jueves, 1 de abril de 2010

Richard Dawkins - La improbabilidad de Dios


Richard Dawkins - La improbabilidad de Dios (1998)

14 de marzo de 2010 por Patricia Damiano •
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La gente hace muchas cosas en nombre de Dios. Los irlandeses se vuelan los unos a los otros en su nombre. Los árabes se vuelan en su nombre. Los imanes y los ayatolás oprimen a la mujer en su nombre. Los papas y sacerdotes en celibato trastornan la vida sexual de la gente en su nombre. Los shohets judíos les rajan la garganta a los animales en su nombre. Los logros de la religión en la historia (las sangrientas cruzadas, los inquisidores torturadores, los conquistadores genocidas, los misioneros destructores de culturas, la resistencia impuesta legalmente a toda verdad científica hasta el último momento) son aun más impresionantes. ¿Y a qué ha ayudado todo esto? Creo que está quedando cada vez más claro que la respuesta es absolutamente a nada. No hay razón para creer en la existencia de ningún tipo de dios, y buenas razones para creer que no existen y nunca han existido. Todo ha sido una enorme pérdida de tiempo y de vidas. Sería un chiste de proporciones cósmicas si no fuera tan trágico.

¿Por qué cree la gente en Dios? Para la mayoría de la gente, la respuesta es todavía una versión del antiguo Argumento del Diseño. Contemplamos la belleza y la complejidad del mundo: el aerodinámico batir del ala de una golondrina, la delicadeza de las flores y de las mariposas que las fertilizan, la hormigueante vida existente en una gota de agua de estanque a través de un microscopio, la copa de una secuoya gigante a través de un telescopio. Nos reflejamos en la complejidad electrónica y la perfección óptica de nuestros propios ojos, que son los que miran. Si tenemos algo de imaginación, estas cosas nos llevan a un sentimiento de respeto y reverencia. Por otra parte, no podemos dejar de impresionarnos por la obvia semejanza entre los organismos vivientes y los diseños cuidadosamente planificados de los ingenieros humanos. Este argumento fue expresado en la famosa analogía del relojero del sacerdote del siglo XVIII William Paley. Aunque no supieras lo que es un reloj, el carácter obviamente diseñado de sus ruedas dentadas y muelles, y de cómo se engranan para un propósito, te forzarían a concluir “que el reloj debe tener un hacedor: que tiene que haber existido, alguna vez, y en algún lugar, un inventor o inventores que lo construyeron para el propósito que le encontramos; que comprendían su construcción, y diseñaron su uso.” Si esto es cierto para un reloj relativamente simple, ¿cuánto más lo será para el ojo, el oído, el riñón, el codo y el cerebro? Estas estructuras bellas, complejas, intrincadas y con un propósito obvio tienen que tener su propio diseñador, su propio relojero (Dios).

Así decía el argumento de Paley, y es un argumento que casi todas las personas pensativas y susceptibles acaban por descubrir en algún momento de su infancia. A lo largo de casi toda la historia, debe haber sido una verdad completamente convincente y autoevidente. Y ahora, como resultado de una de las revoluciones intelectuales más sorprendentes de la historia, sabemos que es falso, o al menos superfluo. Sabemos que el orden y el aparente propósito del mundo viviente ha aparecido mediante un proceso completamente distinto, un proceso que trabaja sin necesidad de ningún diseñador y que básicamente es consecuencia de unas leyes físicas muy simples. Es el proceso de la evolución por selección natural, descubierto por Charles Darwin e, independientemente, por Alfred Russel Wallace.

¿Qué tienen en común todos los objetos que parecen haber tenido un diseñador? La respuesta es su improbabilidad estadística. Si encontramos una piedra transparente pulida en forma de lente por el mar, no concluimos que debe haberla diseñado un óptico: las leyes físicas pueden lograr este resultado sin ayuda; no es tan improbable que simplemente “haya ocurrido”. Pero si encontramos una lente compuesta, corregida cuidadosamente contra la aberración esférica y cromática, con un filtro para la luz brillante, y con las palabras “Carl Zeiss” grabadas en la montura, sabemos que no puede haber aparecido por casualidad. Si coges todos los átomos de la lente compuesta y los juntas al azar bajo la influencia de las leyes de la física, es teóricamente posible que, por pura casualidad, los átomos formen el patrón de una lente compuesta de Zeiss, e incluso que los átomos de alrededor de la montura queden de manera que aparezca grabado el nombre de Carl Zeiss. Pero el número de otras posibilidades en las que podrían quedar los átomos es tan enorme, vasto e inconmensurablemente grande que podemos despreciar completamente la hipótesis de la casualidad. La casualidad no cuenta como explicación.

Por cierto, esto no es un argumento circular. Puede parecer circular porque se podría decir que cualquier disposición de los átomos es muy improbable. Como se ha dicho con anterioridad, cuando una bola cae sobre una hoja de césped particular en un campo de golf, sería absurdo exclamar: “De todos los miles de millones de hojas de césped en los que podría haber caído, la bola ha caído justamente sobre ésta. ¡Qué asombrosa y milagrosamente improbable!” Aquí la falacia es, por supuesto, que la bola tenía que caer en alguna parte. Sólo podemos asombrarnos de la improbabilidad del suceso si lo especificamos a priori: por ejemplo, si un hombre con los ojos vendados gira sobre sí mismo en el tee, golpea la bola al azar, y logra un hoyo en uno. Eso sería realmente asombroso, porque el objetivo de la bola se especifica de antemano.

De los trillones de formas que hay de juntar los átomos de un telescopio, sólo una minoría funcionaría realmente de manera útil. Sólo una pequeña minoría tendría el nombre de Carl Zeiss grabado, o, de hecho, cualquier palabra de cualquier lenguaje humano. Ocurre lo mismo con las piezas de un reloj: de todos los miles de millones de formas que hay de juntarlas, sólo una pequeña minoría dará la hora o hará algo útil. Y, por supuesto, lo mismo ocurre, a posteriori, con las partes de un cuerpo viviente. De las trillones de trillones de maneras que hay de juntar las partes de un cuerpo, sólo una minoría infinitesimal podría vivir, buscar comida, comer y reproducirse. Cierto, hay muchas formas de estar vivo (al menos diez millones de formas si contamos el número de especies distintas que hay en la actualidad) pero, haya las formas que haya de estar vivo, ¡es seguro que hay muchísimas más formas de estar muerto!

