martes, 12 de julio de 2011

Ricardo Luque - Adolfo Sánchez Vázquez, in memoriam


Adolfo Sánchez Vázquez, in memoriam

César Ricardo Luque Santana

El marxismo representa una innovación radical en la filosofía. Su novedad estriba en ser una nueva práctica de la filosofía, pero lo es justamente por ser una filosofía de la práctica.” Adolfo Sánchez Vázquez

El pasado 8 de julio falleció en la Ciudad de México a los 95 años de edad el gran filósofo hispano-mexicano Adolfo Sánchez Vázquez, quien en 1939 llegó a nuestro país por el Puerto de Veracruz en el barco francés Sinaia junto a cientos de “desterrados” (como decía José Gaos a los exiliados españoles). Para entonces, el joven Adolfo –más inclinado a la poesía que a la filosofía- había estudiado la carrera de filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid con figuras como José Ortega y Gasset y el mismo José Gaos, trabajando como docente de filosofía en principio en la Universidad de Morelia, para luego realizar su doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México donde fue profesor emérito.

La derrota de los republicanos españoles en su lucha contra la monarquía, luego de una cruenta guerra civil que culminó con la dictadura de Francisco Franco, obligó a muchos de sus intelectuales más brillantes a dejar la península ibérica, algunos de los cuales encontraron refugio y a la postre una nueva patria en México gracias a la política de asilo del presidente Lázaro Cárdenas del Rio. La aportación del exilio español a la cultura mexicana es inconmensurable pues a nuestras tierras mexicanas y latinoamericanas llegaron de Europa intelectuales como José Gaos, Joaquín y Ramón Xirau, Wenceslao Roces, María Zambrano, Eduardo Nicol, David García Bacca, Manuel García Morente y otros insignes pensadores.

En cuanto a Adolfo Sánchez Vázquez, como pensador original, produjo una treintena de libros de filosofía, ética, estética y política, pero también fue traductor y editor de muchos autores marxistas heterodoxos e impulsor resuelto del pensamiento crítico. En efecto, como lo expresaron algunos intelectuales, artistas, políticos y demás personalidades que acompañaron al gran filósofo iberoamericano en sus exequias, Adolfo Sánchez Vázquez se caracterizó por su antidogmatismo, su mente abierta y su sentido de autocrítica, sin menoscabo de su posición decididamente marxista. En este punto creo que él compartiría la autodefinición del peruano Mariátegui quien decía: “yo, marxista convicto y confeso”. En otras palabras, su congruencia no lo llevó nunca al sectarismo político, ni al dogmatismo ideológico, ni por ende a la autocomplacencia. Rechazó toda forma de autoritarismo y demostrando una profunda vocación democrática. Jamás se prestó a escribir obras panfletarias sino que actuó como un pensador profundo y riguroso, coincidiendo con la postura de Gramsci de que “sólo la verdad es revolucionaria”.

Los acontecimientos de la invasión soviética en Praga (Checoslovaquia) en 1968, y antes, las revelaciones de los crímenes de Stalin por Nikita Jruschov en 1966 en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), alertaron a Sánchez Vázquez de las distorsiones del llamado socialismo real. No es casual que en 1961 su tesis doctoral fuera sobre la filosofía de Marx como una Filosofía de la Praxis, obra que editaría posteriormente y rectificaría en varias ocasiones (1967, 1980, 2003) siendo para mi gusto la obra central de su pensamiento a partir de la cual desglosa sus reflexiones estéticas, éticas y políticas.

Su congruencia no debe ser confundida –hay que insistir- con las posturas dogmáticas de algunos comunistas que no rebasaron nunca las lecturas de los manuales de la ortodoxia soviética. En este sentido, Adolfo Sánchez Vázquez se mantuvo firme y claro en su crítica al capitalismo no obstante la caída del muro de Berlín y el ascenso del neoliberalismo y sus tesis falaces, entre ellas, la del fin de la historia que proclamó Francis Fukuyama, ni tampoco sucumbió a las modas filosóficas, sino que defendió siempre el ideal socialistas desmarcándose claramente del socialismo realmente existente (o mejor dicho inexistente) de la era soviética.

Adolfo Sánchez Vázquez dejó una impronta indeleble en muchas personas no sólo en las filas del marxismo, porque su brillantez y originalidad como pensador no se divorció de su compromiso como intelectual demócrata y revolucionario ni de su sencillez como persona. Estas cualidades le dieron a Sánchez Vázquez el afecto y reconocimiento de mucha gente de distintas profesiones y modos de pensar, pero sin duda, quienes fuimos influidos por su pensamiento marxista nos sentimos más agradecidos todavía por su influencia, aunque lamentablemente no haya yo tenido el privilegio de conocerlo personalmente como otras personas. En lo que a mí respecta, mi deuda con Adolfo Sánchez Vázquez es muy significativa tanto en su forma de pensar el marxismo como en su estilo literario de argumentar con rigor y claridad. En lo personal, el marxismo de Sánchez Vázquez ha constituido para mí una referencia invaluable para el análisis de otras posturas filosóficas dentro y fuera del marxismo, así como para hacer el análisis concreto de la realidad concreta como decía Lenin.

En este sentido, me considero afortunado de haber sido de algún modo su discípulo por el enorme impacto que sus obras de filosofía, ética, estética y política tuvieron para mí, así como por su labor en la promoción de lo más granado del pensamiento crítico marxista que con sus traducciones y ediciones nos hizo llegar a través de colecciones inolvidables como la de “Teoría & Praxis” de Editorial Grijalbo (entre otras), donde pudimos abrevar de pensadores de la talla de Karel Kosík, Gajov Petrovic, Jindrich Zeleny y otros portentosos pensadores del socialismo. No menos importantes fueron sus críticas contra las simplificaciones del marxismo como los manuales soviéticos que postulaban una cosmovisión ontologista y metafísica del pensamiento de Marx o la visión cientificista de Louis Althusser que tanto cautivó a muchos marxistas a finales de los 70 y a mediados de los 80.

