lunes, 8 de marzo de 2010

El desprestigio de la política

El desprestigio de la política

César Ricardo Luque Santana

El reciente escándalo por la revelación pública del acuerdo tomado en lo “oscurito” entre el PRI y el PAN, donde los priístas canjearon con los panistas el compromiso de no hacer alianzas electorales en el estado de México (se entiende que con el PRD), a cambio de admitir los aumentos de impuestos contenidos en el paquete fiscal propuesto por Felipe Calderón a finales del año pasado, puso en evidencia una serie de perversidades de ambos partidos, a saber: la traición de los priístas a sus votantes (y a todos sus representados) mediante el apoyo al gobierno panista para aumentar los impuestos a cambio de conservar una plaza política y para proteger al gobernador Peña Nieto; la falta de escrúpulos de ambos representantes de dichos partidos; las mentiras, traiciones y marrullerías mutuas; y el intento de seguir engañando a todos los ciudadanos una vez revelados los hechos, en lugar de ofrecerles disculpas.

Las negociaciones entre los partidos para acordar políticas públicas y alianzas electorales no tienen en sí mismo nada de malo, de hecho son inevitables. Pero en una democracia se deberían hacer de cara a los ciudadanos, que se sepa oportuna y públicamente lo que quieren acordar y los términos de sus negociaciones, que sepamos todos cómo justifican los puntos acordados desde una perspectiva ética. Sin embargo, cuando lo que se negocia es de naturaleza inconfensable porque sólo sirve a sus propios intereses, o lo que es lo mismo, porque perjudica a los ciudadanos, es obvio que dichos convenios se tengan que hacer en forma secreta o clandestina, actuando como si fueran gangsters, en vez de comportarse como lo que se supone que son, entidades de interés público financiadas con dinero de los contribuyentes, razón suficiente para que moldearan su actos con transparencia, contribuyendo de ese modo a fortalecer la vida democrática del país.

El fallido convenio entre el PRI y el PAN, trató en esencia de que los primeros apoyaran a los panistas y su gobierno con la aprobación del paquete fiscal 2010 propuesto por éstos, a cambio de que el blanquiazul no hiciera una alianza con el PRD en el 2011 en el estado de México. ¿Qué ganaría cada uno y cuál sería el precio a pagar?

Para el PRI, cuya obsesión es recuperar la presidencia de México, es importante evitar un descalabro electoral en el 2011 en el estado de México, de manera que una eventual alianza electoral entre el PAN y PRD ahí, tendría que ser evitada a toda costa. Queda claro entonces que esta prioridad no sólo es por la gran cantidad de votos que aporta el estado de México en las elecciones federales, sino porque un tropiezo electoral en dicho estado significaría menguar también su mejor carta para la candidatura presidencial, el gobernador Enrique Peña Nieto, al cual han venido perfilando mediante una mercadotecnia simulada. Ahora bien, como el PRI le estaría pasando la factura al pueblo para que pagaran más impuestos, tenía que cubrir las apariencias tratando de el PAN cargara con esas medidas antipopulares, de ahí que en la votación del Senado para ratificar el paquete fiscal lesivo a los ciudadanos, los priístas se ausentaron en un número calculado para abstenerse de votar afirmativamente. Con ello, “cumplirían” de algún modo su palabra empeñada con los panistas sin ser exhibidos abiertamente como cómplices de ese latrocinio. Parafraseando a Hegel, echarían mano de “la astucia de la negociación”.

En cuanto al PAN y el gobierno federal cuyo fracaso es evidente para desgracia nuestra, era importante seguir cobrándole la factura de la crisis a los contribuyentes, mientras que aparentemente el estado de México bien valía una misa, pero la maniobra de los priístas en el senado les dio el pretexto perfecto para romper el acuerdo “chamaqueando” al PRI. No es la primera vez que los dizques “bisoños” panistas les juegan el dedo en la boca a los campeones del trinquete político, lo cual pone en entredicho eso de que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Seguramente los panistas pensaron que si el PRI hacía público el ignominioso acuerdo, también saldrían salpicados, lo que en teoría no les convendría hacer. Tal vez por eso, el señorito César Nava se atrevió a mentir abiertamente negando acuerdo alguno con el PRI, pero cuando este convenio salió a la luz pública, tuvo que reconocer que sí lo suscribió a nombre de su partido.

La falta de escrúpulos de panistas y priístas para timar a los ciudadanos con negociaciones turbias y sórdidas, queriendo hacer prevalecer sus intereses facciosos sobre los intereses de la sociedad, así como las traiciones, mentiras y chapucerías cometidos entre sí en su guerra de lodazal, no ha parado ahí, sino que han supuesto que los mexicanos somos ingenuos cuando desde el panismo, Gómez Mont y César Nava, han tratado de eximir de la vileza cometida en dicha negociación al presidente Calderón, diciendo que él no estaba enterado del inmoral acuerdo, y él mismo, siguiéndoles el juego, se hace el desentendido; mientras que desde el priísmo, el inefable Manlio F. Beltrones se hace el inocente diciendo que ni él, ni los senadores del PRI, sabía que existía dicho acuerdo. Cualquiera con un poco de sentido común sabe que es imposible que estos personajes lleguen a desconocer este tipo de pactos, tanto por la posición política que ocupan como por sus truculentas historias personales.

