¿Qué es el amor?
César Ricardo Luque Santana
Seguramente todos tenemos una respuesta limitada o profunda acerca de esta pregunta. En este sentido, si hacemos una especie de inventario de las nociones más comunes sobre lo que es el amor, podremos darnos cuenta que solemos reducir el amor a la pareja heterosexual, aunque sabemos que el amor entendido como un cariño profundo y sublime puede hacerse extensivo a muchas situaciones diferentes. De este modo, decimos que hay amor de padres a hijos y a la inversa, al amor entre amigos preferimos llamarle amistad, se puede amar a un perro o a una mascota cualquiera, se puede también amar a un objeto o tener un aprecio muy grande por él, como quien atesora un anillo o algo así que le fue regalado por su padre o madre y que le es muy significativo por los gratos recuerdos que le traen, hay quien ama la riqueza, el poder, los lujos, a Dios, etc.,
Ahora bien, si revisamos las nociones más comunes que tenemos acerca del amor como algunas de las que hemos mencionado, podemos darnos cuenta de una serie de inconsistencias o ligerezas, porque por ejemplo, si se considera que el amor es un sentimiento sublime o puro, ello implicaría que es desinteresado, que es recíproco, que no necesariamente tiene connotaciones sexuales, entre otros aspectos parecidos, todo lo cual nos impide llamar amor a todos los ejemplos que pusimos.
En efecto, si creemos que el amor es un sentimiento puro y recíproco, podemos darnos cuenta que entonces el amor entre dos personas no debe confundirse con la atracción física, que no se reduce tampoco a las parejas heterosexuales, que incluso no se limita a las personas, que el amor por los objetos o los lujos es ajeno a las características que creemos tiene el amor, porque en estos casos es evidente que no hay reciprocidad, pues podemos “amar” a nuestro auto pero éste no puede amarnos a nosotros, lo que si puede hacer un perro o algún otro animal, y desde luego, una persona.
Platón llamaba al amor “Eros” que significa literalmente “deseo”. La filosofía misma es definida supuestamente por Pitágoras como “amor a la sabiduría”. El deseo erótico desde la perspectiva de la filosofía significa que sólo amamos o deseamos lo que no tenemos, lo que no poseemos, y desde luego, lo que consideramos espiritualmente valioso porque nos hace crecer como seres humanos acercándonos a la divinidad o a la perfección. El saber en este caso es algo que no podemos poseer de una vez y para siempre, pues sólo un Dios podría hacerlo, pero en la medida en que desde nuestra condición humana mantenemos vivo el deseo de saber más y en forma más profunda -lo que implica cultivar constantemente el intelecto- nos hacemos mejores personas espiritualmente hablando según la lógica de los filósofos griegos antiguos. Por otra parte, significa reconocer que el conocimiento de los humanos es imperfecto y por ello inagotable, y por lo tanto se mantiene como un proceso siempre abierto. De este modo, si hacemos un paralelismo de esta perspectiva filosófica que nos habla del amor a la sabiduría para lograr la buena vida o la felicidad, respecto del amor en pareja, tendríamos que admitir por consiguiente que amar a otra persona como nuestra pareja significaría ir más allá de su apariencia personal, pues de otro modo el supuesto amor se perdería cuando dicha apariencia cambiara con el envejecimiento o por cualquier otro factor; que se debería de tener un amor correspondido y no unilateral; y que sería necesario alimentarlo permanente para que no se agotara, como un fuego que no se debe dejar apagar para que perdure.
Este blog pretende ser una comunidad de aprendizaje sobre tópicos filosóficos y políticos, abiertos a cualquier persona que se interese por participar en los temas que aquí se exponen mediante comentarios críticos anotados al final del artículo del momento o enviándolos por email. Asimismo, todos mis escritos pueden ser reproducidos libremente en otros medios impresos o digitales conservando mi autoría.
sábado, 13 de febrero de 2010
sábado, 6 de febrero de 2010
Nayarit ya no es igual
Nayarit ya no es igual
César Ricardo Luque Santana
Así reza un slogan del gobierno estatal, y en efecto, Nayarit ha cambiado en muchos aspectos pero no siempre en sentido positivo, sino también en sentido negativo en varios puntos, pero me referiré ahora al problema de la inseguridad pública relativa a la delincuencia organizada, donde cada vez son más frecuentes las escaramuzas entre delincuentes y policías, situación lamentable porque todos estamos expuesto al fuego cruzado si tenemos la mala suerte de estar en el lugar y en el momento equivocados.
Quienes somos nativos de Tepic o hemos vivido aquí por largo tiempo, nos jactábamos siempre, que pese a ser una entidad modesta económicamente en relación a muchas otras del país, gozábamos de un buen clima, de ausencia de calamidades naturales (excepto las inundaciones en algunos municipios del norte del estado en la época de lluvias) y sobre todo de tranquilidad en las calles. Asimismo teníamos la creencia de que nuestro estado era sólo un lugar de trasiego de drogas rumbo a Estados Unidos, pero ahora tenemos la amenaza real de que bandas criminales se puedan establecer definitivamente en nuestro terruño, y que sus actividades ilícitas no se limiten sólo al tráfico de drogas, sino que también ejerzan la extorsión a los comerciantes, el secuestro, entre otras prácticas criminales, con la carga de violencia que éstas conllevan, donde nadie –rico o pobre- podrá estar a salvo.
La disputa de las organizaciones criminales por las diversas plazas del país y la forma errática en que el gobierno federal ha realizado el combate al narcotráfico, ha desatado el avispero que ahora ha tocado a nuestra puerta. Las cada vez más frecuentes balaceras en nuestras calles son novedosas para nosotros pero no debiéramos acostumbrarnos a ellas. En este sentido, el llamado del gobernador a no tratar de sacar raja política de esta situación y asumirlo como un problema de todos, es correcto, pues quienes aspiran legítimamente a gobernar nuestro estado, están obligados a actuar de manera responsable, ya que después de todo, nadie podrá gobernar con un poder fáctico paralelo de corte criminal que haya asentado sus reales en Nayarit, el cual actuaría como un poder dentro del poder, manteniendo al poder formal como rehén de sus turbios intereses. La democracia y la paz social no tendrán entonces viabilidad alguna si permitimos que ello suceda.
Sin embargo, es necesario que la clase política reconozca que las medidas policíacas y jurídicas son insuficientes para contener la ola delictiva, si bien es necesario e indispensable el saneamiento y profesionalización de estas instancias para blindarlas de las injerencias del crimen organizado; pero continuar priorizando esas medidas punitivas significa confundir los efectos con las causas, con lo cual realmente lo que se pretende es eximir al modelo económico prevaleciente de ser el principal responsable del desorden existente, del empobrecimiento constante y creciente de la población, situación que evidentemente crea las condiciones para que “florezca” la delincuencia.
Los hechos demuestran por consecuencia, que el problema radica en el modelo neoliberal que se continúa instrumentando en México de manera fundamentalista, el cual ha provocado una enorme exclusión social, siendo una de las principales víctimas del mismo los jóvenes, algunos de los cuales son llamados “ninis” por los sociólogos, porque son chicos que ni estudian ni trabajan, lo que los hace vulnerables a algunos de ellos para enrolarse en las bandas criminales, pues se dan cuenta de que por los cauces legales no existen buenas expectativas para aspirar una vida decorosa, además de que viven en una atmósfera social y cultural donde parece que “el que no tranza no avanza”, ya sea por el alto grado de corrupción de nuestra clase política que le quita autoridad moral a sus dichos y acciones, o por los narco-corridos que no sólo hacen apología del delito, sino también de la vulgaridad y del mal gusto.
Así entonces, tan incorrecto sería festinar los recientes hechos delictivos para denostar al gobierno, como la actitud de éste de negar tercamente lo obvio, minimizando los acontecimientos, señalando que son hechos “aislados”, etc.; denigrando a su vez a las oposiciones o la prensa que dan cuenta de ello, con el argumento falaz de que ahuyentan las inversiones, de que son parte de la cultura del “como no” en vez de ser de la del “como sí”, tratando de ese modo de esconder la basura bajo la alfombra. La demagogia, la corrupción, la opacidad, el afán de establecer políticas para el provecho de unos cuantos, el constante empobreciendo de la gente, la deficiente educación, la ausencia de políticas culturales adecuadas, entre otras fallas, hacen difícil la existencia de una sana convivencia democrática. Esto último además, es provocado por quienes detentan el poder económico y político en nuestro país, los cuales deberían de asumir que deben ser parte de la solución erradicando sus propias fallas y excesos, pues de otro modo, queda claro que son parte del problema.
César Ricardo Luque Santana
Así reza un slogan del gobierno estatal, y en efecto, Nayarit ha cambiado en muchos aspectos pero no siempre en sentido positivo, sino también en sentido negativo en varios puntos, pero me referiré ahora al problema de la inseguridad pública relativa a la delincuencia organizada, donde cada vez son más frecuentes las escaramuzas entre delincuentes y policías, situación lamentable porque todos estamos expuesto al fuego cruzado si tenemos la mala suerte de estar en el lugar y en el momento equivocados.
Quienes somos nativos de Tepic o hemos vivido aquí por largo tiempo, nos jactábamos siempre, que pese a ser una entidad modesta económicamente en relación a muchas otras del país, gozábamos de un buen clima, de ausencia de calamidades naturales (excepto las inundaciones en algunos municipios del norte del estado en la época de lluvias) y sobre todo de tranquilidad en las calles. Asimismo teníamos la creencia de que nuestro estado era sólo un lugar de trasiego de drogas rumbo a Estados Unidos, pero ahora tenemos la amenaza real de que bandas criminales se puedan establecer definitivamente en nuestro terruño, y que sus actividades ilícitas no se limiten sólo al tráfico de drogas, sino que también ejerzan la extorsión a los comerciantes, el secuestro, entre otras prácticas criminales, con la carga de violencia que éstas conllevan, donde nadie –rico o pobre- podrá estar a salvo.
La disputa de las organizaciones criminales por las diversas plazas del país y la forma errática en que el gobierno federal ha realizado el combate al narcotráfico, ha desatado el avispero que ahora ha tocado a nuestra puerta. Las cada vez más frecuentes balaceras en nuestras calles son novedosas para nosotros pero no debiéramos acostumbrarnos a ellas. En este sentido, el llamado del gobernador a no tratar de sacar raja política de esta situación y asumirlo como un problema de todos, es correcto, pues quienes aspiran legítimamente a gobernar nuestro estado, están obligados a actuar de manera responsable, ya que después de todo, nadie podrá gobernar con un poder fáctico paralelo de corte criminal que haya asentado sus reales en Nayarit, el cual actuaría como un poder dentro del poder, manteniendo al poder formal como rehén de sus turbios intereses. La democracia y la paz social no tendrán entonces viabilidad alguna si permitimos que ello suceda.