Por cierto, a propósito de esta influencia althusseriana de esas fechas, hurgando entre notas, artículos y ensayos relacionados con la obra filosófica de Adolfo Sánchez Vázquez para sustentar este escrito, me encontré con un interesante documento del filósofo marxista argentino Néstor Kohan quien en un pasaje del mismo relata que el mismo subcomandante Marcos cuya tesis de licenciatura versó sobre “Filosofía y Educación” (1980), polemizó contra la postura praxiológica de Sánchez Vázquez desde la perspectiva de la epistemología de Althusser. (Veáse Nestor Kohan, “El marximo Crítico de Adolfo Sánchez Vázquez” en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=131962)

Para terminar, sólo me resta decir que la fecunda obra filosófica de Adolfo Sánchez Vázquez le valió recibir innumerables y merecidos premios en México y el extranjero, pero seguramente que el mejor premio a su memoria es continuar su legado teórico y emular su congruencia práctica, siendo fiel a su espíritu crítico porque la emancipación de la humanidad sigue siendo la gran utopía a alcanzar.

jueves, 7 de julio de 2011

Luque - PRD: autocrítica y unidad

PRD: autocrítica y unidad

César Ricardo Luque Santana

La estrepitosa derrota electoral del PRD debe llevar a sus dirigentes y militantes a realizar un profundo análisis de ésta que no devenga desde luego en una reyerta interna, pero que tampoco se quede en una autocomplacencia igualmente dañina, sino que se oriente a una autocrítica que permita aprender lecciones de los errores propios y de las marrullerías de los adversarios que sean útiles de cara a la elección presidencial del próximo año, pero que permitan asimismo mantener la unidad partidista lograda en este proceso, tomado en cuenta que a pesar del saldo negativo para su causa del proceso electoral, se obtuvo un piso de 50 mil votos nada despreciable, toda vez que se trata de electores leales al partido del sol azteca que fueron capaces de resistir la compra del voto de los priistas e hicieron oídos sordos a los llamados panistas al voto útil.

La probidad de estos electores debe ser el aliciente del PRD no sólo para reconocer los errores propios y los aciertos ajenos (incluidos los obtenidos por malas artes) de sus contrincantes, asumiendo responsabilidades sobre los primeros, sino que también se debe hacer un esfuerzo para evitar fracturas internas a corto plazo que afecten los compromisos electorales en puerta para 2012. Estas fracturas que podrían revivir el divisionismo que tanto daño ha hecho al PRD, se pueden dar por el jaloneo relacionado con las “pluris” de diputados y regidores, más que por razones ideológicas o de discrepancias de táctica o estrategia política.

Esto último viene a cuento porque ha corrido el rumor de no respetar la posición plurinominal del dirigente perredista y luchador social Miguel Ángel Arce Montiel, una de las figuras más relevantes y con mayor autoridad moral en las filas perredistas. Arce es uno de los principales activos del PRD que cuenta con mucho oficio político siendo prácticamente un dirigente histórico del mismo, además de ser luchador social con una larga trayectoria. Arce Montiel ha construido a lo largo de su vida como luchador social un prestigio sólido por su rectitud, congruencia y capacidad política, y sería lamentable que quienes deciden formal y/o factualmente en el PRD el destino de estas posiciones plurinominales, no reconozcan su valía. Es predecible que el escamoteo de esta posición a Miguel Ángel Arce Montiel llevaría inevitable al temido divisionismo toda vez que Arce pertenece a una importante corriente política dentro del PRD.

Mi apoyo a Miguel Ángel Arce obedece no sólo a mi amistad con él, sino a que en las condiciones actuales de adversidad política con una fracción parlamentaria francamente disminuida, el PRD necesita una figura con su experiencia y compromiso en la cámara de diputados para representar dignamente no sólo al partido sino a los intereses populares. Habría que recordar que Miguel Ángel fue durante el gobierno de don Tino Ávila Arce (1999-2002), el único regidor del PRD en un cabildo dominado por una mayoría panista e hizo un papel muy destacado en ese órgano colegiado gracias a su oficio político, su sentido de responsabilidad y su prudencia. En estas condiciones de precariedad, la calidad política de los diputados del PRD debería ser una prioridad indiscutible pues si bien es cierto que no podrán superar el mayoriteo de la fracción priista que aparte de contar con mayoría absoluta suelen reducirse al papel de levantadedos, si se les puede vencer con razones en el debate en tribuna. Pero además, será necesario atender con eficacia otras funciones como aplicarse en la vigilancia de los usos de los dineros públicos por parte del ejecutivo para denunciar los excesos y anomalías que se cometan, además de realizar una fuerte gestión social aprovechando la investidura de diputado. Miguel Ángel Arce tiene sin duda el perfil idóneo para cumplir satisfactoriamente estas tres funciones.