Está claro entonces que este tipo negociaciones como la que protagonizaron el PRI y el PAN a espadas a la sociedad, con actitudes mezquinas y facciosas, salpicadas de mentiras y traiciones mutuas, representan una burla a los mexicanos, además de que no abona a favor de la democracia, sino que el desaseo de los políticos involucrados en la multimencionada negociación, refuerza el desprestigio de la política que en sí misma no es más que un instrumento necesario para resolver conflictos sociales. Asimismo, este escándalo da pie a la necesidad de analizar responsablemente, sin prejuicios, sin actitudes fundamentalistas o sectarias, pero con firmeza de principios y con profunda vocación democrática, la pertinencia de las alianzas electorales entre el PRD y el PAN, exigiendo que éstas no se ciñan a meros ejercicios de pragmatismo; y asimismo, la necesidad de una superación de la partidocracia que no implique la privatización o una falsa ciudadanización de la política. La discusión de la reforma política es sin duda el marco adecuado para discutir estos puntos en aras de construir una verdadera democracia que no esté secuestrada, ni por las burocracias partidistas, ni por los dueños del dinero.

domingo, 7 de marzo de 2010

Arnaldo Córdova - Los derechos políticos a los clérigos

Los derechos políticos a los clérigos

Arnaldo Córdova

La iniciativa que Pablo Gómez, senador por el PRD, ha presentado para que sea derogado el inciso e) del artículo 130, que restringe la libertad de expresión y de asociación con fines políticos de los ministros de los cultos, es un remanente de una tradición de los comunistas mexicanos de los años setenta que inspiró y los llevó a aceptarla como bandera de lucha Gilberto Rincón Gallardo. Los argumentos que esgrime el senador en su iniciativa son exactamente los mismos que elaboró desde un principio Rincón Gallardo. Lo digo porque se los escuché desde que Arnoldo Martínez Verdugo me lo presentó en algún momento de 1973 o 1974.

Estaba impresionado por los brotes de rebeldía que se estaban manifestando en la Iglesia católica desde el Concilio Vaticano Segundo y, en particular, de los partidarios de la teología de la liberación. Cuando se fundó el Partido Socialista Unificado de México, del que fue dirigente Pablo Gómez, ellos impusieron por una amplia mayoría esa demanda política, que persistió en la transformación del partido en Partido Mexicano Socialista. Cuando se organizó el Partido de la Revolución Democrática, los cardenistas, que eran una abrumadora mayoría, rechazaron la idea y jamás se volvió a hablar de ella, hasta ahora en que lo hace Pablo Gómez.

Con posterioridad a la presentación de su iniciativa, Gómez ha abundado en sus razones y se pueden resumir en dos ideas muy generales: una, que como auténticos demócratas, no podemos negarle sus derechos políticos a ningún mexicano, sea cura o no; dos, que eso ya está en los regímenes constitucionales de todo el mundo. Esos argumentos yo se los oí a Rincón Gallardo. El verdadero Estado laico es aquél que, precisamente, resguarda y respeta los derechos, políticos y demás, de todo ciudadano. Parece contundente de verdad. Sobre todo, cuando se nos recuerda que somos de los muy pocos en el mundo que niegan esos derechos.

No sé con qué propósito el antiguo militante comunista presentó esa iniciativa, pero que ha tenido un éxito arrollador en todos los sectores de derecha, en primer término, la jerarquía católica y los panistas reaccionarios, así como los neopriístas, como Beltrones que, al parecer, ya prometió su apoyo irrestricto al perredista, resulta más que evidente. Está claro que la iniciativa está en proceso de ser aprobada. En todo caso, los motivos de Gómez son irrelevantes. Importa más bien analizar sus argumentos.
Hay que señalar, ante todo, que no todos los países que tienen mayorías católicas o cristianas se parecen entre sí. Italia y España, por ejemplo, soportan el dominio de sus iglesias porque desde un principio se les ha impuesto, en la primera por negociación y, en la segunda, por la violencia. En Estados Unidos hay un predominio protestante y su situación no es la nuestra (acaso peor, porque los protestantes fundamentalistas dominan su escenario político). En Francia, el país más laico del mundo y el que, en realidad, inventó el laicismo, la Iglesia no es un problema mayor. Sería de mal gusto recurrir a nuestra historia, ahora que está en desuso y hasta es fuente de descrédito ante los derechistas y sus acólitos, entre ellos ahora e inopinadamente Pablo Gómez, pero no hace falta.

