domingo, 10 de enero de 2010

En defensa del Estado laico

En defensa del Estado laico

César Ricardo Luque Santana

Un factor determinante en la construcción del Estado moderno, paralelo a la surgimiento del capitalismo, fue la separación Iglesia-Estado, la separación entre la religión y la política, planteamiento que se halla presente en intelectuales de esa época desde Dante Aligheri, Maquiavelo, Hobbes, y que se continúa con otros pensadores de la modernidad sin excepción, como Locke, Rousseau y otros, si bien entre todos ellos hay algunas diferencias de concepción. Huelga decir que la postura personal respecto a las convicciones religiosas de la enorme mayoría de los filósofos modernos era en el mejor o en el peor de los casos, agnóstica mas no atea, de manera que su laicismo no devenía necesariamente en anticlericalismo. De este modo, la conquista del Estado laico se impuso gradualmente en la mayoría de los países del orbe desde el siglo XIX y hasta la actualidad, Iglesia y Estado han mantenido una relación tensa, compleja y desde luego contradictoria a partir de ello.

¿Por qué la naciente sociedad capitalista necesitó la separación entre el Estado y la Iglesia?, ¿por qué los intelectuales ilustrados y liberales abogaron de diversas maneras por un gobierno civil no confesional?, ¿en qué se fundamentaron para ello? La emergencia del modo de producción capitalista liberó las fuerzas productivas que permanecían aletargadas en el feudalismo en Europa occidental, de manera que la naciente burguesía entró en conflicto con la clase dominante prevaleciente que eran los señores feudales. La necesidad de un libre comercio sin las barreras que oponían los principados era una cuestión ineludible, lo que trajo entre otras cosas la creación del Estado-nación eliminando así los pequeños principados, ensanchando con ello los territorios que éstos ocupaban. Asimismo, la fuerza de trabajo representada por los asalariados, que era la nueva clase trabajadora, particularmente la que se concentró en las ciudades y laboró en las primeras industrias, presuponía una igualdad formal o de iure. De este modo, con diversas interpretaciones (por ejemplo, Hobbes que pensaba que el hombre era malo por naturaleza y la sociedad lo redimía mientras que Rousseau decía lo contrario, que éste era bueno por naturaleza y las convenciones sociales lo maleaban), se partía de que el hombre era libre e igual ante la ley, a lo que se le llamó derecho natural por considerar que dicha igualdad era evidente, al contrario de Aristóteles por ejemplo, que pensaba que los hombres libres y los esclavos también lo eran por naturaleza, que estaban determinados de nacimiento en una u otra condición social. El papel de la religión en el seno del poder constituía un escollo para el desarrollo de las fuerzas productivas que el capitalismo impulsaba y que a su vez lo impulsaban a él, de manera que ésta no podía tener ya el papel dominante que tuvo durante la Edad Media.

La necesidad de libre comercio llevó a la necesidad de libre pensamiento. La solución era entonces un Estado laico entendido éste como no-confesional pues sólo él podía garantizar una libertad de conciencia, de normas y valores morales, y desde luego de religión o de irreligión. El Estado laico en este sentido se asume como neutral respecto a las maneras de pensar de sus ciudadanos, aunque es normal que la Iglesia lo percibiera como hostil a la religión, pues necesariamente implicaba perder una serie de privilegios que por mucho tiempo habían mantenido y que obviamente no estaban (y siguen sin estarlo) dispuestos a renunciar a ellos. Pero en realidad, el Estado laico es el único garante de la tolerancia en la diversidad, la cual que creo yo, debe ser el fundamento esencial no sólo de la democracia sino de los derechos humanos mismos, pues el derecho a ser diferentes significa no tener que padecer imposiciones ideológicas o de credos religiosos, y por tanto de ser libres, aunque sólo sea jurídicamente y en forma clasistamente sesgada.

La importancia de mantener el Estado laico como la base de las libertades democráticas es ahora más importante que nunca, de ahí que preocupa las constantes intromisiones del alto clero de la Iglesia católica mexicana en asuntos públicos como la educación que tiene su fundamento en la racionalidad y no en la fe; o en la cuestión de las preferencias sexuales, particularmente del homosexualismo que en modo alguno es algo contra natura como sostienen falazmente algunos de sus enemigos; o en el tema del aborto que siendo principalmente un problema de salud, lo trasforman en asunto de moral, sin que esto no implique desde luego en algunos casos dilemas éticos, pero siendo la religión una cuestión de fe y un asunto de la esfera privada, es claro que sus opiniones en este punto no pueden estar por encima de los criterios científicos, como tampoco son depositarios de la moral como vanamente pretenden, pues la historia pasada y reciente de la mayoría de las religiones los descalifican en ese sentido. Ahora bien, como todos estos asuntos pasan por el tamiz político, es importante reconocer que no hay ingredientes más explosivos que juntar la religión con la política pretendiendo que las normas y valores de una religión (no importa que sea mayoritaria), se conviertan en derecho positivo. Hace poco vimos a través de la televisión, una lapidación pública en Somalia de una pareja de adúlteros juzgados y castigados con base una supuesta norma del Corán que fue asumida como legal, llevándonos a una situación aberrante y violatoria de los derechos humanos. Por cierto, esos mismos fundamentalistas religiosos tan ofendidos por una cuestión sexual, no lo están por la pobreza de su pueblo y la delincuencia desatada, ni mucho menos por el terrorismo.

