PRD, renovarse o morir
César Ricardo Luque Santana
Este domingo 14 de agosto, el Consejo Político del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Nayarit se reunirá en sesión oficial para determinar los criterios y métodos para renovar sus órganos dirección tanto de los comités ejecutivos municipales como del comité ejecutivo estatal, para de ahí formar seguramente una comisión que redacte la convocatoria respectiva. Supongo que previamente deberán analizar la situación real del partido luego del descalabro de los pasados comicios electorales, así como se habrá de tomar en cuenta el proceso electoral federal del año venidero.
Bajo este contexto de adversidad, se antoja indispensable realizar una autocrítica seria y con consecuencias, es decir, que no se quede en el mero reconocimiento de los errores y excesos cometidos no sólo en el pasado inmediato sino también mediato, mismos que han redundado en un descrédito que ha impedido que el PRD pueda posicionarse como el referente de izquierda que muchos ciudadanos deseamos. El más ominoso de los errores es sin duda la subcultura patrimonialista de algunos dirigentes que no quieren entender que el partido no es propiedad de una burocracia ni de camarillas, sino que debe ser un instrumento de la sociedad para conquistar cambios en beneficio de la mayoría, principalmente de quienes han sido los más afectados por el neoliberalismo.
Para nadie es un secreto que el PRD se ha desdibujado ideológicamente cayendo en un pragmatismo excesivo, lo que en modo alguno significa proponer una vuelta a las prácticas sectarias de los antiguos partidos de izquierda, más preocupados por una supuesta pureza ideológica que por una acción consecuente, inteligente y eficaz, cuyo resultado fue su aislamiento, su marginación y su reducción a grupúsculos. Se trata de equilibrar la eficacia práctica sin claudicar en los principios, pues sin éstos no se puede ofrecer una alternativa verdadera que pueda transformar el régimen neoliberal defendido por panistas y priistas al unísono, pero sin los primeros no se pueden lograr avances concretos en la conquista de espacios de poder, necesarios de suyo para frenar y revertir los daños al pueblo. La lucha política y social sin principios es un proceso ciego y sin sentido; los principios sin análisis inteligente y sin implementar medidas prácticas que movilicen a los militantes y los ciudadanos sobre objetivos claros, son vacíos o meras abstracciones.
Sobre estas condiciones de adversidad se debe iniciar el camino de la renovación de los órganos de dirección sin permitir tampoco que lo urgente le gane a lo prioritario, pues la necesidad de renacer de las cenizas para ir lo más fortalecidos posible a la elección presidencial del 2012, no es impedimento para demostrar de manera tangible que el PRD es todavía viable para quienes desean un cambio que revierta los daños que la privatización neoliberal nos ha dejado como lastre, llevándonos al desastre económico, educativo, social, etc., que se traduce no sólo en mayor pobreza e inseguridad, sino en una incertidumbre y desesperanza, deterioro que se condensa en lo que a algunos les ha dado por llamar el “estado fallido”. No se trata desde luego apostar por restaurar el viejo régimen corporativista y corrupto del estado paternalista que ejerció el PRI durante décadas, sino en profundizar la democracia formal y participativa construyendo un Estado solidario.
Me parece que hay muchas voces al interior del PRD que desean una renovación auténtica, es decir, no un pacto entre grupos que simule atender las críticas propias y externas pero que no actúe en consecuencia. Personalmente yo creo que una renovación en serio implica convocar a los mejores hombres y mujeres, a los notables -por así decir- del partido y poner en sus manos la tarea de transformar el PRD en un partido creíble y eficiente, con autoridad moral y capacidad operativa. Por notables entiendo un grupo de personas con credibilidad dentro y fuera del PRD, capacidad y honestidad probada y desde luego con el carácter suficiente para emprender los cambios que sean necesarios. No implica jubilar a los cuadros históricos sino en reutilizarlos como cuadros profesionales en algunos casos, e incluso participando también en órganos de dirección.
Algunas tareas que se deben emprender son volver funcionales los comités de base e incrementar su número logrando al menos uno por sección electoral; generar una o más publicaciones que les lleguen a todos los empadronados del partido para mantenerlos informados y llevarles una cultura política democrática desde la perspectiva de su propia declaración de principios; intentar recuperar a los miles de militantes y simpatizantes que se han retirado del PRD decepcionados por sus prácticas internas antidemocráticas y de su excesivo pragmatismo, entre otras necesidades tanto urgentes como prioritarias que se deben atender, pero reiterando que el mensaje principal a la sociedad se mandará a partir de la renovación de dirigentes, donde si bien es importante que haya caras nuevas y sobre todo de muchos jóvenes, también se requiere la experiencia de algunos dirigentes históricos, y principalmente, operar como un verdadero órgano colegiado.
Las coincidencias de algunos perredistas de construir planillas de unidad para evitar el desgaste, preocupan a otros por la cuestión de la legitimidad, pero si primero se elabora un proyecto integral basado en una autocrítica y se hacen un lado los intereses espurios de unos cuantos que sólo desean seguir medrando de los exiguos recursos del partido, se podrá reconstruir el partido de izquierda que muchos anhelamos y que la sociedad necesita. Caer en pactos entre grupos poniendo a gente desprestigiada e incompetente (mediante la modalidad que sea), significa aniquilar cualquier expectativa de cambio verdadero, pues no se podrá convencer a los ciudadanos de que se quiere el poder para mejorar la condiciones de vida de todos, cuando al interior mismo no se es capaz de prefigurar con el ejemplo esa sociedad a la que se dice aspirar.
Este blog pretende ser una comunidad de aprendizaje sobre tópicos filosóficos y políticos, abiertos a cualquier persona que se interese por participar en los temas que aquí se exponen mediante comentarios críticos anotados al final del artículo del momento o enviándolos por email. Asimismo, todos mis escritos pueden ser reproducidos libremente en otros medios impresos o digitales conservando mi autoría.
viernes, 12 de agosto de 2011
martes, 9 de agosto de 2011
Ricardo Luque - Secretaría de Cultura en Nayarit
Secretaría de Cultura en Nayarit
César Ricardo Luque Santana
A iniciativa del gobernador Ney González, la Cámara de Diputados del Estado de Nayarit aprobó por unanimidad la creación de la Secretaría de Cultura, hecho en sí mismo encomiable porque presupone mayores recursos para la promoción de la cultura, esperando que esto no se traduzca en mayor burocracia sino en más y mejores actividades que eleven espiritualmente a los nayaritas.
No es desconocido que la cultura ha sido habitualmente vista con desdén por el poder público dándole un trato marginal y hasta despectivo como en aquella anécdota homofóbica del entonces gobernador Rigoberto Ochoa Zaragoza (1993-1999), por lo que los apoyos tangibles en infraestructura y en jerarquía son dignos de consideración a la hora de hacer una valoración sobre los apoyos del gobierno a la cultura.
Por cierto que en la discusión inicial en tribuna, un diputado de una partido de izquierda había objetado la propuesta de elevar la institución cultural del gobierno del estado a rango de secretaría alegando que esta nueva condición requeriría de mayor presupuesto aduciendo que las finanzas públicas están en quiebra. No obstante ello votó a favor.
Ahora bien, lo endeble del argumento anterior revela cierta inercia en un modo de pensar donde la cultura es vista como el patito feo, asunto debería ser superado, no sólo porque desde la izquierda se debe empujar siempre por ampliar la cobertura y calidad de la educación y la cultura, entre otros servicios públicos indispensables, sino porque la exigencia de austeridad y honestidad en los usos de los recursos públicos debe ser extensiva a todas las instancias públicas en todos sus niveles y modalidades sin menoscabo de su eficaz cumplimiento, de donde resulta que hay muchas medidas que se pueden tomar para optimizar los dineros del pueblo, principalmente tapando el boquete de la corrupción que sin duda es el más lacerante para la sociedad.
En anteriores artículos en este mismo espacio, he abordado la problemática presupuestal que aqueja inveteradamente a las instituciones públicas de cultura, lo cual debería de conducir a buscar nuevas formas de aprovechamiento de los recursos disponibles utilizando la capacidad instalada de las diversas instituciones públicas, sociales y privadas a través de alianzas estratégicas, buscando compartir dichos recursos para potenciar sus tareas, es decir, para hacer más y mejores cosas.
Por otro lado, he sostenido que las políticas públicas deben orientarse esencialmente a la creación de públicos para fomentar en la población -principalmente niños y jóvenes- el buen gusto artístico y la afición por la lectura. Esto implica impulsar mediante talleres y otras actividades pertinentes como los círculos de lectura por ejemplo, el aprendizaje de las diversas actividades artísticas, entre otras actividades afines que despierten la imaginación y el placer por el arte y la ciencia.
Finalmente, los motivos por los cuales el gobernador, a un par de meses de dejar el cargo decidió elevar a la cultura de rango, es hasta cierto punto irrelevante, si bien el hecho de que Nayarit será un invitado de honor al Festival Cervantino pudo haber incidido en esa decisión. La valoración objetiva sobre su contribución durante su sexenio a favor de la cultura es una tarea que quienes están inmersos en el ambiente de la cultura deben de realizar, más allá de sus conveniencias personales.
César Ricardo Luque Santana
A iniciativa del gobernador Ney González, la Cámara de Diputados del Estado de Nayarit aprobó por unanimidad la creación de la Secretaría de Cultura, hecho en sí mismo encomiable porque presupone mayores recursos para la promoción de la cultura, esperando que esto no se traduzca en mayor burocracia sino en más y mejores actividades que eleven espiritualmente a los nayaritas.