Según Gómez, el artículo sexto de la Constitución garantizaría a los curas su libertad de expresión en el lugar (los recintos eclesiásticos) o lo medios que fueren, pero el 130 es una antinomia frente a ese artículo porque se los prohíbe. También deberían gozar de la asociación política personal y libre. Eso, nos dice, está inscrito dentro de los derechos humanos. Que el ascendiente de los sacerdotes es un problema, bueno, pues los líderes sindicales también lo tienen, así como los altos funcionarios que manejan el erario. Y nadie les prohíbe nada. Se le olvida que, por lo menos en el caso de los funcionarios, para hacer política partidista deben renunciar a sus puestos previamente.

Afirma también que la profesión (el sacerdocio es una profesión) no debe ser motivo para limitar los derechos y, además, muchos sacerdotes, sobre todo los de la alta jerarquía, no respetan el inciso e) del 130. Esto último es una hipocresía que debe ser superada a favor de la democracia. Reconoce que los sacerdotes se oponen por una tradición al aborto y a las uniones homosexuales, pero sugiere que hay que ver si ellos están de acuerdo en resolver el asunto en el terreno de la democracia. O el senador peca de tonto o nos quiere hacer pasar a todos por unos estúpidos. Parece que no escuchó al cardenal Rivera que nos vino a decir que la ley divina está por encima de las leyes del Estado.

En nuestra doctrina constitucional, que es también y a pesar de todo, historia real y viviente, las limitaciones a los derechos políticos de los ministros de los cultos no son gratuitas ni fruto de un jacobinismo exacerbado. En todos los regímenes políticos regidos por el derecho se lucha por la igualdad de los contendientes políticos y se niega hasta donde se puede el dar ventajas incontestables a algunos de ellos. Los ministros de los cultos, ya lo he señalado, no son iguales a los demás y ello radica, precisamente, en su profesión. Esta consiste en predicar y dirigir las conciencias de sus fieles. Gómez dice que eso lo hacen también otros. Pero todos los que escoge no son líderes espirituales y ahí está la diferencia.
Esa misma profesión es una razón poderosísima para apartar a los ministros de los cultos de la política. Hasta el Código Canónico lo establece con toda claridad, el que es obvio que Gómez no conoce. Las razones de la ley canónica son clarísimas en su texto: la política no es asunto de la Iglesia, sino la conducción de sus fieles, la pastoral espiritual que, por supuesto, tiene que ver con su vida cotidiana, pero que es, ante todo, religiosa. Es con esa base que los clérigos no pueden aceptar cosas como el aborto o el homosexualismo. Y se comprende, pero que se lo dejen para ellos. La Iglesia no puede pretender imponer sus creencias a los demás y que éstos lo acepten sin más ni más. Gómez debe estar soñando si piensa que el clero aceptaría el debate democrático sobre esas cuestiones. El clero no discute, sólo condena al infierno si alguien se le opone.

Alejandro Encinas, con gran tino, ha recordado un argumento que era típico de los liberales del siglo XIX y luego de los priístas todavía fieles a las tradiciones de la Revolución Mexicana, hoy muerta para todos: si los sacerdotes y sus jerarcas se declaran abiertamente súbditos del jefe de un Estado extranjero, el Vaticano (que es, además, monárquico medieval y para nada laico), ¿cómo es que nos están reclamando derechos políticos para ellos, iguales a los de todos los ciudadanos mexicanos? Sería buen principio (sólo en apariencia, visto que son unos reaccionarios enemigos del progreso del país) que renunciaran a ese sometimiento, aunque no bastaría, si se atiende a lo que antes se ha señalado.

Fuente: La Jornada (07 de marzo de 2010)

sábado, 6 de marzo de 2010

Comentarios a la propuesta de Pablo Gómez sobre la libertad religiosa

Comentarios a la propuesta de Pablo Gómez sobre la libertad religiosa

César Ricardo Luque Santana

Gran revuelo causó el experimentado parlamentario de la izquierda, el perredista Pablo Gómez, al proponer una apertura constitucional para que los sacerdotes tengan derechos plenos para ejercer su libertad de expresión, situación que él interpreta no como algo que socava al Estado laico –recientemente elevado a rango constitucional- sino que por el contrario -arguye- es congruente con él. Hasta el momento, dicha iniciativa que ha provocado un malestar en las fuerzas y personalidades de izquierda (y que ha generado un deslinde público de su mismo partido, reprochándole al mismo tiempo al diputado Gómez que ésta contraviene el programa del mismo, aclarando en consecuencia que se trata de una propuesta a título personal que no es avalada por el PRD ni por su fracción parlamentaria), ha sido conocida por la opinión pública sólo a través de notas periodísticas. En este sentido, a reserva de conocer su argumentación presentada para la modificación del 130 constitucional para “restablecer los derechos de asociación política y de libertad de expresión de los sacerdotes de todos los cultos religiosos” (La Jornada, 26 de febrero de 2010), y basado sólo en sus declaraciones a la prensa escrita, me permito realizar las siguientes objeciones.