En este sentido, los poderes fácticos como puede ser una institución religiosa o como son los grandes medios de comunicación o los grandes grupos empresariales, con sus tendencias monopólicas socavan las bases de la democracia que descansan precisamente en su pluralidad de gustos, preferencias, condiciones, etc., y que por ende permiten una diversidad de opciones para ejercer la libertad. Paradójicamente, creo que en el caso de la religión, su separación del poder político no sólo no debería de perjudicarles sino que les debería de resultar benéfica toda vez que se purifican espiritualmente sus creencias, además de que sus normas y valores sólo deberían acatarlos sus feligreses si ellos creen que es lo correcto en vez de querer someter a todo mundo a ellos, pues por más que pretendan darles un valor absoluto, sólo valen para quienes profesan dicha religión, y en los casos donde algunos de sus valores son realmente universales, por esa misma razón no son privativos de ellos ni tampoco obedecen a las mismas perspectivas de otras formas de pensamiento que eventualmente coinciden con ellos en algunos valores, pues no lo mismo para ejemplificar este último caso, apelar a la honradez de las personas como un “sacrificio” que le será recompensado en un supuesto paraíso después de su muerte, que inculcarlo porque es algo bueno en sí mismo y porque ello permite una mejor convivencia en comunidad.

El drama mayor no es que la Iglesia como un poder terrenal y fáctico reclame privilegios indebidos y siga atada a una mentalidad conservadora atávica, o de que sea falso que la moral dependa de la religión como algunos por ignorancia o por conveniencia pretenden, sino que algunos gobernantes de un Estado laico como es México, violen la constitución que juraron respetar y enaltecer, ostentando públicamente sus convicciones religiosas -auténticas o no- con evidentes fines de manipulación política, sin reparar en la falta de respeto que cometen contra ciudadanos y contribuyentes que profesan otra religión o ninguna y no merecen que un personaje público utilice recursos públicos con fines proselitistas políticos y/o religiosos, pues como podemos entender, estas actitudes facciosas no abonan a la democracia sino que tienden a deteriorarla.

lunes, 4 de enero de 2010

La necesidad de cambiar para cambiar

La necesidad de cambiar para cambiar

César Ricardo Luque Santana

Siempre en estas fechas se habla de la cuesta de enero en referencia a los aumentos en el pago de los impuestos, en las tarifas de los servicios públicos y privados, en los precios de las mercancías, etc., que suelen darse al inicio del año, seguramente confiados (las autoridades y los comerciantes) en que la población trabajadora tiene un remanente de su aguinaldo que le permite hacer frente a dichos gastos que pronto devoran el “guardadito” de los trabajadores. El caso es que se supone que los aumentos en esta época no se resienten tanto, pero realmente el aguinaldo de la mayoría de los trabajadores no sirve de mucho para el disfrute personal de las familias, sino que retorna casi de inmediato al gobierno y a los empresarios, de manera que el gozo de la gente sencilla se va al pozo en un abrir y cerrar de ojos.

El alza generalizada de precios con que comienza el año nuevo es como un balde agua fría que nos despierta a nuestra triste realidad, y para colmo, el “aumento” salarial se queda por debajo de la inflación, de manera que la capacidad adquisitiva del salario se reduce todavía más. No obstante esto, parece que al comenzar el año nuevo aún quedan residuos de la dicha efímera de la navidad, la cual se expresa en los buenos deseos que por costumbre nos dedicamos unos a otros, a sabiendas de que a la mayoría nos va a ir peor. Lo más ingenuos hasta creen en las tonterías de los astrólogos y los privilegiados se regodean con las inútiles “predicciones” de estos charlatanes.

El panorama para este año luce terrible para el pueblo mexicano, pues del gobierno federal no se puede esperar ningún cambio positivo toda vez que la actual administración sólo ha empeorado las condiciones económicas de los mexicanos. Las oposiciones partidistas por su parte, o bien han sido cómplices de ello (como el PRI) o se han mostrado incapaces (como el PRD y otros) de frenar un sistema económico, social y político que ha demostrado hasta la saciedad su fracaso y que hace oídos sordos a las voces más sensatas como la del señor Rector de la UNAM, el DR. Narro, quien ha manifestado abiertamente la necesidad imperiosa de detener y revertir las políticas económicas y sociales del neoliberalismo, necesidad que por desgracia no se va a resolver a través de la clase política, sino que requiere de una organización popular de izquierda que se abandone la dinámica perversa del reparto de cuotas de poder.

En este sentido, no es que se desprecie la democracia electoral sino que en la actualidad el pueblo no tiene opciones partidistas que sea una alternativa real de cambio, pues los partidos de izquierda tienen una debilidad evidente, la cual es producto de su oportunismo y pragmatismo que los ha llevado a alejarse de la gente perdiendo credibilidad, situándose en una condición minoritaria en los espacios de poder, lo que los reduce a una presencia testimonial y por ende a un papel legitimador voluntario o involuntario de las políticas neoliberales. La ambiciones personales y de camarilla de las burocracias dirigentes de los actuales partidos de izquierda, han desdibujado un proyecto de cambio alternativo al neoliberalismo depredador. En este sentido, no sólo es habitual constatar sus prácticas simuladoras, sino su confusión (o claudicación) ideológica y valemadrismo ante los problemas cotidianos que más dañan a los ciudadanos, como los constantes abusos de banqueros, tiendas de autoservicio, gasolineras, y demás, donde el ciudadano consumidor-contribuyente, se encuentra en una situación de franca indefensión y vulnerabilidad.

El movimiento social por su parte, se mantiene desarticulado entre sí y sus relaciones con las izquierdas partidistas no son lo suficientemente sólidos y constantes, además de que en general se insiste en formas de lucha poco eficaces, desgastadas y contraproducentes que suelen dar pie al escarnio propiciado por los grandes medios de comunicación como las televisoras comerciales, en vez de innovar y desarrollar otras formas de lucha más eficaces aunque sean menos aparatosas. En este sentido, existe en el seno de la mayoría de las organizaciones sociales y partidistas de izquierda una escasa cultura política democrática y de capacidad analítica de sus dirigentes, lo que inhibe la participación de mucha gente.

