbitrarias, como el monje eléctrico de la deliciosa Dirk Gently's Holistic Detective Agency de Douglas Adams. Fue deliberadamente creado para creer por uno, y tuvo mucho éxito en ello. El día que le conocimos creía, inamoviblemente, contra toda evidencia, que todo en el mundo es de color rosa. No quiero decir que las cosas en las que tiene fe una determinada persona sean necesariamente idiotas. Pueden serlo o no. La cuestión es que no hay forma de decidir si lo son o no, y no hay forma de preferir uno u otro artículo de fe, porque se descarta explícitamente toda evidencia. En realidad, el hecho de que la fe no precise evidencia alguna se considera como su gran virtud; ésta era la razón de que citase al Incrédulo Tomás, el único miembro realmente admirable de los doce apóstoles.

La fe no puede mover montañas (aunque se haya dicho solemnemente lo contrario a generaciones de niños, que se lo han creído). Pero es capaz de llevar a la gente a cometer locuras tan peligrosas que creo que puede considerarse como una especie de enfermedad mental. Hace creer a la gente tan intensamente cualquier cosa, que en los casos extremos muchas personas está n dispuestas a matar y morir por ella sin necesidad de justificación ulterior. Keith Johnson ha acuñado el término de «memeoides» para designar a las « víctimas que han sido ocupadas por un meme hasta el punto de que deja de importarles su propia supervivencia [...] En los informativos vespertinos se ve a centenares de personas de este tipo en lugares como Belfast o Beirut.» La fe es lo suficientemente poderosa como para inmunizar a la gente contra toda llamada a la piedad, al perdón y a sentimientos humanos decentes. Incluso les inmuniza contra el miedo, si creen sinceramente que morir como mártires les llevará directamente al cielo. ¡Menuda arma! La fe religiosa merece un capítulo propio en los anales de la tecnología militar, en pie de igualdad con el arco, el caballo, el tanque y la bomba de hidrógeno.

El gen egoísta
Cap.XI – Memes: los nuevos replicantes – Nota 61
Trad. Juana Robles Suárez y José Tola Alonso

jueves, 25 de marzo de 2010

Atilio A. Boron - ¿Disidentes o traidores?

¿Disidentes o traidores?
Atilio A. Boron

Rebelión

La “prensa libre” de Europa y las Américas –ésa que mintió descaradamente al decir que existían armas de destrucción masiva en Iraq o que calificó de “interinato” al régimen golpista de Micheletti en Honduras- ha redoblado su feroz campaña en contra de Cuba. Se impone, por lo tanto, distinguir entre la razón de fondo y el pretexto. La primera, y que establece el marco global de esta campaña, es la contraofensiva imperial desencadenada desde los finales de la Administración Bush y cuyo ejemplo más rotundo fue la reactivación y movilización de la IV Flota. Contra los pronósticos de algunos ilusos esta política, dictada por el complejo militar-industrial, no sólo se continuó sino que se profundizó mediante el reciente tratado firmado por Obama y Uribe mediante el cual se concede a los Estados Unidos el uso de por lo menos siete bases militares en territorio colombiano, inmunidad diplomática para todo el personal estadounidense afectado a sus operaciones, licencia para introducir o sacar del país cualquier clase de cargamento sin que las autoridades del país anfitrión puedan siquiera tomar nota de lo que entra o sale y el derecho de los expedicionarios norteamericanos a ingresar o salir de Colombia con cualquier carnet que acredite su identidad. Como si lo anterior fuera poco, la política de Washington reconociendo la “legalidad y legitimidad” del golpe de estado de Honduras y las fraudulentas elecciones subsecuentes es una muestra más de la perversa continuidad que liga las políticas implementadas por la Casa Blanca, con independencia del color de la piel de su principal ocupante. Y en esa contraofensiva general del imperio, el ataque y la desestabilización de Cuba juega un papel de gran importancia.

Estas son las razones de fondo. Pero el pretexto para este relanzamiento fue el fatal desenlace de la huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo, potenciado ahora por idéntica acción iniciada por otro “disidente”, Guillermo Fariñas Hernández y que será seguida, sin duda, por las de otros partícipes y cómplices de esta agresión. Como es bien sabido, Zapata Tamayo fue (y sigue siendo) presentado por esos “medios de desinformación de masas-como adecuadamente los calificara Noam Chomsky- como un “disidente político” cuando en realidad era un preso común que fue reclutado por los enemigos de la revolución y utilizado sin escrúpulos como un mero instrumento de sus proyectos subversivos. El caso de Fariñas Hernández no es igual, pero aún así guarda algunas similitudes y profundiza una discusión que es imprescindible dar con toda seriedad.