No es desconocido que la cultura ha sido habitualmente vista con desdén por el poder público dándole un trato marginal y hasta despectivo como en aquella anécdota homofóbica del entonces gobernador Rigoberto Ochoa Zaragoza (1993-1999), por lo que los apoyos tangibles en infraestructura y en jerarquía son dignos de consideración a la hora de hacer una valoración sobre los apoyos del gobierno a la cultura.
Por cierto que en la discusión inicial en tribuna, un diputado de una partido de izquierda había objetado la propuesta de elevar la institución cultural del gobierno del estado a rango de secretaría alegando que esta nueva condición requeriría de mayor presupuesto aduciendo que las finanzas públicas están en quiebra. No obstante ello votó a favor.
Ahora bien, lo endeble del argumento anterior revela cierta inercia en un modo de pensar donde la cultura es vista como el patito feo, asunto debería ser superado, no sólo porque desde la izquierda se debe empujar siempre por ampliar la cobertura y calidad de la educación y la cultura, entre otros servicios públicos indispensables, sino porque la exigencia de austeridad y honestidad en los usos de los recursos públicos debe ser extensiva a todas las instancias públicas en todos sus niveles y modalidades sin menoscabo de su eficaz cumplimiento, de donde resulta que hay muchas medidas que se pueden tomar para optimizar los dineros del pueblo, principalmente tapando el boquete de la corrupción que sin duda es el más lacerante para la sociedad.
En anteriores artículos en este mismo espacio, he abordado la problemática presupuestal que aqueja inveteradamente a las instituciones públicas de cultura, lo cual debería de conducir a buscar nuevas formas de aprovechamiento de los recursos disponibles utilizando la capacidad instalada de las diversas instituciones públicas, sociales y privadas a través de alianzas estratégicas, buscando compartir dichos recursos para potenciar sus tareas, es decir, para hacer más y mejores cosas.
Por otro lado, he sostenido que las políticas públicas deben orientarse esencialmente a la creación de públicos para fomentar en la población -principalmente niños y jóvenes- el buen gusto artístico y la afición por la lectura. Esto implica impulsar mediante talleres y otras actividades pertinentes como los círculos de lectura por ejemplo, el aprendizaje de las diversas actividades artísticas, entre otras actividades afines que despierten la imaginación y el placer por el arte y la ciencia.
Finalmente, los motivos por los cuales el gobernador, a un par de meses de dejar el cargo decidió elevar a la cultura de rango, es hasta cierto punto irrelevante, si bien el hecho de que Nayarit será un invitado de honor al Festival Cervantino pudo haber incidido en esa decisión. La valoración objetiva sobre su contribución durante su sexenio a favor de la cultura es una tarea que quienes están inmersos en el ambiente de la cultura deben de realizar, más allá de sus conveniencias personales.
lunes, 1 de agosto de 2011
Ricardo Luque - Anecdotario filosófico
Anecdotario filosófico
César Ricardo Luque Santana
Entre las diversas lecturas que he estado realizando durante estas vacaciones, me encontré con un texto muy simpático titulado “El libro de los filósofos muertos” (Editorial Taurus), donde el autor –un neoyorquino- Simon Critchley, nos plantea en una extensa Introducción, su postura filosófica ante la muerte e incluso nos informa que ofrece un seminario llamado “Filosofar es aprender a morir”, donde argumenta de qué manera la filosofía sirve como preparación para la muerte como una alternativa cualitativamente distinta de lo que ofrecen las religiones y las expresiones del New Age, Enseguida, brinda un repertorio de 190 filósofas y filósofos de todas las épocas extrayendo de sus biografías la forma en que vivieron y murieron, así como sus concepciones acerca de la muerte. Sin embargo, no pienso hacer una recensión del mencionado libro, sino simplemente compartir algunas anécdotas de todo tipo que me gustaron, agrupándolas por temas comunes.
Comenzaré por recoger una serie de conceptos acerca de la filosofía y los filósofos: para John Locke, por ejemplo, la filosofía tiene una misión epistemológica de esclarecimiento de las creencias que empañan el conocimiento. Para Hume, el estudio de la filosofía nos libera de las supersticiones. Diderot por su parte afirmó que la incredulidad es el principio de la filosofía. Williams James explica el asombro filosófico como un extrañarse de lo familiar y familiarizarse con lo extraño. Para Husserl, la filosofía es la “libertad de la total responsabilidad” y define al filósofo como “funcionario de la humanidad” en la medida en que opone a la barbarie mediante la razón.
También me enteré por este libro que el concepto de “amor platónico” pertenece al renacentista Marsilio Ficino; que el término de “librepensador” lo acuñó el idealista George Berkeley para “descalificar” a sus adversarios escépticos y materialistas; mientras que un tal John Toland (siglos XVII-XVIII) inventó el término panteísmo, del cual por cierto el autor ofrece una interesante interpretación en relación a Spinoza porque existe una cierta ambigüedad respecto a si dicho panteísmo le lleva al pensador holandés al ateísmo o si se trata de una forma peculiar de concebir a Dios, decantándose por la primera opción.
Sobre el tópico de la muerte sólo mencionaré a Tales de Mileto quien decía que no había diferencia. Entonces alguien le dijo: “y por qué no te mueres”; a lo que éste contestó: “por eso, porque no hay diferencia”.
En cuanto a la religión, da cuenta de las acres críticas de Voltaire hacia ésta sin llegar por ello al ateísmo sino que era deísta. Cuenta que en su lecho de muerte se negó a confesarse ante un sacerdote católico no obstante su insistencia. Pascal por su parte, sostenía que la experiencia de la fe religiosa no se podía expresar filosófica o racionalmente, postura que luego retomaría Unamuno en su obra “Sentimiento trágico de la vida.”. El rechazo a la religión en pensadores como Hume, Schopenhauer, Nietzsche, Russell entre otros es un dato muy conocido. Así, Hume mediante el escepticismo realizaba duras críticas a todas las creencias sobrenaturales, mientras Russel consideraba que las religiones eran en sí mismas perniciosas. También cuenta el autor que la estatua de Giordano Bruno en muchos pueblos italianos se encuentra frente a la iglesia a iniciativa del Partido Comunista Italiano.
En cuanto a la vida pública de algunos filósofos, Vico fue prácticamente un desconocido por sus coetáneos, pero la mayoría gozó de fama pública. Se sabe por ejemplo de la vida austera y de los hábitos rígidos de Kant que eran conocidos por sus paisanos de Konisgberg, entre otros, que siempre pasaba a la misma hora en sus distintos recorridos caminando, y que cuando el filósofo murió, su funeral duró 16 días siendo acompañado a su sepulcro por miles de personas que seguramente no conocían sus ideas filosóficas. Kant por cierto, fue el primer filósofo moderno en ganarse la vida como académico. Dice el autor que cuando Bergson fue a dar una conferencia en 1913 a Manhattan, provocó el primer atasco de tránsito en Brodway. Schopenhauer fue uno de los que alcanzó la fama en sus últimos años de pensador, pero otros fueron plenamente conocidos y reconocidos hasta su muerte, de ahí que Nietzsche dijera acertada y premonitoriamente que “algunos hombres nacen póstumamente”. Incluso Karl Marx, si bien fue conocido y reconocido por las organizaciones obreras europeas de finales del siglo XIX como la Primera Internacional, alcanzó mayor influencia durante el siglo XX e incluso en una encuesta de la BBC del 4 de julio de 2005, fue considerado por el público el filósofo más importante del mundo. Asimismo menciona que en los funerales de Sartre, asistieron 50 mil personas, lo que indica la enorme popularidad que el filósofo existencialista gozó en vida.
La historia de la filosofía también nos ofrece personalidades controvertidas o que hicieron alguna cosa extraña. Del enciclopedista francés La Mettrie (quien escribió “El hombre máquina”), sus propios compañeros decían que estaba loco de atar. De Leibniz sugiere que llevaba una doble vida porque en público se asumía como creyente pero se sospechaba que en privado no lo era. Tal vez una de las “puntadas” más bizarras fue la decisión del filósofo utilitarista Jeremías Bentham de “donar” su cuerpo al morir para ser exhibido permanentemente en una especie de cabina en la entrada del University College de Londres. El cuerpo desde luego fue diseccionado y rellenado con paja, vistiéndolo con su traje favorito. El cuerpo de Bentham está sentado en una silla y se dice que lo llevan a las reuniones del instituto haciendo constar su “asistencia” con las siguientes palabras: Jeremy Bentham, presente pero sin voto.”
También han existido filósofas en diversas épocas de la historia. En este punto el autor refiere el libro “La Historia de mujeres filósofas” de Guilles Ménage donde hace un recuento 65 pensadoras desde la antigüedad hasta la época moderna, en este caso el siglo XVIII que es cuando se escribió dicho libro. Se sabe por ejemplo de que hubo comunidades filosóficas en la antigua Grecia que admitieron mujeres, como los pitagóricos, la Academia de Platón, la Escuela del Jardín de Epicuro, los estoicos y otros, destacando la neoplatónica Hipatia de Alejandría (siglo IV d. C.), filósofa y matemática asesinada por fanáticos cristianos. El autor destaca tres mujeres ilustradas francesas e inglesas de los siglos XVII y XVIII que fueron pioneras entre otras cosas del feminismo: Anne Coway, Lady Mashan y Mary Wollstoncraff.