En este orden de ideas, la reforma política que propuso Calderón a finales de año pasado y que en posteriores entregas analizaré más detenidamente, están encaminadas a asegurar el proyecto neoliberal mediante una pseudo legitimación democrática, por lo que va a ser necesario tener capacidad de debate y de movilización para impedirla. Es imperioso en consecuencia abandonar las prácticas sectarias o sobre-ideologizadas por un lado, y de pragmatismo ramplón interesado sólo en cuotas de poder por el otro lado, para construir el referente electoral que el país necesita con urgencia. Asimismo, es importante rescatar las mejores prácticas democráticas de algunas organizaciones y movimientos populares dándole una dimensión ética al ejercicio de la política, que se supone debe ser el sello distintivo de las izquierdas. Hay que insistir en que no se trata de despreciar la cuestión electoral ni recaer en la falsa discusión de movimiento o partido, de lucha social o electoral, sino de entender que se necesita una correlación de fuerzas de izquierda en el poder y una base social amplia, organizada y participativa, que defienda un nuevo proyecto que sea la antitesis del neoliberalismo, pues el cambio anhelado sólo puede venir de una izquierda democrática, la cual no puede cambiar el país en términos de mayor justicia, equidad y de establecer la democracia como una forma de vida, si no cambia primero ella misma, desterrando sus prácticas y actitudes deleznables.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Calidad o competencias educativas

Calidad o competitividad educativa

César Ricardo Luque Santana

En mi artículo anterior, decía basado en una observación del investigador educativo Orlando Pulido, que la “calidad educativa” entendida como excelencia debería de ser algo fuera de toda discusión, pues nadie se opone a que la educación sea de calidad o a que las funciones administrativas de una institución u organización se hagan con calidad, es decir, en la mejor forma posible (con eficacia y eficiencia). Pero se señalaba asimismo que la calidad o excelencia, remitía y se reducía al éxito, y que lo que es exitoso, no es necesariamente justo o verdadero, e incluso a veces ni siquiera es racional.

En cambio, la “competitividad”, si bien ligada indiscutiblemente al éxito como en la noción de “calidad”, no es necesariamente su equivalente, pues por ejemplo, muchos productos chinos que circulan en el mercado, son baratijas de mala calidad aunque muy exitosos comercialmente hablando. Ahora bien, se señalaba que la noción de “competencia” tiene al menos tres acepciones, a saber: uno, como eficacia (y eficiencia); dos, como capacidad; y tres, como lucha, siendo ésta última la predominante, donde se presupone que unos pocos ganan a expensas de otros muchos que pierden. En este sentido, si alguien quiere triunfar en los negocios o en un proyecto cualquiera, necesita no sólo una ventaja competitiva fundada en un conocimiento superior o más desarrollado, sino también requiere audacia y ausencia de escrúpulos.

El origen de la confusión entre “calidad” y “competencia” educativa, se originó cuando los grupos conservadores promotores del neoliberalismo, dentro de sus diversos alegatos y acciones que han llevado a un gradual desmantelamiento del Estado benefactor, cuestionaban la educación pública con el argumento de que su masificación era inversamente proporcional a su calidad, poniendo bajo sospecha la preparación de los profesionistas, esencialmente de las universidades públicas, sosteniendo que su formación no estaba orientada al mundo del trabajo, sino que era demasiado teórica o abstracta, y que además, enseñaban algunos saberes “inútiles”, entre otros cuestionamientos típicos de dicha ideología conservadora.

En efecto, la retirada del Estado de su participación en la economía, implicó abandonar la creación de empleos dejando ésta responsabilidad en los particulares, los cuales desde luego no estaban y no están dispuestos a ofrecer las ventajas de estabilidad y prestaciones sociales que solían brindar las instituciones y empresas públicas. Esto explica porque matrículas de carreras profesionales -otrora “taquilleras”- como agricultura y otras, se desplomaron estrepitosamente, pues el Estado como su empleador habitual dejó de hacerlo. Los “empleadores” particulares por su parte, fueron ganando terreno en la confección curricular de las distintas carreras profesionales, y asimismo, impulsaron la creación de carreras técnicas.

En consecuencia, dado que la educación dio un giro para servir predominantemente a los intereses del mercado, se exigió una educación que formara a individuos que tuvieran la capacidad de adaptarse constantemente a los vertiginosos cambios de las tecnologías que sustentan la economía neoliberal, que fueran profesionalmente más competentes siendo capaces de mantener vigentes sus conocimientos mediante un autoaprendizaje continuo, uniformando de paso los saberes con parámetros o estándares internacionales al contentillo de los grandes empresarios.

De esta manera, la competitividad educativa como sinónimo de excelencia y ésta a su vez de éxito, ha reducido la educación a destrezas técnicas orientando el conocimiento en el marco de la razón instrumental, en detrimento de la formación humanística y cívica, no tanto porque éstas se eviten o se limiten a su mínima expresión, sino porque las asignaturas de ese tipo que se mantienen en los currículos, se les da un sesgo que busca justificar ideológicamente el (des)orden social existente controlando con ello la subjetividad de quienes forman parte del mundo educativo, de tal forma que estamos ante un tipo de educación que explícita e implícitamente, inculca en los individuos del medio educativo de todos los niveles, la aceptación y adaptación al estado de cosas existentes, fomentando el egoísmo y neutralizando el pensamiento crítico como mecanismos de reforzamiento del capitalismo salvaje.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Del darwinismo educativo al darwinismo social y viceversa

Del darwinismo educativo al darwinismo social y viceversa

Pienso, luego existo
Descartes

César Ricardo Luque Santana

En mi artículo anterior, donde hacía referencia a los aspectos negativos de la política de calidad educativa, me centré en el modelo por competencias y en la meritocracia académica como el anzuelo que ha permitido entusiasmar a algunos profesores que se han vuelto incondicionales de dicho modelo, y dejé un espacio muy breve para analizar las consecuencias sociales de esta política educativa, asunto que trataré enseguida, pues como afirmaba en mi colaboración anterior, muchos educadores y educandos extienden su vivencia del ámbito educativo al ámbito social, asumiendo acríticamente la perspectiva ideológica neoliberal que sustenta al modelo por competencias educativas.