Pablo Gómez señaló que su iniciativa pretende reparar “una injusticia constitucional” (sic) que segrega a un segmento de la sociedad, restringiendo sus derechos, y aclara que no se trata de permitir que los sacerdotes puedan ser electos (lo cual pueden hacer si se separan de su actividad sacerdotal), sino que puedan manifestar sus ideas políticas sin cortapisas.

Para empezar sabemos que la ley, si bien es general, tiene una reglamentación para su aplicación, de manera que por ejemplo los presos pierden sus derechos políticos. En el caso de las acotaciones a las agrupaciones religiosas para su participación política en un Estado laico, éstas no son gratuitas sino que tienen un soporte histórico donde la participación de la religión en la política ha resultado perniciosa, particularmente en lo que respecta a la Iglesia católica, no sólo en México sino en otros países del mundo. Como es sabido, las primeras exigencias y luchas del Estado moderno consistieron en la separación entre Iglesia y Estado, entre religión y política.

En cuanto a sus argumentos para defender su iniciativa, creo que Pablo Gómez se equívoca cuando dice que es válido darles libertad a todos, incluidos los que abiertamente están contra ella. Se olvida que en Alemania y otros países, los grupos neo-nazis están proscritos porque de llegar al poder cancelarían las oposiciones. Ciertamente, existen otros países permiten partidos de extrema derecha que incluso ganan elecciones, pero están acotados por normas, prácticas e instituciones bien consolidadas que les impiden ejercer el poder absoluto o implementen un totalitarismo. Es más, en México los partidos legalmente registrados no pueden tener en su plataforma ideológica propuestas como establecer “la dictadura del proletariado” una vez que lleguen al poder por poner un ejemplo. Con esto sólo quiero señalar que todas las libertades políticas son siempre condicionadas, por lo que no debería de hacerse concesiones a quienes como la Iglesia católica tienen una naturaleza monolítica, pues entonces tendría más herramientas legales para tratar de imponer su moral particular a todos los ciudadanos, como sucede en los Estados teocráticos islámicos.

Asimismo, es evidente que la mezcla entre religión y política es altamente explosiva, como enseña la historia pasada y presente. La religión como poder fáctico y/o formal, trata de hacer extensivos sus preceptos -que deberían de circunscribirse a sus seguidores- a toda la población, pues son como se dijo, un ente monolítico, esto es, esencialmente antidemocrático en su organización y funcionamiento. La religión pertenece a la esfera de la vida privada y por salud pública lo correcto es que se mantenga separada de la política.

Decir que se trata de dar libertad de expresión a la religión (sobre todo católica) resulta un tanto superfluo, porque realmente éstos dicen lo que les da gana y hacen proselitismo abierto a favor o en contra de alguien. Esto mismo lo reconoce Pablo Gómez cuando a pregunta de la reportera de La Jornada Andrea Becerril sobre la posibilidad de que desde el púlpito (y otros medios) el clero católico se involucren abiertamente en las elecciones a favor o en contra de alguien, Pablo Gómez reconoce que de todos modos ya lo hacen, con lo cual parecería que con su iniciativa, él trata de legalizar una conducta donde sistemáticamente el clero se niega a acatar las leyes mexicanas cuando no le convienen a sus criterios conservadores alegando ceñirse a un derecho superior (divino). De este modo, si se siguiera esa lógica de legalizar las conductas que trasgreden la ley, cabría preguntar ¿por qué no hacerlo con las drogas y otras conductas parecidas?

Es importante señalar que la Iglesia católica reconoce como su máxima autoridad a un Estado extranjero, el Vaticano, de modo que la libertad de expresión de un sacerdote para opinar de política, está condicionada a las directrices que le marca su institución, de manera que paradójicamente, esa libertad que les daría el Estado mexicano, no se las da el Estado Vaticano, pues de otro modo, les permitiría a los sacerdotes casarse, asumir públicamente su homosexualidad a quienes tienen esa preferencia, que haya mujeres sacerdotisas, etc. El clero exige libertades democráticas que niega a sus propios sacerdotes y feligreses. Recordemos en este punto como analogía, que el IFE obligó al Partido Verde a suprimir su reglamentación antidemocrática como condición para mantener su registro legal como partido.

Parece que Pablo Gómez quiere que los curas puedan -amparados en la ley- decir y hacer lo que todos modos dicen y hacen sin consecuencia alguna, para poder ponerse los guantes contra ellos. Por ejemplo, dice Pablo Gómez que la Iglesia (realmente la jerarquía), está atacando el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo mediante preceptos religiosos y que eso significa un ataque al Estado laico y que es hora de decírselos, lo cual ya se hace y se debe seguir haciendo. Resulta extraño este ejemplo de Pablo Gómez porque sería como admitir que la jerarquía católica ataca al Estado laico pero mientras no lo hagan amparados en una ley que se los permita, no se puede debatir con ellos, lo cual es un absurdo. Pero además, si así son intolerantes, para qué darles armas o por qué debemos tolerar a los que son intolerantes con otras formas de pensar.