Podemos concluir con seguridad que los seres vivos son demasiado complicados (demasiado improbables estadísticamente) para que hayan aparecido por pura casualidad. ¿Cómo, pues, han aparecido? La respuesta es que la casualidad tiene que ver en esta historia, pero no un acto individual y monolítico de casualidad. En cambio, se ha dado uno tras otro en secuencia, una larga sucesión de pequeños pasos casuales, cada uno lo suficientemente pequeño para que sea un producto creíble de su predecesor. Estos pequeños pasos de casualidad están causados por las mutaciones genéticas, cambios al azar (errores de hecho) en el material genético. Estos cambios producen alteraciones en la estructura del cuerpo. La mayoría de estos cambios son letales y llevan a la muerte. Una minoría de ellos resultan ser ligeras mejoras, que llevan a un aumento de la supervivencia y la reproducción. A través de este proceso de selección natural, esos cambios azarosos que resultan ser beneficiosos acaban por extenderse en la especie y se convierte en la norma. La escena queda ahora a la espera de otro pequeño cambio en el proceso evolutivo. Después de, digamos, un millar de estos pequeños cambios, cada uno de los cuales proporciona la base para el siguiente, el resultado final se ha hecho, por proceso de acumulación, demasiado complejo para que haya aparecido en un acto individual de casualidad.

Por ejemplo, es teóricamente posible que aparezca, de un simple golpe de suerte, un ojo de la nada: digamos de la piel desnuda. Es teóricamente posible en ese sentido que la receta se haya escrito en la forma de un gran número de mutaciones. Si todas estas mutaciones ocurrieran simultáneamente, podría aparecer un ojo de la nada. Pero, aunque es teóricamente posible, es inconcebible en la práctica. La cantidad de suerte implicada es demasiado grande. La receta “correcta” implica cambios en un número enorme de genes simultáneamente. La receta correcta es una combinación particular de cambios entre trillones de combinaciones de cambios igualmente probables. Podemos descartar con seguridad una coincidencia tan milagrosa. Pero es perfectamente plausible que el ojo moderno haya aparecido a partir de algo casi igual al ojo moderno pero no del todo: un ojo un poquito menos elaborado. Con el mismo argumento, este ojo un poquito menos elaborado apareció a partir de un ojo un poquito menos elaborado aún, etcétera. Si suponemos un número suficientemente grande de diferencias suficientemente pequeñas entre cada etapa evolutiva y su predecesora, podemos derivar un ojo complejo a partir de la piel desnuda. ¿Cuántas etapas intermedias podemos postular? Eso depende de con cuánto tiempo podemos tratar. ¿Ha habido suficiente tiempo para que se desarrollen ojos de la nada mediante pequeños pasos?

Los fósiles nos dicen que la vida se ha desarrollado en la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años. Es casi imposible para un hombre imaginar una cantidad de tiempo tan inmensa. Natural y afortunadamente, tendemos a percibir nuestra propia vida como un periodo de tiempo bastante largo, aunque raramente vivamos un siglo. Hace 2.000 años que vivió Jesucristo, un periodo de tiempo suficientemente largo para confundir la diferencia entre historia y mito. ¿Puedes imaginar un millón de veces ese periodo? Supón que queremos escribir toda la historia en un largo rollo de papel. Si metiéramos toda la Historia en un metro de rollo, ¿cuánto ocuparía la parte del rollo destinada a la Prehistoria, desde el principio de la evolución? La respuesta es que la parte del rollo dedicada a la Prehistoria se extendería desde Milán a Moscú. Piensa en las implicaciones que esto tiene en la cantidad de cambio evolutivo que cabría en todo ese tiempo. Todas las razas domésticas de perro (pekineses, perros de lanas, perros de aguas, San Bernardos y Chihuahuas) han surgido a partir de lobos en un periodo de tiempo que se mide en cientos o como mucho miles de años: no más de dos metros en el trayecto de Milán a Moscú. Piensa en la cantidad de cambio implicado en el tránsito de un lobo a un pekinés; ahora multiplica esa cantidad de cambio por un millón. Si lo miras de esa manera, parece más fácil creer que un ojo puede desarrollarse de la nada poco a poco.

Se hace necesario para satisfacer nuestra existencia que todas las partes intermedias en la ruta evolutiva, digamos desde la piel desnuda hasta el ojo moderno, tienen que haberse favorecido por la selección natural; haber sido una mejora con respecto a su predecesor en la secuencia o al menos haber sobrevivido. No tiene sentido pensar que teóricamente existe una cadena de partes intermedias casi imperceptiblemente diferentes, si muchos de esos individuos intermedios han muerto. A veces se arguye que las partes de un ojo tienen que estar todas presentes o el ojo no funcionaría en absoluto. Medio ojo, dice el argumento, no es mejor que ningún ojo. No puedes volar con medio ala; no puedes oír con medio oído. Por tanto no puede haber existido una serie de partes intermedias hasta el ojo, ala u oído modernos.

Este tipo de argumento es tan ingenuo que uno sólo puede preguntarse cuáles son los motivos subconscientes para querer creer en él. Es obviamente falso que medio ojo sea inútil. Los que padecen de cataratas cuyos cristalinos han sito extirpados quirúrgicamente no ven bien sin gafas, pero están mucho mejor que la gente que no puede ver nada. Sin cristalino no puedes enfocar detalladamente una imagen, pero puedes evitar chocar con obstáculos y detectar la sombra amenazante de un depredador. Con respecto al argumento de que no se puede volar con medio ala, es refutado por un gran número de animales planeadores, incluyendo a mamíferos de muchos tipos, lagartos, ranas, serpientes y calamares. Muchos tipos distintos de animales arbóreos tienen membranas de piel entre sus articulaciones que son realmente medio alas. Si te caes de un árbol, cualquier membrana de piel o aplanamiento del cuerpo que aumente el área de tu superficie puede salvarte la vida. Y, sean como sean de grandes tus membranas, siempre tiene que haber una altura crítica tal que, si te caes de un árbol desde esa altura, habrías salvado la vida con sólo un poquito más de superficie. Entonces, cuando tus descendientes hayan desarrollado esa superficie extra, podrán salvar sus vidas con sólo un poquito más de superficie, si se caen de un árbol a una altura ligeramente superior. Y así, mediante una sucesión imperceptiblemente gradual de pasos, cientos de generaciones después, aparecen alas completas.

Los ojos y las alas no pueden aparecer de una vez. Eso sería como tener la casi infinita suerte de dar con la combinación que abre la caja fuerte de un gran banco. Pero si giras las ruedas de la cerradura al azar, y cada vez que te acercas un poco al número afortunado la puerta de la caja fuerte hace un crujido, ¡no tardarías en abrir la puerta! Esencialmente, ése es el secreto de cómo la evolución por selección natural logra lo que antes parecía imposible. Las cosas que no pueden derivarse plausiblemente de predecesores muy diferentes pueden derivarse plausiblemente de predecesores sólo ligeramente diferentes. Teniendo una serie suficientemente larga de predecesores ligeramente diferentes, podemos derivar cualquier cosa a partir de cualquier otra cosa.
La evolución, pues, es teóricamente capaz de hacer el trabajo que, érase una vez, parecía ser una prerrogativa de Dios. Pero ¿existe alguna prueba de que la evolución haya existido realmente? La respuesta es sí; las pruebas son abrumadoras. Se encuentran millones de fósiles exactamente en el sitio y exactamente a la profundidad que deberíamos esperar si la evolución fuese cierta. No se ha encontrado ni un solo fósil en un lugar donde la evolución no sea capaz de explicarlo, aunque esto podría haber pasado fácilmente. Un fósil de mamífero en rocas tan antiguas que los peces aún no habían aparecido, por ejemplo, sería suficiente para refutar la teoría de la evolución.