Sin embargo, es necesario que la clase política reconozca que las medidas policíacas y jurídicas son insuficientes para contener la ola delictiva, si bien es necesario e indispensable el saneamiento y profesionalización de estas instancias para blindarlas de las injerencias del crimen organizado; pero continuar priorizando esas medidas punitivas significa confundir los efectos con las causas, con lo cual realmente lo que se pretende es eximir al modelo económico prevaleciente de ser el principal responsable del desorden existente, del empobrecimiento constante y creciente de la población, situación que evidentemente crea las condiciones para que “florezca” la delincuencia.
Los hechos demuestran por consecuencia, que el problema radica en el modelo neoliberal que se continúa instrumentando en México de manera fundamentalista, el cual ha provocado una enorme exclusión social, siendo una de las principales víctimas del mismo los jóvenes, algunos de los cuales son llamados “ninis” por los sociólogos, porque son chicos que ni estudian ni trabajan, lo que los hace vulnerables a algunos de ellos para enrolarse en las bandas criminales, pues se dan cuenta de que por los cauces legales no existen buenas expectativas para aspirar una vida decorosa, además de que viven en una atmósfera social y cultural donde parece que “el que no tranza no avanza”, ya sea por el alto grado de corrupción de nuestra clase política que le quita autoridad moral a sus dichos y acciones, o por los narco-corridos que no sólo hacen apología del delito, sino también de la vulgaridad y del mal gusto.
Así entonces, tan incorrecto sería festinar los recientes hechos delictivos para denostar al gobierno, como la actitud de éste de negar tercamente lo obvio, minimizando los acontecimientos, señalando que son hechos “aislados”, etc.; denigrando a su vez a las oposiciones o la prensa que dan cuenta de ello, con el argumento falaz de que ahuyentan las inversiones, de que son parte de la cultura del “como no” en vez de ser de la del “como sí”, tratando de ese modo de esconder la basura bajo la alfombra. La demagogia, la corrupción, la opacidad, el afán de establecer políticas para el provecho de unos cuantos, el constante empobreciendo de la gente, la deficiente educación, la ausencia de políticas culturales adecuadas, entre otras fallas, hacen difícil la existencia de una sana convivencia democrática. Esto último además, es provocado por quienes detentan el poder económico y político en nuestro país, los cuales deberían de asumir que deben ser parte de la solución erradicando sus propias fallas y excesos, pues de otro modo, queda claro que son parte del problema.
lunes, 1 de febrero de 2010
Credulidad o escepticismo
Credulidad o escepticismo
César Ricardo Luque Santana
“Examinen fragmentos de pseudociencia y encontrarán un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. ¿Y qué ofrecemos nosotros [los científicos] a cambio? ¡Incertidumbre! ¡Inseguridad!”. Con este pensamiento, Isaac Asimov ilustra la diferencia entre ser crédulo y ser escéptico, siendo la primera parte del mismo una referencia a la actitud típica de los partidarios de lo sobrenatural, lo paranormal, la religión, el pensamiento mágico, la superstición; mientras que la segunda parte es característica del pensamiento racional filosófico y científico.
La proliferación de la literatura acerca de los sobrenatural no es menor que la de autoayuda, lo cual no es extraño toda vez que ambas posean puntos de afinidad o vasos comunicantes evidentes, pero ésta no se agota en la literatura esotérica clásica o de las mal llamadas “ciencias ocultas”, referida a cierto misticismo religioso, sino también abarca lo paranormal. Ambas tienen en común que se refieren a una serie de creencias irracionales como la existencia de seres extraterrestres entre nosotros, de fantasmas, en la astrología, los horóscopos, la adivinación, las sanaciones milagrosas y toda una gama de supersticiones que remiten a un pensamiento mágico-religioso, el cual no sólo evoca épocas primitivas, ni tampoco es privativo de zonas rurales atrasadas, sino también se halla presente de manera muy extendida en el mismo medio urbano, abarcando no sólo a gente de baja condición social y escolar, sino asimismo a personas de clase media y alta y con escolaridad universitaria. ¿Por qué en plena era de la ciencia y la tecnología están tan difundidas estas creencias irracionales e incluso antirracionales?
Desde luego que la ciencia en sí misma es insuficiente para cubrir todas las necesidades humanas, sobre todo las que son relativas a lo espiritual, por lo que algunos consideran que la ciencia y la tecnología son ajenas a ello y que por lo tanto hay que buscar lo espiritual en otra parte. La noción de lo espiritual en este sentido ha estado asociada a la religión, a lo inmaterial, a lo sobrenatural; aunque por otro lado también se ha considerado como sinónimo de consciencia y de humanidad, de manera que en esta última significación, la ciencia y la tecnología serían producto del espíritu humano, de la cultura, de la civilización. Mas sin embargo, en la mayoría de las personas prevalece el significado idealista y religioso de lo espiritual como contrapuesto y superior a lo material, por lo que en esta interpretación se le concibe envuelto en un velo de misterio accesible sólo a los iluminados, a determinados sujetos que supuestamente tienen poderes divinos o sobrenaturales. No obstante esta pretensión, lo espiritual no se reduce a la religión o a profesar un ferviente sentimiento por lo extraño y desconocido, sino que lo espiritual, como lo asumían los antiguos filósofos griegos, tiene que ver antes que nada con la actividad intelectual, con cultivar la inteligencia no sólo para hacer ciencia y tecnología, sino también para hacer filosofía, arte, política, etc., que lleven a una elevación del ser humano. Suponer que sólo quien tiene creencias en lo sobrenatural en cualquiera de sus variantes es por ello espiritual, es cometer un exceso e incurrir en una falsedad.
La actitud proclive al pensamiento mágico-religioso en muchas personas de todas las condiciones sociales y de escolaridad diferente, significa no sólo que éste no ha sucumbido ante los grandes logros científicos y tecnológicos del pasado siglo y lo que va de éste, sino que se ha mantenido incólume e incluso se ha extendido y profundizado. No sé si ello se deba a que exista alguna naturaleza humana al respecto, cosa que no creo, pues me parece más viable pensar que la explotación de dichas creencias representa un gran negocio y que ello sería suficiente motivo para su promoción constante, pero también, este tipo de creencias sirven de distractores para otros temas más significativos, con lo cual, además de permitir la sobrevivencia de un negocio muy lucrativo, sirve al mismo tiempo de instrumento para el control político, de mecanismo de enajenación. Ahora bien, el hecho de que haya gente con escolaridad universitaria partidaria de creencias en los fenómenos paranormales y en el esoterismo, no se puede inferir que éstas no sean tan cuestionables después de todo, pues esta postura implicaría admitir que la alta escolaridad es sinónimo de cultura y/o formación científica, lo cual evidentemente es falso. Las pseudociencias sólo pueden ser aceptadas por analfabetas funcionales o por gente que por algún motivo prefiere creer a saber.
Las “pruebas” que se aducen para darle credibilidad a las teorías paranormales o esotéricas son siempre endebles y contradictorias, por ejemplo, llamar “evidencia” de una nave extraterrestre a una fotografía o a una filmación de video, es incorrecto epistemológicamente hablando, además de que no se puede colegir que una nave extraña o que hace cosas extrañas en el cielo, sea necesariamente una nave de extraterrestres, no sólo porque dichas pruebas son insuficientes, sino porque los conocimientos de astrofísica, biología, química y matemáticas que tenemos lo descartan. Esto no significa negar la posibilidad de que haya vida en el universo, particularmente vida inteligente, lo cual, los científicos dedicados a estos menesteres lo consideran como una probabilidad muy grande, no sólo en el universo, sino en nuestra propia vía láctea. Igual se puede decir de las “pruebas” bajo hipnosis regresiva para “demostrar” las supuestas abducciones por extraterrestres o para las justificar creencias en la reencarnación, las cuales no demuestran nada.
Se pueden esgrimir desde luego testimonios de curaciones milagrosas, pero éstas suelen ser producto de la sugestión, de ahí que la medicina científica la utilice también en sus experimentos mediante el efecto placebo. La mayoría de los misterios tienen explicación racional y terrenal y los que escapan momentáneamente a ella son por las limitaciones de la ciencia en la actualidad. Asimismo, hay incongruencias que debería de alertar a la gente de que están siendo víctimas de estafadores, pues cómo explicarse que alguien en la calle en un modesto puestito les ofrezca a los demás predecir el futuro o una pócima para una cura milagrosa, cuando esos “poderes” lo harían rico instantáneamente, si bien es cierto que otros estafadores como Walter Mercado si han tenido un éxito comercial innegable. Lo más preocupante no son sólo los abusos que se aprovechan de la candidez de la gente como sucede mediante los hot line de astrología y demás yerbas, o algunos programas de televisión como “Pare de sufrir” y otros por el estilo, que por cierto actúan con impunidad por la complacencia y complicidad de las autoridades, pues la Constitución Política de México señala quien no se gana la vida de forma honrada incurre en un delito; sino que lo más preocupante es el fanatismo que puede dar lugar a aberraciones como la reciente de un niño de cinco años en Brasil cuyo padrastro le introdujo decenas de agujas de coser en su cuerpecito dizque para deshacer un hechizo, entre otras muchas atrocidades que diario vemos.
Por todo ello reitero respetuosamente a quienes de buena fe abrevan de este tipo de productos la siguiente pregunta: ¿quieren creer o quieren saber? Si quieren saber la verdad de las cosas necesitan adoptar una actitud escéptica, exigir pruebas bajo parámetros científicos, proceder a analizar racionalmente, decantarse por explicaciones terrenales al menos en primera instancia apegándose a lo establecido por la navaja de Occam de preferir las explicaciones más racionales y terrenales aunque sean menos espectaculares, que las explicaciones más fantasiosas o que se “apoyan” sólo en dichos de algunas personas, que pueden ser respetables pero que no basta su palabra para establecer una verdad científica. La verdad es intersubjetiva y sólo puede ser aceptada por una comunidad científica si se siguen exigencias rigurosas que garanticen el máximo de objetiva posible. De otro modo habría que aceptar la postura de Tertuliano quien decía: “creo porque es absurdo” pues sólo lo absurdo puede ser creído dogmáticamente, como un acto de fe, sin mediación de la razón.
César Ricardo Luque Santana
“Examinen fragmentos de pseudociencia y encontrarán un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. ¿Y qué ofrecemos nosotros [los científicos] a cambio? ¡Incertidumbre! ¡Inseguridad!”. Con este pensamiento, Isaac Asimov ilustra la diferencia entre ser crédulo y ser escéptico, siendo la primera parte del mismo una referencia a la actitud típica de los partidarios de lo sobrenatural, lo paranormal, la religión, el pensamiento mágico, la superstición; mientras que la segunda parte es característica del pensamiento racional filosófico y científico.