Sobre el temor de que desde el púlpito y otros medios participen abiertamente en las contiendas electorales “orientando” el sentido del voto y “se atengan a las consecuencias” como dice Pablo Gómez, es también ridículo su argumento, porque como ya se mencionó, es algo que suelen hacer con o sin permiso. Lo que pasa es que algunos dirigentes de la izquierda han tenido temor de chocar abiertamente con la Iglesia católica (la jerarquía), del mismo modo que han tenido miedo de hacerlo con los otros poderes fácticos como las televisoras, mas sin embargo los roces han existido y seguirán existiendo.

Por otro lado, decir que inducen al voto más (o también), las prácticas clientelares de los partidos que hacen uso faccioso de los programas sociales cuando están en el gobierno, que los sermones de los curas, es una justificación barata y de mal gusto. Ambos deben ser rechazados porque manipulan a la gente más vulnerable desde la fe o desde el hambre, conculcando sus derechos a tomar decisiones sobre la base de la información y sin condicionamientos externos.

En fin, Pablo Gómez ¿Mont o del Campo? ha cometido un gran desacierto (entre otros muchos que ha estado cometiendo), pero la inquietud es si los legisladores del PRD se mueven por ocurrencias personales en vez de debatir primero en su seno para asumir posturas más congruentes. Huelga decir que el mencionado malestar de las izquierdas contrastó con el aplauso entusiasta de las derechas, lo cual ya es mucho decir.

Nota: Publicado originalmente en mi nuevo blog "Sapere Aude" (http://hetairos-sapereaude.blogspot.com)

miércoles, 3 de marzo de 2010

Eduardo Galeano - Haití

Haití

Eduardo Galeano

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Préval.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor.

Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones.

Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del África.

El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: –¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias? El anterior. Pues, que se restablezca–. Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte.

A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York.

El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho.

No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia.

Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras.

País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

http://cultural.argenpress.info/2010/01/haiti-la-maldicion-blanca.html

domingo, 28 de febrero de 2010

Invitación a nuevo blog (Sapere Aude)

Invitación a un nuevo blog

César Ricardo Luque Santana

El presente documento lo escribí originalmente como una invitación personalizada a determinados personajes de la vida intelectual de Nayarit, entendiendo por ello a escritores, académicos y periodistas que de manera frecuente, esporádica o marginal, escriben brillantemente en los diversos medios de prensa locales, tanto impresos como digitales, cultivando una diversidad de géneros. En esta ocasión, deseo hacer extensiva esta invitación a otras personas para que sean colaboradores del blog “Sapere Aude”, y asimismo a los lectores, para que identifiquen un espacio de reflexión que pretende reunir a algunos de las mejores plumas del estado bajo un enfoque plural. A continuación, con leves modificaciones adaptadas a esta ocasión, les comparto la mencionada carta de invitación, señalando que los corchetes cuadrados se refieren a omisiones, modificaciones o añadidos.

«[…] He creado un nuevo blog llamado Sapere Aude, expresión empleada por [el filósofo] Kant y que significa “atrévete a pensar”. A reserva de que visiten el blog en http://hetairos-sapereaude.blogspot.com/ para que lean la justificación que hago de este sitio en el encabezado y en un recuadro pequeño a la izquierda donde dice “Bienvenidos”, les comento que se trata de un espacio en Internet donde se pretende presentar los mejores escritos que a menudo se publican en la prensa local, con el fin de darles más difusión, de concentrar en un mismo lugar las mejores plumas del Estado, y de ofrecer una muestra hacia el exterior del talento intelectual de escritores, académicos y periodistas nayaritas.

Asimismo se tiene la intención de crear un espacio plural de temas y personalidades, y de que los productos publicados en este espacio ofrezcan a sus lectores elementos de juicios válidos para que se puedan formar un pensamiento crítico que los fortalezca como ciudadanos, al mismo tiempo que los gratifique intelectualmente.

Como [muchos saben], los blogs son bitácoras donde cada nuevo documento publicado desplaza al que en ese momento está, pero al mismo tiempo, conserva los escritos publicados por largo tiempo, además de que los organiza por autores y fechas, lo que a la postre facilita las búsquedas de los productos de los colaboradores.

Algunos […] publican con cierta constancia artículos de opinión u otros tópicos en la prensa escrita o digital, otros lo hacen en forma más esporádica o publican sólo en medios académicos, y los menos, escriben [en raras ocasiones]. Pero todos los aquí invitados tienen las capacidades suficientes para contribuir, a través de las ideas y las explicaciones racionales, a comprender los problemas sociales que nos inquietan o bien a dotar de belleza nuestro espíritu mediante aportaciones de tipo cultural, fortaleciendo con ello la vida democrática de nuestro entorno, y a la vez, a enriqueciendo espiritualmente a [los lectores] en lo individual, razones por las cuales les extiendo [también a ellos] esta invitación.