En cuanto a la meritocracia académica, dije que si bien es correcto estimular a los profesores que hacen bien su trabajo, su instrumentación es inadecuada, insuficiente y contradictoria, además de que induce a una diversidad de prácticas simuladoras. Pero en lo social, el modelo por competencias promueve entre los docentes y estudiantes la aceptación fatalista de una sociedad altamente excluyente, al mismo tiempo que los incita a adaptarse a sus reglas si quieren insertarse exitosamente en ella. Así, desde la escuela, se perfila una concepción de la educación como una mercancía y no como un derecho, lo cual es acorde con una educación diseñada conforme a los criterios del mercado, razón por la cual, existe la tentación de relegar o suprimir una formación ciudadana de índole crítica.

A continuación abordaré someramente los aspectos sociales, económicos y políticos en que se sustenta la mal llamada educación de calidad, tratando de esclarecer algunos puntos que nos permitan centrar un debate al respecto. Para ello, me apoyaré en dos textos que pueden bajarse del Internet: uno de ello es de Renán Vega, titulado “‘Las competencias educativas’ y el darwinismo pedagógico”, y el otro es de Orlando Pulido, “La cuestión de la calidad de la educación”. Este último escrito es un tanto extenso pero muy aleccionador respecto al contexto que impulsa y da sentido a la política de calidad educativa.

La cuestión de las competencias educativas se origina como muchos saben en el ámbito laboral, y sus preceptos como los de flexibilidad, polifuncionalidad y otros, son trasladados de ahí al ámbito educativo. Lo mismo ocurre con su lenguaje, criterios, pautas, etc., que se vuelven moneda corriente en las instituciones educativas. En este sentido, los cambios educativos vienen acicalados por los cambios en el contexto histórico-social. En efecto, desde los inicios de los 70, el capitalismo entra en un proceso de cambios vertiginosos -particularmente de tipo tecnológico- lo que significaba que el antiguo sistema u organización productiva en que éste se sustentaba, se viera rebasado por la nueva dinámica económica y tecnológica. Este hecho exige la construcción de nuevos parámetros para satisfacer las necesidades de un mercado globalizado y provoca una serie de desplazamientos de diversa naturaleza, entre ellos una revalorización del saber, principalmente del conocimiento científico y tecnológico, que ahora más que nunca está al servicio del poder como decía Francis Bacon, por lo cual, su relevancia es de índole estratégica.

Y como la educación no es ajena a las condiciones sociales sino que es expresión de ellas, los cambios o reformas para adecuarse al nuevo contexto dominado por el mercado globalizado no se hicieron esperar. En este orden de cosas, no es extraño que los organismos que impulsaron los cambios en los modelos educativos vinieran de afuera de las instituciones educativas, como el Banco Mundial y otros organismos semejantes, quienes determinan la política económica de muchas naciones con gobiernos neoliberales.

Sin embargo, es importante subrayar la diferencia entre “competencias” y “calidad”, pues aunque se manejan como sinónimos, la necesidad de una educación de calidad debería estar fuera de toda duda, pues como dice Orlando Pulido (OP), nadie se propone lo contrario. En otro momento explicaré por qué la noción de calidad se empató con la de competencia, pero por ahora basta con señalar que el término “competencia” tiene tres acepciones como bien señala Renán Vega (RV): una, como aptitud para hacer exitosamente o con excelencia algo; dos, cuando se dice que una determinada situación le compete a uno o no, lo que significa que se tiene autoridad, facultades o conocimientos para resolver un determinado problema o se carece de éstos; y tres, en el sentido de lucha como en las competencias deportivas, donde unos pocos ganan y la mayoría pierde. Si bien las tres acepciones están relacionadas entre sí, predomina el último significado, lo que implica una especie de selección “natural”. Esta situación desplaza la lucha de clases –por ejemplo- a la lucha entre “competentes” e “incompetentes”, “aptos” e “ineptos”. En este sentido, las competencias que se centran en el éxito particular mas no en la verdad y la justicia, exaltan el dominio de destrezas, habilidades o técnicas que permiten a las personas ser funcionales o rentables a los intereses del mercado y por ende ser incluidos en él, a la vez que se atajan las utopías de igualdad y soslayan los lazos de solidaridad.

Por ello, la propuesta de “aprender a aprender” tiene el sentido de tener la capacidad de adaptarse a los constantes cambios en el conocimiento o perecer como profesionista. Es decir, no se trata en modo alguno de inculcar una autonomía en los individuos más allá de razón instrumental, porque se necesita sólo que sepan resolver problemas técnicos mas no pensar por su cuenta problemas sociales. De este modo, se inculca a los profesores y estudiantes un individualismo exacerbado anulando con ello la crítica social, en otras palabras, se siembra en las mentes de las personas que si están mal económica y socialmente es por su culpa y no por el sistema, pues no han hecho lo suficiente para estar incluidos en él y gozar de sus ventajas, cuando en realidad el sistema está diseñado para que unos pocos triunfen (por lo que la meritocracia es veleidosa). Con base en esto, se induce a que se vea al capitalismo y las desigualdades que éste provoca como algo “natural” -condición que han sostenido sus epígonos todo el tiempo- pero que ahora endosan directamente a las personas. En otras palabras, se vive en un esquema de “sálvese quien pueda”, o como dicen irónicamente algunos profesores europeos, que el modelo por competencias educativas se resume en “todos para el mercado y cada uno para sí mismo”

En este contexto de egocentrismo, no es casual la proliferación de libros, cursos, conferencias y demás menjurjes de superación personal, de desarrollo humano, de programación neurolingüística y desde luego de rollos esotéricos y hasta brujería. El pragmatismo, el cinismo, la mentira y la delincuencia de todo tipo, son también componentes de este darwinismo social. Los factores sociales en boga determinan un tipo de educación que reproduzca a su vez al sistema.