La proliferación de la literatura acerca de los sobrenatural no es menor que la de autoayuda, lo cual no es extraño toda vez que ambas posean puntos de afinidad o vasos comunicantes evidentes, pero ésta no se agota en la literatura esotérica clásica o de las mal llamadas “ciencias ocultas”, referida a cierto misticismo religioso, sino también abarca lo paranormal. Ambas tienen en común que se refieren a una serie de creencias irracionales como la existencia de seres extraterrestres entre nosotros, de fantasmas, en la astrología, los horóscopos, la adivinación, las sanaciones milagrosas y toda una gama de supersticiones que remiten a un pensamiento mágico-religioso, el cual no sólo evoca épocas primitivas, ni tampoco es privativo de zonas rurales atrasadas, sino también se halla presente de manera muy extendida en el mismo medio urbano, abarcando no sólo a gente de baja condición social y escolar, sino asimismo a personas de clase media y alta y con escolaridad universitaria. ¿Por qué en plena era de la ciencia y la tecnología están tan difundidas estas creencias irracionales e incluso antirracionales?
Desde luego que la ciencia en sí misma es insuficiente para cubrir todas las necesidades humanas, sobre todo las que son relativas a lo espiritual, por lo que algunos consideran que la ciencia y la tecnología son ajenas a ello y que por lo tanto hay que buscar lo espiritual en otra parte. La noción de lo espiritual en este sentido ha estado asociada a la religión, a lo inmaterial, a lo sobrenatural; aunque por otro lado también se ha considerado como sinónimo de consciencia y de humanidad, de manera que en esta última significación, la ciencia y la tecnología serían producto del espíritu humano, de la cultura, de la civilización. Mas sin embargo, en la mayoría de las personas prevalece el significado idealista y religioso de lo espiritual como contrapuesto y superior a lo material, por lo que en esta interpretación se le concibe envuelto en un velo de misterio accesible sólo a los iluminados, a determinados sujetos que supuestamente tienen poderes divinos o sobrenaturales. No obstante esta pretensión, lo espiritual no se reduce a la religión o a profesar un ferviente sentimiento por lo extraño y desconocido, sino que lo espiritual, como lo asumían los antiguos filósofos griegos, tiene que ver antes que nada con la actividad intelectual, con cultivar la inteligencia no sólo para hacer ciencia y tecnología, sino también para hacer filosofía, arte, política, etc., que lleven a una elevación del ser humano. Suponer que sólo quien tiene creencias en lo sobrenatural en cualquiera de sus variantes es por ello espiritual, es cometer un exceso e incurrir en una falsedad.
La actitud proclive al pensamiento mágico-religioso en muchas personas de todas las condiciones sociales y de escolaridad diferente, significa no sólo que éste no ha sucumbido ante los grandes logros científicos y tecnológicos del pasado siglo y lo que va de éste, sino que se ha mantenido incólume e incluso se ha extendido y profundizado. No sé si ello se deba a que exista alguna naturaleza humana al respecto, cosa que no creo, pues me parece más viable pensar que la explotación de dichas creencias representa un gran negocio y que ello sería suficiente motivo para su promoción constante, pero también, este tipo de creencias sirven de distractores para otros temas más significativos, con lo cual, además de permitir la sobrevivencia de un negocio muy lucrativo, sirve al mismo tiempo de instrumento para el control político, de mecanismo de enajenación. Ahora bien, el hecho de que haya gente con escolaridad universitaria partidaria de creencias en los fenómenos paranormales y en el esoterismo, no se puede inferir que éstas no sean tan cuestionables después de todo, pues esta postura implicaría admitir que la alta escolaridad es sinónimo de cultura y/o formación científica, lo cual evidentemente es falso. Las pseudociencias sólo pueden ser aceptadas por analfabetas funcionales o por gente que por algún motivo prefiere creer a saber.
Las “pruebas” que se aducen para darle credibilidad a las teorías paranormales o esotéricas son siempre endebles y contradictorias, por ejemplo, llamar “evidencia” de una nave extraterrestre a una fotografía o a una filmación de video, es incorrecto epistemológicamente hablando, además de que no se puede colegir que una nave extraña o que hace cosas extrañas en el cielo, sea necesariamente una nave de extraterrestres, no sólo porque dichas pruebas son insuficientes, sino porque los conocimientos de astrofísica, biología, química y matemáticas que tenemos lo descartan. Esto no significa negar la posibilidad de que haya vida en el universo, particularmente vida inteligente, lo cual, los científicos dedicados a estos menesteres lo consideran como una probabilidad muy grande, no sólo en el universo, sino en nuestra propia vía láctea. Igual se puede decir de las “pruebas” bajo hipnosis regresiva para “demostrar” las supuestas abducciones por extraterrestres o para las justificar creencias en la reencarnación, las cuales no demuestran nada.
Se pueden esgrimir desde luego testimonios de curaciones milagrosas, pero éstas suelen ser producto de la sugestión, de ahí que la medicina científica la utilice también en sus experimentos mediante el efecto placebo. La mayoría de los misterios tienen explicación racional y terrenal y los que escapan momentáneamente a ella son por las limitaciones de la ciencia en la actualidad. Asimismo, hay incongruencias que debería de alertar a la gente de que están siendo víctimas de estafadores, pues cómo explicarse que alguien en la calle en un modesto puestito les ofrezca a los demás predecir el futuro o una pócima para una cura milagrosa, cuando esos “poderes” lo harían rico instantáneamente, si bien es cierto que otros estafadores como Walter Mercado si han tenido un éxito comercial innegable. Lo más preocupante no son sólo los abusos que se aprovechan de la candidez de la gente como sucede mediante los hot line de astrología y demás yerbas, o algunos programas de televisión como “Pare de sufrir” y otros por el estilo, que por cierto actúan con impunidad por la complacencia y complicidad de las autoridades, pues la Constitución Política de México señala quien no se gana la vida de forma honrada incurre en un delito; sino que lo más preocupante es el fanatismo que puede dar lugar a aberraciones como la reciente de un niño de cinco años en Brasil cuyo padrastro le introdujo decenas de agujas de coser en su cuerpecito dizque para deshacer un hechizo, entre otras muchas atrocidades que diario vemos.
Por todo ello reitero respetuosamente a quienes de buena fe abrevan de este tipo de productos la siguiente pregunta: ¿quieren creer o quieren saber? Si quieren saber la verdad de las cosas necesitan adoptar una actitud escéptica, exigir pruebas bajo parámetros científicos, proceder a analizar racionalmente, decantarse por explicaciones terrenales al menos en primera instancia apegándose a lo establecido por la navaja de Occam de preferir las explicaciones más racionales y terrenales aunque sean menos espectaculares, que las explicaciones más fantasiosas o que se “apoyan” sólo en dichos de algunas personas, que pueden ser respetables pero que no basta su palabra para establecer una verdad científica. La verdad es intersubjetiva y sólo puede ser aceptada por una comunidad científica si se siguen exigencias rigurosas que garanticen el máximo de objetiva posible. De otro modo habría que aceptar la postura de Tertuliano quien decía: “creo porque es absurdo” pues sólo lo absurdo puede ser creído dogmáticamente, como un acto de fe, sin mediación de la razón.
lunes, 25 de enero de 2010
Superación personal versus terapia filosófica
Superación personal versus terapia filosófica
César Ricardo Luque Santana
El boom de la literatura de superación personal o autoayuda, junto con una no menos profusa difusión de obras de esoterismo, son fenómenos que se han disparado durante las últimas décadas. ¿Cómo entender este creciente interés por los libros, cursos y conferencias de autoayuda y asimismo por las cuestiones esotéricas? Creo que ambos fenómenos tienen la misma raíz social pues vivimos una época de decadencia y abandono, donde el tejido social está cada vez más deteriorado porque la sociedad es cada vez menos solidaria y por ende más individualista, egoísta, empobrecida y caótica, lo que provoca vacíos que la educación formal por diversas razones no puede llenar, como tampoco lo puede hacer la cultura que enaltece al ser humano debido al alto grado de mercantilización de las relaciones sociales que envilece todo lo que toca. ¿Cuáles son las alternativas de mucha gente ante el desempleo galopante, la reducción de los derechos sociales, la incertidumbre y la exclusión social? Por un lado, tratar de ver por sí mismos buscando el éxito material a como dé lugar; por otro lado, llenar el vacío espiritual parapetándose en el misticismo, lo sobrenatural, lo mágico-religioso. En este último punto, mientras más extravagantes, estrambóticas o fantasiosas sean las creencias que se profesan, éstas le resultan más atractivas o seductoras, lo que en sí mismo es un reflejo del alto grado de desazón que se tiene. Las obras de superación personal y las creencias en lo paranormal, funcionan entonces como paliativos de las carencias materiales y/o intelectuales, asunto que es explotado comercialmente por algunos vividores, aprovechando la ingenuidad de quienes de buena fe abrevan de estos productos, algunos de los cuales por cierto son personas con escolaridad universitaria. De hecho, las mal llamadas “ciencias ocultas”, así como muchos libros de superación personal, son imposturas que como decía Voltaire, “inventó la bribonería para subyugar a los imbéciles”.
Las características de las obras de superación personal son entre otras las siguientes: presentan lugares comunes o verdades de Perogrullo, por ejemplo, decirle a las personas que si son disciplinadas, esto es, dedicadas, constantes y organizadas van a ser exitosas, es decirles una obviedad, o como decía el “motivador” Miguel Ángel Cornejo, si alguien quiere ser extraordinario debe hacer entonces un esfuerzo adicional, pues si por ejemplo, un deportista, un vendedor, un estudiante, etc., trabajan en serio su jornada, más algunas horas extras, tendrán por consecuencia mejores resultados que quienes se limitan a realizar un esfuerzo mínimo. Esto mismo dice un dicho popular: “se cosecha lo que se siembra”, lo que significa que quien se tira a la pereza, es desorganizado, etc., cosecha fracasos; mientras que el que hace las cosas a conciencia y en forma metódica, etc., cosecha éxitos. Esta aseveración de sentido común nos lleva otro punto muy ligado al anterior dentro de la literatura motivacional, la necesidad que sienten algunas personas de recibir consejos que confirmen lo que ya saben, es decir, la propensión al sermoneo. Otro elemento típico del consumidor de este tipo de literatura es que busca respuestas acabadas, recetas que le indiquen cómo hacer para lograr determinados objetivos como si fueran instrucciones para armar un objeto cualquiera. Otro elemento es la cuestión del éxito material como un fin en sí mismo y no como un medio, así como una embadurnada de “espiritualidad” basada en el pensamiento mágico-religioso. No menos importante es el alto grado de subjetividad, la creencia de que basta el control de la mente para conseguir lo que se quiera, y desde luego, la buena disposición, el optimismo y voluntarismo desbordado y cosas por el estilo que denotan un idealismo rupestre.