No se trata de hacer un club de amigos […], sino de construir un espacio plural y de buen nivel intelectual. No les pido exclusividad ni nada por el estilo, sino que lo publican en otros lados lo puedan hacer en forma simultánea o repetir [reciclar] posteriormente en este espacio; o aquellos que no suelen publicar en periódicos y/o revistas locales destinados al público en general, tengan un medio disponible para dar a conocer sus escritos cuando lo deseen.

Las ventajas de este blog son entre otras, que los lectores no tendrían que navegar de un lado a otro para leer los mejores trabajos periodísticos que se publican en Nayarit; se le daría más difusión a algunos escritos que más o menos pasan desapercibidos en los medios escritos locales; y que quienes suelen escribir pero no publican o no lo hacen con relativa frecuencia, cuenten con un medio para ello cuando lo necesiten. Además, este blog no está mezclado con notas periodísticas ni tampoco es de naturaleza tendenciosa.

Les pido por tanto que me autoricen a publicar sus escritos de divulgación, análisis, poesías, crónicas, etc., enviándomelos de preferencia a mi correo electrónico luque2009@gmail.com o en su defecto, que me permitan retomarlos de otras fuentes para volverlos a publicar. Asimismo, me gustaría que me dieran alguna semblanza de ustedes en un párrafo para poder incorporar esa información en un directorio de colaboradores, y también, si están de acuerdo, proporcionarme un correo electrónico personal donde eventualmente algunos lectores pudieran enviarles sus comentarios, aunque sería más deseable que recibieran esos puntos de vista en el espacio de comentarios abajo de sus escritos para socializarlos y quizás generar una polémica.

Les ruego también que hagan extensiva esta invitación a otras personas que consideren pueden aportar sus luces y fortalecer con ello este espacio de reflexión, que quiero sea de todos aunque yo lo administre. Tal vez después retomemos este proyecto y hagamos entre todos un portal que enriquezca esta propuesta ofreciendo más recursos de todo tipo a los lectores.»

Hasta aquí fue lo que escribí para invitar a algunas personas conocidas mías y de quienes disponía de su correo electrónico a participar en el blog “Sapere Aude” como colaboradores, lo cual comparto ahora con ustedes, esperando que se sumen como colaboradores o lectores a este esfuerzo. Para cualquier duda o aclaración favor de contactarme. Gracias.

jueves, 25 de febrero de 2010

José Saramago - De las piedras de David a los tanques de Goliat

De las piedras de David a los tanques de Goliat

José Saramago*

Afirman algunas autoridades en temas bíblicos que el Primer Libro de Samuel se escribió en la época de Salomón o inmediatamente después; en cualquier caso, antes del cautiverio en Babilonia. Otros estudiosos no menos competentes afirman que no sólo el Primero sino también el Segundo Libro de Samuel se redactaron después del exilio de Babilonia, y que su composición obedece a lo que la estructura histórico-político-religiosa denomina esquema deuteronomista, es decir, sucesivamente, la alianza de Dios con su pueblo, la infidelidad de ese pueblo, el castigo de Dios, la súplica del pueblo, el perdón de Dios. Si el venerable texto procede de la época de Salomón, podemos decir que sobre él han pasado hasta hoy, en números redondos, unos tres mil años. Si los redactores llevaron a cabo su trabajo después de que los judíos regresaran del exilio, entonces hay que restar a ese número unos 500 años, mes más, mes menos.

Esta preocupación por el rigor temporal tiene como único propósito proponer a la comprensión del lector la idea de que la famosa leyenda bíblica del combate entre el pequeño pastor David y el gigante filisteo Goliat (que no llegó a producirse) se cuenta equivocadamente a los niños, por lo menos, desde hace 25 o 30 siglos. A lo largo del tiempo, las diversas partes interesadas en el asunto han ido elaborando, con la conformidad acrítica de más de 100 generaciones de creyentes, tanto hebreos como cristianos, toda una engañosa mistificación sobre la desigualdad de fuerzas que había entre los brutales cuatro metros de altura de Goliat y la frágil complexión física del rubio y delicado David. Dicha desigualdad, enorme según todas las apariencias, quedaba compensada e invertida a favor del israelita gracias a que David era un muchacho astuto, y Goliat, una estúpida masa de carne; tan astuto era el primero que, antes de ir a enfrentarse al filisteo, encontró en la orilla de un riachuelo que había por allí cerca cinco piedras lisas, que metió en la alforja; tan estúpido el otro, que no se dio cuenta de que David llegaba armado con una pistola. Que no era una pistola, protestarán, indignados, los amantes de las verdades míticas soberanas, que era simplemente una honda, una humildísima honda de pastor, como las que habían utilizado en tiempos inmemoriales los criados que tenía Abraham para cuidar el ganado. Es verdad, no parecía una pistola, no tenía cañón, no tenía culata, no tenía gatillo, no tenía cartuchos; lo que tenía eran dos cuerdas finas y resistentes, atadas por los extremos a un pequeño pedazo de cuero flexible, en cuyo hueco la mano experta de David colocó la piedra que, desde lejos, partió veloz y poderosa como una bala contra la cabeza de Goliat, le derribó y le dejó a merced del filo de su propia espada, que ya empuñaba el diestro tirador. Si el israelita consiguió matar al filisteo y dar la victoria al ejército de Dios vivo y de Samuel, no fue por ser más astuto, sino simplemente porque llevaba consigo un arma de largo alcance y sabía manejarla. La verdad histórica, modesta y nada imaginativa, se conforma con enseñarnos que Goliat no tuvo ni siquiera la posibilidad de poner las manos encima de David; la verdad mítica, insigne fabricante de fantasías, nos embaucó hace 30 siglos con el maravilloso cuento del triunfo de un pequeño pastor sobre la brutalidad de un guerrero gigantesco al que, al final, de nada sirvió el pesado bronce del casco, la coraza, las espinilleras y el escudo. Sea cual sea la conclusión que podamos sacar del desarrollo de este edificante episodio, David, en las numerosas batallas que le convirtieron en rey de Judá y Jerusalén y extendieron su poder hasta la margen derecha del Éufrates, no volvió a usar la honda ni las piedras.