Es preciso recordar que estos ataques tienen una larga historia. Comienzan desde el triunfo mismo de la revolución pero, como política oficial y formal del gobierno de Estados Unidos se inician el 17 de marzo de 1960 cuando el Consejo de Seguridad Nacional aprueba el “Programa de Acción Encubierta” contra Cuba propuesto por el entonces Director de la CIA, Allen Dulles. Parcialmente desclasificado en 1991, ese programa identificaba cuatro cursos principales de acción, siendo los dos primeros “la creación de la oposición” y el lanzamiento de una “poderosa ofensiva de propaganda” para robustecerla y hacerla creíble. Más claro imposible. Tras el estruendoso fracaso de estos planes George W. Bush crea, dentro del propio Departamento de Estado, una comisión especial para promover el “cambio de régimen” en Cuba, eufemismo utilizado para evitar decir “promover la contrarrevolución”. Cuba tiene el dudoso privilegio de ser el único país del mundo para el cual el Departamento de Estado ha elaborado un proyecto de este tipo, ratificando de este modo la vigencia de la enfermiza obsesión yanqui por anexarse la isla y, por otro lado, lo acertado que estaba José Martí cuando alertó a nuestros pueblos sobre los peligros del expansionismo norteamericano. El primer informe de esa comisión, publicado en 2004, tenía 458 páginas y allí se explicitaba con gran minuciosidad todo lo que se debía hacer para introducir una democracia liberal, respetar los derechos humanos y establecer una economía de mercado en Cuba. Para viabilizar este plan se asignaban 59 millones de dólares por año (más allá de los que se destinarían por vías encubiertas), de los cuales 36 millones estarían destinados, según la propuesta, a fomentar y financiar las actividades de los “disidentes”. Para resumir, lo que la prensa presenta como una noble y patriótica disidencia interna parecería más bien ser la metódica aplicación del proyecto imperial diseñado para cumplir el viejo sueño de la derecha norteamericana de apoderarse definitivamente de Cuba.

Dicho lo anterior se impone una precisión conceptual. No es casual que la prensa del sistema hable con extraordinaria ligereza acerca de los “disidentes políticos” encarcelados en Cuba. Pero, ¿son “disidentes políticos” o son otra cosa? Sería difícil decir que todos, pero con toda seguridad la mayoría de quienes están en prisión no se encuentran allí por ser disidentes políticos sino por una caracterización mucho más grave: “traidores a la patria.” Veamos esto en detalle. En el célebre Diccionario de Política de Norberto Bobbio el politólogo Leonardo Morlino define al disenso como “cualquier forma de desacuerdo sin organización estable y, por tanto, no institucionalizada, que no pretende sustituir al gobierno en funciones por otro, y tanto menos derribar el sistema político vigente. El disenso se expresa sólo en el exhortar, persuadir, criticar, hacer presión, siempre con medios no violentos para inducir a los decision-makers a preferir ciertas opciones en lugar de otras o a modificar precedentes decisiones o directivas políticas. El disenso nunca pone en discusión la legitimidad o las reglas fundamentales que fundan la comunidad política sino sólo normas o decisiones bastante específicas.” (pp. 567-568) Más adelante señala que existe un umbral el que, una vez traspasado, convierte al disenso, y a los disidentes, en otra cosa. “El umbral es cruzado cuando se ponen en duda la legitimidad del sistema y sus reglas del juego, y se hace uso de la violencia: o cuando se incurre en la desobediencia intencional a una norma; o, por fin, cuando el desacuerdo se institucionaliza en oposición, que puede tener entre sus fines también el de derrumbar el sistema.” (p. 569) En la extinta Unión Soviética dos de los más notables disidentes políticos, y cuyo accionar se ajusta a la definición arriba planteada, fueron el físico Andrei Sakharov y el escritor Alexander Isayevich Solzhenitsyn; Rudolf Bahro lo fue en la República Democrática Alemana; Karel Kosik, en la antigua Checoslovaquia; en los Estados Unidos sobresalió, al promediar el siglo pasado, Martin Luther King; y en el Israel de nuestros días Mordekai Vanunu, científico nuclear que reveló la existencia del arsenal atómico en ese país y por lo cual se lo condenó a 18 años de cárcel sin que la “prensa libre” tomara nota del asunto.

La disidencia cubana, a diferencia de lo ocurrido con Sakharov, Solzhenitsyn, Bahro, Kosik, King y Vanunu, se encuadra en otra figura jurídica porque su propósito es subvertir el orden constitucional y derribar al sistema. Además, y este es el dato esencial, pretende hacerlo poniéndose al servicio de una potencia enemiga, Estados Unidos, que hace cincuenta años agrede por todos los medios imaginables a Cuba con un bloqueo integral (económico, financiero, tecnológico, comercial, informático), con permanentes agresiones y ataques de diverso tipo y con una legislación migratoria exclusivamente desarrollada (la “Ley de Ajuste Cubano”) para la isla y que estimula la migración ilegal a Estados Unidos poniendo en peligro la vida de quienes quieren acogerse a sus beneficios. Mientras Washington levanta un nuevo muro de la infamia en su frontera con México para detener el ingreso de inmigrantes mexicanos y a los procedentes de Centroamérica, concede todos los beneficios imaginables a quienes, viniendo de Cuba, pongan pie en su territorio. Quienes reciben dinero, asesoría, consejos, orientaciones de un país objetivamente enemigo de su patria y actúan en congruencia con su aspiración de precipitar un “cambio de régimen” que ponga fin a la revolución, ¿pueden ser considerados “disidentes políticos”?