La terapia o consultoría filosófica por el contrario, se basa en la sabiduría de los grandes filósofos que han sido los maestros de la humanidad, los cuales se caracterizaron por tener pensamientos profundos, ajeno a la banalidad o frivolidad típica de los escritores de best seller y quienes trataron de formar seres humanos íntegros, sin establecer el éxito material como meta e incluso sacrificándola en ocasiones en aras de una existencia auténtica, pues el vivir apegado a la verdad suele tener consecuencias personales negativas en el terreno material, ya que una auténtica vida espiritual desde la perspectiva filosófica, consiste en cultivar el intelecto y llevar una vida congruente (ética) con la forma de pensar que se tiene, al contrario de lo que enseña la superación personal o autoayuda que supone un egoísmo sórdido (nada que ver con un sano amor propio), y que no exige tampoco rigor intelectual, ni siquiera una actitud racional y mucho menos tener que pensar por cuenta propia, pues de hecho se dirige a un público que se puede considerar analfabeta funcional. La terapia filosófica ayuda mediante el conocimiento filosófico a que la gente construya su horizonte de sentido por sí misma, reflexionando, problematizando las cosas, exigiendo y ofreciendo argumentos válidos, identificando las contradicciones para resolverlas o superarlas con base en la lógica y en los más altos valores de la humanidad.
Ciertamente hay otras alternativas de superación personal dentro del campo de la psicología como la logoterapia de Viktor Frankl, la terapia centrada en el cliente de Carl Rogers, que están fundadas en el conocimiento científico de la psique humana, e incluso los aportes de la psicología cognitiva de Jerome Bruner, David Ausubel y otros, aunque los dos primero si trabajan la cuestión de la búsqueda de sentido de las personas que están en una situación de crisis profunda, mientras que los otros están más enfocados a los individuos que realizan o están vinculados a actividades intelectuales, cognitivas o de aprendizaje significativo. Se podría mencionar también al psicoanálisis de Fromm que trata de apoyar a las personas en su liberación mental de la alienación social tomando en cuenta el contexto histórico-social en el que éstas se desenvuelven.
Debo señalar que no pretendo descalificar per se los esfuerzos legítimos de superación personal ni herir susceptibilidades, pero es necesario tomar nota de los aspectos negativos y enajenantes de la literatura de autoayuda procurando otras opciones como la terapia filosófica o el psicoanálisis que conllevan una autoexigencia de mayor rigor intelectual, que contienen un sentido crítico, que fomentan la generosidad, que se orientan a una liberación que no puede ser sólo individual, etc., pues de otra manera, se es víctima de estafadores que mediante lavados de cerebro inculcan el conformismo social, el egoísmo, la adaptación a una sociedad injusta, así como la promoción de ideas irracionales y supersticiosas esgrimiendo toda clase de ocurrencias y falsas suposiciones. Me preocupa también que estas ideas irracionales y antirracionales hayan penetrado incluso la academia universitaria mediante lo que llaman “desarrollo humano”, que no es otra cosa que técnicas de manipulación comercial y política. No se trata de estar cerrado a otras posibilidades, ni tampoco de creer que la ciencia tiene las respuestas para todo, sino de ponerse en guardia contra ese afán de estar contra el pensamiento racional, la prudencia y la sana convivencia. Al respecto cabe mencionar la pertinencia del criterio de la navaja de Occam la cual dice que no hay que multiplicar los entes sin necesidad, lo que quiere decir que ante un problema dado, debemos preferir una explicación terrenal y racional que nos lleve a una verdad plausible, en lugar de decantarse por una explicación fantasiosa que puede ser muy cautivadora pero que es innecesaria y sobre todo falsa.
César Ricardo Luque Santana
El boom de la literatura de superación personal o autoayuda, junto con una no menos profusa difusión de obras de esoterismo, son fenómenos que se han disparado durante las últimas décadas. ¿Cómo entender este creciente interés por los libros, cursos y conferencias de autoayuda y asimismo por las cuestiones esotéricas? Creo que ambos fenómenos tienen la misma raíz social pues vivimos una época de decadencia y abandono, donde el tejido social está cada vez más deteriorado porque la sociedad es cada vez menos solidaria y por ende más individualista, egoísta, empobrecida y caótica, lo que provoca vacíos que la educación formal por diversas razones no puede llenar, como tampoco lo puede hacer la cultura que enaltece al ser humano debido al alto grado de mercantilización de las relaciones sociales que envilece todo lo que toca. ¿Cuáles son las alternativas de mucha gente ante el desempleo galopante, la reducción de los derechos sociales, la incertidumbre y la exclusión social? Por un lado, tratar de ver por sí mismos buscando el éxito material a como dé lugar; por otro lado, llenar el vacío espiritual parapetándose en el misticismo, lo sobrenatural, lo mágico-religioso. En este último punto, mientras más extravagantes, estrambóticas o fantasiosas sean las creencias que se profesan, éstas le resultan más atractivas o seductoras, lo que en sí mismo es un reflejo del alto grado de desazón que se tiene. Las obras de superación personal y las creencias en lo paranormal, funcionan entonces como paliativos de las carencias materiales y/o intelectuales, asunto que es explotado comercialmente por algunos vividores, aprovechando la ingenuidad de quienes de buena fe abrevan de estos productos, algunos de los cuales por cierto son personas con escolaridad universitaria. De hecho, las mal llamadas “ciencias ocultas”, así como muchos libros de superación personal, son imposturas que como decía Voltaire, “inventó la bribonería para subyugar a los imbéciles”.
Las características de las obras de superación personal son entre otras las siguientes: presentan lugares comunes o verdades de Perogrullo, por ejemplo, decirle a las personas que si son disciplinadas, esto es, dedicadas, constantes y organizadas van a ser exitosas, es decirles una obviedad, o como decía el “motivador” Miguel Ángel Cornejo, si alguien quiere ser extraordinario debe hacer entonces un esfuerzo adicional, pues si por ejemplo, un deportista, un vendedor, un estudiante, etc., trabajan en serio su jornada, más algunas horas extras, tendrán por consecuencia mejores resultados que quienes se limitan a realizar un esfuerzo mínimo. Esto mismo dice un dicho popular: “se cosecha lo que se siembra”, lo que significa que quien se tira a la pereza, es desorganizado, etc., cosecha fracasos; mientras que el que hace las cosas a conciencia y en forma metódica, etc., cosecha éxitos. Esta aseveración de sentido común nos lleva otro punto muy ligado al anterior dentro de la literatura motivacional, la necesidad que sienten algunas personas de recibir consejos que confirmen lo que ya saben, es decir, la propensión al sermoneo. Otro elemento típico del consumidor de este tipo de literatura es que busca respuestas acabadas, recetas que le indiquen cómo hacer para lograr determinados objetivos como si fueran instrucciones para armar un objeto cualquiera. Otro elemento es la cuestión del éxito material como un fin en sí mismo y no como un medio, así como una embadurnada de “espiritualidad” basada en el pensamiento mágico-religioso. No menos importante es el alto grado de subjetividad, la creencia de que basta el control de la mente para conseguir lo que se quiera, y desde luego, la buena disposición, el optimismo y voluntarismo desbordado y cosas por el estilo que denotan un idealismo rupestre.
La terapia o consultoría filosófica por el contrario, se basa en la sabiduría de los grandes filósofos que han sido los maestros de la humanidad, los cuales se caracterizaron por tener pensamientos profundos, ajeno a la banalidad o frivolidad típica de los escritores de best seller y quienes trataron de formar seres humanos íntegros, sin establecer el éxito material como meta e incluso sacrificándola en ocasiones en aras de una existencia auténtica, pues el vivir apegado a la verdad suele tener consecuencias personales negativas en el terreno material, ya que una auténtica vida espiritual desde la perspectiva filosófica, consiste en cultivar el intelecto y llevar una vida congruente (ética) con la forma de pensar que se tiene, al contrario de lo que enseña la superación personal o autoayuda que supone un egoísmo sórdido (nada que ver con un sano amor propio), y que no exige tampoco rigor intelectual, ni siquiera una actitud racional y mucho menos tener que pensar por cuenta propia, pues de hecho se dirige a un público que se puede considerar analfabeta funcional. La terapia filosófica ayuda mediante el conocimiento filosófico a que la gente construya su horizonte de sentido por sí misma, reflexionando, problematizando las cosas, exigiendo y ofreciendo argumentos válidos, identificando las contradicciones para resolverlas o superarlas con base en la lógica y en los más altos valores de la humanidad.
Ciertamente hay otras alternativas de superación personal dentro del campo de la psicología como la logoterapia de Viktor Frankl, la terapia centrada en el cliente de Carl Rogers, que están fundadas en el conocimiento científico de la psique humana, e incluso los aportes de la psicología cognitiva de Jerome Bruner, David Ausubel y otros, aunque los dos primero si trabajan la cuestión de la búsqueda de sentido de las personas que están en una situación de crisis profunda, mientras que los otros están más enfocados a los individuos que realizan o están vinculados a actividades intelectuales, cognitivas o de aprendizaje significativo. Se podría mencionar también al psicoanálisis de Fromm que trata de apoyar a las personas en su liberación mental de la alienación social tomando en cuenta el contexto histórico-social en el que éstas se desenvuelven.
Debo señalar que no pretendo descalificar per se los esfuerzos legítimos de superación personal ni herir susceptibilidades, pero es necesario tomar nota de los aspectos negativos y enajenantes de la literatura de autoayuda procurando otras opciones como la terapia filosófica o el psicoanálisis que conllevan una autoexigencia de mayor rigor intelectual, que contienen un sentido crítico, que fomentan la generosidad, que se orientan a una liberación que no puede ser sólo individual, etc., pues de otra manera, se es víctima de estafadores que mediante lavados de cerebro inculcan el conformismo social, el egoísmo, la adaptación a una sociedad injusta, así como la promoción de ideas irracionales y supersticiosas esgrimiendo toda clase de ocurrencias y falsas suposiciones. Me preocupa también que estas ideas irracionales y antirracionales hayan penetrado incluso la academia universitaria mediante lo que llaman “desarrollo humano”, que no es otra cosa que técnicas de manipulación comercial y política. No se trata de estar cerrado a otras posibilidades, ni tampoco de creer que la ciencia tiene las respuestas para todo, sino de ponerse en guardia contra ese afán de estar contra el pensamiento racional, la prudencia y la sana convivencia. Al respecto cabe mencionar la pertinencia del criterio de la navaja de Occam la cual dice que no hay que multiplicar los entes sin necesidad, lo que quiere decir que ante un problema dado, debemos preferir una explicación terrenal y racional que nos lleve a una verdad plausible, en lugar de decantarse por una explicación fantasiosa que puede ser muy cautivadora pero que es innecesaria y sobre todo falsa.
domingo, 17 de enero de 2010
Costructivismo y competencias educativas
Constructivismo y competencias educativas
César Ricardo Luque Santana
El siguiente artículo es derivado de una breve charla que sostuve con un grupo de profesores de telepreparatoria de Nayarit con el tema del construccionismo, en el marco de su reunión habitual de trabajo de academia, gracias a la invitación que me extendiera mi amigo Víctor Ortiz, profesor de ese subsistema educativo. Huelga decir que si bien este escrito recoge en esencia lo que dije ahí, he modificado un poco la estructura argumental y el tratamiento algunos puntos.