En cuanto al análisis del fracaso electoral en sí mismo, se espera que se aclaren los puntos que impidieron la alianza con el PAN y se ofrezca una interpretación significativa de los resultados electorales. En el primer caso, las versiones desde el PRD donde se afirma que el PAN no sólo rompió unilateralmente la alianza formal sino que posteriormente se negó también a una alianza de facto porque creyeron que ganarían por sí mismos, debe ser sustentada para salir al paso a especulaciones que tienden a minar la credibilidad no sólo a Naranjo sino del mismo PRD. Del segundo aspecto, se debe valorar el por qué del comportamiento del voto a los candidatos del PRD de manera que se señalen las deficiencias y errores propios, al mismo tiempo que se determine los mecanismos truculentos mediante los cuales el PRI prostituye los votos para torcer la voluntad popular, sin dejar de reconocer desde luego que también hay una base electoral priista leal y disciplinada que no puede ser minimizada.

martes, 28 de junio de 2011

Ricardo Luque - Elecciones y legitimidad

Elecciones y legitimidad

César Ricardo Luque Santana

En este fin de mes de junio, el corto y turbio período de campañas electorales en Nayarit está llegando a su fin. A los cierres de campaña de los distintos candidatos de todos los partidos seguirá un breve compás de espera para culminar el domingo 3 de julio en la jornada electoral donde mediante el voto popular (se supone que libre y secreto) se hará la renovación total de poderes en nuestro estado.

Sin embargo, no obstante que este tipo de elecciones que incluyen el cambio de gobernador junto con la presidente de la república son las que más interés despiertan entre la ciudadanía (al contrario de las elecciones estatales y federales intermedias), se prevé que el abstencionismo siga siendo predominante, comparado desde luego con el porcentaje del partido ganador, pues si el abstencionismo es del 30% y el partido ganador obtiene el 40%, por ejemplo, este último porcentaje no será del total de empadronados sino del total de los sufragios emitidos.

Este fenómeno por cierto ha dado lugar a cuestionar la legitimidad de los gobernantes porque tomando de nuevo como referente el total de electores registrados en el padrón, los representantes populares en cualquier de sus modalidades están respaldados en rigor por una minoría de la sociedad, al grado de que la propuesta para superar o al menos paliar este defecto sea la llamada “segunda vuelta electoral”. Según esta figura electoral, si en primera instancia los ganadores no obtienen el 50% + 1, los 2 candidatos que alcancen mayor votación se irían a una segunda vuelta que garantizaría matemáticamente ese porcentaje, de todos los que acudan a votar desde luego, lo cual resulta engañoso porque en esa segunda vuelta puede haber un enorme abstencionismo de manera que el ganador siga estando con un respaldo electoral minoritario (tomando de nuevo como referencia al padrón de electores en su totalidad). Lo interesante de esta modalidad sería que los dos contendientes finales podrían eventualmente lograr apoyos de los perdederos mediante alianzas de facto.

Considero sin embargo que la legitimidad habría que buscarla en otra parte pues no creo que ésta se reduzca a un criterio cuantitativo, pues en el ejemplo citado, no sólo la legitimidad no se garantiza mediante ese procedimiento por lo que acabamos de señalar, sino que puede resultar incluso más oneroso. Quizá pudiera justificarse la segunda vuelta electoral si se obligará a los partidos a competir con base en sus propias fuerzas, esto es, anulando las alianzas formales y las candidaturas comunes, pero caben también otras posibilidades negativas como el hecho de que los perdedores pudieran juntarse sólo por hacer tropezar a un candidato popular. De esto hay precedentes históricos por lo que cualquier candidato ganador en primera instancia que tenga que irse a una segunda vuelta, podría salir derrotado si la mayoría de los perdedores se unen con ese propósito. En todo caso si lo que se quiere es abatir el abstencionismo, se tendría que establecer el voto no sólo como un derecho sino como una obligación (con sanción de por medio), como ocurre en Argentina y Uruguay.

Ciertamente parecer ser que ninguna fórmula electoral es enteramente satisfactoria porque que todas tienen ventajas y limitaciones. En todo caso, podría pensarse qué es lo que más conviene a la democracia, lo cual va más allá de los procedimientos formales y tiene que ver más con lograr una cultura democrática de la población, lo que a su vez implicaría entre otras muchas cosas, una regulación legal y democrática sobre los medios de comunicación, principalmente los electrónicos. Por lo pronto, está claro que la democracia de iure se encuentra secuestrada de facto por el sistema capitalista, esto es, por los intereses económicos de los grandes empresarios. Será necesario por tanto detonar una auténtica democracia participativa, tarea que los partidos de izquierda deberían de impulsar no sólo desde el gobierno sino también desde sus propias organizaciones donde por desgracia prevalecen castas burocráticas con prácticas autoritarias.

La figura de las “candidaturas ciudadanas” que pretende presentarse como una panacea contra la partidocracia también resulta problemática, de manera que habría que pensar si resuelve de veras este problema o si por el contrario sólo viene a complicarlo. Actualmente, la ley sólo contempla candidaturas a través de los partidos aunque algunos de ellos desde hace mucho tiempo han estado abiertos a las candidaturas externas, ya sea de prófugos de otros partidos o de ciudadanos sin partido, pero no siempre por un afán democrático sino porque a veces carecen de figuras propias para sacar buenas votaciones. Los partidos en este tenor son consideradas en términos legales como entidades de interés público por lo que su financiamiento mayoritario se otorga mediante subsidios públicos, tratando de evitar que los particulares, concretamente los empresarios con gran poder económico e incluso los apoyos con dinero ilegal del crimen organizado, puedan convertir a éstos en rehenes de sus turbios intereses, si bien se sospecha que esto realmente sucede ya aunque las autoridades no pueden o no quieren indagar. Resulta evidente para cualquier observador atento que los llamados topes de campaña son rebasados con creces por la mayoría de los candidatos, lo que hace sospechar de la existencia de dinero de dudosa procedencia.