Tampoco las usa ahora. En los últimos 50 años han crecido hasta tal punto las fuerzas y la dimensión de David, que ya no es posible ver y reconocer diferencias entre él y el altivo gigante; incluso puede decirse, sin ofender la deslumbrante claridad de los hechos, que se ha convertido en un nuevo Goliat. David, hoy, es Goliat, pero un Goliat que ya no carga con armas de bronce inútiles y pesadas. Aquel rubio David de antaño sobrevuela en helicóptero las tierras palestinas ocupadas y dispara misiles contra inocentes desarmados, aquel delicado David de otrora tripula los tanques más poderosos del mundo y aplasta y revienta todo lo que encuentra a su paso, aquel David lírico que cantaba loas a Betsabé, encarnado ahora en la figura gargantuesca de un criminal de guerra llamado Ariel Sharon, lanza el 'poético' mensaje de que primero es preciso acabar con los palestinos para después negociar con los que queden. En pocas palabras, en esto es en lo que con ligeras variaciones meramente tácticas, consiste desde 1948 la estrategia política israelí. Intoxicados mentalmente por la idea mesiánica de un Gran Israel que haga por fin realidad los sueños expansionistas del sionismo más radical, contaminados por la monstruosa y arraigada 'certeza' de que en este mundo catastrófico y absurdo existe un pueblo elegido de Dios y que, por tanto, están automáticamente justificadas y autorizadas, en nombre de los horrores del pasado y de los miedos de hoy, todas las acciones nacidas de un racismo obsesivo, psicológica y patológicamente exclusivista, educados y formados en la idea de que cualquier sufrimiento que hayan infligido, inflijan o vayan a infligir a los demás, especialmente a los palestinos, siempre será inferior a los que ellos padecieron en el Holocausto, los judíos arañan sin cesar su propia herida para que no deje de sangrar, para hacerla incurable, y la muestran al mundo como si se tratase de una bandera. Israel se adueña de las terribles palabras de Dios en el Deuteronomio: 'Míos son la venganza y el pago'. Israel quiere que todos nosotros nos sintamos culpables, directa o indirectamente, de los horrores del Holocausto; Israel quiere que renunciemos al más elemental juicio crítico y nos transformemos en un eco dócil de su voluntad; Israel quiere que reconozcamos de iure lo que, para ellos, es ya un ejercicio de facto: la impunidad absoluta. Desde el punto de vista de los judíos, Israel no podrá ser nunca sometido a juicio, porque fue torturado, gaseado e incinerado en Auschwitz. Me pregunto si aquellos judíos que murieron en los campos de concentración nazis, aquellos que fueron perseguidos a lo largo de la historia, aquellos que murieron en los pogromos, aquellos que quedaron olvidados en los guetos, me pregunto si esa inmensa multitud de desgraciados no sentiría vergüenza al ver los actos infames que están cometiendo sus descendientes. Me pregunto si el haber sufrido tanto no sería el mejor motivo para no hacer sufrir a los demás. Las piedras de David han cambiado de manos, ahora son los palestinos los que las arrojan. Goliat está al otro lado, armado y equipado como nunca lo ha estado soldado alguno en la historia de las guerras, aparte, claro está, del amigo norteamericano. Ah, sí, las horrendas matanzas de civiles causadas por los llamados terroristas suicidas... Horrendas, sí, sin duda; condenables, sí, sin duda, pero a Israel le queda aún mucho que aprender si no es capaz de entender las razones que pueden llevar a un ser humano a transformarse en una bomba.

Escritor portugués, premio Nóbel de Literatura de 1998. ©
Parlamento Internacional de Escritores

Recopilación:
Lic.Jorge Horacio Raíces Montero
Psicólogo Clínico
infopsicologia@ciudad.com.ar
raices_montero@ciudad.com.ar
http://ar.groups.yahoo.com/group/Raices_Montero
Telefax: 4773.8432

domingo, 21 de febrero de 2010

Filósofo francés reconoce haber citado a un filósofo inexistente

Filósofo francés reconoce que citó a un filósofo ficticio sin saberlo

Bernard-Henri Levy admitió hoy haber caído en la trampa de un periodista, citando en uno de sus últimos libros la obra de "Jean-Baptiste Botul", un pensador ficticio, supuesto padre de una corriente filosófica llamada "botulismo".