De este modo se entiende que en todas las instituciones educativas públicas de todos sus niveles, exista un diseño organizacional que funciona con una lógica de empresa privada, donde los estudiantes son “clientes” (pues la educación no es ahora un derecho sino una mercancía); los rectores operan como gerentes; la administración vive enajenada en todas sus instancias con las políticas de calidad estableciendo en todas partes procedimientos para el “aseguramiento” de la misma; se crean instancias externas y desde luego privadas que son las encargadas de dar “certificaciones” y “acreditaciones” de acuerdo a parámetros estandarizados elaborados desde arriba que hacen abstracción de las diferencias sociales, económicas e ideológicas de las personas; se reduce el conocimiento a lo técnico (la famosa “sociedad del conocimiento”); y se orientan los fines de la educación a la satisfacción del mercado, en detrimento de una formación humanística y crítica, renunciando asimismo a un desarrollo propio.

El tema resulta realmente muy extenso para tratarlo exhaustivamente en este espacio, por lo que a reserva de darle continuidad en futuras colaboraciones, los remito a los investigadores que venido refiriendo y sólo recojo para finalizar el planteamiento de OP de que no está a discusión que la educación deba ser de calidad, sino la cuestión del derecho a la educación, donde la calidad es parte de ese derecho. En este sentido, es importante tratar de analizar lo que hay detrás del modelo por competencias hurgando es sus supuestos y en las condiciones que lo generan -y que lo reducen a los intereses del capitalismo salvaje- para tener conciencia de sus nefastas consecuencias. Queda pendiente desde luego determinar por qué la noción de calidad educativa se desvirtúa a competencia en el sentido más egoísta o sórdido, entre otros muchos temas existentes alrededor del modelo por competencias y su relación con la sociedad, donde se hace más contrastante el abismo entre el progreso científico y tecnológico con la injusticia social.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Aspectos negativos de la política de calidad educativa

Aspectos negativos de la política de calidad educativa

César Ricardo Luque Santana

Esta reflexión surge de pláticas de café entre amigos educadores de niveles educativos medio superior y superior acerca de la política de calidad en la educación, también conocida como competencias educativas, la cual está en boga en todos niveles educativos desde el básico hasta el universitario, donde los criterios, reglas, capacitaciones, actividades colegiadas, etc., son esencialmente las mismas, es decir, la propuesta de organizar el trabajo académico más o menos tiene las mismas características e intenciones. Sin embargo, es necesario tratar de ver más allá del modelo en sí, tanto en el interior mismo del trabajo docente, por ejemplo en la formación de profesores, las pautas de calificación de su desempeño, la primacía de la forma sobre los contenidos, entre otras cuestiones que resultan de una estandarización del trabajo docente; hasta las consecuencias ideológicas de la mentalidad que en este proceso el profesor se va formando y que se proyecta luego –generalmente en forma inconscientemente- a la manera de ver la sociedad y sus problemas.

De entrada, es obligado reconocer que los mismos conceptos de calidad y competitividad proceden del ámbito empresarial y que por ende se mueven en esa lógica. ¿Qué es la calidad?, ¿qué son las competencias?, ¿qué hay detrás de estos conceptos?, ¿qué connotaciones ideológicas encierran? “Calidad” es en primera instancia lo contrario de “cantidad”, implica lo que es mejor, lo excelente, lo que reporta un éxito, etc.; “competencia” por su parte significa “capacidad”, de manera que alguien “competente” es alguien es capaz de hacer algo bien o en forma exitosa, es decir, denota lo mismo que la noción anterior. En ambos casos implica contar con parámetros o indicadores que permiten determinar de un producto o actividad, su “calidad” o “competitividad”. Esto lleva necesariamente a estandarizaciones y ambos conceptos están ligados también a la noción de éxito o superación personal o grupal (pero siempre particular o egoísta), lo que a su vez induce a algunas connotaciones que más adelante retomaré. Por ahora sólo quiero recomendar los análisis que el colombiano Guillermo Bustamante Zamudio ha realizado al tema de las competencias. Al respecto se puede localizar en Internet el artículo “Competencias en el campo educativo y del lenguaje” de dicho autor. También es recomendable conseguir los trabajos de un grupo de pedagogos colombianos sobre esta problemática (entre ellos Guillermo Bustamante) con el título de “El concepto de competencia. Una mirada interdisciplinar”, editado por la Sociedad Colombiana de Pedagogía y Alejandría Libros.

De momento, quiero señalar que algunos de los profesores con los que platicado se muestran entusiasmados con el modelo por competencias educativas en virtud de la meritocracia en que aparentemente se sustenta, aunque a veces se quejan del desgaste por tanta actividad paralela al trabajo de aula como las constantes reuniones de trabajo “colegiado”, las capacitaciones, etc. Por cierto, en esto último asoma una problemática de sobre-explotación laboral que considero hace mella al trabajo docente, paradójicamente a sus propósitos de un desempeño eficiente con resultados de “calidad” o “competentes”, pues en teoría, dichas actividades “complementarias” tienen la función de reforzar y mejorar la actividad docente y a partir de ello incidir en mejores resultados. Por poner en perspectiva esta situación de sobrecarga laboral, existe la tendencia -al menos en la UAN- a no reconocer la preparación de clases como parte de la carga académica, lo que significa que la preparación de clases y la revisión de tareas de los alumnos es un trabajo gratuito, y por consiguiente implica un aumento de la carga de trabajo real y por ende de desgaste.