Seguramente que éste tipo de candidaturas independientes deberán de recibir subsidio público para evitar en teoría que representen a sus patrocinadores privados en vez de los ciudadanos que mediante su voto los elige. De todos modos como se acaba de mencionar, ya existe este fenómeno porque muchos representantes populares no sirven a sus representados sino a determinados grupos de poder económico o a las burocracias de sus partidos. La manera de que sean aceptables entonces estas candidaturas no estriba sólo en la cuestión de mantener un financiamiento público temporal, sino en que los aspirantes seguramente deberán de presentar determinada cantidad de firmas de apoyo que garantice una estructura electoral mínima para evitar la proliferación de candidatos y membretes. Las firmas deberán desde luego ser autentificadas. De todos modos la admisión de las candidaturas comunes es positiva porque al menos permite que el derecho de ser elegido que establece la constitución no dependa más de los partidos políticos.

En este punto se entiende el atractivo de muchos electores por los candidatos ciudadanos, preferencia que se traduce en la frase tan en sobada hoy en día de que es mejor votar por la persona más que por el partido. Con ello se quiere subrayar el desprestigio de los partidos al mismo tiempo que se encomia una supuesta pureza de los individuos. Sin embargo, esta postura está muy idealizada encontrando su expresión más ingenua en la creencia de que un empresario como candidato es más confiable que el político tradicional o de carrera porque “como ya es rico, no tiene necesidad de usar el poder para enriquecerse”, lo cual es una evidente falacia porque ello ha facilitado un maridaje perverso entre los negocios y la política en detrimento del interés de la sociedad. Los hechos recientes de empresarios con poder político demuestran lo pernicioso de este conflicto de intereses.

Otras figuras de la democracia participativa como el referéndum y otras tienen el mismo problema como lo resaltó reciente en una editorial en “La Voz del Norte” el periodista Ernesto Acero, pues esta figura ha servido también para ratificar dictaduras.

El punto es que la democratización plena de la sociedad y las instituciones no se da por decreto, que no basta un marco jurídico democrático, sino que es imprescindible la práctica de estas formas democráticas al seno de las propias organizaciones para prefigurar -como decía Gramsci- el tipo de sociedad que se propone. El aprendizaje de la democracia como los demás valores tiene que ver en consecuencia con la vivencia efectiva de la misma y no sólo con discursos.

Desde luego, en medio de la pobreza de amplias capas de la población, estos conceptos resultan difíciles de llevar a la práctica porque mientras se vea el poder como un botín, los políticos sin escrúpulos no pueden evitar la tentación de lucrar con la pobreza de las personas, además de que no existen mecanismos legales eficaces ni la voluntad política para detener este tipo de manipulación.

La legitimidad del poder no se reduce por tanto a un criterio cuantitativo pero tampoco se agota en una acción fugaz como emitir un voto. La legitimidad del gobernante no se termina con el hecho de haber recibido el poder mediante el sufragio, sino que debería de refrendarse constantemente con el ejercicio democrático, responsable y transparente del poder, lo que supone la coparticipación auténtica del pueblo en la toma de decisiones y la implementación de controles democráticos eficaces, de tal suerte que la democracia representativa se complemente, enriquezca y corrija con la democracia participativa.

martes, 21 de junio de 2011

Ricardo Luque - La debacle de fin de sexenio


La debacle de fin de sexenio

César Ricardo Luque Santana

A 12 días de realizarse la jornada electoral para renovar poderes en Nayarit, el vacío de autoridad es evidente, pues los conflictos sociales crecen y se multiplican como los panes de la Biblia, mientras que el gobernador Ney González, no obstante su excesivo gusto por los reflectores, ahora brilla por su ausencia. Sin embargo, a pesar de esta situación de relativa ingobernabilidad, los priistas quieren conservar a toda costa el poder, aunque no gobiernen o lo hagan mal, tal vez porque éste representa un codiciado botín, pero también para dejar a quien les cuide las espaldas o les brinde impunidad.

Uno de los más claros ejemplos del caos reinante en nuestra entidad es sin duda la incesante ola de inseguridad propiciada por un lado por la supuesta disputa por la plaza de Nayarit entre grupos rivales del crimen organizado que han sentado sus reales en nuestro estado, así como el aumento de delitos del fuero común que tienen asolada a la ciudadanía por el otro, mismos que han exhibido la incompetencia o complicidad de las autoridades. Aunado a esto, han emergido una serie de conflictos que reclaman la intervención urgente y eficaz del gobierno, pero su actitud ha sido la misma que en el problema de inseguridad: de ausencia total.

El plantón que mantienen policías estatales, municipales y custodios desde hace casi una semana (hasta el momento de escribirse estas líneas) en las afueras del palacio de gobierno y del palacio municipal respectivamente, representa el colmo de la negligencia e incompetencia del gobierno priista para atender los conflictos. Por cierto, este movimiento resulta inusitado no sólo en la historia de nuestro estado sino seguramente del resto del país. Los policías reclaman sus derechos más elementales como mejoras en sus magros salarios, pagos de bonos federales, dotación de uniformes, armamento adecuado, parque suficiente, seguros de vida, etc., acordes con el alto riesgo de su profesión, sobre todo en este momento donde los distintos grupos de sicarios demuestran contar con un poder de fuego muy superior. Pero no obstante la evidente gravedad de este problema, durante los primeros días de estallado este conflicto, el gobernador no sólo no daba la cara sino que en su espacio de Facebook, su preocupación central -secundada por sus paleros y alcahuetes-, era acerca de cuál va iba a ser el primer partido de fútbol que se jugaría en el nuevo estadio llamado “Arena Cora”, construido con dinero público y que él quiere concesionar a un grupos de empresarios. Este grado de puerilidad mostrado por el gobernador nos hace preguntarnos por su salud mental.