En el ámbito de la política también figuran muchos filósofos, siendo los más conocidos Platón por sus obras de filosofía política y su intento de instaurar una república ideal en Siracusa, Aristóteles que fue preceptor de Alejandro Magno, Maquiavelo desde luego que según el autor (y coincido con ello) ha sido injustamente estigmatizado, entre otros, cuya preocupación y participación es muy conocida. Destaco sin embargo algunas anécdotas: una relativa a la ingratitud de Heidegger con su maestro Husserl a quien no sólo desplazó de su cátedra sino que llegó a negarle el acceso a la biblioteca. Heidegger como es sabido se afilió al partido Nazi y jamás renegó de ello, lo que le quita que haya sido uno de los más grandes pensadores del siglo XX. Otra se refiere al gran pensador marxista Antonio Gramsci quien no obstante su fuero de diputado, el dictador Mussolini lo mandó a prisión por más de 20 años. El fiscal que lo condenó dijo: “Tenemos que detener el funcionamiento de ese cerebro durante veinte años.” A pesar de ese ominoso encierro y de los deseos aviesos del fiscal fascista, Gramsci escribió ahí su obra política fundamental llamada precisamente “Los cuadernos de la cárcel”. Otros datos que me llamaron la atención, es que el neopositivista del Círculo de Viena, Rudolf Carnap, fuera un “humanista socialista”, quien visitó luego del 68 mexicano a un colega preso en Lecumberri (asumo que se trataría de Elí de Gortari quien también se orientaba por la filosofía de la ciencia y la lógica). También participó activamente el movimiento a favor de los negros en Los Ángeles (EUA) y rechazó una oferta académica en la UCLA por negarse a hacer el juramento McCarthista. Por último, también me sorprendió la nota de que en 1841, el filósofo Schelling dictó una conferencia inaugural asumiendo la cátedra dejada por el extinto Hegel en la Universidad de Berlín con la consigna de erradicar su influencia. Pero el dato que me asombró es que a ella asistieron Kierkegaard, Engels y Bakunin.
César Ricardo Luque Santana
Entre las diversas lecturas que he estado realizando durante estas vacaciones, me encontré con un texto muy simpático titulado “El libro de los filósofos muertos” (Editorial Taurus), donde el autor –un neoyorquino- Simon Critchley, nos plantea en una extensa Introducción, su postura filosófica ante la muerte e incluso nos informa que ofrece un seminario llamado “Filosofar es aprender a morir”, donde argumenta de qué manera la filosofía sirve como preparación para la muerte como una alternativa cualitativamente distinta de lo que ofrecen las religiones y las expresiones del New Age, Enseguida, brinda un repertorio de 190 filósofas y filósofos de todas las épocas extrayendo de sus biografías la forma en que vivieron y murieron, así como sus concepciones acerca de la muerte. Sin embargo, no pienso hacer una recensión del mencionado libro, sino simplemente compartir algunas anécdotas de todo tipo que me gustaron, agrupándolas por temas comunes.
Comenzaré por recoger una serie de conceptos acerca de la filosofía y los filósofos: para John Locke, por ejemplo, la filosofía tiene una misión epistemológica de esclarecimiento de las creencias que empañan el conocimiento. Para Hume, el estudio de la filosofía nos libera de las supersticiones. Diderot por su parte afirmó que la incredulidad es el principio de la filosofía. Williams James explica el asombro filosófico como un extrañarse de lo familiar y familiarizarse con lo extraño. Para Husserl, la filosofía es la “libertad de la total responsabilidad” y define al filósofo como “funcionario de la humanidad” en la medida en que opone a la barbarie mediante la razón.
También me enteré por este libro que el concepto de “amor platónico” pertenece al renacentista Marsilio Ficino; que el término de “librepensador” lo acuñó el idealista George Berkeley para “descalificar” a sus adversarios escépticos y materialistas; mientras que un tal John Toland (siglos XVII-XVIII) inventó el término panteísmo, del cual por cierto el autor ofrece una interesante interpretación en relación a Spinoza porque existe una cierta ambigüedad respecto a si dicho panteísmo le lleva al pensador holandés al ateísmo o si se trata de una forma peculiar de concebir a Dios, decantándose por la primera opción.
Sobre el tópico de la muerte sólo mencionaré a Tales de Mileto quien decía que no había diferencia. Entonces alguien le dijo: “y por qué no te mueres”; a lo que éste contestó: “por eso, porque no hay diferencia”.
En cuanto a la religión, da cuenta de las acres críticas de Voltaire hacia ésta sin llegar por ello al ateísmo sino que era deísta. Cuenta que en su lecho de muerte se negó a confesarse ante un sacerdote católico no obstante su insistencia. Pascal por su parte, sostenía que la experiencia de la fe religiosa no se podía expresar filosófica o racionalmente, postura que luego retomaría Unamuno en su obra “Sentimiento trágico de la vida.”. El rechazo a la religión en pensadores como Hume, Schopenhauer, Nietzsche, Russell entre otros es un dato muy conocido. Así, Hume mediante el escepticismo realizaba duras críticas a todas las creencias sobrenaturales, mientras Russel consideraba que las religiones eran en sí mismas perniciosas. También cuenta el autor que la estatua de Giordano Bruno en muchos pueblos italianos se encuentra frente a la iglesia a iniciativa del Partido Comunista Italiano.
En cuanto a la vida pública de algunos filósofos, Vico fue prácticamente un desconocido por sus coetáneos, pero la mayoría gozó de fama pública. Se sabe por ejemplo de la vida austera y de los hábitos rígidos de Kant que eran conocidos por sus paisanos de Konisgberg, entre otros, que siempre pasaba a la misma hora en sus distintos recorridos caminando, y que cuando el filósofo murió, su funeral duró 16 días siendo acompañado a su sepulcro por miles de personas que seguramente no conocían sus ideas filosóficas. Kant por cierto, fue el primer filósofo moderno en ganarse la vida como académico. Dice el autor que cuando Bergson fue a dar una conferencia en 1913 a Manhattan, provocó el primer atasco de tránsito en Brodway. Schopenhauer fue uno de los que alcanzó la fama en sus últimos años de pensador, pero otros fueron plenamente conocidos y reconocidos hasta su muerte, de ahí que Nietzsche dijera acertada y premonitoriamente que “algunos hombres nacen póstumamente”. Incluso Karl Marx, si bien fue conocido y reconocido por las organizaciones obreras europeas de finales del siglo XIX como la Primera Internacional, alcanzó mayor influencia durante el siglo XX e incluso en una encuesta de la BBC del 4 de julio de 2005, fue considerado por el público el filósofo más importante del mundo. Asimismo menciona que en los funerales de Sartre, asistieron 50 mil personas, lo que indica la enorme popularidad que el filósofo existencialista gozó en vida.
La historia de la filosofía también nos ofrece personalidades controvertidas o que hicieron alguna cosa extraña. Del enciclopedista francés La Mettrie (quien escribió “El hombre máquina”), sus propios compañeros decían que estaba loco de atar. De Leibniz sugiere que llevaba una doble vida porque en público se asumía como creyente pero se sospechaba que en privado no lo era. Tal vez una de las “puntadas” más bizarras fue la decisión del filósofo utilitarista Jeremías Bentham de “donar” su cuerpo al morir para ser exhibido permanentemente en una especie de cabina en la entrada del University College de Londres. El cuerpo desde luego fue diseccionado y rellenado con paja, vistiéndolo con su traje favorito. El cuerpo de Bentham está sentado en una silla y se dice que lo llevan a las reuniones del instituto haciendo constar su “asistencia” con las siguientes palabras: Jeremy Bentham, presente pero sin voto.”
También han existido filósofas en diversas épocas de la historia. En este punto el autor refiere el libro “La Historia de mujeres filósofas” de Guilles Ménage donde hace un recuento 65 pensadoras desde la antigüedad hasta la época moderna, en este caso el siglo XVIII que es cuando se escribió dicho libro. Se sabe por ejemplo de que hubo comunidades filosóficas en la antigua Grecia que admitieron mujeres, como los pitagóricos, la Academia de Platón, la Escuela del Jardín de Epicuro, los estoicos y otros, destacando la neoplatónica Hipatia de Alejandría (siglo IV d. C.), filósofa y matemática asesinada por fanáticos cristianos. El autor destaca tres mujeres ilustradas francesas e inglesas de los siglos XVII y XVIII que fueron pioneras entre otras cosas del feminismo: Anne Coway, Lady Mashan y Mary Wollstoncraff.