Ahora bien, la meritocracia que impulsa este modelo significa que el esfuerzo de superación personal y la eficiencia en el desempeño académico podrá ser retribuida con mayores ingresos o percepciones, lo cual en sí mismo es correcto, pero en la práctica puede dar lugar a una práctica simuladora que se conoce como el “puntismo”, además de que se cae en la ilusión de que la “superación” personal del docente se traduce automáticamente en una mejora real del proceso educativo y por ende de sus resultados, lo cual está desmentido por la realidad, de ahí también que se hable irónicamente de la universidad de papel, es decir, la universidad que está bien en estadísticas, indicadores e informes, pero éstos suelen ser ajenos a la realidad. Esta simulación no se reduce a obtener títulos de posgrados (que en sí mismos no implican que un profesor pueda ser mejor docente), sino se hace extensiva a publicaciones, congresos, etc., que como dice Mario Bunge en su definición de “industria académica” (véase su Diccionario de Filosofía, Ed. Océano), que los resultados de sus investigaciones sólo son útiles a su autor. Desde luego que como toda generalización hay que tomarla con reservas porque también hay académicos serios que si hacen las cosas con responsabilidad. Asimismo, tampoco se está en contra de que los académicos superen sus grados académicos y tengan espacios de interlocución y debate, los cuales son necesarios para el desarrollo de la educación.

Otro problema de la meritocracia académica, aparte de que establece parámetros que sólo una minoría puede cumplir (a veces porque no se generan condiciones reales para que la mayoría de los profesores pueda superarse académicamente), persiste el hecho de que en sí mismo este tipo de medidas no garantiza que la superación de los maestros se traduzca automáticamente en una mejora de la educación, como se puede comprobar con la carrera magisterial, donde a pesar de que hay más maestros en esa categoría, la calidad educativa según las mediciones de la OCDE sigue en los últimos lugares internacionales; y tampoco evita los manejos discrecionales de influyentismo que se usan para beneficiar a los incondicionales del poder. En otras palabras, en abstracto, suena bien que se estimule con mejores remuneraciones a la gente que se supera, pero además de los defectos señalados, las reglas y criterios son impuestos desde afuera, además de que excluyen a profesores que hacen bien su trabajo pero que no cuentan con posgrado y que a veces sólo por esa circunstancia no acceden a los estímulos económicos que en todo caso se deberían de ofrecer por los resultados de su trabajo, los cuales se pueden medir mediante valoraciones que los estudiantes hacen de su desempeño y algunos productos que podrían avalar la calidad de su trabajo, entre otras medidas. Sin embargo, mientras persistan problemas como los que se han venido mencionando como el exceso de carga de trabajo (incluido el trabajo gratuito ya señalado, entre otros), es en cierto punto lógico que la meritocracia sea muy limitada en más de un sentido y que los resultados reales no sean tan halagüeños como los papeles oficiales lo indican.

Las consultas y la participación colegiada de los profesores tampoco es lo democrática que aparenta ser, porque la agenda de discusión, los parámetros, la normativa, etc., está diseñada y decidida desde afuera, desde los escritorios. No han surgido desde las bases mismas, de manera que dicha participación sólo tiene el propósito de “legitimar” una política educativa impuesta.

Para concluir, cuando no se tiene conciencia de todas estas situaciones porque se hace abstracción de las limitaciones o contradicciones prácticas que encierra y de las motivaciones ideológicas que subyacen, es de esperar que se apoye ingenuamente un modelo educativo en su construcción al interior del ámbito educativo sin reparar precisamente en sus fallas, así como al exterior en los valores e ideas que promueve en la sociedad donde la apuesta de la competencia implica una lucha sórdida para encumbrase individualmente socavando cualquier lazo de solidaridad y reduciendo la cooperación a la suma de egoísmos.

La educación no es ajena a la política y a la ideología, y sin reducirse a un epifenómeno, refleja los intereses de la clase dominante, de ahí que el modelo educativo por competencias responda a los intereses de los grandes empresarios, los cuales por definición son intereses particulares y muchas veces contrarios a los intereses de la sociedad. En este sentido, las competencias educativas están inscrita dentro de la política neoliberal por lo que su aceptación implica asumir los valores del individualismo más exacerbado, al mismo tiempo que se inculca en la subjetividad de educadores y educandos, que las personas prominentes en la política y la economía se han encumbrado por sus méritos, lo cual es relativamente cierto, pero la constante en estos casos es que generalmente se trata de gente inescrupulosa porque evidentemente sus logros en estos terrenos son diferentes de los que se supone se obtienen en el medio académico a través del conocimiento. En este sentido, la colaboración acrítica con este modelo reproduce una identificación adulterada que justifica la injusticia y la exclusión social.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Adolfo Pérez Esquivel - Golpistas.com

Golpistas.com
La seguridad, insegura

por Adolfo Pérez Esquivel*

Una y otra vez vuelven los personajes de turno; la diva del teléfono “Su”, reclama represión y pregona la pena de muerte para aquellos que supuestamente atentan contra la seguridad.

El mediático y divertido señor Tinelli y la señora de los almuerzos Mirtha Legrand tienen medios audiovisuales a su disposición y suman su reclamo y convocan a una reunión por la “seguridad”; están cansados y temerosos de que los pobres corten rutas, avenidas, y generen el caos ciudadano; están hartos de piqueteros que reclaman trabajo y seguridad para sus familias y la comunidad.

Los medios de incomunicación, comunican los desastres y anuncian el “Apocalipsis Now”; el Grupo Clarín y la Nación fogonean la campaña de desestabilizar al gobierno. La Pitonisa clama toda clase de calamidades y envía cartas a las embajadas, anunciando que la única garante institucional de la Nación es ella y nadie más.

Pretenden ignorar que el único garante de la democracia es el Pueblo. Josué de Castro, medico brasileño que fuera director de la FAO, en su obra La Geografía del Hambre dice: “Los pobres no duermen porque tienen hambre, y los ricos no duermen porque tienen miedo a los que tienen hambre”.

¿Cómo podemos trabajar y lograr que todos duerman sin sobresaltos y que, aquellos que más tienen, aprendan a compartir el Pan y la Libertad, con los que menos tienen?