Los patrones de distribución de los animales y plantas en los continentes e islas del mundo es exactamente lo que esperaríamos si se hubieran desarrollado a partir de ancestros comunes mediante un proceso lento y gradual. Los patrones de semejanza entre los animales y plantas es exactamente lo que deberíamos esperar si algunos fueran primos entre ellos, y otros fueran primos más distantes. El hecho de que el código genético sea el mismo en todas las criaturas vivientes sugiere abrumadoramente que todas son descendientes de un único ancestro. La evidencia de evolución es tan convincente que la única manera de salvar la teoría de la creación es suponer que Dios colocó deliberadamente enormes cantidades de pruebas para hacer que pareciese que la evolución fuese real. En otras palabras, los fósiles, la distribución geográfica de los animales, etcétera, son todos un gigante truco de timador. ¿Alguien quiere adorar a un Dios capaz de tal fraude? Es seguro mucho más reverente, y más sensato científicamente, aceptar el significado literal de la evidencia. Todos los seres vivos son primos unos de otros, descendientes de un ancestro remoto que vivió hace más de 3.000 millones de años.

El Argumento del Diseño ha sido pues destruido como razón para creer en Dios. ¿Hay muchos más argumentos? Algunos creen en Dios por lo que dicen es una revelación interior. Tales revelaciones no son siempre edificantes pero parecen sin duda reales al individuo implicado. Muchos habitantes de manicomios tienen la fe interior de que son Napoleón o Dios mismo. El poder de esas convicciones es indudable para los que las tienen, pero esto no es razón para que el resto de nosotros les creamos. De hecho, ya que esas creencias son mutuamente contradictorias, no las creemos en absoluto.
Hay algo más que debe decirse. La evolución por selección natural explica muchas cosas, pero no pudo empezar de la nada. No podría haber empezado hasta que apareciese algún tipo de reproducción y herencia. La herencia moderna está basada en el código del ADN, que es de por sí demasiado complicado para que apareciese espontáneamente mediante una casualidad individual. Esto parece significar que tuvo que haber existido un sistema hereditario anterior, ahora desaparecido, que era lo suficientemente simple para que apareciese por casualidad por las leyes de la química, y que proporcionó el medio en el que pudo dar comienzo una forma primitiva de selección natural acumulativa. El ADN fue un producto posterior de esta selección acumulativa. Antes de esta original forma de selección natural, hubo un periodo en el que los compuestos químicos se formaron a partir de elementos más simples, siguiendo las conocidas leyes de la física. Antes de eso, todo fue construido a partir del hidrógeno puro como consecuencia inmediata del Big Bang, el suceso que inició el universo.

Existe la tentación de argumentar que, aunque Dios puede no ser necesario para explicar la evolución de orden complejo una vez que el universo comenzó con sus leyes fundamentales de la física, sí necesitamos a Dios para explicar el origen de todas las cosas. Esta idea no le deja mucho trabajo a Dios: sólo hizo estallar el Big Bang, se sentó y esperó a que pasara todo. El físico-químico Peter Atkins, en su libro maravillosamente escrito La Creación, postula un Dios perezoso que se esforzó por hacer lo menos posible para iniciarlo todo. Atkins explica cómo todo suceso en la historia del universo resulta, por simple ley física, de su predecesor. Así reduce el trabajo que el perezoso creador necesitaría realizar y finalmente concluye que, de hecho, ¡no habría necesitado hacer nada en absoluto!

Los detalles de la etapa primordial del universo pertenecen al reino de la física, mientras que yo soy un biólogo, más relacionado con las etapas posteriores de la evolución de la complejidad. Para mí, la cuestión importante es que aunque el físico necesite postular un mínimo irreductible que tuvo que estar presente en el inicio, para que el universo pudiera comenzar, ese mínimo irreductible es ciertamente extremadamente simple. Por definición, las explicaciones que surgen de premisas simples son más plausibles y más satisfactorias que las explicaciones que tienen que postular comienzos complejos y estadísticamente improbables.

Y es difícil conseguir algo más complejo que un Dios Todopoderoso.


Traducción: Gabriel Rodríguez Alberich
Extraído el 27 de diciembre de 2006 de http://the-geek.org/docs/

martes, 30 de marzo de 2010

Richard Dawkins - La fe cree "no importa qué"

Richard Dawkins: “La fe cree ‘no importa qué’”

7 de marzo de 2010 por Patricia Damiano.

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He tenido el predecible aluvión de cartas de víctimas de la fe, protestando por mis críticas a ésta. La fe es un lavado de cerebro tan exitoso y autoperpetuador, sobre todo en los niños, que es difícil de desarraigar. Pero, después de todo, ¿qué es la fe? Es un estado mental que lleva a la gente a creer en algo — no importa qué — en ausencia total de evidencia que lo apoye. Si hubiese una buena evidencia de apoyo, la fe sería superflua, pues la evidencia nos haría creer en ello de todos modos. Esto es lo que hace absurda la tan repetida idea de que «la propia evolución es cuestión de fe» . La gente cree en la evolución no porque desee creer arbitrariamente en ella, sino por la abrumadora evidencia pública que la apoya.

He afirmado que la fe cree « no importa qué », lo que sugiere que la gente tiene fe en cosas totalmente estúpidas y arbitrarias, como el monje eléctrico de la deliciosa Dirk Gently's Holistic Detective Agency de Douglas Adams. Fue deliberadamente creado para creer por uno, y tuvo mucho éxito en ello. El día que le conocimos creía, inamoviblemente, contra toda evidencia, que todo en el mundo es de color rosa. No quiero decir que las cosas en las que tiene fe una determinada persona sean necesariamente idiotas. Pueden serlo o no. La cuestión es que no hay forma de decidir si lo son o no, y no hay forma de preferir uno u otro artículo de fe, porque se descarta explícitamente toda evidencia. En realidad, el hecho de que la fe no precise evidencia alguna se considera como su gran virtud; ésta era la razón de que citase al Incrédulo Tomás, el único miembro realmente admirable de los doce apóstoles.