Sin duda una de las teorías del aprendizaje más en boga en la educación en México es el constructivismo, el cual resulta conveniente en algunos aspectos al modelo por competencias educativas a partir de sus criterios académicos como los siguientes: acentuar el aprendizaje sobre la enseñanza, inculcar el aprender a aprender, fomentar la capacidad de iniciativa del estudiante para sea capaz de instrumentar diversas maneras de resolver problemas, la estandarización de conocimientos, la evaluación sobre la base de evidencias “objetivas”, entre otros puntos semejantes. Asimismo, la emergencia, o mejor dicho, la creciente importancia que se le ha dado a esta “teoría” del aprendizaje, asimilada desde la perspectiva del mencionado modelo educativo, debe ser comprendida no sólo desde las didácticas especiales de un Piaget o de un Vigotski u otros, sino también desde los fines de la educación en el marco de la globalización neoliberal, es decir, se trata de indagar por qué y en qué sentido se promueve este paradigma del aprendizaje.
De entrada hay que señalar un par de cosas más o menos evidentes: una, que el constructivismo no es muy novedoso como tampoco lo son las competencias educativas; y dos, que la promoción de formas de aprendizaje más interactivas son producto de la necesidad de plantear una educación que responda a los vertiginosos cambios sociales y a la interrelación (más que “interdependencia”) entre naciones en el comercio en todas sus manifestaciones. En este último caso, es natural combatir una forma anquilosada de educación donde el acento era puesto en la enseñanza lo que provocaba una actitud pasiva en el estudiante, además de un estancamiento curricular donde los contenidos de aprendizaje estaban hechos para un mundo más o menos estable o relativamente estático; de ahí también cierto desdén a los contenidos o conocimientos cuya validez resultan ahora un tanto efímeros y la exaltación en cambio de los procedimientos y actitudes. En cuanto al primer caso, se asume las metodologías y conceptualizaciones originadas por Piaget, Vigotski, Bruner, Ausubel y otros, pero con una intencionalidad diferente a la de estos creadores, pues ellos tenían una concepción integral (humanista) de la educación, mientras que el modelo por competencias está diseñado para servir principalmente a los intereses del mercado. Asimismo, resulta oportuno señalar la opinión del investigador Javier Hidalgo Guzmán, quien sostiene que el constructivismo no es propiamente una teoría como tal, sino una diversidad de enfoques sobre el conocimiento que en efecto se sitúan en el plano del aprendizaje y por tanto parten del sujeto como agente del conocimiento.
Sin embargo, el constructivismo cognitivo debe ser analizado no sólo desde el terreno de la didáctica, sino también como una política educativa actual, la cual presenta un sesgo específico hacia los intereses del gran capital en el contexto de la llamada “globalización neoliberal”, cuyas señas de identidad son la promoción de un individualismo acendrado concomitante con un distanciamiento cada vez mayor de las políticas sociales de bienestar de la mayoría de la población, rompiendo con ello los lazos de solidaridad entre los miembros de sociedad sustituyéndolos por un lado, con prácticas “altruistas” o de caridad –que sirven además a las grandes corporaciones empresariales para evadir impuestos al mismo tiempo que les permite generar una imagen positiva en la sociedad-; y por otro lado, fomentando las lecturas y cursos de superación personal basados en la idea de que el fracaso de las personas es su responsabilidad y no del sistema social, económico y político capitalista, no obstante que éste está diseñado sólo para que unos pocos tengan éxito, lo que presupone inevitablemente un fenómeno de exclusión social de grandes capas de la población privándolas de una serie de derechos que redundan en grave deterioro de sus condiciones materiales de vida. Esta creciente pobreza y falta de oportunidades es a su vez es caldo de cultivo para la delincuencia, la inseguridad e incertidumbre, la represión policíaca a las demandas de justicia pues los movimientos populares son criminalizados por la clase dominante, y en general, de caos y desesperanza que se acentúan más en los llamados Estados fallidos, etc.
Volviendo a los puntos principales de las distintas didácticas constructivistas dentro de la perspectiva del modelo por competencias, cuyos puntos principales son el énfasis en el aprendizaje, el aprender a aprender y la “autonomía” del individuo, es necesario –sin condenar en bloque dicho modelo- reconocer sus límites, es decir, sus intenciones, pues el propósito de convertir a los alumnos en agentes activos del conocimiento, en corresponsables de su educación, si bien es algo válido en sí mismo, se mueve en los límites de la razón instrumental, es decir, del conocimiento técnico o como técnica, desprovisto de un pensamiento crítico, pues se entiende que la autosuficiencia de la persona es cognitiva en el sentido de saber mantenerse vigente para de esa manera poder adaptarse al medio social, lo que vale decir al mercado, pues fuera de él nadie existe. En otras palabras, se trata de forjar trabajadores rentables al capital, no de formar sujetos en sentido estricto. Hay entonces la idea de un perfil de egreso con un carácter unidimensional en los términos que señalará Hebert Marcuse, lo que implica que no se forma a las personas para una auténtica liberación sino para el éxito personal en términos materiales aunque se le adose de “espiritualidad”. El mismo “aprender a aprender” está acotado a la necesidad de ir al ritmo de los constantes cambios generados por las tecnologías que juegan un papel preponderante en la producción y el comercio a escala mundial, lo que convierte a muchos conocimientos dada su naturaleza efímera, en información desechable, de ahí la necesidad de desaprender y de volver a aprender constantemente, mientras que los saberes de la vida, los de tipo humanístico, los que tocan las fibras sensibles del ser humano, son perennes, y por ello, lejos de desactualizarse, exigen una constante profundización y enriquecimiento. No es casual entonces que estos saberes (como la filosofía por ejemplo) sean vistos como “inútiles” o “superfluos” y se les mantenga marginados.
A propósito de la filosofía, podemos decir que el filosofar es necesariamente constructivista, aunque la acentuación del papel del sujeto puede apreciarse de manera clara en algunas filosofías, como en Descartes con su “pienso, luego existo”, o en Kant quien con su “revolución copernicana” señaló que la cosa en sí es incognoscible, es decir, que no podemos saber de manera absoluta la realidad de las cosas, sino que éstas están mediadas culturalmente, es decir, el conocimiento es tal como es para nosotros, sin que esto signifique caer en un relativismo individualista donde cada quien tiene su verdad, pues la verdad científica es intersubjetiva, es decir, depende en gran medida de una aceptación o consenso de una comunidad científica como dijera luego Lakatos, lo que a su vez implica formas de verificación específicas mediante la utilización del método científico u otras forma de dar razón de las cosas que sean plausibles para todos o la mayoría. Marx por su parte, en las Tesis sobre Feuerbach, reconoció del idealismo sus aportes al conocimiento al mismo tiempo que denunció sus limitaciones, pues si bien determinan que el sujeto es constructor de conocimiento, su postura unilateral, esto es, idealista, los llevó a exageraciones como pretender determinar también la existencia de la realidad desde el plano de lo mental; para lo cual le opone el materialismo que sale al paso a ese exceso idealista, pero éste comete el error de concebir pasivamente el conocimiento como un mero reflejo del objeto. Marx, hará una superación de las limitaciones de ambas posturas conservando sus aspectos correctos, estableciendo así una dialéctica entre sujeto y objeto, además de plantear la necesidad de una transformación revolucionaria de la naturaleza y la sociedad.
En consecuencia, el constructivismo y las competencias educativas no son de ninguna manera novedosos, sino que su “integración” responde al contexto histórico de globalización neoliberal, de manera que los enfoques y metodologías constructivistas han sido adaptados a esas necesidades. Por ello insisto en que es importante hacer una distinción de planos entre las propuestas constructivistas en cuanto a sus métodos y conceptualizaciones (sus aspectos didácticos) que sin duda son muy valiosos; con la orientación mercantilista de los fines de la educación neoliberal, la cual utiliza sólo algunos aspectos de éstas didácticas constructivistas despojándolas de su concepción humanística, aprovechando de ellas sólo aquello que resulte adecuado para formar profesionistas útiles al capital, mientras que como ciudadanos y como personas se encuentran abandonados a su suerte.
César Ricardo Luque Santana
El siguiente artículo es derivado de una breve charla que sostuve con un grupo de profesores de telepreparatoria de Nayarit con el tema del construccionismo, en el marco de su reunión habitual de trabajo de academia, gracias a la invitación que me extendiera mi amigo Víctor Ortiz, profesor de ese subsistema educativo. Huelga decir que si bien este escrito recoge en esencia lo que dije ahí, he modificado un poco la estructura argumental y el tratamiento algunos puntos.
Sin duda una de las teorías del aprendizaje más en boga en la educación en México es el constructivismo, el cual resulta conveniente en algunos aspectos al modelo por competencias educativas a partir de sus criterios académicos como los siguientes: acentuar el aprendizaje sobre la enseñanza, inculcar el aprender a aprender, fomentar la capacidad de iniciativa del estudiante para sea capaz de instrumentar diversas maneras de resolver problemas, la estandarización de conocimientos, la evaluación sobre la base de evidencias “objetivas”, entre otros puntos semejantes. Asimismo, la emergencia, o mejor dicho, la creciente importancia que se le ha dado a esta “teoría” del aprendizaje, asimilada desde la perspectiva del mencionado modelo educativo, debe ser comprendida no sólo desde las didácticas especiales de un Piaget o de un Vigotski u otros, sino también desde los fines de la educación en el marco de la globalización neoliberal, es decir, se trata de indagar por qué y en qué sentido se promueve este paradigma del aprendizaje.