Pero no, los personajes ricos y famosos televisivos reclaman “seguridad y mano dura contra los pobres”. Recuerdo a uno de mis profesores de filosofía, Galíndez, quien decía que: “en el teatro griego los actores usaban máscaras y al terminar la función debían sacársela y volver a ser personas”. Hay personajes que continúan actuando y no quieren sacarse la máscara por miedo a ser personas. El profesor nos enseñaba que: “es más difícil ser señor que doctor”.

Saquen sus conclusiones los personajes; es una buena lección. Hay que preguntarles porqué callaron cuando la Sociedad Rural y la Federación Agraria pararon el país durante 4 meses para desestabilizar y condicionar al gobierno y guardaron silencio frente a la voracidad económica del llamado “campo sojero y otras yerbas”; son quienes destruyen los montes y expulsan a los campesinos e indígenas; quienes durante el paro tiraron miles de litros de leche y alimentos de los camiones con acoplados en las rutas, mientras mas de 10 millones de compatriotas están en la pobreza. No pueden ignorar que los terratenientes y sus aliados imponen los monocultivos, la desertificación y contaminación, y todito esto lo hacen con total impunidad.

Pregunto: ¿Quién se hace responsable de las pérdidas sufridas por los afectados por el paro del campo? Deben saber que muchos sectores sociales trabajan y luchan contra la inseguridad; pero la visión y comprensión es distinta a la de los ricos y famosos...

¿Le preguntaron a un chico que vive en la calle, hambreado, castigado y marginado por una sociedad injusta, cuál es su seguridad? ¿Recorrieron alguna villa o asentamiento y preguntaron a los pobladores cuál es su seguridad? ¿Pensaron en los pueblos originarios a quienes los “empresarios del campo” les quitan las tierras, y los obligan a emigrar a la periferia de las grandes ciudades y formar piquetes para reclamar sus derechos?

Quienes acamparon 33 horas en la Avenida 9 de Julio no estaban ahí por gusto con sus bebes y niños; soportando frío, calor, presiones y la indiferencia social. Reclaman trabajo, no mendicidad; tuvieron el coraje de denunciar el clientelismo político de los municipios y a los punteros políticos y la falta de respuesta oficial.

El mismo reclamo se extiende en el país, como sucede en la Quiaca, cuando en enero cuatrocientos pobladores, la mayoría mujeres, se declararon en huelga de hambre con su hambre, para reclamar trabajo y condiciones de vida para sus familias.

La gente busca resolver sus problemas, y cuando no son escuchados por los responsables de los gobiernos provinciales y el gobierno nacional, se movilizan para lograr sus objetivos a través de acciones de resistencia no violentas.

En Tucumán hay “barrios privados”; sería bueno que los recorran aquellos que comen todos los días y tienen que hacer dieta para no engordar y se “sacrifican en el gimnasio”.

Comprobarán que han proliferado los “barrios privados”. Privados de luz, de agua, de asfalto, de escuela, de salud, de trabajo y de seguridad. Más privados imposible.

¿Se olvidaron del saqueo del 2001 y 2002, que sufrió el pueblo cuando sacaron todo el capital del país y dejaron a muchos con una mano adelante y otra atrás, y los ahorristas en el corralito vieron esfumarse sus ahorros?

Necesitamos hacer un esfuerzo todos los sectores sociales, culturales, políticos y religiosos para recomponer el cuerpo social y no para destruir. Hay que aprender de los trabajadores de las fábricas recuperadas y de los campesinos, pequeños productores rurales; son ejemplos de resistencia social y tienen propuestas concretas.

Se está desatando una campaña con ánimo golpista; vemos una exacerbación permanente para desestabilizar al gobierno y provocar la violencia desde lo verbal a lo social y estructural. Critican hasta los 180 pesos por niños. Cualquier cosa que hace el gobierno está mal, pero no proponen nada mejor.

Los medios de comunicación manipulan la información y aumentan las tensiones y conflictos; reclaman “libertad de prensa", confundiéndola con "libertad de empresa”, gritan y vociferan contra la Ley de Medios Audiovisuales. Callaron durante 25 años la ley impuesta por la dictadura militar, con la cual estaban conformes porque les garantizaba el monopolio de los medios y control de la información del país.

Estamos frente a un “aquelarre político y social” que pocas veces vivió el país, cargado de fuerte virulencia contra el gobierno. Es preocupante y peligroso. Soy crítico del gobierno y lo manifiesto públicamente; hay acciones políticas contradictorias que no comparto por su incoherencia entre el decir y el hacer; pero hay que encontrar alternativas sociales, culturales, económicas y políticas.

Hace tiempo que se siente un fuerte olor podrido en el ambiente, cargado de palabras devaluadas y violentas, que van más allá de ser oposición política; se siente mal olor al estilo hondureño que pone en riesgo la democracia.

Al gobierno hay que sostenerlo, más allá de si estamos o no de acuerdo con su política, personalmente no lo estoy, y reclamarle y exigirle que corrija los errores políticos que atentan contra el pueblo; reclamarle transparencia y ética en el ejercicio de su función y gobernabilidad.

Los que disponen de medios de comunicación tienen la responsabilidad de actuar con sabiduría y prudencia y no utilizarlo con actitudes golpistas.com. El otro camino es la complicidad para provocar la ingobernabilidad y enfrentamiento entre argentinos.

A los pregoneros que pretenden imponer la represión y la pena de muerte hay que decirles que son caminos del autoritarismo y regímenes dictatoriales que ha sufrido el país y el continente. No hemos luchado y sufrido para retroceder. El costo fue altísimo y las heridas aún duelen

Es necesario recomponer el cuerpo social y encontrar caminos superadores hacia un nuevo “Contrato Social” con nuestro pueblo y defender los espacios de libertad.

Les decimos a los golpistas.com. “Nunca más”.
Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz. Argentino, arquitecto y escritor.