En el ámbito de la política también figuran muchos filósofos, siendo los más conocidos Platón por sus obras de filosofía política y su intento de instaurar una república ideal en Siracusa, Aristóteles que fue preceptor de Alejandro Magno, Maquiavelo desde luego que según el autor (y coincido con ello) ha sido injustamente estigmatizado, entre otros, cuya preocupación y participación es muy conocida. Destaco sin embargo algunas anécdotas: una relativa a la ingratitud de Heidegger con su maestro Husserl a quien no sólo desplazó de su cátedra sino que llegó a negarle el acceso a la biblioteca. Heidegger como es sabido se afilió al partido Nazi y jamás renegó de ello, lo que le quita que haya sido uno de los más grandes pensadores del siglo XX. Otra se refiere al gran pensador marxista Antonio Gramsci quien no obstante su fuero de diputado, el dictador Mussolini lo mandó a prisión por más de 20 años. El fiscal que lo condenó dijo: “Tenemos que detener el funcionamiento de ese cerebro durante veinte años.” A pesar de ese ominoso encierro y de los deseos aviesos del fiscal fascista, Gramsci escribió ahí su obra política fundamental llamada precisamente “Los cuadernos de la cárcel”. Otros datos que me llamaron la atención, es que el neopositivista del Círculo de Viena, Rudolf Carnap, fuera un “humanista socialista”, quien visitó luego del 68 mexicano a un colega preso en Lecumberri (asumo que se trataría de Elí de Gortari quien también se orientaba por la filosofía de la ciencia y la lógica). También participó activamente el movimiento a favor de los negros en Los Ángeles (EUA) y rechazó una oferta académica en la UCLA por negarse a hacer el juramento McCarthista. Por último, también me sorprendió la nota de que en 1841, el filósofo Schelling dictó una conferencia inaugural asumiendo la cátedra dejada por el extinto Hegel en la Universidad de Berlín con la consigna de erradicar su influencia. Pero el dato que me asombró es que a ella asistieron Kierkegaard, Engels y Bakunin.
martes, 26 de julio de 2011
Ricardo Luque - La banalización del mal
La banalización del mal
César Ricardo Luque Santana
El viernes 22 de mayo un desquiciado llamado Anders Behering Breivik, asesinó a casi un centenar de personas inermes en Noruega, reconociendo por un lado la brutalidad de sus actos, pero rehusando por el otro toda responsabilidad en ellos, queriendo decir que éstos fueron necesarios aunque “atroces” según sus propias palabras, negando de ese modo que su crimen haya estado mal desde el punto de vista moral, pues desde su perspectiva que él mismo calificó como “cristianismo de derecha”, estaba “salvando” a su país y a Europa occidental del marxismo e islamismo.
En nuestro contexto mexicano atravesado por una disputa violenta entre organizaciones criminales, hemos atestiguado infinidad de veces crímenes espeluznantes donde los verdugos que decapitan o desuellan a sus víctimas, o que disparan contra mujeres embarazadas, jóvenes o niños inocentes, desdeñan del mismo modo todo juicio moral considerando que sólo cumplen con un trabajo el cual equiparan a cualquier otro como repartir pizas, por ejemplo. En estos casos, si bien los sicarios suelen ser creyentes, no profesan ningún fundamentalismo religioso o político sino que simplemente aducen intereses económicos o de negocios.
En ambos casos plantean una banalización del mal, es decir, no reconocen tener remordimientos de ningún tipo. Pero, ¿qué significa exactamente “la banalización del mal”, de dónde surge esta noción, qué causas y qué consecuencias tiene este desprecio por la moral en el ámbito de la comunidad?
Previamente es importante partir de la tesis de Aristóteles quien decía que existe responsabilidad en los actos de las personas en la medida en que se es capaz de identificar el bien y el mal. En este sentido, la banalización del mal, su trivialización, su reducción a algo insignificante, resulta peligrosa para todos como lo hemos podido ver a lo largo de la historia. Ya en la antigüedad, Sócrates y Platón alertaron contra los peligros que encierra otra variante de esta postura que es el relativismo moral porque consideraban que su aceptación volvía inviable la convivencia en comunidad, pues la moral -antes que el derecho y posterior a él- ha tenido un papel cohesionador en la sociedad, de tal suerte que el reconocimiento de valores universales debe ser un referente indispensable para orientar la conducta de las personas. Platón nos advierte también de otro error que consiste considerar el bien mal y el mal como mutuamente absolutos, como si fueran una especie de equilibrio. Para Platón, el bien es absoluto y el mal es relativo o más propiamente, una privación del bien.
El concepto de “banalidad del mal” procede de la gran filósofa de la política Hanna Arendt, quien escribió un libro titulado “Eichmann en Jerusalén”. En él, relata el juicio contra el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, quien era el encargado de enviar prisioneros (principalmente polacos) a los campos de exterminio, actividad que hacía con exagerado esmero. En este documento, Hanna Arendt sostiene que Eichmann era un hombre ordinario, es decir, que no parecía ser un monstruo, sino que era un burócrata que quería ascender cumpliendo órdenes superiores a rajatabla, sin cuestionarlas moralmente. Se supone entonces que Eichmann podría ser buen amigo, buen padre, etc., no obstante de tener un lado oscuro. Su banalización del mal era tal -decía Hanna Arendet- que dificultaba todo intento de razonamiento con él, es decir, que no había modo de convencerle racionalmente que había obrado mal, pues su férrea postura ideológica lo hacía impermeable a toda crítica. Agregaba Arendt que Eichmann “era incapaz de pensar nunca con autonomía y utilizaba continuamente frases y clichés”. De todos modos su cerrazón o dogmatismo de nada le valió, siendo condenado a muerte y ejecutado en la horca en 1962.
El análisis de Hanna Arendet resulta sin embargo controvertido, no porque ella exculpe a Eichmann, cosa que desde luego no hace, sino que a ella le parece que no se trataba de un sujeto cruel en sí mismo, de un psicópata. Pero asumiendo que fuera una buena persona en su ámbito familiar y social, cómo no considerar patológica su conducta cuando tenía la oportunidad de elegir lo contrario como hicieron Irena Sendler, Schindler y otros que decidieron no colaborar con el régimen nazi.
Volviendo a Behring, el matar a otras personas inermes no es nada banal por más que a él así le parezca (como tampoco lo fue la conducta de Eichmann). Su “justificación” por razones ideológicas no es válida no sólo porque sus creencias son en sí mismas execrables puesto que incitan al odio, sino porque ninguna creencia política ni religiosa justifica matar a mansalva a gente inocente. En este sentido, cuando un grupo terrorista como los ETA por ejemplo, alegan luchar por una buena causa pero utilizan métodos violentos como colocar bombas en la vía pública matando con ello a civiles inocentes, se contradicen porque no es cierto que el fin justifique los medios sino que debe ser al revés, esto es, son los medios los que justifican el fin. Entonces, ¿qué tan ordinario puede ser –haciendo un paralelismo entre Eichmann y Behring (ambos fascistas)- una persona que es capaz de asesinar con tanta saña gente indefensa?
Ahora comparando a los criminales nazis con los sicarios mexicanos, parece haber un patrón común: sus actividades criminales las consideran meras rutinas, aducen que cumplen órdenes superiores, son de algún modo empleados, se atienen a que gozan de un cierto grado de impunidad, actúan en un medio deshumanizado y son producto de él (son la escoria social), etc. Estas últimas condiciones han sido por cierto potenciadas por el neoliberalismo en su culto a un individualismo egocéntrico, al éxito material a cualquier precio y su distorsión y/o relativización de los valores morales, reduciendo asimismo la democracia a un mero juego de reglas sin admitir que éstas benefician a los más poderosos cuyos intereses están en conflicto con los de la mayoría de la sociedad. En este sentido, tratan de vendernos la idea de que la legitimidad del poder descansa en esa democracia electoral y no en la moral, tratando de aislar como lo hace uno de los teóricos del liberalismo político más finos como John Rawl, la lucha de clases y sus perspectivas morales contradictorias, a una asunto electorero de mayorías desclasadas sin reparar que la desigualdad social limita en la práctica las libertades ciudadanas, entre ellas la libertad misma de elegir sin ser manipulados por su ignorancia o ser condicionados por su pobreza, y desde luego, los grupos de poder económico impiden también construir una alternativa social al capitalismo por esa vía.
Esta postura del liberalismo político de ver la política en términos amorales como en Weber, si bien por un lado es razonable en tanto se opone a una moral dogmática y parcial, es por otra parte conveniente y correlativo al liberalismo económico o economía de mercado pues lo exime de ser juzgado en términos morales tratando de hacernos creer en una visión naturalista de la economía de manera que la pobreza, la desigualdad, la violencia y todos los males que el capitalismo acarrea, son tan inevitables como la ley de la gravedad, cuando en realidad la economía es tan construcción social como cualquier otro producto de la cultura.
La barbarie instalada en el mundo, no sólo es producto del Estado fallido y de la descomposición del tejido social como en México, sino que aún en sociedades sanas como la noruega, las ideologías perniciosas que llevan al fanatismo, son capaces de intoxicar las mentes de algunas personas que se arroban derechos que nadie les concedió para cometer atrocidades innombrables.
César Ricardo Luque Santana
El viernes 22 de mayo un desquiciado llamado Anders Behering Breivik, asesinó a casi un centenar de personas inermes en Noruega, reconociendo por un lado la brutalidad de sus actos, pero rehusando por el otro toda responsabilidad en ellos, queriendo decir que éstos fueron necesarios aunque “atroces” según sus propias palabras, negando de ese modo que su crimen haya estado mal desde el punto de vista moral, pues desde su perspectiva que él mismo calificó como “cristianismo de derecha”, estaba “salvando” a su país y a Europa occidental del marxismo e islamismo.
En nuestro contexto mexicano atravesado por una disputa violenta entre organizaciones criminales, hemos atestiguado infinidad de veces crímenes espeluznantes donde los verdugos que decapitan o desuellan a sus víctimas, o que disparan contra mujeres embarazadas, jóvenes o niños inocentes, desdeñan del mismo modo todo juicio moral considerando que sólo cumplen con un trabajo el cual equiparan a cualquier otro como repartir pizas, por ejemplo. En estos casos, si bien los sicarios suelen ser creyentes, no profesan ningún fundamentalismo religioso o político sino que simplemente aducen intereses económicos o de negocios.
En ambos casos plantean una banalización del mal, es decir, no reconocen tener remordimientos de ningún tipo. Pero, ¿qué significa exactamente “la banalización del mal”, de dónde surge esta noción, qué causas y qué consecuencias tiene este desprecio por la moral en el ámbito de la comunidad?
