Efectividad mediática
César Ricardo Luque Santana
Los recientes acontecimientos relativos a la liquidación de la empresa pública Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y la desaparición por consiguiente de su sindicato, el SME, han acaparado las primeras planas de los diarios y han sido tema central de noticieros de televisión. Asimismo, han volcado a todas las plumas que escriben sobre análisis político tanto las oficiosas como las independientes. En esta ocasión no voy a hacer un análisis a fondo de este problema porque no tengo los elementos necesarios para ello, simplemente quiero resaltar una serie de aspectos que tienen que ver con lo que señalaba en mi colaboración anterior sobre la desinformación deliberada de los medios electrónicos comerciales que tienen una gran influencia en las masas, y la enajenación a la que someten a las conciencias a través de los diversos programas de entretenimiento que van más allá de ofrecer un sano y merecido esparcimiento, sino que están diseñados no sólo para ser distractores de los temas trascendentes de la vida pública, sino que tienen una intencionalidad política de fomentar la pereza mental y la estulticia.
En efecto, la estrategia de desinformación o manipulación informativa tienen como sustrato la labor de alienación que los programas de entretenimiento frívolo desarrollan, pues la intensidad y extensidad de éstos, así como la falta de alternativas de otro tipo o de otros medios no comerciales, moldean una manera de ser y de pensar de la mayoría de la población, lo que les impide ver críticamente los problemas sociales y políticos, pues ello supone por un lado, tener una cultura política básica para poder tratar la información que se recibe, y por el otro lado, disponer de tiempo para buscar información y posicionamientos contrarios a los prevalecientes o dominantes, que son las versiones de las autoridades que en ocasiones se presentan disfrazadas de noticias “objetivas” o análisis “imparciales”.
En otras palabras, ante el cúmulo de datos y pronunciamientos que nos avasallan constantemente, resulta difícil aún para quien tiene mayores elementos de análisis y suele estar más alerta ante estos embates, indagar más a fondo sobre una determinada problemática en la idea de que la verdad no suele estar en la superficie de la cosas sino oculta en ellas. La situación se vuelve todavía más complicada cuando las fuentes de información alterna son escasas y tiene uno que saber buscarlas. En otras palabras, para alguien que quiera formarse un juicio ponderando los pros y contras de un problema, necesita aparte de tener cierta cultura política o un interés por saber la verdad real, disponer de tiempo para hacerse allegar otra información para contrastarla con la que ocupa una lugar dominante por estar al alcance de todos, pues la cobertura de los medios electrónicos comerciales es tan amplia, que nadie escapa prácticamente a su radio de influencia, al menos en términos de recibir los mensajes que éstos promueven independientemente de que sean ciertos o falsos o se crea o no en ellos o se les ponga duda.
De este modo resulta previsible y patético escuchar a trabajadores ordinarios darle la razón al gobierno de liquidar a LyFC porque se trataba de una empresa ineficiente cuyos boquetes financieros los pagamos todos con nuestros impuestos, pero además, por si fuera poco, se trataba de asalariados privilegiados -se entiende inmerecidamente- que vivían parásitariamente a expensas de erario público. Así las cosas, ¿cómo no enojarse como contribuyente de que haya trabajadores públicos ineficientes que además son premiados? El punto sin embargo sería preguntarse: ¿qué nos consta de todos estos argumentos?, ¿cómo saber si son verdaderos?, o ¿por qué se tuvieron que tomar medidas tan drásticas sin explorar otras soluciones?, etc.
En principio hay una actitud desclasada de muchos trabajadores evidente y lamentable, pues que los ricos y los derechistas festinen una agresión a los trabajadores y a la empresa pública no es novedad. Es decir, hay una ausencia de conciencia de clase en una amplia capa de los trabajadores muy marcada que es fruto no sólo de la mediatización sistemática que realizan los mencionados medios que actúan como actores políticos, sino de la educación formal que produce personas pasivas, que no cuestionan, que no participan, que actúan como súbditos y no como ciudadanos, etc. Asimismo, la falta de alternativas de organización social y política confiables, entre otros factores, redundan en este fenómeno –por lo demás recurrente- donde las víctimas del capitalismo se identifican con sus victimarlos, donde mucha gente apoya a quien los ha perjudicado y lo siguen haciendo, sin que esto tenga nada que ver con el síndrome de Estocolmo pues es otro tipo de patología que corresponde a un proceso de dominación de la subjetividad trabajado a largo plazo y desde muchos frentes por la clase dominante.