De entrada hay que señalar un par de cosas más o menos evidentes: una, que el constructivismo no es muy novedoso como tampoco lo son las competencias educativas; y dos, que la promoción de formas de aprendizaje más interactivas son producto de la necesidad de plantear una educación que responda a los vertiginosos cambios sociales y a la interrelación (más que “interdependencia”) entre naciones en el comercio en todas sus manifestaciones. En este último caso, es natural combatir una forma anquilosada de educación donde el acento era puesto en la enseñanza lo que provocaba una actitud pasiva en el estudiante, además de un estancamiento curricular donde los contenidos de aprendizaje estaban hechos para un mundo más o menos estable o relativamente estático; de ahí también cierto desdén a los contenidos o conocimientos cuya validez resultan ahora un tanto efímeros y la exaltación en cambio de los procedimientos y actitudes. En cuanto al primer caso, se asume las metodologías y conceptualizaciones originadas por Piaget, Vigotski, Bruner, Ausubel y otros, pero con una intencionalidad diferente a la de estos creadores, pues ellos tenían una concepción integral (humanista) de la educación, mientras que el modelo por competencias está diseñado para servir principalmente a los intereses del mercado. Asimismo, resulta oportuno señalar la opinión del investigador Javier Hidalgo Guzmán, quien sostiene que el constructivismo no es propiamente una teoría como tal, sino una diversidad de enfoques sobre el conocimiento que en efecto se sitúan en el plano del aprendizaje y por tanto parten del sujeto como agente del conocimiento.
Sin embargo, el constructivismo cognitivo debe ser analizado no sólo desde el terreno de la didáctica, sino también como una política educativa actual, la cual presenta un sesgo específico hacia los intereses del gran capital en el contexto de la llamada “globalización neoliberal”, cuyas señas de identidad son la promoción de un individualismo acendrado concomitante con un distanciamiento cada vez mayor de las políticas sociales de bienestar de la mayoría de la población, rompiendo con ello los lazos de solidaridad entre los miembros de sociedad sustituyéndolos por un lado, con prácticas “altruistas” o de caridad –que sirven además a las grandes corporaciones empresariales para evadir impuestos al mismo tiempo que les permite generar una imagen positiva en la sociedad-; y por otro lado, fomentando las lecturas y cursos de superación personal basados en la idea de que el fracaso de las personas es su responsabilidad y no del sistema social, económico y político capitalista, no obstante que éste está diseñado sólo para que unos pocos tengan éxito, lo que presupone inevitablemente un fenómeno de exclusión social de grandes capas de la población privándolas de una serie de derechos que redundan en grave deterioro de sus condiciones materiales de vida. Esta creciente pobreza y falta de oportunidades es a su vez es caldo de cultivo para la delincuencia, la inseguridad e incertidumbre, la represión policíaca a las demandas de justicia pues los movimientos populares son criminalizados por la clase dominante, y en general, de caos y desesperanza que se acentúan más en los llamados Estados fallidos, etc.
Volviendo a los puntos principales de las distintas didácticas constructivistas dentro de la perspectiva del modelo por competencias, cuyos puntos principales son el énfasis en el aprendizaje, el aprender a aprender y la “autonomía” del individuo, es necesario –sin condenar en bloque dicho modelo- reconocer sus límites, es decir, sus intenciones, pues el propósito de convertir a los alumnos en agentes activos del conocimiento, en corresponsables de su educación, si bien es algo válido en sí mismo, se mueve en los límites de la razón instrumental, es decir, del conocimiento técnico o como técnica, desprovisto de un pensamiento crítico, pues se entiende que la autosuficiencia de la persona es cognitiva en el sentido de saber mantenerse vigente para de esa manera poder adaptarse al medio social, lo que vale decir al mercado, pues fuera de él nadie existe. En otras palabras, se trata de forjar trabajadores rentables al capital, no de formar sujetos en sentido estricto. Hay entonces la idea de un perfil de egreso con un carácter unidimensional en los términos que señalará Hebert Marcuse, lo que implica que no se forma a las personas para una auténtica liberación sino para el éxito personal en términos materiales aunque se le adose de “espiritualidad”. El mismo “aprender a aprender” está acotado a la necesidad de ir al ritmo de los constantes cambios generados por las tecnologías que juegan un papel preponderante en la producción y el comercio a escala mundial, lo que convierte a muchos conocimientos dada su naturaleza efímera, en información desechable, de ahí la necesidad de desaprender y de volver a aprender constantemente, mientras que los saberes de la vida, los de tipo humanístico, los que tocan las fibras sensibles del ser humano, son perennes, y por ello, lejos de desactualizarse, exigen una constante profundización y enriquecimiento. No es casual entonces que estos saberes (como la filosofía por ejemplo) sean vistos como “inútiles” o “superfluos” y se les mantenga marginados.
A propósito de la filosofía, podemos decir que el filosofar es necesariamente constructivista, aunque la acentuación del papel del sujeto puede apreciarse de manera clara en algunas filosofías, como en Descartes con su “pienso, luego existo”, o en Kant quien con su “revolución copernicana” señaló que la cosa en sí es incognoscible, es decir, que no podemos saber de manera absoluta la realidad de las cosas, sino que éstas están mediadas culturalmente, es decir, el conocimiento es tal como es para nosotros, sin que esto signifique caer en un relativismo individualista donde cada quien tiene su verdad, pues la verdad científica es intersubjetiva, es decir, depende en gran medida de una aceptación o consenso de una comunidad científica como dijera luego Lakatos, lo que a su vez implica formas de verificación específicas mediante la utilización del método científico u otras forma de dar razón de las cosas que sean plausibles para todos o la mayoría. Marx por su parte, en las Tesis sobre Feuerbach, reconoció del idealismo sus aportes al conocimiento al mismo tiempo que denunció sus limitaciones, pues si bien determinan que el sujeto es constructor de conocimiento, su postura unilateral, esto es, idealista, los llevó a exageraciones como pretender determinar también la existencia de la realidad desde el plano de lo mental; para lo cual le opone el materialismo que sale al paso a ese exceso idealista, pero éste comete el error de concebir pasivamente el conocimiento como un mero reflejo del objeto. Marx, hará una superación de las limitaciones de ambas posturas conservando sus aspectos correctos, estableciendo así una dialéctica entre sujeto y objeto, además de plantear la necesidad de una transformación revolucionaria de la naturaleza y la sociedad.
En consecuencia, el constructivismo y las competencias educativas no son de ninguna manera novedosos, sino que su “integración” responde al contexto histórico de globalización neoliberal, de manera que los enfoques y metodologías constructivistas han sido adaptados a esas necesidades. Por ello insisto en que es importante hacer una distinción de planos entre las propuestas constructivistas en cuanto a sus métodos y conceptualizaciones (sus aspectos didácticos) que sin duda son muy valiosos; con la orientación mercantilista de los fines de la educación neoliberal, la cual utiliza sólo algunos aspectos de éstas didácticas constructivistas despojándolas de su concepción humanística, aprovechando de ellas sólo aquello que resulte adecuado para formar profesionistas útiles al capital, mientras que como ciudadanos y como personas se encuentran abandonados a su suerte.
domingo, 10 de enero de 2010
En defensa del Estado laico
En defensa del Estado laico
César Ricardo Luque Santana
Un factor determinante en la construcción del Estado moderno, paralelo a la surgimiento del capitalismo, fue la separación Iglesia-Estado, la separación entre la religión y la política, planteamiento que se halla presente en intelectuales de esa época desde Dante Aligheri, Maquiavelo, Hobbes, y que se continúa con otros pensadores de la modernidad sin excepción, como Locke, Rousseau y otros, si bien entre todos ellos hay algunas diferencias de concepción. Huelga decir que la postura personal respecto a las convicciones religiosas de la enorme mayoría de los filósofos modernos era en el mejor o en el peor de los casos, agnóstica mas no atea, de manera que su laicismo no devenía necesariamente en anticlericalismo. De este modo, la conquista del Estado laico se impuso gradualmente en la mayoría de los países del orbe desde el siglo XIX y hasta la actualidad, Iglesia y Estado han mantenido una relación tensa, compleja y desde luego contradictoria a partir de ello.
¿Por qué la naciente sociedad capitalista necesitó la separación entre el Estado y la Iglesia?, ¿por qué los intelectuales ilustrados y liberales abogaron de diversas maneras por un gobierno civil no confesional?, ¿en qué se fundamentaron para ello? La emergencia del modo de producción capitalista liberó las fuerzas productivas que permanecían aletargadas en el feudalismo en Europa occidental, de manera que la naciente burguesía entró en conflicto con la clase dominante prevaleciente que eran los señores feudales. La necesidad de un libre comercio sin las barreras que oponían los principados era una cuestión ineludible, lo que trajo entre otras cosas la creación del Estado-nación eliminando así los pequeños principados, ensanchando con ello los territorios que éstos ocupaban. Asimismo, la fuerza de trabajo representada por los asalariados, que era la nueva clase trabajadora, particularmente la que se concentró en las ciudades y laboró en las primeras industrias, presuponía una igualdad formal o de iure. De este modo, con diversas interpretaciones (por ejemplo, Hobbes que pensaba que el hombre era malo por naturaleza y la sociedad lo redimía mientras que Rousseau decía lo contrario, que éste era bueno por naturaleza y las convenciones sociales lo maleaban), se partía de que el hombre era libre e igual ante la ley, a lo que se le llamó derecho natural por considerar que dicha igualdad era evidente, al contrario de Aristóteles por ejemplo, que pensaba que los hombres libres y los esclavos también lo eran por naturaleza, que estaban determinados de nacimiento en una u otra condición social. El papel de la religión en el seno del poder constituía un escollo para el desarrollo de las fuerzas productivas que el capitalismo impulsaba y que a su vez lo impulsaban a él, de manera que ésta no podía tener ya el papel dominante que tuvo durante la Edad Media.
La necesidad de libre comercio llevó a la necesidad de libre pensamiento. La solución era entonces un Estado laico entendido éste como no-confesional pues sólo él podía garantizar una libertad de conciencia, de normas y valores morales, y desde luego de religión o de irreligión. El Estado laico en este sentido se asume como neutral respecto a las maneras de pensar de sus ciudadanos, aunque es normal que la Iglesia lo percibiera como hostil a la religión, pues necesariamente implicaba perder una serie de privilegios que por mucho tiempo habían mantenido y que obviamente no estaban (y siguen sin estarlo) dispuestos a renunciar a ellos. Pero en realidad, el Estado laico es el único garante de la tolerancia en la diversidad, la cual que creo yo, debe ser el fundamento esencial no sólo de la democracia sino de los derechos humanos mismos, pues el derecho a ser diferentes significa no tener que padecer imposiciones ideológicas o de credos religiosos, y por tanto de ser libres, aunque sólo sea jurídicamente y en forma clasistamente sesgada.