Previamente es importante partir de la tesis de Aristóteles quien decía que existe responsabilidad en los actos de las personas en la medida en que se es capaz de identificar el bien y el mal. En este sentido, la banalización del mal, su trivialización, su reducción a algo insignificante, resulta peligrosa para todos como lo hemos podido ver a lo largo de la historia. Ya en la antigüedad, Sócrates y Platón alertaron contra los peligros que encierra otra variante de esta postura que es el relativismo moral porque consideraban que su aceptación volvía inviable la convivencia en comunidad, pues la moral -antes que el derecho y posterior a él- ha tenido un papel cohesionador en la sociedad, de tal suerte que el reconocimiento de valores universales debe ser un referente indispensable para orientar la conducta de las personas. Platón nos advierte también de otro error que consiste considerar el bien mal y el mal como mutuamente absolutos, como si fueran una especie de equilibrio. Para Platón, el bien es absoluto y el mal es relativo o más propiamente, una privación del bien.
El concepto de “banalidad del mal” procede de la gran filósofa de la política Hanna Arendt, quien escribió un libro titulado “Eichmann en Jerusalén”. En él, relata el juicio contra el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, quien era el encargado de enviar prisioneros (principalmente polacos) a los campos de exterminio, actividad que hacía con exagerado esmero. En este documento, Hanna Arendt sostiene que Eichmann era un hombre ordinario, es decir, que no parecía ser un monstruo, sino que era un burócrata que quería ascender cumpliendo órdenes superiores a rajatabla, sin cuestionarlas moralmente. Se supone entonces que Eichmann podría ser buen amigo, buen padre, etc., no obstante de tener un lado oscuro. Su banalización del mal era tal -decía Hanna Arendet- que dificultaba todo intento de razonamiento con él, es decir, que no había modo de convencerle racionalmente que había obrado mal, pues su férrea postura ideológica lo hacía impermeable a toda crítica. Agregaba Arendt que Eichmann “era incapaz de pensar nunca con autonomía y utilizaba continuamente frases y clichés”. De todos modos su cerrazón o dogmatismo de nada le valió, siendo condenado a muerte y ejecutado en la horca en 1962.
El análisis de Hanna Arendet resulta sin embargo controvertido, no porque ella exculpe a Eichmann, cosa que desde luego no hace, sino que a ella le parece que no se trataba de un sujeto cruel en sí mismo, de un psicópata. Pero asumiendo que fuera una buena persona en su ámbito familiar y social, cómo no considerar patológica su conducta cuando tenía la oportunidad de elegir lo contrario como hicieron Irena Sendler, Schindler y otros que decidieron no colaborar con el régimen nazi.
Volviendo a Behring, el matar a otras personas inermes no es nada banal por más que a él así le parezca (como tampoco lo fue la conducta de Eichmann). Su “justificación” por razones ideológicas no es válida no sólo porque sus creencias son en sí mismas execrables puesto que incitan al odio, sino porque ninguna creencia política ni religiosa justifica matar a mansalva a gente inocente. En este sentido, cuando un grupo terrorista como los ETA por ejemplo, alegan luchar por una buena causa pero utilizan métodos violentos como colocar bombas en la vía pública matando con ello a civiles inocentes, se contradicen porque no es cierto que el fin justifique los medios sino que debe ser al revés, esto es, son los medios los que justifican el fin. Entonces, ¿qué tan ordinario puede ser –haciendo un paralelismo entre Eichmann y Behring (ambos fascistas)- una persona que es capaz de asesinar con tanta saña gente indefensa?
Ahora comparando a los criminales nazis con los sicarios mexicanos, parece haber un patrón común: sus actividades criminales las consideran meras rutinas, aducen que cumplen órdenes superiores, son de algún modo empleados, se atienen a que gozan de un cierto grado de impunidad, actúan en un medio deshumanizado y son producto de él (son la escoria social), etc. Estas últimas condiciones han sido por cierto potenciadas por el neoliberalismo en su culto a un individualismo egocéntrico, al éxito material a cualquier precio y su distorsión y/o relativización de los valores morales, reduciendo asimismo la democracia a un mero juego de reglas sin admitir que éstas benefician a los más poderosos cuyos intereses están en conflicto con los de la mayoría de la sociedad. En este sentido, tratan de vendernos la idea de que la legitimidad del poder descansa en esa democracia electoral y no en la moral, tratando de aislar como lo hace uno de los teóricos del liberalismo político más finos como John Rawl, la lucha de clases y sus perspectivas morales contradictorias, a una asunto electorero de mayorías desclasadas sin reparar que la desigualdad social limita en la práctica las libertades ciudadanas, entre ellas la libertad misma de elegir sin ser manipulados por su ignorancia o ser condicionados por su pobreza, y desde luego, los grupos de poder económico impiden también construir una alternativa social al capitalismo por esa vía.
Esta postura del liberalismo político de ver la política en términos amorales como en Weber, si bien por un lado es razonable en tanto se opone a una moral dogmática y parcial, es por otra parte conveniente y correlativo al liberalismo económico o economía de mercado pues lo exime de ser juzgado en términos morales tratando de hacernos creer en una visión naturalista de la economía de manera que la pobreza, la desigualdad, la violencia y todos los males que el capitalismo acarrea, son tan inevitables como la ley de la gravedad, cuando en realidad la economía es tan construcción social como cualquier otro producto de la cultura.
La barbarie instalada en el mundo, no sólo es producto del Estado fallido y de la descomposición del tejido social como en México, sino que aún en sociedades sanas como la noruega, las ideologías perniciosas que llevan al fanatismo, son capaces de intoxicar las mentes de algunas personas que se arroban derechos que nadie les concedió para cometer atrocidades innombrables.
martes, 12 de julio de 2011
Ricardo Luque - Adolfo Sánchez Vázquez, in memoriam

Adolfo Sánchez Vázquez, in memoriam
César Ricardo Luque Santana
“El marxismo representa una innovación radical en la filosofía. Su novedad estriba en ser una nueva práctica de la filosofía, pero lo es justamente por ser una filosofía de la práctica.” Adolfo Sánchez Vázquez
El pasado 8 de julio falleció en la Ciudad de México a los 95 años de edad el gran filósofo hispano-mexicano Adolfo Sánchez Vázquez, quien en 1939 llegó a nuestro país por el Puerto de Veracruz en el barco francés Sinaia junto a cientos de “desterrados” (como decía José Gaos a los exiliados españoles). Para entonces, el joven Adolfo –más inclinado a la poesía que a la filosofía- había estudiado la carrera de filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid con figuras como José Ortega y Gasset y el mismo José Gaos, trabajando como docente de filosofía en principio en la Universidad de Morelia, para luego realizar su doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México donde fue profesor emérito.
La derrota de los republicanos españoles en su lucha contra la monarquía, luego de una cruenta guerra civil que culminó con la dictadura de Francisco Franco, obligó a muchos de sus intelectuales más brillantes a dejar la península ibérica, algunos de los cuales encontraron refugio y a la postre una nueva patria en México gracias a la política de asilo del presidente Lázaro Cárdenas del Rio. La aportación del exilio español a la cultura mexicana es inconmensurable pues a nuestras tierras mexicanas y latinoamericanas llegaron de Europa intelectuales como José Gaos, Joaquín y Ramón Xirau, Wenceslao Roces, María Zambrano, Eduardo Nicol, David García Bacca, Manuel García Morente y otros insignes pensadores.
En cuanto a Adolfo Sánchez Vázquez, como pensador original, produjo una treintena de libros de filosofía, ética, estética y política, pero también fue traductor y editor de muchos autores marxistas heterodoxos e impulsor resuelto del pensamiento crítico. En efecto, como lo expresaron algunos intelectuales, artistas, políticos y demás personalidades que acompañaron al gran filósofo iberoamericano en sus exequias, Adolfo Sánchez Vázquez se caracterizó por su antidogmatismo, su mente abierta y su sentido de autocrítica, sin menoscabo de su posición decididamente marxista. En este punto creo que él compartiría la autodefinición del peruano Mariátegui quien decía: “yo, marxista convicto y confeso”. En otras palabras, su congruencia no lo llevó nunca al sectarismo político, ni al dogmatismo ideológico, ni por ende a la autocomplacencia. Rechazó toda forma de autoritarismo y demostrando una profunda vocación democrática. Jamás se prestó a escribir obras panfletarias sino que actuó como un pensador profundo y riguroso, coincidiendo con la postura de Gramsci de que “sólo la verdad es revolucionaria”.
Los acontecimientos de la invasión soviética en Praga (Checoslovaquia) en 1968, y antes, las revelaciones de los crímenes de Stalin por Nikita Jruschov en 1966 en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), alertaron a Sánchez Vázquez de las distorsiones del llamado socialismo real. No es casual que en 1961 su tesis doctoral fuera sobre la filosofía de Marx como una Filosofía de la Praxis, obra que editaría posteriormente y rectificaría en varias ocasiones (1967, 1980, 2003) siendo para mi gusto la obra central de su pensamiento a partir de la cual desglosa sus reflexiones estéticas, éticas y políticas.
Su congruencia no debe ser confundida –hay que insistir- con las posturas dogmáticas de algunos comunistas que no rebasaron nunca las lecturas de los manuales de la ortodoxia soviética. En este sentido, Adolfo Sánchez Vázquez se mantuvo firme y claro en su crítica al capitalismo no obstante la caída del muro de Berlín y el ascenso del neoliberalismo y sus tesis falaces, entre ellas, la del fin de la historia que proclamó Francis Fukuyama, ni tampoco sucumbió a las modas filosóficas, sino que defendió siempre el ideal socialistas desmarcándose claramente del socialismo realmente existente (o mejor dicho inexistente) de la era soviética.