Para responder olvidémonos por un momento de las leyes cubanas y veamos lo que establece la legislación en otros países. La Constitución de Estados Unidos fija en su Artículo III, Sección 3 que “El delito de traición contra los Estados Unidos consistirá solamente en tomar las armas contra ellos o en unirse a sus enemigos, dándoles ayuda y facilidades.” La sanción que merece este delito quedó en manos del Congreso; en 1953 Julius y Ethel Rosenberg fueron ejecutados en la silla eléctrica acusados de traición a la patria por haberse supuestamente “unido a sus enemigos” revelando los secretos de la fabricación de la bomba atómica a la Unión Soviética. En el caso de Chile, el Código Penal de ese país establece en su Artículo 106 que “Todo el que dentro del territorio de la República conspirare contra su seguridad exterior para inducir a una potencia extranjera a hacer la guerra a Chile, será castigado con presidio mayor en su grado máximo a presidio perpetuo. Si se han seguido hostilidades bélicas la pena podrá elevarse hasta la de muerte.” En México, país que ha sido víctima de una larga historia de intervencionismo norteamericano en sus asuntos internos, el Código Penal califica en su artículo 123 como delitos de traición a la patria una amplia gama de situaciones como realizar “actos contra la independencia, soberanía o integridad de la nación mexicana con la finalidad de someterla a persona, grupo o gobierno extranjero; tome parte en actos de hostilidad en contra de la nación, mediante acciones bélicas a las órdenes de un estado extranjero o coopere con este en alguna forma que pueda perjudicar a México; reciba cualquier beneficio, o acepte promesa de recibirlo, con en fin de realizar algunos de los actos señalados en este artículo; acepte del invasor un empleo, cargo o comisión y dicte, acuerde o vote providencias encaminadas a afirmar al gobierno intruso y debilitar al nacional.” La penalidad prevista por la comisión de estos delitos es, según las circunstancias, de cinco a cuarenta años de prisión. La legislación argentina establece en el artículo 214 de su Código Penal que “Será reprimido con reclusión o prisión de diez a veinticinco años o reclusión o prisión perpetua y en uno u otro caso, inhabilitación absoluta perpetua, siempre que el hecho no se halle comprendido en otra disposición de este código, todo argentino o toda persona que deba obediencia a la Nación por razón de su empleo o función pública, que tomare las armas contra ésta, se uniere a sus enemigos o les prestare cualquier ayuda o socorro.”

No es necesario proseguir con esta somera revisión de la legislación comparada para comprender que lo que la “prensa libre” denomina disidencia es lo que en cualquier país del mundo -comenzando por Estados Unidos, el gran promotor, organizador y financista de la campaña anticubana- sería caratulado lisa y llanamente como traición a la patria, y ninguno de los acusados jamás sería considerado como un “disidente político.” En el caso de los cubanos, la gran mayoría de los llamados disidentes (si no todos) están incursos en ese delito al unirse a una potencia extranjera que está en abierta hostilidad contra la nación cubana y recibir de sus representantes -diplomáticos o no- dinero y toda suerte de apoyos logísticos para, como señala la legislación mexicana, “afirmar al gobierno intruso y debilitar al nacional.” Dicho en otras palabras, para destruir el nuevo orden social, económico y político creado por la revolución. No sería otra la caracterización que adoptaría Washington para juzgar a un grupo de sus ciudadanos que estuviera recibiendo recursos de una potencia extranjera que durante medio siglo hubiese acosado a los Estados Unidos con el mandato de subvertir el orden constitucional. Ninguno de los genuinos disidentes arriba mencionados incurrieron en sus países en tamaña infamia. Fueron implacables críticos de sus gobiernos, pero jamás se pusieron al servicio de un estado extranjero que ambicionaba oprimir a su patria. Eran disidentes, no traidores.

* Una versión abreviada de este artículo fue publicada por Página/12 (Buenos Aires) el 23 de Marzo de 2010.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=102858

miércoles, 24 de marzo de 2010

Marcos Rascón - Hambre por el hambre

Fariñas: hambre por el hambre

MARCO RASCÓN

Grande es el hambre imperial, farisea y conservadora por acabar con la existencia de una Cuba que ha demostrado a Latinoamérica y el mundo que se puede vivir sin la tutela estadunidense. Más de medio siglo de independencia cubana, proyectada en solidaridad y humanismo, duele a quienes han apostado a la destrucción del proceso. ¿Qué ha hecho la mafia de Miami con todos sus millones de dólares en financiamiento o ganancias para mitigar el hambre en el mundo? ¿De qué ha servido su idea de democracia”, salvo el reclamo de sus latifundios y burdeles o para fomentar el terrorismo cuando Estados Unidos dice luchar contra él?