Jean-Baptiste Botul no existe, pero Bernard-Henri Lévy (BHL) ha demostrado lo contrario citándolo como referencia académica de sus tesis antikantianas. El filósofo 'chic', en efecto, menciona las conferencias de Botul en la Pampa y recurre a unas reflexiones aireadas en Paraguay. Ignorando que Botul es un invento del profesor y sátiro Frédéric Pagès. Suyo es el 'Diario de Carla B' (Carla Bruni) que aparece los miércoles en semanario 'Le Canard Echaîné' y suya fue también la idea de engendrar a un pensador postkantiano y extravagante.

"Resulta que fue una patraña", admitió BHL en la web de su revista 'La Regle du Jeu'. "Fue una patraña realmente brillante y muy creíble. Así que me han pillado, a mí y a los críticos que leyeron el libro cuando se publicó. Así que lo único que puedo decir, sin remordimientos, es: ¡Felicidades al artista!".

Llama la atención que BHL no se percatara de semejante travestismo. Y que concediera valor filosófico a las absurdas obras de Botul. Entre ellas 'La vida sexual de Kant' y 'Landru, precursor del feminismo', ambas escritas con la pluma impostora de Pagès. El desliz de Henri Lévy recorre la web, los mentideros y la prensa seria. De hecho, fue un artículo aparecido en 'Le Nouvel Observateur' el que alertó del traspiés de BHL. Grave e insólito en la medida en que el filósofo francés cita a Botul para demoler a Kant.

"Después de la Segunda Guerra Mundial, y en una serie de conferencias a los neokantianos de Paraguay, Botul les demuestra que su héroe es un falso abstracto, un puro espíritu de pura apariencia", escribe BHL a propósito de la tesis antikantiana.

Semejante conclusión puede leerse en la página 122 de 'De la guerra en filosofía'. Un compendio de reflexiones publicado por la editorial Grasset que el propio autor considera como la quintaesencia de sus valientes posicionamientos filosóficos.

Así se explica el revuelo y hasta el escarnio que han suscitado sus elogios al pensamiento de Botul. La voz aparece en la enciclopedia Wikipedia, aunque los pormenores biográficos, la trayectoria vital (1896-1947) y el catálogo de sus obras no pueden sustraerse a la advertencia preliminar del texto: "personaje ficticio creado por Frédéric Pagès".

Quede claro, además, que el pensamiento de Botul y sus libros se articulan siempre en el sarcasmo y la extravagancia. Empezando por el siniestro Landru, a quien el filósofo inexistente le atribuye un tesoro epistolar y un papel de pionero en el movimiento feminista.

Hablamos de Henri Désiré Landru, cuyo apodo, 'Barba Azul', hizo correr ríos de sangre y de tinta a cuenta de su historial de asesino en serie. Mató y desolló a 11 mujeres, de modo que sus razones protofeministas interesaron a Botul y dieron origen a un libro. No lo ha tenido en cuenta Henri Lévy, pero el filósofo francés sí parece haber otorgado credibilidad a 'La vida sexual de Kant'. Necesitaba leña para quemar al maestro de Königsberg y para demonizarlo entre las páginas de 'De la guerra en filosofía'.

Hasta el extremo de que lo califica como "un loco furioso del pensamiento y un enrabietado del concepto". Tiene sus propias razones BHL, pero apela igualmente a las de Botul como garante de su diatriba al autor de la 'Crítica de la razón pura'.

Queda en entredicho la oleada publicitaria, mercadotécnica y mediática que había preparado Henri Lévy para divulgar sus dos últimas obras. El filósofo se deja fotografiar moreno y altivo en las entrevistas que concede a los semanarios de gran tirada. También se ha multiplicado en los platós televisivos y en los programas radiofónicos, pero el caso Botul amenaza con relativizar la campaña y hasta la credibilidad de sus textos.

Más aún cuando él mismo escribe que "la verdadera cuestión para un filósofo estriba en saber cuáles son sus adversarios y no sus aliados". Puede tener razón, aunque el procedimiento selectivo podría utilizarse para distinguir a los existentes de los inexistentes.

Comenzando por Jean-Baptiste Botul. Sus hitos y su leyenda han dado nombre a un premio literario que se entrega sistemáticamente a un miembro del jurado. Mérito de la ironía de Frédéric Pagès, cuyos deberes de paternidad respecto al filósofo fantasma explican la construcción de una biografía. Se le atribuyen a Botul amores con Marie Bonaparte y con Simone de Beauvoir. También se le relaciona con Zapata y con Pancho Villa. En ambos casos antes de divulgar en la Pampa la palabra de Kant.

Fuente: www.elmundo.es