Adolfo Sánchez Vázquez dejó una impronta indeleble en muchas personas no sólo en las filas del marxismo, porque su brillantez y originalidad como pensador no se divorció de su compromiso como intelectual demócrata y revolucionario ni de su sencillez como persona. Estas cualidades le dieron a Sánchez Vázquez el afecto y reconocimiento de mucha gente de distintas profesiones y modos de pensar, pero sin duda, quienes fuimos influidos por su pensamiento marxista nos sentimos más agradecidos todavía por su influencia, aunque lamentablemente no haya yo tenido el privilegio de conocerlo personalmente como otras personas. En lo que a mí respecta, mi deuda con Adolfo Sánchez Vázquez es muy significativa tanto en su forma de pensar el marxismo como en su estilo literario de argumentar con rigor y claridad. En lo personal, el marxismo de Sánchez Vázquez ha constituido para mí una referencia invaluable para el análisis de otras posturas filosóficas dentro y fuera del marxismo, así como para hacer el análisis concreto de la realidad concreta como decía Lenin.
En este sentido, me considero afortunado de haber sido de algún modo su discípulo por el enorme impacto que sus obras de filosofía, ética, estética y política tuvieron para mí, así como por su labor en la promoción de lo más granado del pensamiento crítico marxista que con sus traducciones y ediciones nos hizo llegar a través de colecciones inolvidables como la de “Teoría & Praxis” de Editorial Grijalbo (entre otras), donde pudimos abrevar de pensadores de la talla de Karel Kosík, Gajov Petrovic, Jindrich Zeleny y otros portentosos pensadores del socialismo. No menos importantes fueron sus críticas contra las simplificaciones del marxismo como los manuales soviéticos que postulaban una cosmovisión ontologista y metafísica del pensamiento de Marx o la visión cientificista de Louis Althusser que tanto cautivó a muchos marxistas a finales de los 70 y a mediados de los 80.
Por cierto, a propósito de esta influencia althusseriana de esas fechas, hurgando entre notas, artículos y ensayos relacionados con la obra filosófica de Adolfo Sánchez Vázquez para sustentar este escrito, me encontré con un interesante documento del filósofo marxista argentino Néstor Kohan quien en un pasaje del mismo relata que el mismo subcomandante Marcos cuya tesis de licenciatura versó sobre “Filosofía y Educación” (1980), polemizó contra la postura praxiológica de Sánchez Vázquez desde la perspectiva de la epistemología de Althusser. (Veáse Nestor Kohan, “El marximo Crítico de Adolfo Sánchez Vázquez” en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=131962)
Para terminar, sólo me resta decir que la fecunda obra filosófica de Adolfo Sánchez Vázquez le valió recibir innumerables y merecidos premios en México y el extranjero, pero seguramente que el mejor premio a su memoria es continuar su legado teórico y emular su congruencia práctica, siendo fiel a su espíritu crítico porque la emancipación de la humanidad sigue siendo la gran utopía a alcanzar.
jueves, 7 de julio de 2011
Luque - PRD: autocrítica y unidad
PRD: autocrítica y unidad
César Ricardo Luque Santana
La estrepitosa derrota electoral del PRD debe llevar a sus dirigentes y militantes a realizar un profundo análisis de ésta que no devenga desde luego en una reyerta interna, pero que tampoco se quede en una autocomplacencia igualmente dañina, sino que se oriente a una autocrítica que permita aprender lecciones de los errores propios y de las marrullerías de los adversarios que sean útiles de cara a la elección presidencial del próximo año, pero que permitan asimismo mantener la unidad partidista lograda en este proceso, tomado en cuenta que a pesar del saldo negativo para su causa del proceso electoral, se obtuvo un piso de 50 mil votos nada despreciable, toda vez que se trata de electores leales al partido del sol azteca que fueron capaces de resistir la compra del voto de los priistas e hicieron oídos sordos a los llamados panistas al voto útil.
La probidad de estos electores debe ser el aliciente del PRD no sólo para reconocer los errores propios y los aciertos ajenos (incluidos los obtenidos por malas artes) de sus contrincantes, asumiendo responsabilidades sobre los primeros, sino que también se debe hacer un esfuerzo para evitar fracturas internas a corto plazo que afecten los compromisos electorales en puerta para 2012. Estas fracturas que podrían revivir el divisionismo que tanto daño ha hecho al PRD, se pueden dar por el jaloneo relacionado con las “pluris” de diputados y regidores, más que por razones ideológicas o de discrepancias de táctica o estrategia política.
Esto último viene a cuento porque ha corrido el rumor de no respetar la posición plurinominal del dirigente perredista y luchador social Miguel Ángel Arce Montiel, una de las figuras más relevantes y con mayor autoridad moral en las filas perredistas. Arce es uno de los principales activos del PRD que cuenta con mucho oficio político siendo prácticamente un dirigente histórico del mismo, además de ser luchador social con una larga trayectoria. Arce Montiel ha construido a lo largo de su vida como luchador social un prestigio sólido por su rectitud, congruencia y capacidad política, y sería lamentable que quienes deciden formal y/o factualmente en el PRD el destino de estas posiciones plurinominales, no reconozcan su valía. Es predecible que el escamoteo de esta posición a Miguel Ángel Arce Montiel llevaría inevitable al temido divisionismo toda vez que Arce pertenece a una importante corriente política dentro del PRD.
Mi apoyo a Miguel Ángel Arce obedece no sólo a mi amistad con él, sino a que en las condiciones actuales de adversidad política con una fracción parlamentaria francamente disminuida, el PRD necesita una figura con su experiencia y compromiso en la cámara de diputados para representar dignamente no sólo al partido sino a los intereses populares. Habría que recordar que Miguel Ángel fue durante el gobierno de don Tino Ávila Arce (1999-2002), el único regidor del PRD en un cabildo dominado por una mayoría panista e hizo un papel muy destacado en ese órgano colegiado gracias a su oficio político, su sentido de responsabilidad y su prudencia. En estas condiciones de precariedad, la calidad política de los diputados del PRD debería ser una prioridad indiscutible pues si bien es cierto que no podrán superar el mayoriteo de la fracción priista que aparte de contar con mayoría absoluta suelen reducirse al papel de levantadedos, si se les puede vencer con razones en el debate en tribuna. Pero además, será necesario atender con eficacia otras funciones como aplicarse en la vigilancia de los usos de los dineros públicos por parte del ejecutivo para denunciar los excesos y anomalías que se cometan, además de realizar una fuerte gestión social aprovechando la investidura de diputado. Miguel Ángel Arce tiene sin duda el perfil idóneo para cumplir satisfactoriamente estas tres funciones.
En cuanto al análisis del fracaso electoral en sí mismo, se espera que se aclaren los puntos que impidieron la alianza con el PAN y se ofrezca una interpretación significativa de los resultados electorales. En el primer caso, las versiones desde el PRD donde se afirma que el PAN no sólo rompió unilateralmente la alianza formal sino que posteriormente se negó también a una alianza de facto porque creyeron que ganarían por sí mismos, debe ser sustentada para salir al paso a especulaciones que tienden a minar la credibilidad no sólo a Naranjo sino del mismo PRD. Del segundo aspecto, se debe valorar el por qué del comportamiento del voto a los candidatos del PRD de manera que se señalen las deficiencias y errores propios, al mismo tiempo que se determine los mecanismos truculentos mediante los cuales el PRI prostituye los votos para torcer la voluntad popular, sin dejar de reconocer desde luego que también hay una base electoral priista leal y disciplinada que no puede ser minimizada.
César Ricardo Luque Santana
La estrepitosa derrota electoral del PRD debe llevar a sus dirigentes y militantes a realizar un profundo análisis de ésta que no devenga desde luego en una reyerta interna, pero que tampoco se quede en una autocomplacencia igualmente dañina, sino que se oriente a una autocrítica que permita aprender lecciones de los errores propios y de las marrullerías de los adversarios que sean útiles de cara a la elección presidencial del próximo año, pero que permitan asimismo mantener la unidad partidista lograda en este proceso, tomado en cuenta que a pesar del saldo negativo para su causa del proceso electoral, se obtuvo un piso de 50 mil votos nada despreciable, toda vez que se trata de electores leales al partido del sol azteca que fueron capaces de resistir la compra del voto de los priistas e hicieron oídos sordos a los llamados panistas al voto útil.
La probidad de estos electores debe ser el aliciente del PRD no sólo para reconocer los errores propios y los aciertos ajenos (incluidos los obtenidos por malas artes) de sus contrincantes, asumiendo responsabilidades sobre los primeros, sino que también se debe hacer un esfuerzo para evitar fracturas internas a corto plazo que afecten los compromisos electorales en puerta para 2012. Estas fracturas que podrían revivir el divisionismo que tanto daño ha hecho al PRD, se pueden dar por el jaloneo relacionado con las “pluris” de diputados y regidores, más que por razones ideológicas o de discrepancias de táctica o estrategia política.