La huelga de hambre de Guillermo Fariñas debe verse no por el medio utilizado por activistas como Boby Sands en Inglaterra o pacifistas como Mahatma Gandhi, sino por sus demandas y fines, que son la vieja hambre de Washington contra la independencia de Cuba. Puesto el sacrificio personal como acción ideológica para hacer de ella la puerta de la concepción de democracia única que proclama el imperio y que es la que garantiza los intereses minoritarios sobre los mayoritarios, esto no tiene que ver ni con la legalidad ni con los derechos humanos, sino con las habituales conspiraciones desde el exterior contra Cuba y su revolución.

Los demócratas fariseos reclaman en ese coro que la democracia debe ser a imagen y semejanza de la que son parte y administran. Guillermo Fariñas con su hambre lucha por que en Cuba haya una democracia que garantice el hambre, que haya niños de la calle, desperdicio, basura, contaminación, degradación de los recursos naturales, economía dependiente, discursos e insultos entre políticos profesionales que pactan beneficios fiscales para quienes en las elecciones los apoyan.

La lucha de Guillermo Fariñas y sus damas busca una democracia llena de crímenes diarios, de muertos en fuegos cruzados por la existencia del paramilitarismo cuando la ley y la fabricación de pruebas ya no son suficientes. La lucha de Fariñas es otra que lucha por el derecho a ser reprimidos, pues en la forma tratan de ocultar los objetivos.

Es lamentable la posición que han adoptado en México partidos y movimientos de izquierda, alejados de América Latina. No es de ahora ni de esta coyuntura: es una complicidad que forma parte de la aceptación de que somos ya parte exclusiva de América del Norte, y a ella se debe el rumbo económico que tenemos, las formas de dependencia y el esquema de transición política.

Luego de la Cumbre de Cancún, donde se acordó la formación, sin Estados Unidos ni Canadá, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, adoptada por 32 países que participaron en la Cumbre de la Unidad de América Latina y del Caribe y la reunión del Grupo de Río que daría fin a la era de la Organización de Estados Americanos, la OEA, de larga tradición injerencista y homogeneizada por Estados Unidos, la escalada contra Cuba surge del eje Miami-México-Honduras para buscar que el nuevo proyecto se subordine a los intereses hemisféricos de Washington sin que éstos estén presentes.

Para la izquierda mexicana, alejada desde hace años de América Latina en el orden de la visión política, económica e ideológica, las consecuencias han sido un profundo vacío que ha llenado la derecha pro estadunidense y el pragmatismo priísta que ya anuncia su retorno como interlocutor de los intereses mexicanos con Estados Unidos. Cuando México debería estarse manifestando y apoyando a los connacionales en sus demandas por una reforma migratoria integral, la carta de presentación unánime de la clase política mexicana llama a sumarse a las conspiraciones contra Cuba, dirigidas desde Miami.

¿Qué ha hecho el Congreso mexicano contra la violación de derechos humanos en Guantánamo? ¿Cuál ha sido el papel de la izquierda mexicana en la legitimación del golpe de Estado en Honduras, que ahora es plataforma para actuar contra Cuba?
México tiene hoy el deshonroso papel de representar los intereses de Estados Unidos en América Latina. Pasamos de la política exterior foxista del rompimiento, a la de Felipe Calderón de sumarse al entreguismo y cuestionar a Cuba, cuando ésta sigue siendo el referente de independencia, de identidad latinoamericana, ganada a pulso con el esfuerzo y conciencia del pueblo cubano.

Chomsky dijo que tratándose de libertades “nunca como hoy hubo tanta libertad de expresión, pero nunca como ahora hubo tanto control del pensamiento”. Si a pensamiento único vamos, el neoliberalismo está basado en el determinismo de que el único mundo posible es el de los grandes intereses globales y sus oligarquías locales.
La huelga de Fariñas y el deceso de Orlando Zapata (que no motivó ninguna campaña de sus correligionarios hasta que murió) no son comparables con el humanismo demostrado por la revolución cubana y sus aportaciones solidarias.

Hoy estas batallas no son sólo por Cuba, sino por la perspectiva latinoamericana en disputa; entre el entreguismo del gobierno mexicano y el ejemplo de independencia y unidad latinoamericana de la que Cuba es referente obligado.

http://www.marcorascon.org

Fuente: La Jornada (23 de marzo de 2010)

jueves, 18 de marzo de 2010

Manuel Martínez Llaneza - Carta al Director de la Real Académica de la Lengua Española

Se pide incluir el término "totalitario" en la entrada del Diccionario relativa al "comunismo"

Carta abierta de un comunista al Director de la Real Academia Española

Manuel Martínez Llaneza
Rebelión


Sr. Director de la Real Academia Española

Me dirijo a usted como comunista preocupado por las iniciativas de algunos académicos que piden incluir el término ‘totalitario’ en la entrada relativa al término ‘comunismo’ de la próxima edición del DRAE.

Le tengo que manifestar en primer lugar mi sorpresa.