La fe no puede mover montañas (aunque se haya dicho solemnemente lo contrario a generaciones de niños, que se lo han creído). Pero es capaz de llevar a la gente a cometer locuras tan peligrosas que creo que puede considerarse como una especie de enfermedad mental. Hace creer a la gente tan intensamente cualquier cosa, que en los casos extremos muchas personas está n dispuestas a matar y morir por ella sin necesidad de justificación ulterior. Keith Johnson ha acuñado el término de «memeoides» para designar a las « víctimas que han sido ocupadas por un meme hasta el punto de que deja de importarles su propia supervivencia [...] En los informativos vespertinos se ve a centenares de personas de este tipo en lugares como Belfast o Beirut.» La fe es lo suficientemente poderosa como para inmunizar a la gente contra toda llamada a la piedad, al perdón y a sentimientos humanos decentes. Incluso les inmuniza contra el miedo, si creen sinceramente que morir como mártires les llevará directamente al cielo. ¡Menuda arma! La fe religiosa merece un capítulo propio en los anales de la tecnología militar, en pie de igualdad con el arco, el caballo, el tanque y la bomba de hidrógeno.

El gen egoísta
Cap.XI – Memes: los nuevos replicantes – Nota 61
Trad. Juana Robles Suárez y José Tola Alonso

domingo, 28 de marzo de 2010

Joaquín Rodríguez Burgos - Amnistía Internacional y los presos cubanos

Amnistía Internacional y los presos cubanos

Joaquín Rodríguez Burgos

Rebelión


Estimados Señores:

Soy socio de la sección española de Aministía Internacional desde al año 1996. He escrito innumerables cartas a decenas de responsables políticos de diferentes países y algunos presos encarcelados en algunas cárceles del mundo (incluido en una ocasión un preso cubano), por sugerencia de A.I. Soy de los que piensan que el balance global de su labor en defensa de los derechos humanos en el mundo es positiva; obviamente por ello sigo siendo socio de esta organización.

Aun así no debo callar que en el caso particular de su postura hacia el gobierno de Cuba creo que ustedes caen en una grave contradicción. La propia Amnistía Internacional en sus informes ha reconocido que una mayoría de presos condenados en Cuba, calificados por A.I. como presos de conciencia, han sido financiados material y/o monetariamente por el gobierno de los EE.UU., gobierno que, como ustedes saben, ha participado en diferentes grados en diversas acciones armadas contra gobiernos cubanos a lo largo de la Historia y que ha declarado unilateralmente a Cuba como “pais enemigo”, no obstante no haber recibido nunca EE.UU. ninguna agresión armada por parte del país caribeño. Esta financiación ha sido reconocida además abiertamente por el propio gobierno estadounidense en diferentes ocasiones con el fin declarado de derrocar al gobierno cubano. Como ustedes no ignorarán la normativa internacional considera ilegal la financiación por parte de una potencia extranjera de la oposición interna de una nación soberana. De igual manera considera ilegal el derrocamiento de un gobierino soberano por parte de otro extranjero. Por otro lado, al igual que cualquier otro país del planeta, el Estado cubano ha desarrollado una normativa dirigida a protegerse de esa injerencia, aunque comparada con la de otros países, incluida la de los EE.UU., es incluso más benévola.

Por todo ello es fácil concluir que es completamente contradictorio por parte de A.I. considerar presos de concienca a aquellas personas financiadas por un gobierno extranjero (que se considera unilateralmente, recordémoslo, enemigo) con el fin de derrocar a su gobierno legítimo, transgrediendo con ello no sólo la normativa nacional cubana sino la internacional. Siguiendo la lógica en este caso aplicada, A.I. debería considerar como presos de concienca a todos aquellos condenados en aplicación de normativas similares en el resto del mundo, incluidos los condenados en el Estado español. Por tanto, les solicito, como socio de Amnistía Internacional, que dejen de presentar en sus informes como presos de conciencia a los presos cubanos que reciben financiación extranjera para derrocar al gobierno cubano, puesto que evidentemente no lo son.

Atentamente,

Joaquín Rodríguez Burgos. Socio de la sección española de A.I."

* Carta enviada a Amnistía Internacional por el autor el 22 de marzo del 2010
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=102853

jueves, 25 de marzo de 2010

Atilio A. Boron - ¿Disidentes o traidores?

¿Disidentes o traidores?
Atilio A. Boron

Rebelión

La “prensa libre” de Europa y las Américas –ésa que mintió descaradamente al decir que existían armas de destrucción masiva en Iraq o que calificó de “interinato” al régimen golpista de Micheletti en Honduras- ha redoblado su feroz campaña en contra de Cuba. Se impone, por lo tanto, distinguir entre la razón de fondo y el pretexto. La primera, y que establece el marco global de esta campaña, es la contraofensiva imperial desencadenada desde los finales de la Administración Bush y cuyo ejemplo más rotundo fue la reactivación y movilización de la IV Flota. Contra los pronósticos de algunos ilusos esta política, dictada por el complejo militar-industrial, no sólo se continuó sino que se profundizó mediante el reciente tratado firmado por Obama y Uribe mediante el cual se concede a los Estados Unidos el uso de por lo menos siete bases militares en territorio colombiano, inmunidad diplomática para todo el personal estadounidense afectado a sus operaciones, licencia para introducir o sacar del país cualquier clase de cargamento sin que las autoridades del país anfitrión puedan siquiera tomar nota de lo que entra o sale y el derecho de los expedicionarios norteamericanos a ingresar o salir de Colombia con cualquier carnet que acredite su identidad. Como si lo anterior fuera poco, la política de Washington reconociendo la “legalidad y legitimidad” del golpe de estado de Honduras y las fraudulentas elecciones subsecuentes es una muestra más de la perversa continuidad que liga las políticas implementadas por la Casa Blanca, con independencia del color de la piel de su principal ocupante. Y en esa contraofensiva general del imperio, el ataque y la desestabilización de Cuba juega un papel de gran importancia.

Estas son las razones de fondo. Pero el pretexto para este relanzamiento fue el fatal desenlace de la huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo, potenciado ahora por idéntica acción iniciada por otro “disidente”, Guillermo Fariñas Hernández y que será seguida, sin duda, por las de otros partícipes y cómplices de esta agresión. Como es bien sabido, Zapata Tamayo fue (y sigue siendo) presentado por esos “medios de desinformación de masas-como adecuadamente los calificara Noam Chomsky- como un “disidente político” cuando en realidad era un preso común que fue reclutado por los enemigos de la revolución y utilizado sin escrúpulos como un mero instrumento de sus proyectos subversivos. El caso de Fariñas Hernández no es igual, pero aún así guarda algunas similitudes y profundiza una discusión que es imprescindible dar con toda seriedad.