El plantón de los policías, particularmente el que sostienen en el Jardín de los Constituyentes y en un tramo de la calle México, ha obligado al cierre de varias arterias viales generando un espantoso caos en el tráfico vehicular, el cual de por sí resulta complicado ante tanto vehículo, el mal estado de las calles o por obras inconclusas, sin olvidar el mal diseño de la circulación que obliga a dar enormes rodeos, etc., Por si no bastara, ocasionalmente salen contingentes de policías con sus familias a bloquear otras calles o a marchar por las calles del centro desquiciando todavía más el tráfico vehicular. Pero como se dijo, éste no es el único conflicto existente sino también hay otros muchos como el de los frijoleros que reclaman un precio justo a su producto sin ser escuchados por nadie, de los distintos grupos ciudadanos que marchan una y otra vez exigiendo paz, etc., además de las múltiples inconformidades de muchos ciudadanos por las deficiencias de los servicios públicos como el agua, la basura, etc., aunque éstas no pasan de ser quejas individuales y aisladas. Otros inconformes más son los damnificados que no reciben sus pagos o les llegan tardíamente, tanto proveedores como trabajadores de diversas instituciones públicas (en especial los del Ayuntamiento de Tepic), y otros que no se manifiestan más que declarativa y tibiamente como los universitarios que denuncian que el gobierno del estado les debe 100 millones de pesos y otros más que sólo callan y se resignan como los becarios que tampoco reciben su beca porque ya no hay dinero.

Este desastre financiero podría explicar los intentos de Ney González de intentar un maximato a través de su cachorro Roberto Sandoval que también ha cometido excesos parecidos. Pero no conforme con ello, el primero ha venido implementando una serie de medidas cuya intención es proteger sus intereses, desde el nombramiento excesivo de magistrados que son incondicionales suyos, y anteriormente, los cambios que realizó a la ley de notarías para ajustarla a sus propios intereses, hasta las más recientes propuestas como la “ley guarura” que pretende que los altos funcionarios salientes cuenten con escoltas por un tiempo determinado a cargo del erario público, privatizar el nuevo estadio construido con dinero público y dejar a un procurador transexenal que le cuide las espaldas. Si bien estas últimas iniciativas del ejecutivo no han prosperado, es porque su injerencia en el proceso de selección de candidatos de su partido ocasionó divisiones y resentimientos que se reflejó en la actitud de varios diputados priistas que en consonancia con algunos legisladores de oposición, votaron en contra de sus propuestas, cuando antes venían votando dócilmente bajo su consigna.

La falsificación de la realidad que tozudamente se realizó desde la propaganda oficial, se fue desgastando a raíz de la aparición de los hechos de violencia que desde hace dos años no han cesado: balaceras, cientos de muertos, levantados, secuestros, extorsiones, colgados, despellejados, etc. Todos recordamos que al principio se trató de encubrir la realidad diciendo que se trataba de “hechos aislados”, que los facinerosos “eran de otros estados”, que eran “coletazos del hampa”, etc. Recordamos también aquel desplante del gobernador de ponerse dizque a patrullar para ponerle el ejemplo a sus policías, o el reclamo y exhibida a Roberto Sandoval: “siempre que hay una balacera te escondes: ¡da la cara!”, para luego curarse en salud diciendo que sus policías llegaban veinte minutos tarde a los sucesos dando entender que eran cobardes o cómplices de los sicarios, pero claro, sin cuestionar nunca a los jefes policíacos puestos por él que son los verdaderamente responsables. Finalmente, llegó admitir públicamente su impotencia trayendo una virgen de Europa (la virgen de Medjugorje) porque según él, sólo un milagro podría detener la ola de violencia. Sin embargo, este auto reconocimiento de su incompetencia no lo llevó a seguir la recomendación del señor Martí, aquella de que “si no pueden renuncien”.

A pesar de este panorama desolador, todavía tienen el descaro de querer seguir en el gobierno, pero lo peor es que haya gente que no le cae el veinte de que el desastre que vivimos en Nayarit es responsabilidad del PRI y desde luego también del PAN desde el gobierno federal. Con razón decía “El Valedor” Tomás Mojarro: “no me admiro de ellos (los políticos) que están para eso, para enriquecerse ilícitamente y para engañar a la gente, sino de ésta que se deja engañar o que sabiendo del engaño no se les opone.”

martes, 14 de junio de 2011

Ricardo Luque - La hora de las definiciones

La hora de las definiciones

César Ricardo Luque Santana

La jornada electoral del 3 de julio está prácticamente a la vuelta de la esquina y la hora de las definiciones para candidatos y electores está llegando a su punto de inflexión. Para los primeros, particularmente para los candidatos a gobernador opositores al PRI, tendrán que decidir -si es el caso- una alianza de facto para derrotar al candidato de Ney González; mientras que para los segundos, especialmente aquellos que no han decidido todavía el sentido de su voto que al parecer son una franja bastante considerable, deberán de hacerlo pronto.

En ambos casos, la decisión final que cada quien tome dependerá entre otros factores del conocimiento o percepción que se tengan sobre la correlación de fuerzas entre los distintos contendientes, concretamente entre los candidatos del PAN, PRI y PRD, es decir, Roberto Sandoval, Martha García y Acosta Naranjo, respectivamente. Sin embargo, es obvio que las herramientas para tener una idea de la situación real son radicalmente distintas entre estos candidatos y los altos dirigentes de sus partidos en comparación con la gente común y corriente como usted y yo. Esto es así porque el recurso de las encuestas, que es el instrumento más significativo para hacer una proyección relativamente válida del comportamiento electoral de los ciudadanos, es un arma de dos filos, pues por un lado, les permite a los candidatos que contratan a empresas encuestadoras, saber de manera muy aproximada lo que va a suceder en las urnas, pero al mismo tiempo puede ser usada con fines propagandísticos para incidir en el ánimo de los electores. En este último caso estamos hablando de un uso doloso o mañoso de unos resultados que pueden estar maquillados para generar una percepción favorable para la propia causa y desmotivante para los adversarios. El punto es que los electores no podemos saber a ciencia cierta si las encuestas que se hacen públicas son verdaderas o falsas.