Siempre se ha considerado que el Diccionario recoge el uso de la lengua con criterios que -aunque en algunos casos sean discutibles como en toda actividad humana- tienden a reflejar su uso real con un sentido de conservación de su “genio”, lo que lleva, por ejemplo, a señalar como vulgarismos palabras de uso muy frecuente que en el futuro es posible que desaparezcan o, por el contrario, que accedan a la categoría de normales.

Lo que se suponía que estaba ausente del DRAE es la valoración política, histórica, moral o estética, por supuesto en la medida de lo que es posible separar los significados de las connotaciones. Ese criterio se sigue en términos generales, pero no se seguiría en el supuesto que comento según voy a argumentar, recurriendo como apoyo a algunos ejemplos tomados de la vigésima segunda edición, salvo que se diga lo contrario.

Ejemplo 1º: capitalismo.

1. m. Régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza.
2. m. Conjunto de capitales o capitalistas, considerado como entidad económica.

Como era de esperar, no se dice que el capitalismo es causante de injusticias, guerras y hambre, y que su evolución está poniendo en peligro la supervivencia de la humanidad. Y ello, no porque no sea cierto, sino porque no es misión de la RAE –ni yo se lo pido- entrar en esos importantísimos aspectos.

Ejemplo 2º: Iglesia católica.

1. f. Congregación de los fieles cristianos regida por el Papa como vicario de Cristo en la Tierra.

No se dice que es una institución totalitaria –en sentido estricto, como mostraremos luego- ni que creó la Inquisición y fue la responsable de muchas guerras y matanzas. Entiendo de nuevo que no es necesario explicar por qué no se dice. Sin embargo, es cierto que en el DRAE se califica de totalitarias a otras concepciones político-sociales.

Ejemplo 3º: fascismo. (Avance de la 23. ª edición, los cambios no son relevantes) (Del it. fascismo).

1. m. Movimiento político y social de carácter totalitario que se desarrolló en Italia, en la primera mitad del siglo XX, liderado por Benito Mussolini, y que adoptó como símbolo las fasces romanas.

Ejemplo 4º: franquismo.

1. m. Movimiento político y social de tendencia totalitaria, iniciado en España durante la Guerra Civil de 1936-1939, en torno al general Franco, y desarrollado durante los años que ocupó la jefatura del Estado.
2. m. Período histórico que comprende el gobierno del general Franco.

El análisis de estas diferencias nos lleva al meollo de la cuestión lingüística que estimo debe considerar la RAE para evitar la improcedente politización derechista del Diccionario. Señalo las principales consideraciones, sin citas, que estimo innecesarias por lo conocido del tema y el carácter de este escrito, pero que pueden aportarse sin dificultad:

a. Es el propio fascismo el que se autocalifica de totalitario. Las leyes franquistas de la posguerra también definen el nuevo estado como totalitario de manera explícita. Sin merma de rigor podrían, pues, sustituirse en las anteriores entradas las expresiones eufemísticas “carácter totalitario” y “tendencia totalitaria” por “totalitario” simplemente. Podría también en propiedad matizar “gobierno totalitario” la segunda acepción del ejemplo 4º
b. Es evidente que dicha calificación no tiene para sus creadores ninguna connotación moral negativa, sino que es meramente descriptiva. El sentido de la totalidad viene regido, en las diferentes versiones del fascismo, por los conceptos de imperio, raza o religión, supuestamente superiores al hombre, a los que se subordina en última instancia toda actividad individual o social. Éste es el sentido original de ‘totalitario’.
c. Nunca ha habido una definición de ese tipo en ninguna de las variantes del comunismo que, en todo caso, han preconizado siempre la liberación del hombre de las diversas ataduras sociales y económicas.
d. Los errores, e incluso crímenes, cometidos por los diversos regímenes políticos –por todos, hasta la fecha- son cuestiones de facto que le corresponde valorar a historiadores, sociólogos y políticos, y esta valoración se deberá hacer, en nuestro caso, en la mejor lengua española posible, sin que las palabras deban estar cargadas y distorsionadas previamente de manera que hagan imposible el estudio y el diálogo.
e. En ese sentido, mi convicción de que el carácter criminal de todos los regímenes fascistas que han existido deriva en gran medida de su carácter totalitario puede admitirse o no por los científicos, pero en ningún caso tiene un carácter lingüístico que pueda afectar al Diccionario.

Las anteriores consideraciones nos conducen a revisar las propias definiciones del DRAE relacionadas con totalitario-totalitarismo.

Ejemplo 5º: totalitario, ria.

1. adj. Que incluye la totalidad de las partes o atributos de algo, sin merma ninguna.
2. adj. Perteneciente o relativo al totalitarismo.

Ejemplo 6º: totalitarismo.

1. m. Régimen político que ejerce fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros partidos.

Curiosamente, la secuencia genética “total-totalitario-totalitarismo” está distorsionada de forma circular por la segunda acepción de “totalitario”. De esta forma, como ‘totalitarismo’ recoge exclusivamente la concreción política e ignora la definición ideológica, se traslada ésta a ‘totalitario’ cuya primera acepción tiene un carácter abstracto. En resumen, el DRAE no recoge la acepción ideológica original –fascista- de ‘totalitario’, ni de ‘totalitarismo’.