Es preciso recordar que estos ataques tienen una larga historia. Comienzan desde el triunfo mismo de la revolución pero, como política oficial y formal del gobierno de Estados Unidos se inician el 17 de marzo de 1960 cuando el Consejo de Seguridad Nacional aprueba el “Programa de Acción Encubierta” contra Cuba propuesto por el entonces Director de la CIA, Allen Dulles. Parcialmente desclasificado en 1991, ese programa identificaba cuatro cursos principales de acción, siendo los dos primeros “la creación de la oposición” y el lanzamiento de una “poderosa ofensiva de propaganda” para robustecerla y hacerla creíble. Más claro imposible. Tras el estruendoso fracaso de estos planes George W. Bush crea, dentro del propio Departamento de Estado, una comisión especial para promover el “cambio de régimen” en Cuba, eufemismo utilizado para evitar decir “promover la contrarrevolución”. Cuba tiene el dudoso privilegio de ser el único país del mundo para el cual el Departamento de Estado ha elaborado un proyecto de este tipo, ratificando de este modo la vigencia de la enfermiza obsesión yanqui por anexarse la isla y, por otro lado, lo acertado que estaba José Martí cuando alertó a nuestros pueblos sobre los peligros del expansionismo norteamericano. El primer informe de esa comisión, publicado en 2004, tenía 458 páginas y allí se explicitaba con gran minuciosidad todo lo que se debía hacer para introducir una democracia liberal, respetar los derechos humanos y establecer una economía de mercado en Cuba. Para viabilizar este plan se asignaban 59 millones de dólares por año (más allá de los que se destinarían por vías encubiertas), de los cuales 36 millones estarían destinados, según la propuesta, a fomentar y financiar las actividades de los “disidentes”. Para resumir, lo que la prensa presenta como una noble y patriótica disidencia interna parecería más bien ser la metódica aplicación del proyecto imperial diseñado para cumplir el viejo sueño de la derecha norteamericana de apoderarse definitivamente de Cuba.

Dicho lo anterior se impone una precisión conceptual. No es casual que la prensa del sistema hable con extraordinaria ligereza acerca de los “disidentes políticos” encarcelados en Cuba. Pero, ¿son “disidentes políticos” o son otra cosa? Sería difícil decir que todos, pero con toda seguridad la mayoría de quienes están en prisión no se encuentran allí por ser disidentes políticos sino por una caracterización mucho más grave: “traidores a la patria.” Veamos esto en detalle. En el célebre Diccionario de Política de Norberto Bobbio el politólogo Leonardo Morlino define al disenso como “cualquier forma de desacuerdo sin organización estable y, por tanto, no institucionalizada, que no pretende sustituir al gobierno en funciones por otro, y tanto menos derribar el sistema político vigente. El disenso se expresa sólo en el exhortar, persuadir, criticar, hacer presión, siempre con medios no violentos para inducir a los decision-makers a preferir ciertas opciones en lugar de otras o a modificar precedentes decisiones o directivas políticas. El disenso nunca pone en discusión la legitimidad o las reglas fundamentales que fundan la comunidad política sino sólo normas o decisiones bastante específicas.” (pp. 567-568) Más adelante señala que existe un umbral el que, una vez traspasado, convierte al disenso, y a los disidentes, en otra cosa. “El umbral es cruzado cuando se ponen en duda la legitimidad del sistema y sus reglas del juego, y se hace uso de la violencia: o cuando se incurre en la desobediencia intencional a una norma; o, por fin, cuando el desacuerdo se institucionaliza en oposición, que puede tener entre sus fines también el de derrumbar el sistema.” (p. 569) En la extinta Unión Soviética dos de los más notables disidentes políticos, y cuyo accionar se ajusta a la definición arriba planteada, fueron el físico Andrei Sakharov y el escritor Alexander Isayevich Solzhenitsyn; Rudolf Bahro lo fue en la República Democrática Alemana; Karel Kosik, en la antigua Checoslovaquia; en los Estados Unidos sobresalió, al promediar el siglo pasado, Martin Luther King; y en el Israel de nuestros días Mordekai Vanunu, científico nuclear que reveló la existencia del arsenal atómico en ese país y por lo cual se lo condenó a 18 años de cárcel sin que la “prensa libre” tomara nota del asunto.

La disidencia cubana, a diferencia de lo ocurrido con Sakharov, Solzhenitsyn, Bahro, Kosik, King y Vanunu, se encuadra en otra figura jurídica porque su propósito es subvertir el orden constitucional y derribar al sistema. Además, y este es el dato esencial, pretende hacerlo poniéndose al servicio de una potencia enemiga, Estados Unidos, que hace cincuenta años agrede por todos los medios imaginables a Cuba con un bloqueo integral (económico, financiero, tecnológico, comercial, informático), con permanentes agresiones y ataques de diverso tipo y con una legislación migratoria exclusivamente desarrollada (la “Ley de Ajuste Cubano”) para la isla y que estimula la migración ilegal a Estados Unidos poniendo en peligro la vida de quienes quieren acogerse a sus beneficios. Mientras Washington levanta un nuevo muro de la infamia en su frontera con México para detener el ingreso de inmigrantes mexicanos y a los procedentes de Centroamérica, concede todos los beneficios imaginables a quienes, viniendo de Cuba, pongan pie en su territorio. Quienes reciben dinero, asesoría, consejos, orientaciones de un país objetivamente enemigo de su patria y actúan en congruencia con su aspiración de precipitar un “cambio de régimen” que ponga fin a la revolución, ¿pueden ser considerados “disidentes políticos”?

Para responder olvidémonos por un momento de las leyes cubanas y veamos lo que establece la legislación en otros países. La Constitución de Estados Unidos fija en su Artículo III, Sección 3 que “El delito de traición contra los Estados Unidos consistirá solamente en tomar las armas contra ellos o en unirse a sus enemigos, dándoles ayuda y facilidades.” La sanción que merece este delito quedó en manos del Congreso; en 1953 Julius y Ethel Rosenberg fueron ejecutados en la silla eléctrica acusados de traición a la patria por haberse supuestamente “unido a sus enemigos” revelando los secretos de la fabricación de la bomba atómica a la Unión Soviética. En el caso de Chile, el Código Penal de ese país establece en su Artículo 106 que “Todo el que dentro del territorio de la República conspirare contra su seguridad exterior para inducir a una potencia extranjera a hacer la guerra a Chile, será castigado con presidio mayor en su grado máximo a presidio perpetuo. Si se han seguido hostilidades bélicas la pena podrá elevarse hasta la de muerte.” En México, país que ha sido víctima de una larga historia de intervencionismo norteamericano en sus asuntos internos, el Código Penal califica en su artículo 123 como delitos de traición a la patria una amplia gama de situaciones como realizar “actos contra la independencia, soberanía o integridad de la nación mexicana con la finalidad de someterla a persona, grupo o gobierno extranjero; tome parte en actos de hostilidad en contra de la nación, mediante acciones bélicas a las órdenes de un estado extranjero o coopere con este en alguna forma que pueda perjudicar a México; reciba cualquier beneficio, o acepte promesa de recibirlo, con en fin de realizar algunos de los actos señalados en este artículo; acepte del invasor un empleo, cargo o comisión y dicte, acuerde o vote providencias encaminadas a afirmar al gobierno intruso y debilitar al nacional.” La penalidad prevista por la comisión de estos delitos es, según las circunstancias, de cinco a cuarenta años de prisión. La legislación argentina establece en el artículo 214 de su Código Penal que “Será reprimido con reclusión o prisión de diez a veinticinco años o reclusión o prisión perpetua y en uno u otro caso, inhabilitación absoluta perpetua, siempre que el hecho no se halle comprendido en otra disposición de este código, todo argentino o toda persona que deba obediencia a la Nación por razón de su empleo o función pública, que tomare las armas contra ésta, se uniere a sus enemigos o les prestare cualquier ayuda o socorro.”