Ahora bien, de acuerdo a lo que me han platicado algunos encumbrados dirigentes políticos y otras personas más o menos bien enteradas de los entretelones de estas encuestas, parece que hay un dato incuestionable por todos, incluidos los que poco o nada sabemos del tema: que quien está arriba indiscutiblemente es el abstencionismo. No me detendré por ahora a analizar las complejas causas de esta postura recurrente porque aunque vote una minoría ínfima los resultados son legales, por más que deslegitimen al triunfador. Pero enseguida de esta amplia franja de abstencionistas aparece una importante cantidad de “indecisos”, de ciudadanos que manifiestan que si van a votar pero que expresan no saber por cuál candidato lo harán o no quieren decirlo por desconfianza, temores o lo que sea. Este dato que aparece como constante en las encuestas publicadas, tiende a ser invisibilizado porque es indicativo de que las asimetrías entre candidatos que éstas manejan, no corresponden del todo a la realidad, de manera que hay razones suficientes para sospechar de que éstas pudieran estar sesgadas, lo que a su vez permite pensar que es más probable que los tres candidatos a la gubernatura de Nayarit antes aludidos estén pisando firmemente en el terreno de los tercios.

Si ese es el escenario real, se entiende que tanto Martha como Naranjo se rehúsen a declinar uno por el otro y por lo tanto su tarea será la de intentar polarizar la contienda contra el candidato del PRI que es el enemigo a vencer. En este último caso entrará en escena el voto útil, pues el voto anti PRI que no es nada desdeñable, tendrá que decidirse por la candidata del blanquiazul o por el candidato del sol azteca. En este último caso, los electores en trance de decidir su voto habrán de poner en la balanza los diversos factores en juego: desde el perfil del candidato, esto es, sus cualidades y defectos (capacidades y experiencia) para gobernar Nayarit de acuerdo a las circunstancias especiales que estamos viviendo, lo que significan políticamente sus partidos en el contexto nacional, hasta las simpatías o antipatías personales que cada uno provocan, entre otros. Por su parte, los candidatos del PAN y del PRD, paralelamente a la estrategia de polarizar la disputa contra el candidato del PRI, buscarán capitalizar el voto útil tratando de presentarse ante éstos electores como la opción más viable para derrotar al PRI, sino también y a la vez, como la más conveniente para gobernar el estado, siempre bajo el supuesto de que las diferencias porcentuales entre ellos son muy estrechas.

No se puede ignorar tampoco que está en juego también la elección presidencial para el próximo año, de manera que ganar el estado para un determinado partido es altamente significativo, situación que deben sopesar quienes siendo un voto antipriista y sobre todo de izquierda, piensan abstenerse o vacilan respecto al sentido de su voto. Para quienes se autodefinen explícitamente como de izquierdas, no pueden alegar sin caer en el error o la hipocresía, que ya no se trata de decantarse por las ideologías sino por las personas, como si éstas pudieran sustraerse de tener de manera implícita o explícita una postura ideológica. Tratar de embozar su conducta incongruente incurriendo en simplificaciones y banalidades de este tipo resulta inadmisible, porque este tipo de elector debería de tener claro que la contradicción fundamental no está entre Martha y Naranjo, ni mucho menos contra el propio Naranjo por más resentimientos que haya hacia su persona, sino entre la izquierda y la derecha de cara al relevo presidencial del 2012.

jueves, 9 de junio de 2011

Ricardo Luque - De la incertidumbre a la confusión electoral

De la incertidumbre a la confusión electoral

César Ricardo Luque Santana

Al inicio del pluripartidismo en México a mediados de la década de los 90, es decir, cuando el PRI como partido de Estado entró en crisis y empezó a perder elecciones, o mejor dicho, a reconocer sus derrotas electorales, primero en los ayuntamientos, luego en las cámaras de diputados estatales, después en gubernaturas, para finalmente perder la misma presidencia de la república, llegando incluso a darse escenarios hasta entonces inéditos donde a veces un gobernador no contaba con una mayoría de legisladores de su partido y/o había alcaldes de distintos partidos, los procesos electorales se fueron convirtiendo en contiendas más competitivas donde a diferencia de antaño donde se sabía de antemano quién iba a “ganar” las elecciones, la incertidumbre electoral se instaló como un sano elemento indicativo de que la democracia electoral había ganado terreno, todo ello apuntalado desde luego por la creación de instancias de arbitraje electoral más imparciales, a diferencia de cuando el PRI-gobierno era juez y parte de las elecciones de tal suerte que el PRI funcionaba como un apéndice del gobierno y las autoridades electorales como sus incondicionales operadores.

Traigo esto a colación porque en el actual proceso electoral en Nayarit priva un sentimiento de incertidumbre pero que a diferencia de otros momentos históricos como el aludido, parece no tener mucho que ver con el hecho de no saber a ciencia cierta quién va a ganar, lo cual también existe, sino con una confusión que el caos social y la decadencia política presente ha provocado. La recurrente inseguridad pública que genera una percepción de vulnerabilidad en todo mundo, así como la evidente impunidad que gozan los delincuentes, se manifiesta también en el terreno electoral donde los políticos brincan de un partido a otro apareciendo como candidatos de partidos distintos a los que se solía asociarlos, generando una confusión o desconcierto generalizado.

Las encuestas tampoco son un elemento confiable para ofrecernos certidumbre, porque no sólo desde hace mucho tiempo se han estado utilizando con fines propagandísticos al grado de no saber ya cuándo son verdaderas y cuando falsas, sino porque la desconfianza de muchos ciudadanos encuestados provoca que las encuestas arrojen márgenes de error muy altos dando la impresión de un comportamiento ciudadano veleidoso. Las movilizaciones masivas tampoco son un referente confiable por las mismas razones, pues para no ir muy lejos, todos atestiguamos que Gerardo Montenegro realizó las muestras de músculo más impresionantes dentro del PRI pero eso no le sirvió de mucho.