Volviendo a las acusaciones que “justifican” la postura del gobierno, sabemos por fuentes alternas que los salarios de los “privilegiados” trabajadores del SME eran en promedio de $ 250 pesos diario, salario apenas decente o decoroso pero que de ninguna manera se puede considerar como significativo o de privilegio si lo comparamos con lo que suelen ganar los regidores, diputados y funcionarios públicos de toda laya, salarios éstos que son verdaderamente insultantes, no sólo por ser altísimos, sino porque muchos de de estos “servidores” públicos son una manada de ineptos y corruptos, incluso muchos de ellos carecen de una preparación académica relevante para ocupar los cargos que detentan, los cuales han logrado por sus relaciones personales y su actitud servil e incondicional con los poderosos. Es decir, se parte de que quienes producen la riqueza no deben de gozar de buenos salarios pero si los que se apropian de ella mediante la plusvalía o la administran como burócratas. ¿Quiénes son aquí los verdaderos parásitos?, ¿no deberíamos escandalizarnos porque existen trabajadores y empleados que perciben sueldos miserables que los condenan a vivir como esclavos toda su vida o de quienes no tienen empleo y por tanto carecen de una forma digna de vivir con sus familias?, ¿tan grande es la falta de conciencia que nos lleva a una insensibilidad ante las injusticias no sólo de los demás sino de las que padecemos nosotros mismos?
Que la empresa de LyFC era ineficiente y tenía que ser apoyada mediante el presupuesto público es verdad, pero también lo es lo que se omite: que a esa empresa pública -como se ha hecho y siguen haciendo con otras parecidas- se les abandona deliberadamente desde el gobierno provocando su deterioro precisamente para poder “justificar” su quiebra y poder convencer a los contribuyentes que son una carga de la que hay que deshacerse, sin decirles que si se privatizan van a pagar más caro por los servicios, ocultando que se propició su ineficiencia por los mismos que ahora se rasgan las vestiduras, que se pretende hacer grandes negocios personales y de camarillas con sus despojos, que en otras ocasiones se ha rescatado con dinero público a empresas privadas que quebraron incluso fraudulentamente (el tristemente famoso Fobaproa que chupa enormes cantidades del presupuesto sacrificando los gastos de educación, salud, etc.). Qué curioso que los legisladores priístas avalen la agresión a un sindicato como el SME, caracterizado por ser democrático e independiente. ¿Qué pasaría si se hiciera lo mismo con el SNTE, el sindicato de PEMEX, y otros como los de la CTM (ligados orgánicamente al PRI) que toda su existencia se han caracterizado por su desfrenada corrupción?
Por último resulta interesante volver sobre la cobertura informática previa al golpe a LyFC y el SME, al interés inusitado de las empresas televisivas de cubrir el conflicto sindical interno y la acusación de un supuesto fraude en sus elecciones internas. Evidentemente, todo ello era el preludio de una decisión ya tomada mediante la cual se preparó a la opinión pública para lo que vino después, un guión que las televisoras en complicidad con el gobierno en turno han repetido durante décadas. A propósito de todo esto me vienen a la memoria unos versos del cantante venezolano Alí Primera que dicen: “La inocencia no mata al pueblo pero tampoco lo salva/Lo salvará su conciencia y en eso me ha puesto el alma”
Este blog pretende ser una comunidad de aprendizaje sobre tópicos filosóficos y políticos, abiertos a cualquier persona que se interese por participar en los temas que aquí se exponen mediante comentarios críticos anotados al final del artículo del momento o enviándolos por email. Asimismo, todos mis escritos pueden ser reproducidos libremente en otros medios impresos o digitales conservando mi autoría.
domingo, 18 de octubre de 2009
lunes, 12 de octubre de 2009
Desinformación y frivolidad
Desinformación y frivolidad
César Ricardo Luque Santana
Una forma de manipular a la opinión pública o la sociedad para distraerla de los problemas fundamentales de la vida pública, consiste en controlar la información, decidir que sale a la luz pública y en qué dosis, así como usar formas de entretenimiento pueriles que instalen en las masas en una agenda de interés sobre temas triviales e intrascendentes. Ambos esquemas mediáticos se cierran como pinzas para atrapar la subjetividad de los ciudadanos enajenándolos con el propósito de mantenerlos pasivos y temerosos por un lado, mientras que por el otro se busca obtener su asentimiento para las políticas públicas que toma el Estado las cuales incluso pueden ser lesivos al interés popular.