No es necesario proseguir con esta somera revisión de la legislación comparada para comprender que lo que la “prensa libre” denomina disidencia es lo que en cualquier país del mundo -comenzando por Estados Unidos, el gran promotor, organizador y financista de la campaña anticubana- sería caratulado lisa y llanamente como traición a la patria, y ninguno de los acusados jamás sería considerado como un “disidente político.” En el caso de los cubanos, la gran mayoría de los llamados disidentes (si no todos) están incursos en ese delito al unirse a una potencia extranjera que está en abierta hostilidad contra la nación cubana y recibir de sus representantes -diplomáticos o no- dinero y toda suerte de apoyos logísticos para, como señala la legislación mexicana, “afirmar al gobierno intruso y debilitar al nacional.” Dicho en otras palabras, para destruir el nuevo orden social, económico y político creado por la revolución. No sería otra la caracterización que adoptaría Washington para juzgar a un grupo de sus ciudadanos que estuviera recibiendo recursos de una potencia extranjera que durante medio siglo hubiese acosado a los Estados Unidos con el mandato de subvertir el orden constitucional. Ninguno de los genuinos disidentes arriba mencionados incurrieron en sus países en tamaña infamia. Fueron implacables críticos de sus gobiernos, pero jamás se pusieron al servicio de un estado extranjero que ambicionaba oprimir a su patria. Eran disidentes, no traidores.

* Una versión abreviada de este artículo fue publicada por Página/12 (Buenos Aires) el 23 de Marzo de 2010.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=102858

miércoles, 24 de marzo de 2010

Marcos Rascón - Hambre por el hambre

Fariñas: hambre por el hambre

MARCO RASCÓN

Grande es el hambre imperial, farisea y conservadora por acabar con la existencia de una Cuba que ha demostrado a Latinoamérica y el mundo que se puede vivir sin la tutela estadunidense. Más de medio siglo de independencia cubana, proyectada en solidaridad y humanismo, duele a quienes han apostado a la destrucción del proceso. ¿Qué ha hecho la mafia de Miami con todos sus millones de dólares en financiamiento o ganancias para mitigar el hambre en el mundo? ¿De qué ha servido su idea de democracia”, salvo el reclamo de sus latifundios y burdeles o para fomentar el terrorismo cuando Estados Unidos dice luchar contra él?

La huelga de hambre de Guillermo Fariñas debe verse no por el medio utilizado por activistas como Boby Sands en Inglaterra o pacifistas como Mahatma Gandhi, sino por sus demandas y fines, que son la vieja hambre de Washington contra la independencia de Cuba. Puesto el sacrificio personal como acción ideológica para hacer de ella la puerta de la concepción de democracia única que proclama el imperio y que es la que garantiza los intereses minoritarios sobre los mayoritarios, esto no tiene que ver ni con la legalidad ni con los derechos humanos, sino con las habituales conspiraciones desde el exterior contra Cuba y su revolución.

Los demócratas fariseos reclaman en ese coro que la democracia debe ser a imagen y semejanza de la que son parte y administran. Guillermo Fariñas con su hambre lucha por que en Cuba haya una democracia que garantice el hambre, que haya niños de la calle, desperdicio, basura, contaminación, degradación de los recursos naturales, economía dependiente, discursos e insultos entre políticos profesionales que pactan beneficios fiscales para quienes en las elecciones los apoyan.

La lucha de Guillermo Fariñas y sus damas busca una democracia llena de crímenes diarios, de muertos en fuegos cruzados por la existencia del paramilitarismo cuando la ley y la fabricación de pruebas ya no son suficientes. La lucha de Fariñas es otra que lucha por el derecho a ser reprimidos, pues en la forma tratan de ocultar los objetivos.

Es lamentable la posición que han adoptado en México partidos y movimientos de izquierda, alejados de América Latina. No es de ahora ni de esta coyuntura: es una complicidad que forma parte de la aceptación de que somos ya parte exclusiva de América del Norte, y a ella se debe el rumbo económico que tenemos, las formas de dependencia y el esquema de transición política.

Luego de la Cumbre de Cancún, donde se acordó la formación, sin Estados Unidos ni Canadá, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, adoptada por 32 países que participaron en la Cumbre de la Unidad de América Latina y del Caribe y la reunión del Grupo de Río que daría fin a la era de la Organización de Estados Americanos, la OEA, de larga tradición injerencista y homogeneizada por Estados Unidos, la escalada contra Cuba surge del eje Miami-México-Honduras para buscar que el nuevo proyecto se subordine a los intereses hemisféricos de Washington sin que éstos estén presentes.

Para la izquierda mexicana, alejada desde hace años de América Latina en el orden de la visión política, económica e ideológica, las consecuencias han sido un profundo vacío que ha llenado la derecha pro estadunidense y el pragmatismo priísta que ya anuncia su retorno como interlocutor de los intereses mexicanos con Estados Unidos. Cuando México debería estarse manifestando y apoyando a los connacionales en sus demandas por una reforma migratoria integral, la carta de presentación unánime de la clase política mexicana llama a sumarse a las conspiraciones contra Cuba, dirigidas desde Miami.

¿Qué ha hecho el Congreso mexicano contra la violación de derechos humanos en Guantánamo? ¿Cuál ha sido el papel de la izquierda mexicana en la legitimación del golpe de Estado en Honduras, que ahora es plataforma para actuar contra Cuba?
México tiene hoy el deshonroso papel de representar los intereses de Estados Unidos en América Latina. Pasamos de la política exterior foxista del rompimiento, a la de Felipe Calderón de sumarse al entreguismo y cuestionar a Cuba, cuando ésta sigue siendo el referente de independencia, de identidad latinoamericana, ganada a pulso con el esfuerzo y conciencia del pueblo cubano.

Chomsky dijo que tratándose de libertades “nunca como hoy hubo tanta libertad de expresión, pero nunca como ahora hubo tanto control del pensamiento”. Si a pensamiento único vamos, el neoliberalismo está basado en el determinismo de que el único mundo posible es el de los grandes intereses globales y sus oligarquías locales.
La huelga de Fariñas y el deceso de Orlando Zapata (que no motivó ninguna campaña de sus correligionarios hasta que murió) no son comparables con el humanismo demostrado por la revolución cubana y sus aportaciones solidarias.