Las versiones del PRI de que su candidato va muy arriba de las encuestas son por ende fácilmente puestas en duda. En efecto, uno se pregunta cómo es eso posible con el malestar ciudadano generalizado por la inseguridad pública cuyos crímenes no deja de sorprendernos por su consistencia, salvajismo y descaro, así como por la impunidad evidente que los delincuentes gozan, ya sea por la incompetencia o complicidad de las autoridades. Está también el hecho de que tanto Sandoval como Ney gobernaron con absoluta irresponsabilidad hipotecando las finanzas públicas dejando ambos enormes deudas y con ello poco margen para cumplir con las necesidades del estado y para impulsar su desarrollo, resaltando por razones obvias la que dejó Roberto Sandoval en el Ayuntamiento de Tepic con los proveedores y con sus propios trabajadores al grado de que se sabe que muchos afiliados al SUTSEM piensan ejercer un voto de castigo contra él y contra otros candidatos del PRI. ¿Y qué decir de las inconformidades que dejó el proceso de selección de candidatos del PRI donde a muchos aspirantes que no fueron tomados en cuenta emigraron a otros partidos porque consideraron que les tomaron en el pelo porque no hubo ni encuestas ni consulta a las bases para determinar éstas sino el más puro y simple dedazo del gobernador?

¿Cómo creer asimismo que Naranjo va en tercer lugar alejado de sus dos competidores principales con los grandes beneficios que les llevó con sus gestiones como legislador federal a los pobladores y productores del campo de 8 municipios gobernados por el PAN y el PRD respectivamente cuyos alcaldes lo apoyan sin titubeos.

Así las cosas, la incertidumbre en el actual proceso electoral en Nayarit sigue presente, si bien por otras razones a las mencionadas al principio y por ende tienen que ver más con la descomposición del tejido social y de las instituciones políticas, ligadas ambas a un modelo económico altamente depredador y excluyente que pervierte la democracia.

lunes, 30 de mayo de 2011

Ricardo Luque - Puzzle electoral

Puzzle electoral

César Ricardo Luque Santana

La etapa de registro de candidatos a gobernador, diputados, alcaldes y regidores de los partidos políticos para la renovación total de poderes en Nayarit este primer domingo de julio, llegó a su fin con resultados tan inesperados que un amigo mío los calificó en su facebook como “el parto de los montes”, en referencia a una fábula del poeta romano Horacio (siglo I d. C) quien para señalar a aquellos escritores que utilizan estilos fastuosos pero que en realidad son mucho menos buenos de lo que piensan, expresó: “Parturient montes, nascetur ridiculus mus” que significa: "parieron los montes, nació un ridículo ratón". Del mismo modo, esta metáfora viene ad hoc respecto a aquellos acontecimientos que se anuncian como algo muy importante o que generan grandes expectativas de lo que realmente terminan siendo.

Las designaciones de candidatos para los distintos cargos de representación popular (incluidas las plurinominales) realizada por de las cúpulas de los partidos, resultó en efecto contrario a las expectativas esperadas no sólo del público sino de muchos precandidatos que al ver frustradas sus aspiraciones en sus partidos originales, se comportaron como saltimbanquis brincando de unos partidos hacia otros, de manera que por ejemplo, algunos candidatos del PAN provienen del PRD y del PRI mientras que otros candidatos del PRD proceden del PAN y del PRI. El PT y Convergencia (que van juntos en alianza) por su parte, también cacharon algunos “desechos” de otros partidos principalmente del PRI, mientras que éste sólo registró pérdidas de personalidades y militantes pues algunos de sus precandidatos excluidos se inconformaron fugándose a otros partidos, además del posible boquete que les haya dejado el retiro del Senador Gerardo Montenegro y sus huestes del magisterio.

Este brincoteo de los políticos de un partido a otro y la actitud obsequiosa de algunos ellos para recibirlos con bombo y platillo como sus candidatos, sacrificando a sus propios correligionarios que a su vez emigraron a otros partidos al no ser tomados en cuenta, tiene varias lecturas: por un lado, reflejan la descomposición de la clase política la cual mostró su apego a sus propias conveniencias irrespetando sus propios programas y principios políticos, desdeñando la trayectoria y los méritos de sus militantes que aspiraban a ser candidatos e ignorando los sentimientos de sus electores. Quedó claro entonces que para ser tomado en cuenta como candidato lo que menos interesa son la militancia, los perfiles, la ideología, los méritos sanos; sino que la clave es tener dinero o contar con la bendición de los dueños de los partidos, lo cual a su vez implica asumir un alto grado de incondicionalidad.

Así las cosas, resulta patético escuchar –por poner un ejemplo- decir a los panistas que quienes llegaron a sus filas de otros partidos son la quinta maravilla y que los partidos que los dejaron ir “no saben lo que perdieron” (sic), a la vez que fustigan con el látigo del desprecio a sus ex compañeros que emigraron a otros partidos descalificándolos por ambiciosos. E igual de deplorable resulta escuchar decir a un sujeto que antes era de un partido y ahora es candidato de otro, que su nuevo partido es una gran institución porque se fijó en su persona y que el otro de donde salió es de lo peor porque lo desecharon por otro como si fuera un kleenex, sin reparar que él también llegó a su nuevo partido como un advenedizo desplazando a otros que se supone tenían más méritos que él. Es decir, se quejan de una injusticia cuando son víctimas, pero no ven injusticia alguna cuando son victimarios.