Fuente: http://www.voltairenet.org/article162999.html#article162999

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Día Internacional de la Filosofía

El día internacional de la filosofía

César Ricardo Luque Santana

La UNESCO, con sede en París, decretó cada tercer jueves noviembre como el “Día Internacional de la Filosofía” en homenaje a Sócrates, un filósofo emblemático para la comunidad filosófica del mundo y para el pensamiento crítico, comenzando las celebraciones el 21 de noviembre de 2002. Aunque no encontré el decreto en mención, en la fuente de una publicación de la UNESCO llamada Newsletter de abril de 2003, se aborda la importancia de la filosofía a través de un dossier dedicado a ella. Ahí se establece como justificación de la determinación de establecer el Día Mundial de la Filosofía lo siguiente: que el pensamiento filosófico contribuye a la transformación social a partir de la promoción de valores universales de justicia, libertad y dignidad; hablan de una filosofía no especulativa ni prescriptiva, sino crítica, que cuestiona el significado de la vida en su contexto internacional; que es necesario rescatar la tradición filosófica y contribuir a su popularización en la cultura; que la globalización sólo podrá ser justa si prevalecen los derechos humanos de todos en cualquier lugar del mundo, entre otras consideraciones.

La licenciatura en filosofía de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), ha celebrado en tres ocasiones este suceso, esta vez, durante los días 12 y 13 de noviembre en nuestras instalaciones del edificio de Ciencias Sociales y Humanidades en el aula magna. Por cierto, constantemente nos referimos a este tipo de actividades como “eventos”, lo cual, a decir de Álex Grijelmo en su libro “Defensa apasionada del idioma español”, es incorrecto porque “evento” o “eventual” implica improvisación, falta de planeación, lo cual no es el caso, puesto que las actividades académicas realizadas fueron debidamente planeadas y organizadas. Si no mal recuerdo lo que dice este autor en la mencionada obra, esta palabra proviene de una clonación del inglés, de la palabra “event”, que también se interpreta como sinónimo de “suceso” o “acontecimiento”. El problema es que esta palabra se ha instalado en los usos cotidianos del lenguaje tanto coloquial como académico, de manera que a los congresos, foros, encuentros, fiestas, etc., se les dice invariablemente “eventos”.

Estas actividades fueron iniciativa de un grupo de estudiantes a las cuales se sumaron un conjunto de profesores para formar una comisión organizadora, la cual realizó 4 ó 5 reuniones para darle forma a la propuesta, la cual desembocó en un programa de actividades muy interesante y cuya ejecución resultó muy satisfactoria. Las actividades que se plantearon fueron: una Mesa de discusión llamada “El ser y quehacer de la filosofía en su dimensión social” con tres tópicos: la función social de la filosofía, cómo es percibida ésta por la sociedad y la cuestión del campo de trabajo del egresado de la carrera de filosofía. Esta actividad refleja una preocupación manifestada sobre todo por los alumnos de nuevo ingreso que tienen dudas en su vocación y reciben presiones de sus familiares y amigos sobre el desempeño laboral del licenciado en filosofía. Otra actividad complementaria de ésta, fue un Panel para analizar “Las relaciones entre la filosofía y las ciencias sociales”, que también trataba de mostrar -principalmente a este tipo de estudiantes de filosofía- las diversas posibilidades de vinculación desde la filosofía a las ciencias sociales como la política, la educación, la psicología o la comunicación, a través de sus muchos vasos comunicantes. Para este panel se contó con la participación entusiasta e inteligente de un grupo de profesores de dichas licenciaturas, a saber: el Mtro. Pedro Orozco (Ciencia Política), el Lic. Carlos Bernal (Psicología), la Mtra. Karla Martínez (Educación) y el Mtro. Antonio Bonifaz (Comunicación y Medios).

Otra actividad que también resultó muy estimulante, fue el “Coloquio de presentación de trabajos de investigación de tesis de filosofía“ que contó con la participación de la Lic. Alejandra Cruz Flores, la primera titulada de nuestra carrera (con mención honorífica), con la problemática entre “Interculturalidad y globalización”; Antonieta López Bimbela con la propuesta de una “Ontología poética de Gastón Bachelard” y Elena Castillo Pacheco con una problematización acerca del pensamiento filosófico precolombino e indígena con la ponencia “Filosofía intercultural: análisis a la propuesta de Raúl Forcet Betancourt”. Las tres pertenecen a la primera “generación” de filosofía de la UAN.

También tuvimos un par de estupendas conferencias, una con la Lic. Ana Bedolla Giles de la Federación Mexicana de Filosofía para Niños con el tema: “La filosofía para niños: una oportunidad de repensar la educación”, la cual resultó muy interesante porque se mostró los alcances y las dificultades de este programa para aprender a pensar, el cual es recomendado por la UNESCO, y que según ella, ya se lleva en todas las primarias públicas del Estado de México; mientras que el cierre de nuestras jornadas la realizamos en el auditorio de la Biblioteca Magna con la conferencia de Dr. Miguel Agustín Romero Morett, investigador de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Guadalajara con el tema de “Filosofía, diálogo y sociedad”, donde expuso la importancia del pensamiento crítico en la construcción democrática de un proyecto de nación.

Es importante a través de este medio agradecer a diversas personas e instituciones que nos apoyaron para realizar las distintas actividades de filosofía, entre ellas, la investigadora Lourdes Pacheco que nos apoyó para traer a Romero Morett; a Magali Altamirano del Café Cultural Dalí quien nos proporcionó la publicidad en carteles y un programa de mano impreso, además de obsequiarnos el café; y desde luego, a diversas instancias y funcionarios de la propia universidad que nos apoyaron de diversos modos.

Próximamente haremos pública una memoria (al menos en formato digital), donde se recogen las ponencias desarrolladas en las diversas actividades de estas jornadas para compartirlas con todos.