En todo caso, esa definición de régimen político totalitario afecta, como se ha dicho, por propia decisión a los regímenes fascistas y a la propia definición del fascismo, pero sólo un lavado de cerebro programado puede extenderlo al comunismo que pregona la desaparición del Estado tras la fase socialista y que no ha teorizado jamás la necesidad o conveniencia de impedir “la actuación de otros partidos”.

Como conclusión de estos razonamientos, le pido que tome en consideración las siguientes propuestas:

a. Modificación de las entradas de los términos ‘totalitario’ y ‘totalitarismo’ de forma que den entrada a su definición ideológica original, libre de otras connotaciones.
b. Rechazo a incluir el adjetivo ‘totalitario’ en la entrada ‘comunismo’ por ser falsa en cualquiera de sus acepciones.

Por último, Sr. Director, dejemos la política a los ciudadanos y preocupémonos todos porque el Diccionario dé soporte a una lengua común (comunista) lo más rica, clara y universal posible.

Atentamente
Manuel Martínez Llaneza


Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. (www.rebelión.org)

jueves, 11 de marzo de 2010

Atilio A. Boron - El diario El País y el caso Zapata. Cuba: el suicidio de un "disidente"

El diario El País y el caso Zapata
Cuba: el suicidio de un “disidente”


Atilio A. Boron

Rebelión


Haciendo una vez más gala de su proverbial falta de escrúpulos El País de Madrid informó en su edición digital del 27 de Febrero que “La disidencia cubana sigue movilizada por la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo.” Afirmación tan rotunda como falsa cuya intención no es otra que la de llevar agua para el molino de la permanente campaña de ataques y agresiones contra la Revolución Cubana y alimentar los prejuicios de una gran parte de los lectores de ese periódico que no siempre tienen tiempo, posibilidad o interés en corroborar la veracidad de las informaciones que les proporcionan los grandes medios de comunicación.

Afortunadamente, una oportuna nota publicada por el prestigioso intelectual cubano Enrique Ubieta Gómez permite echar luz sobre este penoso episodio y desmontar la mentira urdida por el periódico madrileño. (http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/02/26/orlando-zapata-tamayo-la-muerte-util-de-la-contrarrevolucion/). En ella se demuestra que el supuesto “prisionero de conciencia” no era tal; por eso nunca figuró en la lista de “prisioneros políticos” elaborada por la ya disuelta Comisión de Derechos Humanos de la ONU en 2003, reemplazada a causa de sus serios vicios y su manifiesta arbitrariedad al servicio de los intereses de los Estados Unidos por el Consejo de Derechos Humanos. ¿Cómo es posible que un “prisionero de conciencia” cuya identificación con el proyecto político lo llevó a inmolarse con tal de no traicionar sus ideas hubiera pasado desapercibido ante los atentos ojos de la Comisión?

La respuesta es bien simple: Zapata Tamayo, nos dice Ubieta Gómez, era un preso común cuyos problemas con la justicia comenzaron en 1988, es decir, quince años antes de la confección de la famosa lista. En su larga carrera delictiva fue procesado por "violación de domicilio" (1993), "lesiones menos graves" (2000), "estafa" (2000), "lesiones y tenencia de arma blanca" (2000: heridas y fractura de cráneo a una víctima utilizando un machete), "alteración del orden" y "desórdenes públicos" (2002), entre otras causas que, como puede observarse, nada tienen que ver con la protesta política y sí con delitos comunes. En un alarde de generosidad la justicia cubana dispuso que Zapata Tamayo fuese liberado bajo fianza el 9 de Marzo de 2003. Sin embargo, pocos días después reincidiría en sus delitos y sería detenido y condenado a tres años de prisión. Pero, en esta ocasión, su sentencia se fue extendiendo a causa de su agresiva conducta en la cárcel. Es precisamente en este marco cuando se produce su milagrosa metamorfosis: el maleante repetidamente encarcelado por la comisión de numerosos delitos comunes se convierte en un ardiente ciudadano que decide consagrar su vida a la promoción de la “libertad” y la “democracia” en Cuba. Astutamente reclutado por sectores de la “disidencia política” cubana, siempre deseosa de contar con un mártir en sus magras filas, se lo impulsó irresponsablemente y con total desprecio de su persona a llevar a cabo una huelga de hambre hasta el final, a cambio de quien sabe cuales promesas o contrapartidas de todo tipo que, seguramente, el paso del tiempo no tardará en aclarar.