Qué decir de los referentes ideológicos de los partidos que supuestamente marcan la diferencia entre ellos los cuales quedan completamente desdibujados con este tipo de acciones generando una percepción de que todos son iguales porque buscan el poder como un botín y que por lo tanto no hay realmente alternativas a donde voltear.

Pero mientras los partidos relativamente fuertes como el PAN y el PRD actúan como clones del PRI exhibiendo sus mismas prácticas, los partidos bonsái (que tampoco son diferentes en ese sentido) sólo tienen una participación testimonial al grado de que se vaticina que ni siquiera les alcance para sostener sus registros locales, con excepción desde luego del Verde y el PANAL que son meros membretes pero que gracias a su alianza con el PRI podrán tener el suficiente oxígeno para sobrevivir como parásitos que son para seguir medrando del presupuesto público.

Esta similitud entre los partidos se puede ver con claridad en las promesas de campaña llamadas eufemísticamente “compromisos” de los candidatos las cuales son casi idénticas entre sí, coincidiendo también en el tipo de “oferta” a los electores orientada hacia el reparto de dádivas incurriendo en un populismo desatado donde pareciera que hay abundancia para ofrecer de todo a todos. Nadie hace propuestas de austeridad republicana, de mejorar sustancialmente el medio ambiente para hacerle frente al cambio climático, de impedir que avance la privatización de las playas, de frenar la corrupción o de impulsar una participación ciudadana auténtica. Existe la convicción entre los candidatos de que si no “regalan” cosas a la gente y si no recurren abiertamente a la demagogia sin importar lo extravagante que ésta sea, no se podrá conquistar al electorado. En este tenor, no se tiene recato en proponer que en cuanto se sea gobernador se sacará el Cefereso del Rincón de Nayarit, o en amenazar con una política de “mano dura” contra el crimen organizado que evidentemente sólo empeora las cosas, entre otras “propuestas” por el estilo que sólo son para aparentar una firmeza que no se tiene.

Desde luego que el tema de la inseguridad cuya realidad es muy lacerante y que constituye una de las preocupaciones fundamentales de los ciudadanos nayaritas no podría ser pasada por alto, pero ahora resulta que todos pueden detener al crimen organizado menos el sátrapa que está todavía como gobernador. En algunos casos, la promesa de resolver este problema raya en el cinismo, como en un candidato que recientemente estuvo gobernando y no hizo absolutamente nada al respecto, pero quiere que le creamos que cuando sea gobernador si va a cumplir.

En fin, ante hechos consumados y ante la realidad de que no hay manera de anular las elecciones mediante la abstención porque con la cantidad de electores que sufraguen –sea la que sea- las elecciones son válidas, parece que no queda más remedio para quienes sí vamos a votar a pesar de todo, que decidirnos en cada caso por el mejor candidato (si es que lo hay) o por el menos malo en su defecto. De este modo, si queremos recomponer al menos parcialmente este puzzle electoral, lo lógico es que tratemos de determinar qué es lo que más nos conviene como sociedad en cada demarcación, distrito, municipio y a nivel estatal. Desde luego que el voto duro de los partidos (creo que cada vez más disminuido) votará en bloque por todos sus candidatos sin importar lo mediocres o corruptos que éstos sean; pero por otro lado, quienes votarán libremente, necesitarán contar con cierta información de las posiciones de partidos y de los perfiles de los candidatos o al menos tener la suficiente intuición para orientar su voto en un sentido u otro. En este caso, lo normal sería que se ejerza un voto diferenciado apostándole a una pluralidad que si bien puede significar una mayor esfuerzo de negociación para llegar a acuerdos, también puede devenir en lo contrario, en una parálisis política, pero parece mejor ese escenario que tener un congreso de diputados “levantadedos” como el actual al servicio del gobernador y no de los ciudadanos.

Desde luego que esta última postura de los ciudadanos de enmendar los estropicios de los políticos es en términos de participación ciudadana una acción limitada, pero creo que vale la pena intentarlo, partiendo de los candidatos a gobernador para luego hacerlo extensivo a cada uno de los cargos en disputa. De este modo, para decidir a quién darle nuestro voto para gobernador, debemos determinar de cada uno de ellos sus virtudes y defectos personales y también lo que significa políticamente sus partidos, haciendo un balance de sus pros y contras para Nayarit e intentar repetir esta actitud para votar por los otros cargos, buscando tal vez otros criterios adicionales orientadores.

Así entonces, se tendría que analizar de los principales candidatos a gobernador sus perfiles tales como su trayectoria o experiencia política, su capacidad de gestión, sus antecedentes en cargos públicos, etc., o bien, medir los riesgos o consecuencias. Por ejemplo, a Roberto Sandoval lo podemos juzgar por su desempeño reciente en el Ayuntamiento de Tepic, considerar como riesgo que representa un continuismo del actual gobierno de Ney González, etc. De Martha García por su parte, podemos considerar un riesgo su pertenecía a un poderoso grupo empresarial que puede inhibir las inversiones externas, así como su pobreza intelectual. Respecto de Acosta Naranjo podemos analizar su trayectoria como dirigente político con sus luces y sombras, pues al ser el candidato con más experiencia política y el que ha tenido una vida pública más destacada o exitosa, lo convierte en una figura muy controvertida que genera adhesiones y repulsiones apasionadas, es decir, que es muy venerado por sus seguidores pero también muy odiado por sus detractores. Así entonces, el primero puede ser visto como más de lo mismo; la segunda como una persona que está atrapada en un conflicto de intereses donde por regla general el empresario en el poder actúa para favorecer sus negocios en detrimento del bien común; y el tercero que con todos su estigmas reales o no, aparece como una esperanza, y, sin desdoro de lo dicho anteriormente, como una alternativa a un cambio.