Hoy estas batallas no son sólo por Cuba, sino por la perspectiva latinoamericana en disputa; entre el entreguismo del gobierno mexicano y el ejemplo de independencia y unidad latinoamericana de la que Cuba es referente obligado.

http://www.marcorascon.org

Fuente: La Jornada (23 de marzo de 2010)

sábado, 20 de marzo de 2010

Los bemoles del Bicentenario mexicano

Los bemoles del Bicentenario mexicano

César Ricardo Luque Santana

Este año están en marcha los festejos oficiales del Bicentenario para conmemorar conjuntamente los aniversarios de la Independencia de 1810 de México respecto de España y de la Revolución Mexicana de 1910, mismos que se han de celebrar mediante toda clase actos oficiales como desfiles, espectáculos artísticos, campeonatos deportivos, rituales de tributo a los héroes de la patria -tanto de la Independencia como de la Revolución- entre otras actividades semejantes; mientras que de manera paralela, se viene dando también una revisión de nuestra historia nacional cuestionando las versiones oficiales que durante mucho tiempo, idealizaron a ciertos personajes al mismo tiempo que satanizaron a otros, provocando con ello una adulteración de la historia.

Esta actividad de revisión de la historia oficial tiene como propósito -al menos en apariencia- desmitificar la historia oficial de México que durante décadas se nos ha enseñado en las escuelas públicas, lo cual en sí mismo es algo saludable, sobre todo si se logra disipar mitos, mentiras, maniqueísmos e incongruencias, ofreciéndonos una visión más crítica de la misma.

Lo cierto es que desde la escuela se nos inculcó una versión romántica de la historia de México a la manera de una galería de héroes con historias de vida personales inmaculadas, creándoles una imagen casi suprahumana, generando un culto a las personalidades en sí mismas, minimizando la participación popular y desvirtuando las circunstancias de pobreza, abuso y opresión, que fueron factores objetivos que movieron a muchos hombres y mujeres a luchar por mejores condiciones de vida, sin dejar de reconocer asimismo, las ambiciones de elites de poder que manipularon y utilizaron los sentimientos de justicia genuinos de mucha gente limpia, que abrigaron la esperanza de estar luchando por un país mejor. En este sentido, en efecto hubo caudillos patriotas que se condujeron con altura de miras, mientras que otros personajes actuaron como taimados y oportunistas.

No obstante la complejidad de los movimientos y los estallidos sociales que impiden una visión maniquea de la historia, se logró instalar en el imaginario colectivo durante muchas generaciones, una imagen idealizada de nuestra historia que comenzó con Porfirio Díaz, quien buscaba darle una identidad al pueblo mexicano, proyecto que se continuó y profundizo durante la hegemonía priísta que capitalizó para su haber las luchas populares y las mejores causas del pueblo mexicano, apropiándose demagógicamente de ellas como su heredero “natural”, para “legitimarse” como los dueños del poder, al grado que el inefable líder de los trabajadores mexicanos, Fidel Velásquez Sánchez, eterno dirigente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), uno de los bastiones corporativistas del PRI para arrasar en las “elecciones” y para las escenografías de muestras de “apoyo” al presidente en turno, llegó a decir –palabras más, palabras menos- que “llegamos al poder a balazos y a balazos nos han de sacar”, dando a entender que la democracia electoral le valía un cacahuate y que por esa vía nunca cederían el poder.

La historia oficial durante príato, permitió que el PRI se apropiara mañosamente de los personajes más significativos de las luchas de independencia y la revolución -particularmente de esta última- autonombrando a su partido como “emanado de la Revolución”, autoproclamándose de ese modo no sólo como sus herederos directos y casi únicos, con lo cual deslizaban la pretensión o daban a entender que personajes como Morelos, Juárez, Zapata, Madero y otros, fueron una especie de protopriístas cuyos esfuerzos desembocaron en la construcción del PRI, el cual dominó al país de manera monolítica durante más de 70 años.

Por ello resulta pertinente la revisión de la Historia de México, sin embargo, dicha revisión de la historia no se está realizando sólo desde una perspectiva crítica, sino que también ha representado una oportunidad de revancha de las derechas para por un lado, denostar a personajes profundamente amados por el pueblo como Benito Juárez, Emiliano Zapata y otros, considerados por ellos mismos sus enemigos históricos, tratando al mismo tiempo de reivindicar a otros personajes de la historia poco o nada apreciados por el pueblo por haber estado de un modo u otro contra los intereses de la nación. Ciertamente, la historia siempre va a ser controversial, siempre van a existir diversas interpretaciones, pero una cosa es querer esclarecer con honestidad la verdad histórica, y otra actuar tendenciosamente en forma deliberada para llevar agua a su molino. Si a esta última actitud se agrega que estamos bajo el contexto del neoliberalismo, nada mejor para los conservadores que aprovechar esta desmitificación de la historia para desdibujar la identidad cultural del pueblo de México, rompiendo con este tipo de asideros al considerar la historia mexicana como hechos anquilosados o piezas de museo sin significado alguno.

Habría que estar en guardia contra estas pretensiones de las derechas y el conservadurismo neoliberal de incurrir en una nueva distorsión de la historia, aprovechando algunos defectos y errores políticos personales de héroes verdaderos que pese a sus fallas, supieron comportarse a la altura de las circunstancias, así como la no menos dañina intención de borrar o minimizar la memoria histórica del pueblo mexicano bajo el pretexto de que hay que mirar al futuro, etc., Para ello, es importante no dejar el campo de la historia a los alcahuetes del poder desenmascarando su retórica.

Volviendo a lo mencionado al inicio de este escrito, cabría también cuestionar el sentido de los festejos “patrios”, pues a doscientos años de la Independencia y a cien de la Revolución, no sólo no hemos progresado como cabría esperar, sino que hemos tenido graves retrocesos. Vivimos actualmente en un Estado fallido donde muchos indicadores dan cuenta de que el país sigue hundido en la crisis a las que nos metieron los gobiernos neoliberales del PRI y el PAN. Estamos en los últimos lugares internacionales en el terreno de la educación básica, somos de los más corruptos del orbe, tenemos índices de delincuencia altísimos, de más secuestros, de más crímenes violentos para un pueblo que no está en guerra, somos de los países más agresivos con el medio ambiente, etc. Por si fuera poco, con la implementación del neoliberalismo desde hace 30 años, hemos retrocedido en diversas conquistas sociales, tanto respecto a los programas sociales como en los derechos laborales, y además se está volviendo a dejar en manos de extranjeros perniciosos nuestras riquezas naturales para que continúen saqueándonos.