El caso de esta víctima es aleccionador del talante moral de quienes pugnan por lograr el “cambio de régimen” en Cuba; también de la catadura moral de medios como El País, y otros similares, que ponen su inmenso poder mediático, formador y deformador de conciencias, al servicio de las más innobles causas. Nada dicen, por ejemplo, que la desgraciada vida del suicida fue vilmente manipulada por la “disidencia” y sus mandantes, que pretenden hacer pasar por un “preso de conciencia” a quien no fue otra cosa que un delincuente común. También ocultan que la sedicente “disidencia política” es, en realidad, algo bien distinto: el caballo de Troya de la anhelada reinstauración de la dominación imperialista en Cuba. “Disidentes” se les llama a quienes fueron filmados mientras recibían importantes sumas de dinero en la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana para financiar sus actividades subversivas de la constitución y las leyes de la república. Es decir, para trabajar conjuntamente con el gobierno de un país que hace medio siglo le ha declarado la guerra a Cuba, que mantiene contra esa isla un bloqueo criminal unánimemente condenado por la comunidad internacional y que ha hecho más de seiscientos intentos de asesinar al líder de la revolución cubana. ¿Cómo reaccionaría Washington si hoy sorprendiera a un grupo de sus ciudadanos recibiendo generosas sumas de dinero, equipos de comunicación y consejos prácticos acerca de cómo derrocar al gobierno de Estados Unidos en la embajada de Afganistán en Washington? ¿Hubiera considerado El País a esos subversivos como “disidentes políticos” o como traidores a su patria? Además, a diferencia de lo ocurrido con los mercenarios cubanos, lo más probable es que los estadounidenses hubieran sido inmediatamente ejecutados, acusados del infame delito de traición a la patria por su desembozada y antipatriótica colaboración con una potencia agresora. Por mucho menos que esto la “democracia norteamericana” envió a la silla eléctrica a los esposos Julius y Ethel Rosenberg en 1953 en un juicio (como el ahora perpetrado contra “los 5”) que fue una verdadera burla a la justicia.

Pero nada de eso ocurre en Cuba. Y nada de esto se informa a la opinión pública mundial. No hay en la isla cárceles secretas, ni legalización de la tortura, ni traslado de prisioneros para ser torturados en terceros países, ni desaparecidos, ni vuelos ilegales, ni detenciones arbitrarias sin plazos ni juicios y tantas otras prácticas que rutinariamente se llevan a cabo en las mazmorras estadounidenses y que son sistemáticamente silenciadas y ocultadas por la “prensa seria” cuya supuesta misión es informar. Para la prensa del imperio, como El País, todas estas son minucias sin importancia. Negocios son negocios y si hay que mentir se miente una y cien veces con la certeza que otorga la impunidad que le confiere la indefensión, la credulidad o la apatía de sus lectores, aletargados por la propaganda y cuidadosamente desinformados y embrutecidos por los grandes medios. En un luminoso pasaje de El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte Marx decía que, ante su orfandad, la contrarrevolución bonapartista extraía sus cuadros y sus héroes del lumpenproletariado de Paris. Lo mismo ocurre en nuestros días con los autoproclamados adalides de las libertades y la democracia en Cuba y sus compinches en la “prensa seria” internacional. Por eso, si es necesario decir que Barrabás era Jesucristo se dice. Y si hay que decir que Zapata Tamayo era un “prisionero de conciencia” también se dice y sanseacabó.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: www.rebelion.org

domingo, 7 de marzo de 2010

Arnaldo Córdova - Los derechos políticos a los clérigos

Los derechos políticos a los clérigos

Arnaldo Córdova

La iniciativa que Pablo Gómez, senador por el PRD, ha presentado para que sea derogado el inciso e) del artículo 130, que restringe la libertad de expresión y de asociación con fines políticos de los ministros de los cultos, es un remanente de una tradición de los comunistas mexicanos de los años setenta que inspiró y los llevó a aceptarla como bandera de lucha Gilberto Rincón Gallardo. Los argumentos que esgrime el senador en su iniciativa son exactamente los mismos que elaboró desde un principio Rincón Gallardo. Lo digo porque se los escuché desde que Arnoldo Martínez Verdugo me lo presentó en algún momento de 1973 o 1974.

Estaba impresionado por los brotes de rebeldía que se estaban manifestando en la Iglesia católica desde el Concilio Vaticano Segundo y, en particular, de los partidarios de la teología de la liberación. Cuando se fundó el Partido Socialista Unificado de México, del que fue dirigente Pablo Gómez, ellos impusieron por una amplia mayoría esa demanda política, que persistió en la transformación del partido en Partido Mexicano Socialista. Cuando se organizó el Partido de la Revolución Democrática, los cardenistas, que eran una abrumadora mayoría, rechazaron la idea y jamás se volvió a hablar de ella, hasta ahora en que lo hace Pablo Gómez.

Con posterioridad a la presentación de su iniciativa, Gómez ha abundado en sus razones y se pueden resumir en dos ideas muy generales: una, que como auténticos demócratas, no podemos negarle sus derechos políticos a ningún mexicano, sea cura o no; dos, que eso ya está en los regímenes constitucionales de todo el mundo. Esos argumentos yo se los oí a Rincón Gallardo. El verdadero Estado laico es aquél que, precisamente, resguarda y respeta los derechos, políticos y demás, de todo ciudadano. Parece contundente de verdad. Sobre todo, cuando se nos recuerda que somos de los muy pocos en el mundo que niegan esos derechos.