La importancia de mantener el Estado laico como la base de las libertades democráticas es ahora más importante que nunca, de ahí que preocupa las constantes intromisiones del alto clero de la Iglesia católica mexicana en asuntos públicos como la educación que tiene su fundamento en la racionalidad y no en la fe; o en la cuestión de las preferencias sexuales, particularmente del homosexualismo que en modo alguno es algo contra natura como sostienen falazmente algunos de sus enemigos; o en el tema del aborto que siendo principalmente un problema de salud, lo trasforman en asunto de moral, sin que esto no implique desde luego en algunos casos dilemas éticos, pero siendo la religión una cuestión de fe y un asunto de la esfera privada, es claro que sus opiniones en este punto no pueden estar por encima de los criterios científicos, como tampoco son depositarios de la moral como vanamente pretenden, pues la historia pasada y reciente de la mayoría de las religiones los descalifican en ese sentido. Ahora bien, como todos estos asuntos pasan por el tamiz político, es importante reconocer que no hay ingredientes más explosivos que juntar la religión con la política pretendiendo que las normas y valores de una religión (no importa que sea mayoritaria), se conviertan en derecho positivo. Hace poco vimos a través de la televisión, una lapidación pública en Somalia de una pareja de adúlteros juzgados y castigados con base una supuesta norma del Corán que fue asumida como legal, llevándonos a una situación aberrante y violatoria de los derechos humanos. Por cierto, esos mismos fundamentalistas religiosos tan ofendidos por una cuestión sexual, no lo están por la pobreza de su pueblo y la delincuencia desatada, ni mucho menos por el terrorismo.
En este sentido, los poderes fácticos como puede ser una institución religiosa o como son los grandes medios de comunicación o los grandes grupos empresariales, con sus tendencias monopólicas socavan las bases de la democracia que descansan precisamente en su pluralidad de gustos, preferencias, condiciones, etc., y que por ende permiten una diversidad de opciones para ejercer la libertad. Paradójicamente, creo que en el caso de la religión, su separación del poder político no sólo no debería de perjudicarles sino que les debería de resultar benéfica toda vez que se purifican espiritualmente sus creencias, además de que sus normas y valores sólo deberían acatarlos sus feligreses si ellos creen que es lo correcto en vez de querer someter a todo mundo a ellos, pues por más que pretendan darles un valor absoluto, sólo valen para quienes profesan dicha religión, y en los casos donde algunos de sus valores son realmente universales, por esa misma razón no son privativos de ellos ni tampoco obedecen a las mismas perspectivas de otras formas de pensamiento que eventualmente coinciden con ellos en algunos valores, pues no lo mismo para ejemplificar este último caso, apelar a la honradez de las personas como un “sacrificio” que le será recompensado en un supuesto paraíso después de su muerte, que inculcarlo porque es algo bueno en sí mismo y porque ello permite una mejor convivencia en comunidad.
El drama mayor no es que la Iglesia como un poder terrenal y fáctico reclame privilegios indebidos y siga atada a una mentalidad conservadora atávica, o de que sea falso que la moral dependa de la religión como algunos por ignorancia o por conveniencia pretenden, sino que algunos gobernantes de un Estado laico como es México, violen la constitución que juraron respetar y enaltecer, ostentando públicamente sus convicciones religiosas -auténticas o no- con evidentes fines de manipulación política, sin reparar en la falta de respeto que cometen contra ciudadanos y contribuyentes que profesan otra religión o ninguna y no merecen que un personaje público utilice recursos públicos con fines proselitistas políticos y/o religiosos, pues como podemos entender, estas actitudes facciosas no abonan a la democracia sino que tienden a deteriorarla.
César Ricardo Luque Santana
Un factor determinante en la construcción del Estado moderno, paralelo a la surgimiento del capitalismo, fue la separación Iglesia-Estado, la separación entre la religión y la política, planteamiento que se halla presente en intelectuales de esa época desde Dante Aligheri, Maquiavelo, Hobbes, y que se continúa con otros pensadores de la modernidad sin excepción, como Locke, Rousseau y otros, si bien entre todos ellos hay algunas diferencias de concepción. Huelga decir que la postura personal respecto a las convicciones religiosas de la enorme mayoría de los filósofos modernos era en el mejor o en el peor de los casos, agnóstica mas no atea, de manera que su laicismo no devenía necesariamente en anticlericalismo. De este modo, la conquista del Estado laico se impuso gradualmente en la mayoría de los países del orbe desde el siglo XIX y hasta la actualidad, Iglesia y Estado han mantenido una relación tensa, compleja y desde luego contradictoria a partir de ello.
¿Por qué la naciente sociedad capitalista necesitó la separación entre el Estado y la Iglesia?, ¿por qué los intelectuales ilustrados y liberales abogaron de diversas maneras por un gobierno civil no confesional?, ¿en qué se fundamentaron para ello? La emergencia del modo de producción capitalista liberó las fuerzas productivas que permanecían aletargadas en el feudalismo en Europa occidental, de manera que la naciente burguesía entró en conflicto con la clase dominante prevaleciente que eran los señores feudales. La necesidad de un libre comercio sin las barreras que oponían los principados era una cuestión ineludible, lo que trajo entre otras cosas la creación del Estado-nación eliminando así los pequeños principados, ensanchando con ello los territorios que éstos ocupaban. Asimismo, la fuerza de trabajo representada por los asalariados, que era la nueva clase trabajadora, particularmente la que se concentró en las ciudades y laboró en las primeras industrias, presuponía una igualdad formal o de iure. De este modo, con diversas interpretaciones (por ejemplo, Hobbes que pensaba que el hombre era malo por naturaleza y la sociedad lo redimía mientras que Rousseau decía lo contrario, que éste era bueno por naturaleza y las convenciones sociales lo maleaban), se partía de que el hombre era libre e igual ante la ley, a lo que se le llamó derecho natural por considerar que dicha igualdad era evidente, al contrario de Aristóteles por ejemplo, que pensaba que los hombres libres y los esclavos también lo eran por naturaleza, que estaban determinados de nacimiento en una u otra condición social. El papel de la religión en el seno del poder constituía un escollo para el desarrollo de las fuerzas productivas que el capitalismo impulsaba y que a su vez lo impulsaban a él, de manera que ésta no podía tener ya el papel dominante que tuvo durante la Edad Media.
La necesidad de libre comercio llevó a la necesidad de libre pensamiento. La solución era entonces un Estado laico entendido éste como no-confesional pues sólo él podía garantizar una libertad de conciencia, de normas y valores morales, y desde luego de religión o de irreligión. El Estado laico en este sentido se asume como neutral respecto a las maneras de pensar de sus ciudadanos, aunque es normal que la Iglesia lo percibiera como hostil a la religión, pues necesariamente implicaba perder una serie de privilegios que por mucho tiempo habían mantenido y que obviamente no estaban (y siguen sin estarlo) dispuestos a renunciar a ellos. Pero en realidad, el Estado laico es el único garante de la tolerancia en la diversidad, la cual que creo yo, debe ser el fundamento esencial no sólo de la democracia sino de los derechos humanos mismos, pues el derecho a ser diferentes significa no tener que padecer imposiciones ideológicas o de credos religiosos, y por tanto de ser libres, aunque sólo sea jurídicamente y en forma clasistamente sesgada.
La importancia de mantener el Estado laico como la base de las libertades democráticas es ahora más importante que nunca, de ahí que preocupa las constantes intromisiones del alto clero de la Iglesia católica mexicana en asuntos públicos como la educación que tiene su fundamento en la racionalidad y no en la fe; o en la cuestión de las preferencias sexuales, particularmente del homosexualismo que en modo alguno es algo contra natura como sostienen falazmente algunos de sus enemigos; o en el tema del aborto que siendo principalmente un problema de salud, lo trasforman en asunto de moral, sin que esto no implique desde luego en algunos casos dilemas éticos, pero siendo la religión una cuestión de fe y un asunto de la esfera privada, es claro que sus opiniones en este punto no pueden estar por encima de los criterios científicos, como tampoco son depositarios de la moral como vanamente pretenden, pues la historia pasada y reciente de la mayoría de las religiones los descalifican en ese sentido. Ahora bien, como todos estos asuntos pasan por el tamiz político, es importante reconocer que no hay ingredientes más explosivos que juntar la religión con la política pretendiendo que las normas y valores de una religión (no importa que sea mayoritaria), se conviertan en derecho positivo. Hace poco vimos a través de la televisión, una lapidación pública en Somalia de una pareja de adúlteros juzgados y castigados con base una supuesta norma del Corán que fue asumida como legal, llevándonos a una situación aberrante y violatoria de los derechos humanos. Por cierto, esos mismos fundamentalistas religiosos tan ofendidos por una cuestión sexual, no lo están por la pobreza de su pueblo y la delincuencia desatada, ni mucho menos por el terrorismo.
En este sentido, los poderes fácticos como puede ser una institución religiosa o como son los grandes medios de comunicación o los grandes grupos empresariales, con sus tendencias monopólicas socavan las bases de la democracia que descansan precisamente en su pluralidad de gustos, preferencias, condiciones, etc., y que por ende permiten una diversidad de opciones para ejercer la libertad. Paradójicamente, creo que en el caso de la religión, su separación del poder político no sólo no debería de perjudicarles sino que les debería de resultar benéfica toda vez que se purifican espiritualmente sus creencias, además de que sus normas y valores sólo deberían acatarlos sus feligreses si ellos creen que es lo correcto en vez de querer someter a todo mundo a ellos, pues por más que pretendan darles un valor absoluto, sólo valen para quienes profesan dicha religión, y en los casos donde algunos de sus valores son realmente universales, por esa misma razón no son privativos de ellos ni tampoco obedecen a las mismas perspectivas de otras formas de pensamiento que eventualmente coinciden con ellos en algunos valores, pues no lo mismo para ejemplificar este último caso, apelar a la honradez de las personas como un “sacrificio” que le será recompensado en un supuesto paraíso después de su muerte, que inculcarlo porque es algo bueno en sí mismo y porque ello permite una mejor convivencia en comunidad.