De este modo, no sólo tenemos la tarea de reescribir la historia en sentido crítico, de recuperar la memoria histórica para construir una nueva identidad como mexicanos con base en una historia desmitificada, sino que asimismo, debemos luchar por revertir el deterioro del tejido social para (re)construir un México con mayor equidad social y una democracia más completa, tanto representativa como participativa.

jueves, 18 de marzo de 2010

Manuel Martínez Llaneza - Carta al Director de la Real Académica de la Lengua Española

Se pide incluir el término "totalitario" en la entrada del Diccionario relativa al "comunismo"

Carta abierta de un comunista al Director de la Real Academia Española

Manuel Martínez Llaneza
Rebelión


Sr. Director de la Real Academia Española

Me dirijo a usted como comunista preocupado por las iniciativas de algunos académicos que piden incluir el término ‘totalitario’ en la entrada relativa al término ‘comunismo’ de la próxima edición del DRAE.

Le tengo que manifestar en primer lugar mi sorpresa.

Siempre se ha considerado que el Diccionario recoge el uso de la lengua con criterios que -aunque en algunos casos sean discutibles como en toda actividad humana- tienden a reflejar su uso real con un sentido de conservación de su “genio”, lo que lleva, por ejemplo, a señalar como vulgarismos palabras de uso muy frecuente que en el futuro es posible que desaparezcan o, por el contrario, que accedan a la categoría de normales.

Lo que se suponía que estaba ausente del DRAE es la valoración política, histórica, moral o estética, por supuesto en la medida de lo que es posible separar los significados de las connotaciones. Ese criterio se sigue en términos generales, pero no se seguiría en el supuesto que comento según voy a argumentar, recurriendo como apoyo a algunos ejemplos tomados de la vigésima segunda edición, salvo que se diga lo contrario.

Ejemplo 1º: capitalismo.

1. m. Régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza.
2. m. Conjunto de capitales o capitalistas, considerado como entidad económica.

Como era de esperar, no se dice que el capitalismo es causante de injusticias, guerras y hambre, y que su evolución está poniendo en peligro la supervivencia de la humanidad. Y ello, no porque no sea cierto, sino porque no es misión de la RAE –ni yo se lo pido- entrar en esos importantísimos aspectos.

Ejemplo 2º: Iglesia católica.

1. f. Congregación de los fieles cristianos regida por el Papa como vicario de Cristo en la Tierra.

No se dice que es una institución totalitaria –en sentido estricto, como mostraremos luego- ni que creó la Inquisición y fue la responsable de muchas guerras y matanzas. Entiendo de nuevo que no es necesario explicar por qué no se dice. Sin embargo, es cierto que en el DRAE se califica de totalitarias a otras concepciones político-sociales.

Ejemplo 3º: fascismo. (Avance de la 23. ª edición, los cambios no son relevantes) (Del it. fascismo).

1. m. Movimiento político y social de carácter totalitario que se desarrolló en Italia, en la primera mitad del siglo XX, liderado por Benito Mussolini, y que adoptó como símbolo las fasces romanas.

Ejemplo 4º: franquismo.

1. m. Movimiento político y social de tendencia totalitaria, iniciado en España durante la Guerra Civil de 1936-1939, en torno al general Franco, y desarrollado durante los años que ocupó la jefatura del Estado.
2. m. Período histórico que comprende el gobierno del general Franco.

El análisis de estas diferencias nos lleva al meollo de la cuestión lingüística que estimo debe considerar la RAE para evitar la improcedente politización derechista del Diccionario. Señalo las principales consideraciones, sin citas, que estimo innecesarias por lo conocido del tema y el carácter de este escrito, pero que pueden aportarse sin dificultad:

a. Es el propio fascismo el que se autocalifica de totalitario. Las leyes franquistas de la posguerra también definen el nuevo estado como totalitario de manera explícita. Sin merma de rigor podrían, pues, sustituirse en las anteriores entradas las expresiones eufemísticas “carácter totalitario” y “tendencia totalitaria” por “totalitario” simplemente. Podría también en propiedad matizar “gobierno totalitario” la segunda acepción del ejemplo 4º
b. Es evidente que dicha calificación no tiene para sus creadores ninguna connotación moral negativa, sino que es meramente descriptiva. El sentido de la totalidad viene regido, en las diferentes versiones del fascismo, por los conceptos de imperio, raza o religión, supuestamente superiores al hombre, a los que se subordina en última instancia toda actividad individual o social. Éste es el sentido original de ‘totalitario’.
c. Nunca ha habido una definición de ese tipo en ninguna de las variantes del comunismo que, en todo caso, han preconizado siempre la liberación del hombre de las diversas ataduras sociales y económicas.
d. Los errores, e incluso crímenes, cometidos por los diversos regímenes políticos –por todos, hasta la fecha- son cuestiones de facto que le corresponde valorar a historiadores, sociólogos y políticos, y esta valoración se deberá hacer, en nuestro caso, en la mejor lengua española posible, sin que las palabras deban estar cargadas y distorsionadas previamente de manera que hagan imposible el estudio y el diálogo.
e. En ese sentido, mi convicción de que el carácter criminal de todos los regímenes fascistas que han existido deriva en gran medida de su carácter totalitario puede admitirse o no por los científicos, pero en ningún caso tiene un carácter lingüístico que pueda afectar al Diccionario.

Las anteriores consideraciones nos conducen a revisar las propias definiciones del DRAE relacionadas con totalitario-totalitarismo.

Ejemplo 5º: totalitario, ria.

1. adj. Que incluye la totalidad de las partes o atributos de algo, sin merma ninguna.
2. adj. Perteneciente o relativo al totalitarismo.

Ejemplo 6º: totalitarismo.

1. m. Régimen político que ejerce fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros partidos.

Curiosamente, la secuencia genética “total-totalitario-totalitarismo” está distorsionada de forma circular por la segunda acepción de “totalitario”. De esta forma, como ‘totalitarismo’ recoge exclusivamente la concreción política e ignora la definición ideológica, se traslada ésta a ‘totalitario’ cuya primera acepción tiene un carácter abstracto. En resumen, el DRAE no recoge la acepción ideológica original –fascista- de ‘totalitario’, ni de ‘totalitarismo’.

En todo caso, esa definición de régimen político totalitario afecta, como se ha dicho, por propia decisión a los regímenes fascistas y a la propia definición del fascismo, pero sólo un lavado de cerebro programado puede extenderlo al comunismo que pregona la desaparición del Estado tras la fase socialista y que no ha teorizado jamás la necesidad o conveniencia de impedir “la actuación de otros partidos”.

Como conclusión de estos razonamientos, le pido que tome en consideración las siguientes propuestas:

a. Modificación de las entradas de los términos ‘totalitario’ y ‘totalitarismo’ de forma que den entrada a su definición ideológica original, libre de otras connotaciones.
b. Rechazo a incluir el adjetivo ‘totalitario’ en la entrada ‘comunismo’ por ser falsa en cualquiera de sus acepciones.

Por último, Sr. Director, dejemos la política a los ciudadanos y preocupémonos todos porque el Diccionario dé soporte a una lengua común (comunista) lo más rica, clara y universal posible.

Atentamente
Manuel Martínez Llaneza


Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. (www.rebelión.org)