No sé con qué propósito el antiguo militante comunista presentó esa iniciativa, pero que ha tenido un éxito arrollador en todos los sectores de derecha, en primer término, la jerarquía católica y los panistas reaccionarios, así como los neopriístas, como Beltrones que, al parecer, ya prometió su apoyo irrestricto al perredista, resulta más que evidente. Está claro que la iniciativa está en proceso de ser aprobada. En todo caso, los motivos de Gómez son irrelevantes. Importa más bien analizar sus argumentos.
Hay que señalar, ante todo, que no todos los países que tienen mayorías católicas o cristianas se parecen entre sí. Italia y España, por ejemplo, soportan el dominio de sus iglesias porque desde un principio se les ha impuesto, en la primera por negociación y, en la segunda, por la violencia. En Estados Unidos hay un predominio protestante y su situación no es la nuestra (acaso peor, porque los protestantes fundamentalistas dominan su escenario político). En Francia, el país más laico del mundo y el que, en realidad, inventó el laicismo, la Iglesia no es un problema mayor. Sería de mal gusto recurrir a nuestra historia, ahora que está en desuso y hasta es fuente de descrédito ante los derechistas y sus acólitos, entre ellos ahora e inopinadamente Pablo Gómez, pero no hace falta.

Según Gómez, el artículo sexto de la Constitución garantizaría a los curas su libertad de expresión en el lugar (los recintos eclesiásticos) o lo medios que fueren, pero el 130 es una antinomia frente a ese artículo porque se los prohíbe. También deberían gozar de la asociación política personal y libre. Eso, nos dice, está inscrito dentro de los derechos humanos. Que el ascendiente de los sacerdotes es un problema, bueno, pues los líderes sindicales también lo tienen, así como los altos funcionarios que manejan el erario. Y nadie les prohíbe nada. Se le olvida que, por lo menos en el caso de los funcionarios, para hacer política partidista deben renunciar a sus puestos previamente.

Afirma también que la profesión (el sacerdocio es una profesión) no debe ser motivo para limitar los derechos y, además, muchos sacerdotes, sobre todo los de la alta jerarquía, no respetan el inciso e) del 130. Esto último es una hipocresía que debe ser superada a favor de la democracia. Reconoce que los sacerdotes se oponen por una tradición al aborto y a las uniones homosexuales, pero sugiere que hay que ver si ellos están de acuerdo en resolver el asunto en el terreno de la democracia. O el senador peca de tonto o nos quiere hacer pasar a todos por unos estúpidos. Parece que no escuchó al cardenal Rivera que nos vino a decir que la ley divina está por encima de las leyes del Estado.

En nuestra doctrina constitucional, que es también y a pesar de todo, historia real y viviente, las limitaciones a los derechos políticos de los ministros de los cultos no son gratuitas ni fruto de un jacobinismo exacerbado. En todos los regímenes políticos regidos por el derecho se lucha por la igualdad de los contendientes políticos y se niega hasta donde se puede el dar ventajas incontestables a algunos de ellos. Los ministros de los cultos, ya lo he señalado, no son iguales a los demás y ello radica, precisamente, en su profesión. Esta consiste en predicar y dirigir las conciencias de sus fieles. Gómez dice que eso lo hacen también otros. Pero todos los que escoge no son líderes espirituales y ahí está la diferencia.
Esa misma profesión es una razón poderosísima para apartar a los ministros de los cultos de la política. Hasta el Código Canónico lo establece con toda claridad, el que es obvio que Gómez no conoce. Las razones de la ley canónica son clarísimas en su texto: la política no es asunto de la Iglesia, sino la conducción de sus fieles, la pastoral espiritual que, por supuesto, tiene que ver con su vida cotidiana, pero que es, ante todo, religiosa. Es con esa base que los clérigos no pueden aceptar cosas como el aborto o el homosexualismo. Y se comprende, pero que se lo dejen para ellos. La Iglesia no puede pretender imponer sus creencias a los demás y que éstos lo acepten sin más ni más. Gómez debe estar soñando si piensa que el clero aceptaría el debate democrático sobre esas cuestiones. El clero no discute, sólo condena al infierno si alguien se le opone.

Alejandro Encinas, con gran tino, ha recordado un argumento que era típico de los liberales del siglo XIX y luego de los priístas todavía fieles a las tradiciones de la Revolución Mexicana, hoy muerta para todos: si los sacerdotes y sus jerarcas se declaran abiertamente súbditos del jefe de un Estado extranjero, el Vaticano (que es, además, monárquico medieval y para nada laico), ¿cómo es que nos están reclamando derechos políticos para ellos, iguales a los de todos los ciudadanos mexicanos? Sería buen principio (sólo en apariencia, visto que son unos reaccionarios enemigos del progreso del país) que renunciaran a ese sometimiento, aunque no bastaría, si se atiende a lo que antes se ha señalado.

Fuente: La Jornada (07 de marzo de 2010)