El drama mayor no es que la Iglesia como un poder terrenal y fáctico reclame privilegios indebidos y siga atada a una mentalidad conservadora atávica, o de que sea falso que la moral dependa de la religión como algunos por ignorancia o por conveniencia pretenden, sino que algunos gobernantes de un Estado laico como es México, violen la constitución que juraron respetar y enaltecer, ostentando públicamente sus convicciones religiosas -auténticas o no- con evidentes fines de manipulación política, sin reparar en la falta de respeto que cometen contra ciudadanos y contribuyentes que profesan otra religión o ninguna y no merecen que un personaje público utilice recursos públicos con fines proselitistas políticos y/o religiosos, pues como podemos entender, estas actitudes facciosas no abonan a la democracia sino que tienden a deteriorarla.
lunes, 4 de enero de 2010
La necesidad de cambiar para cambiar
La necesidad de cambiar para cambiar
César Ricardo Luque Santana
Siempre en estas fechas se habla de la cuesta de enero en referencia a los aumentos en el pago de los impuestos, en las tarifas de los servicios públicos y privados, en los precios de las mercancías, etc., que suelen darse al inicio del año, seguramente confiados (las autoridades y los comerciantes) en que la población trabajadora tiene un remanente de su aguinaldo que le permite hacer frente a dichos gastos que pronto devoran el “guardadito” de los trabajadores. El caso es que se supone que los aumentos en esta época no se resienten tanto, pero realmente el aguinaldo de la mayoría de los trabajadores no sirve de mucho para el disfrute personal de las familias, sino que retorna casi de inmediato al gobierno y a los empresarios, de manera que el gozo de la gente sencilla se va al pozo en un abrir y cerrar de ojos.
El alza generalizada de precios con que comienza el año nuevo es como un balde agua fría que nos despierta a nuestra triste realidad, y para colmo, el “aumento” salarial se queda por debajo de la inflación, de manera que la capacidad adquisitiva del salario se reduce todavía más. No obstante esto, parece que al comenzar el año nuevo aún quedan residuos de la dicha efímera de la navidad, la cual se expresa en los buenos deseos que por costumbre nos dedicamos unos a otros, a sabiendas de que a la mayoría nos va a ir peor. Lo más ingenuos hasta creen en las tonterías de los astrólogos y los privilegiados se regodean con las inútiles “predicciones” de estos charlatanes.
El panorama para este año luce terrible para el pueblo mexicano, pues del gobierno federal no se puede esperar ningún cambio positivo toda vez que la actual administración sólo ha empeorado las condiciones económicas de los mexicanos. Las oposiciones partidistas por su parte, o bien han sido cómplices de ello (como el PRI) o se han mostrado incapaces (como el PRD y otros) de frenar un sistema económico, social y político que ha demostrado hasta la saciedad su fracaso y que hace oídos sordos a las voces más sensatas como la del señor Rector de la UNAM, el DR. Narro, quien ha manifestado abiertamente la necesidad imperiosa de detener y revertir las políticas económicas y sociales del neoliberalismo, necesidad que por desgracia no se va a resolver a través de la clase política, sino que requiere de una organización popular de izquierda que se abandone la dinámica perversa del reparto de cuotas de poder.
En este sentido, no es que se desprecie la democracia electoral sino que en la actualidad el pueblo no tiene opciones partidistas que sea una alternativa real de cambio, pues los partidos de izquierda tienen una debilidad evidente, la cual es producto de su oportunismo y pragmatismo que los ha llevado a alejarse de la gente perdiendo credibilidad, situándose en una condición minoritaria en los espacios de poder, lo que los reduce a una presencia testimonial y por ende a un papel legitimador voluntario o involuntario de las políticas neoliberales. La ambiciones personales y de camarilla de las burocracias dirigentes de los actuales partidos de izquierda, han desdibujado un proyecto de cambio alternativo al neoliberalismo depredador. En este sentido, no sólo es habitual constatar sus prácticas simuladoras, sino su confusión (o claudicación) ideológica y valemadrismo ante los problemas cotidianos que más dañan a los ciudadanos, como los constantes abusos de banqueros, tiendas de autoservicio, gasolineras, y demás, donde el ciudadano consumidor-contribuyente, se encuentra en una situación de franca indefensión y vulnerabilidad.
El movimiento social por su parte, se mantiene desarticulado entre sí y sus relaciones con las izquierdas partidistas no son lo suficientemente sólidos y constantes, además de que en general se insiste en formas de lucha poco eficaces, desgastadas y contraproducentes que suelen dar pie al escarnio propiciado por los grandes medios de comunicación como las televisoras comerciales, en vez de innovar y desarrollar otras formas de lucha más eficaces aunque sean menos aparatosas. En este sentido, existe en el seno de la mayoría de las organizaciones sociales y partidistas de izquierda una escasa cultura política democrática y de capacidad analítica de sus dirigentes, lo que inhibe la participación de mucha gente.
En este orden de ideas, la reforma política que propuso Calderón a finales de año pasado y que en posteriores entregas analizaré más detenidamente, están encaminadas a asegurar el proyecto neoliberal mediante una pseudo legitimación democrática, por lo que va a ser necesario tener capacidad de debate y de movilización para impedirla. Es imperioso en consecuencia abandonar las prácticas sectarias o sobre-ideologizadas por un lado, y de pragmatismo ramplón interesado sólo en cuotas de poder por el otro lado, para construir el referente electoral que el país necesita con urgencia. Asimismo, es importante rescatar las mejores prácticas democráticas de algunas organizaciones y movimientos populares dándole una dimensión ética al ejercicio de la política, que se supone debe ser el sello distintivo de las izquierdas. Hay que insistir en que no se trata de despreciar la cuestión electoral ni recaer en la falsa discusión de movimiento o partido, de lucha social o electoral, sino de entender que se necesita una correlación de fuerzas de izquierda en el poder y una base social amplia, organizada y participativa, que defienda un nuevo proyecto que sea la antitesis del neoliberalismo, pues el cambio anhelado sólo puede venir de una izquierda democrática, la cual no puede cambiar el país en términos de mayor justicia, equidad y de establecer la democracia como una forma de vida, si no cambia primero ella misma, desterrando sus prácticas y actitudes deleznables.
César Ricardo Luque Santana
Siempre en estas fechas se habla de la cuesta de enero en referencia a los aumentos en el pago de los impuestos, en las tarifas de los servicios públicos y privados, en los precios de las mercancías, etc., que suelen darse al inicio del año, seguramente confiados (las autoridades y los comerciantes) en que la población trabajadora tiene un remanente de su aguinaldo que le permite hacer frente a dichos gastos que pronto devoran el “guardadito” de los trabajadores. El caso es que se supone que los aumentos en esta época no se resienten tanto, pero realmente el aguinaldo de la mayoría de los trabajadores no sirve de mucho para el disfrute personal de las familias, sino que retorna casi de inmediato al gobierno y a los empresarios, de manera que el gozo de la gente sencilla se va al pozo en un abrir y cerrar de ojos.
El alza generalizada de precios con que comienza el año nuevo es como un balde agua fría que nos despierta a nuestra triste realidad, y para colmo, el “aumento” salarial se queda por debajo de la inflación, de manera que la capacidad adquisitiva del salario se reduce todavía más. No obstante esto, parece que al comenzar el año nuevo aún quedan residuos de la dicha efímera de la navidad, la cual se expresa en los buenos deseos que por costumbre nos dedicamos unos a otros, a sabiendas de que a la mayoría nos va a ir peor. Lo más ingenuos hasta creen en las tonterías de los astrólogos y los privilegiados se regodean con las inútiles “predicciones” de estos charlatanes.
El panorama para este año luce terrible para el pueblo mexicano, pues del gobierno federal no se puede esperar ningún cambio positivo toda vez que la actual administración sólo ha empeorado las condiciones económicas de los mexicanos. Las oposiciones partidistas por su parte, o bien han sido cómplices de ello (como el PRI) o se han mostrado incapaces (como el PRD y otros) de frenar un sistema económico, social y político que ha demostrado hasta la saciedad su fracaso y que hace oídos sordos a las voces más sensatas como la del señor Rector de la UNAM, el DR. Narro, quien ha manifestado abiertamente la necesidad imperiosa de detener y revertir las políticas económicas y sociales del neoliberalismo, necesidad que por desgracia no se va a resolver a través de la clase política, sino que requiere de una organización popular de izquierda que se abandone la dinámica perversa del reparto de cuotas de poder.
En este sentido, no es que se desprecie la democracia electoral sino que en la actualidad el pueblo no tiene opciones partidistas que sea una alternativa real de cambio, pues los partidos de izquierda tienen una debilidad evidente, la cual es producto de su oportunismo y pragmatismo que los ha llevado a alejarse de la gente perdiendo credibilidad, situándose en una condición minoritaria en los espacios de poder, lo que los reduce a una presencia testimonial y por ende a un papel legitimador voluntario o involuntario de las políticas neoliberales. La ambiciones personales y de camarilla de las burocracias dirigentes de los actuales partidos de izquierda, han desdibujado un proyecto de cambio alternativo al neoliberalismo depredador. En este sentido, no sólo es habitual constatar sus prácticas simuladoras, sino su confusión (o claudicación) ideológica y valemadrismo ante los problemas cotidianos que más dañan a los ciudadanos, como los constantes abusos de banqueros, tiendas de autoservicio, gasolineras, y demás, donde el ciudadano consumidor-contribuyente, se encuentra en una situación de franca indefensión y vulnerabilidad.
El movimiento social por su parte, se mantiene desarticulado entre sí y sus relaciones con las izquierdas partidistas no son lo suficientemente sólidos y constantes, además de que en general se insiste en formas de lucha poco eficaces, desgastadas y contraproducentes que suelen dar pie al escarnio propiciado por los grandes medios de comunicación como las televisoras comerciales, en vez de innovar y desarrollar otras formas de lucha más eficaces aunque sean menos aparatosas. En este sentido, existe en el seno de la mayoría de las organizaciones sociales y partidistas de izquierda una escasa cultura política democrática y de capacidad analítica de sus dirigentes, lo que inhibe la participación de mucha gente.
En este orden de ideas, la reforma política que propuso Calderón a finales de año pasado y que en posteriores entregas analizaré más detenidamente, están encaminadas a asegurar el proyecto neoliberal mediante una pseudo legitimación democrática, por lo que va a ser necesario tener capacidad de debate y de movilización para impedirla. Es imperioso en consecuencia abandonar las prácticas sectarias o sobre-ideologizadas por un lado, y de pragmatismo ramplón interesado sólo en cuotas de poder por el otro lado, para construir el referente electoral que el país necesita con urgencia. Asimismo, es importante rescatar las mejores prácticas democráticas de algunas organizaciones y movimientos populares dándole una dimensión ética al ejercicio de la política, que se supone debe ser el sello distintivo de las izquierdas. Hay que insistir en que no se trata de despreciar la cuestión electoral ni recaer en la falsa discusión de movimiento o partido, de lucha social o electoral, sino de entender que se necesita una correlación de fuerzas de izquierda en el poder y una base social amplia, organizada y participativa, que defienda un nuevo proyecto que sea la antitesis del neoliberalismo, pues el cambio anhelado sólo puede venir de una izquierda democrática, la cual no puede cambiar el país en términos de mayor justicia, equidad y de establecer la democracia como una forma de vida, si no cambia primero ella misma, desterrando sus prácticas y actitudes deleznables.
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