Esto último viene a cuento porque ha corrido el rumor de no respetar la posición plurinominal del dirigente perredista y luchador social Miguel Ángel Arce Montiel, una de las figuras más relevantes y con mayor autoridad moral en las filas perredistas. Arce es uno de los principales activos del PRD que cuenta con mucho oficio político siendo prácticamente un dirigente histórico del mismo, además de ser luchador social con una larga trayectoria. Arce Montiel ha construido a lo largo de su vida como luchador social un prestigio sólido por su rectitud, congruencia y capacidad política, y sería lamentable que quienes deciden formal y/o factualmente en el PRD el destino de estas posiciones plurinominales, no reconozcan su valía. Es predecible que el escamoteo de esta posición a Miguel Ángel Arce Montiel llevaría inevitable al temido divisionismo toda vez que Arce pertenece a una importante corriente política dentro del PRD.
Mi apoyo a Miguel Ángel Arce obedece no sólo a mi amistad con él, sino a que en las condiciones actuales de adversidad política con una fracción parlamentaria francamente disminuida, el PRD necesita una figura con su experiencia y compromiso en la cámara de diputados para representar dignamente no sólo al partido sino a los intereses populares. Habría que recordar que Miguel Ángel fue durante el gobierno de don Tino Ávila Arce (1999-2002), el único regidor del PRD en un cabildo dominado por una mayoría panista e hizo un papel muy destacado en ese órgano colegiado gracias a su oficio político, su sentido de responsabilidad y su prudencia. En estas condiciones de precariedad, la calidad política de los diputados del PRD debería ser una prioridad indiscutible pues si bien es cierto que no podrán superar el mayoriteo de la fracción priista que aparte de contar con mayoría absoluta suelen reducirse al papel de levantadedos, si se les puede vencer con razones en el debate en tribuna. Pero además, será necesario atender con eficacia otras funciones como aplicarse en la vigilancia de los usos de los dineros públicos por parte del ejecutivo para denunciar los excesos y anomalías que se cometan, además de realizar una fuerte gestión social aprovechando la investidura de diputado. Miguel Ángel Arce tiene sin duda el perfil idóneo para cumplir satisfactoriamente estas tres funciones.
En cuanto al análisis del fracaso electoral en sí mismo, se espera que se aclaren los puntos que impidieron la alianza con el PAN y se ofrezca una interpretación significativa de los resultados electorales. En el primer caso, las versiones desde el PRD donde se afirma que el PAN no sólo rompió unilateralmente la alianza formal sino que posteriormente se negó también a una alianza de facto porque creyeron que ganarían por sí mismos, debe ser sustentada para salir al paso a especulaciones que tienden a minar la credibilidad no sólo a Naranjo sino del mismo PRD. Del segundo aspecto, se debe valorar el por qué del comportamiento del voto a los candidatos del PRD de manera que se señalen las deficiencias y errores propios, al mismo tiempo que se determine los mecanismos truculentos mediante los cuales el PRI prostituye los votos para torcer la voluntad popular, sin dejar de reconocer desde luego que también hay una base electoral priista leal y disciplinada que no puede ser minimizada.
martes, 28 de junio de 2011
Ricardo Luque - Elecciones y legitimidad
Elecciones y legitimidad
César Ricardo Luque Santana
En este fin de mes de junio, el corto y turbio período de campañas electorales en Nayarit está llegando a su fin. A los cierres de campaña de los distintos candidatos de todos los partidos seguirá un breve compás de espera para culminar el domingo 3 de julio en la jornada electoral donde mediante el voto popular (se supone que libre y secreto) se hará la renovación total de poderes en nuestro estado.
Sin embargo, no obstante que este tipo de elecciones que incluyen el cambio de gobernador junto con la presidente de la república son las que más interés despiertan entre la ciudadanía (al contrario de las elecciones estatales y federales intermedias), se prevé que el abstencionismo siga siendo predominante, comparado desde luego con el porcentaje del partido ganador, pues si el abstencionismo es del 30% y el partido ganador obtiene el 40%, por ejemplo, este último porcentaje no será del total de empadronados sino del total de los sufragios emitidos.
Este fenómeno por cierto ha dado lugar a cuestionar la legitimidad de los gobernantes porque tomando de nuevo como referente el total de electores registrados en el padrón, los representantes populares en cualquier de sus modalidades están respaldados en rigor por una minoría de la sociedad, al grado de que la propuesta para superar o al menos paliar este defecto sea la llamada “segunda vuelta electoral”. Según esta figura electoral, si en primera instancia los ganadores no obtienen el 50% + 1, los 2 candidatos que alcancen mayor votación se irían a una segunda vuelta que garantizaría matemáticamente ese porcentaje, de todos los que acudan a votar desde luego, lo cual resulta engañoso porque en esa segunda vuelta puede haber un enorme abstencionismo de manera que el ganador siga estando con un respaldo electoral minoritario (tomando de nuevo como referencia al padrón de electores en su totalidad). Lo interesante de esta modalidad sería que los dos contendientes finales podrían eventualmente lograr apoyos de los perdederos mediante alianzas de facto.
Considero sin embargo que la legitimidad habría que buscarla en otra parte pues no creo que ésta se reduzca a un criterio cuantitativo, pues en el ejemplo citado, no sólo la legitimidad no se garantiza mediante ese procedimiento por lo que acabamos de señalar, sino que puede resultar incluso más oneroso. Quizá pudiera justificarse la segunda vuelta electoral si se obligará a los partidos a competir con base en sus propias fuerzas, esto es, anulando las alianzas formales y las candidaturas comunes, pero caben también otras posibilidades negativas como el hecho de que los perdedores pudieran juntarse sólo por hacer tropezar a un candidato popular. De esto hay precedentes históricos por lo que cualquier candidato ganador en primera instancia que tenga que irse a una segunda vuelta, podría salir derrotado si la mayoría de los perdedores se unen con ese propósito. En todo caso si lo que se quiere es abatir el abstencionismo, se tendría que establecer el voto no sólo como un derecho sino como una obligación (con sanción de por medio), como ocurre en Argentina y Uruguay.
Ciertamente parecer ser que ninguna fórmula electoral es enteramente satisfactoria porque que todas tienen ventajas y limitaciones. En todo caso, podría pensarse qué es lo que más conviene a la democracia, lo cual va más allá de los procedimientos formales y tiene que ver más con lograr una cultura democrática de la población, lo que a su vez implicaría entre otras muchas cosas, una regulación legal y democrática sobre los medios de comunicación, principalmente los electrónicos. Por lo pronto, está claro que la democracia de iure se encuentra secuestrada de facto por el sistema capitalista, esto es, por los intereses económicos de los grandes empresarios. Será necesario por tanto detonar una auténtica democracia participativa, tarea que los partidos de izquierda deberían de impulsar no sólo desde el gobierno sino también desde sus propias organizaciones donde por desgracia prevalecen castas burocráticas con prácticas autoritarias.
La figura de las “candidaturas ciudadanas” que pretende presentarse como una panacea contra la partidocracia también resulta problemática, de manera que habría que pensar si resuelve de veras este problema o si por el contrario sólo viene a complicarlo. Actualmente, la ley sólo contempla candidaturas a través de los partidos aunque algunos de ellos desde hace mucho tiempo han estado abiertos a las candidaturas externas, ya sea de prófugos de otros partidos o de ciudadanos sin partido, pero no siempre por un afán democrático sino porque a veces carecen de figuras propias para sacar buenas votaciones. Los partidos en este tenor son consideradas en términos legales como entidades de interés público por lo que su financiamiento mayoritario se otorga mediante subsidios públicos, tratando de evitar que los particulares, concretamente los empresarios con gran poder económico e incluso los apoyos con dinero ilegal del crimen organizado, puedan convertir a éstos en rehenes de sus turbios intereses, si bien se sospecha que esto realmente sucede ya aunque las autoridades no pueden o no quieren indagar. Resulta evidente para cualquier observador atento que los llamados topes de campaña son rebasados con creces por la mayoría de los candidatos, lo que hace sospechar de la existencia de dinero de dudosa procedencia.
Seguramente que éste tipo de candidaturas independientes deberán de recibir subsidio público para evitar en teoría que representen a sus patrocinadores privados en vez de los ciudadanos que mediante su voto los elige. De todos modos como se acaba de mencionar, ya existe este fenómeno porque muchos representantes populares no sirven a sus representados sino a determinados grupos de poder económico o a las burocracias de sus partidos. La manera de que sean aceptables entonces estas candidaturas no estriba sólo en la cuestión de mantener un financiamiento público temporal, sino en que los aspirantes seguramente deberán de presentar determinada cantidad de firmas de apoyo que garantice una estructura electoral mínima para evitar la proliferación de candidatos y membretes. Las firmas deberán desde luego ser autentificadas. De todos modos la admisión de las candidaturas comunes es positiva porque al menos permite que el derecho de ser elegido que establece la constitución no dependa más de los partidos políticos.
En este punto se entiende el atractivo de muchos electores por los candidatos ciudadanos, preferencia que se traduce en la frase tan en sobada hoy en día de que es mejor votar por la persona más que por el partido. Con ello se quiere subrayar el desprestigio de los partidos al mismo tiempo que se encomia una supuesta pureza de los individuos. Sin embargo, esta postura está muy idealizada encontrando su expresión más ingenua en la creencia de que un empresario como candidato es más confiable que el político tradicional o de carrera porque “como ya es rico, no tiene necesidad de usar el poder para enriquecerse”, lo cual es una evidente falacia porque ello ha facilitado un maridaje perverso entre los negocios y la política en detrimento del interés de la sociedad. Los hechos recientes de empresarios con poder político demuestran lo pernicioso de este conflicto de intereses.
Otras figuras de la democracia participativa como el referéndum y otras tienen el mismo problema como lo resaltó reciente en una editorial en “La Voz del Norte” el periodista Ernesto Acero, pues esta figura ha servido también para ratificar dictaduras.
El punto es que la democratización plena de la sociedad y las instituciones no se da por decreto, que no basta un marco jurídico democrático, sino que es imprescindible la práctica de estas formas democráticas al seno de las propias organizaciones para prefigurar -como decía Gramsci- el tipo de sociedad que se propone. El aprendizaje de la democracia como los demás valores tiene que ver en consecuencia con la vivencia efectiva de la misma y no sólo con discursos.
Desde luego, en medio de la pobreza de amplias capas de la población, estos conceptos resultan difíciles de llevar a la práctica porque mientras se vea el poder como un botín, los políticos sin escrúpulos no pueden evitar la tentación de lucrar con la pobreza de las personas, además de que no existen mecanismos legales eficaces ni la voluntad política para detener este tipo de manipulación.
La legitimidad del poder no se reduce por tanto a un criterio cuantitativo pero tampoco se agota en una acción fugaz como emitir un voto. La legitimidad del gobernante no se termina con el hecho de haber recibido el poder mediante el sufragio, sino que debería de refrendarse constantemente con el ejercicio democrático, responsable y transparente del poder, lo que supone la coparticipación auténtica del pueblo en la toma de decisiones y la implementación de controles democráticos eficaces, de tal suerte que la democracia representativa se complemente, enriquezca y corrija con la democracia participativa.
César Ricardo Luque Santana
En este fin de mes de junio, el corto y turbio período de campañas electorales en Nayarit está llegando a su fin. A los cierres de campaña de los distintos candidatos de todos los partidos seguirá un breve compás de espera para culminar el domingo 3 de julio en la jornada electoral donde mediante el voto popular (se supone que libre y secreto) se hará la renovación total de poderes en nuestro estado.
Sin embargo, no obstante que este tipo de elecciones que incluyen el cambio de gobernador junto con la presidente de la república son las que más interés despiertan entre la ciudadanía (al contrario de las elecciones estatales y federales intermedias), se prevé que el abstencionismo siga siendo predominante, comparado desde luego con el porcentaje del partido ganador, pues si el abstencionismo es del 30% y el partido ganador obtiene el 40%, por ejemplo, este último porcentaje no será del total de empadronados sino del total de los sufragios emitidos.
Este fenómeno por cierto ha dado lugar a cuestionar la legitimidad de los gobernantes porque tomando de nuevo como referente el total de electores registrados en el padrón, los representantes populares en cualquier de sus modalidades están respaldados en rigor por una minoría de la sociedad, al grado de que la propuesta para superar o al menos paliar este defecto sea la llamada “segunda vuelta electoral”. Según esta figura electoral, si en primera instancia los ganadores no obtienen el 50% + 1, los 2 candidatos que alcancen mayor votación se irían a una segunda vuelta que garantizaría matemáticamente ese porcentaje, de todos los que acudan a votar desde luego, lo cual resulta engañoso porque en esa segunda vuelta puede haber un enorme abstencionismo de manera que el ganador siga estando con un respaldo electoral minoritario (tomando de nuevo como referencia al padrón de electores en su totalidad). Lo interesante de esta modalidad sería que los dos contendientes finales podrían eventualmente lograr apoyos de los perdederos mediante alianzas de facto.
Considero sin embargo que la legitimidad habría que buscarla en otra parte pues no creo que ésta se reduzca a un criterio cuantitativo, pues en el ejemplo citado, no sólo la legitimidad no se garantiza mediante ese procedimiento por lo que acabamos de señalar, sino que puede resultar incluso más oneroso. Quizá pudiera justificarse la segunda vuelta electoral si se obligará a los partidos a competir con base en sus propias fuerzas, esto es, anulando las alianzas formales y las candidaturas comunes, pero caben también otras posibilidades negativas como el hecho de que los perdedores pudieran juntarse sólo por hacer tropezar a un candidato popular. De esto hay precedentes históricos por lo que cualquier candidato ganador en primera instancia que tenga que irse a una segunda vuelta, podría salir derrotado si la mayoría de los perdedores se unen con ese propósito. En todo caso si lo que se quiere es abatir el abstencionismo, se tendría que establecer el voto no sólo como un derecho sino como una obligación (con sanción de por medio), como ocurre en Argentina y Uruguay.
Ciertamente parecer ser que ninguna fórmula electoral es enteramente satisfactoria porque que todas tienen ventajas y limitaciones. En todo caso, podría pensarse qué es lo que más conviene a la democracia, lo cual va más allá de los procedimientos formales y tiene que ver más con lograr una cultura democrática de la población, lo que a su vez implicaría entre otras muchas cosas, una regulación legal y democrática sobre los medios de comunicación, principalmente los electrónicos. Por lo pronto, está claro que la democracia de iure se encuentra secuestrada de facto por el sistema capitalista, esto es, por los intereses económicos de los grandes empresarios. Será necesario por tanto detonar una auténtica democracia participativa, tarea que los partidos de izquierda deberían de impulsar no sólo desde el gobierno sino también desde sus propias organizaciones donde por desgracia prevalecen castas burocráticas con prácticas autoritarias.
La figura de las “candidaturas ciudadanas” que pretende presentarse como una panacea contra la partidocracia también resulta problemática, de manera que habría que pensar si resuelve de veras este problema o si por el contrario sólo viene a complicarlo. Actualmente, la ley sólo contempla candidaturas a través de los partidos aunque algunos de ellos desde hace mucho tiempo han estado abiertos a las candidaturas externas, ya sea de prófugos de otros partidos o de ciudadanos sin partido, pero no siempre por un afán democrático sino porque a veces carecen de figuras propias para sacar buenas votaciones. Los partidos en este tenor son consideradas en términos legales como entidades de interés público por lo que su financiamiento mayoritario se otorga mediante subsidios públicos, tratando de evitar que los particulares, concretamente los empresarios con gran poder económico e incluso los apoyos con dinero ilegal del crimen organizado, puedan convertir a éstos en rehenes de sus turbios intereses, si bien se sospecha que esto realmente sucede ya aunque las autoridades no pueden o no quieren indagar. Resulta evidente para cualquier observador atento que los llamados topes de campaña son rebasados con creces por la mayoría de los candidatos, lo que hace sospechar de la existencia de dinero de dudosa procedencia.
Seguramente que éste tipo de candidaturas independientes deberán de recibir subsidio público para evitar en teoría que representen a sus patrocinadores privados en vez de los ciudadanos que mediante su voto los elige. De todos modos como se acaba de mencionar, ya existe este fenómeno porque muchos representantes populares no sirven a sus representados sino a determinados grupos de poder económico o a las burocracias de sus partidos. La manera de que sean aceptables entonces estas candidaturas no estriba sólo en la cuestión de mantener un financiamiento público temporal, sino en que los aspirantes seguramente deberán de presentar determinada cantidad de firmas de apoyo que garantice una estructura electoral mínima para evitar la proliferación de candidatos y membretes. Las firmas deberán desde luego ser autentificadas. De todos modos la admisión de las candidaturas comunes es positiva porque al menos permite que el derecho de ser elegido que establece la constitución no dependa más de los partidos políticos.
En este punto se entiende el atractivo de muchos electores por los candidatos ciudadanos, preferencia que se traduce en la frase tan en sobada hoy en día de que es mejor votar por la persona más que por el partido. Con ello se quiere subrayar el desprestigio de los partidos al mismo tiempo que se encomia una supuesta pureza de los individuos. Sin embargo, esta postura está muy idealizada encontrando su expresión más ingenua en la creencia de que un empresario como candidato es más confiable que el político tradicional o de carrera porque “como ya es rico, no tiene necesidad de usar el poder para enriquecerse”, lo cual es una evidente falacia porque ello ha facilitado un maridaje perverso entre los negocios y la política en detrimento del interés de la sociedad. Los hechos recientes de empresarios con poder político demuestran lo pernicioso de este conflicto de intereses.
Otras figuras de la democracia participativa como el referéndum y otras tienen el mismo problema como lo resaltó reciente en una editorial en “La Voz del Norte” el periodista Ernesto Acero, pues esta figura ha servido también para ratificar dictaduras.
El punto es que la democratización plena de la sociedad y las instituciones no se da por decreto, que no basta un marco jurídico democrático, sino que es imprescindible la práctica de estas formas democráticas al seno de las propias organizaciones para prefigurar -como decía Gramsci- el tipo de sociedad que se propone. El aprendizaje de la democracia como los demás valores tiene que ver en consecuencia con la vivencia efectiva de la misma y no sólo con discursos.
Desde luego, en medio de la pobreza de amplias capas de la población, estos conceptos resultan difíciles de llevar a la práctica porque mientras se vea el poder como un botín, los políticos sin escrúpulos no pueden evitar la tentación de lucrar con la pobreza de las personas, además de que no existen mecanismos legales eficaces ni la voluntad política para detener este tipo de manipulación.
La legitimidad del poder no se reduce por tanto a un criterio cuantitativo pero tampoco se agota en una acción fugaz como emitir un voto. La legitimidad del gobernante no se termina con el hecho de haber recibido el poder mediante el sufragio, sino que debería de refrendarse constantemente con el ejercicio democrático, responsable y transparente del poder, lo que supone la coparticipación auténtica del pueblo en la toma de decisiones y la implementación de controles democráticos eficaces, de tal suerte que la democracia representativa se complemente, enriquezca y corrija con la democracia participativa.
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