Los medios masivos de comunicación y el Estado convergen bajo un esquema de complicidades que pretenden ser encubiertas pero que son demasiado evidentes para no verlas con claridad. Históricamente en México, los medios de comunicación (principalmente los electrónicos), han estado supeditados al Estado. En efecto, durante el régimen de partido de Estado, los medios estaban subordinados al Estado porque éste los condicionaba mediante la prerrogativa legal del otorgamiento de concesiones; ahora parece que el Estado es rehén de los medios aunque ambos comparten un interés por mantener el establishment. En esta última relación, los medios emergen como poderes fácticos, no obstante que el país transitó supuestamente de un monopolio político a un pluripartidismo, lo que supondría en abstracto que los medios deberían de acompañar el proceso de democratización en curso.
Precisamente la contrariedad que mueve a esta reflexión es que por un lado la clase política se ufana de que vivimos en una democracia, pero en la práctica vemos un ejercicio autoritario del poder y una corrupción galopante que la pone en tela de juicio, sin dejar de reconocer que se han dado cambios significativos pero insuficientes porque persiste mucha opacidad en aspectos medulares donde debería reinar la claridad, porque se impone el criterio de la fuerza sobre las razones y la justicia, y porque las libertades democráticas –entre ellas la libertad de expresión- se ve amenaza por los fuertes intereses corporativos. En el primer caso, no existen mecanismos eficaces de contrapesos por diversas razones, entre ellos porque no hay la suficiente participación ciudadana y porque muchas veces los partidos de oposición no hacen bien su tarea por ineptitud, corrupción o debilidad en los espacios de poder como las cámaras legislativas; en el segundo caso se privilegia la fuerza policíaca o el avasallamiento mediante el uso de las mayorías en las instancias legislativas para imponer decisiones impopulares; y en el tercer caso, porque los medios constituidos en grandes empresas entran en evidente conflicto de interés porque no hay un marco legislativo democrático adecuado para ponerles límites y evitar que se conviertan en actores políticos de facto, además de que no tienen contrapesos de medios alternativos desde el sector público y social. Esta última situación también forma parte de la mencionada opacidad y discrecionalidad que envuelve el ejercicio del poder porque ante la falta de una prensa crítica e independiente, la sociedad queda en una situación de grave indefensión.
En cuanto a la desinformación, se entiende por tal la omisión o el sesgo deliberado, la selección perversa de ciertas notas, la justificación apologética de determinadas decisiones abusivas del poder mediante noticias supuestamente objetivas o reflexiones que presumen de serias e imparciales, así como la limitación de puntos de vista contrarios a la versión oficial, todo lo cual impide que los ciudadanos tomen conciencia de los problemas sobre la base de una información veraz donde se muestren de manera respetuosa y equitativa las opiniones divergentes y se den a conocer los hechos sin maquillarlos y sin editorializarlos.
Esta situación se puede ilustrar con muchos ejemplos pero me parece interesante el relacionado con el problema de la influenza donde a través del Internet podemos conocer versiones contrarias a la postura oficial como la que ofrece la monja benedictina y doctora en medicina Teresa Forcades, o la también doctora Jane Burgermesteir quienes nos hacen dudar sobre la cuestión de las vacunas. Es decir, parece que estos temas que deberían de ventilarse en espacios públicos más amplios a través de debates formales, son conocidos en espacios más marginales donde a veces no es posible determinar la seriedad de los temas tratados.
El tema de la frivolidad por su parte está muy extendido en los medios, particularmente en la televisión, donde los escándalos del mundo de la farándula dominan el paisaje generando un interés morboso en esos asuntos que en sí mismo pertenecen a la esfera de la vida de las artistas pero que ante el manejo incisivo y el excesivo tiempo que se le destina a ello, va instalando en muchas personas estos temas como los centrales en sus vidas, actuando como sucedáneos de los grandes temas políticos que deberían estar en la agenda de todos los ciudadanos como su preocupación fundamental, como la propuesta del paquete económico del gobierno federal, la reforma electoral, o los recientes sucesos en torno al reciente decreto presidencial de extinción de la Compañía de Luz y Fuerza, etc. Las telenovelas, los programas de concursos bobos y morbosos y el fútbol, entre otros, vienen a redondear esta industria del entretenimiento cuyo fin es despolitizar los temas de interés público, desviando a la gente de los auténticos problemas a la vez que les genera un gran negocio.
César Ricardo Luque Santana
Una forma de manipular a la opinión pública o la sociedad para distraerla de los problemas fundamentales de la vida pública, consiste en controlar la información, decidir que sale a la luz pública y en qué dosis, así como usar formas de entretenimiento pueriles que instalen en las masas en una agenda de interés sobre temas triviales e intrascendentes. Ambos esquemas mediáticos se cierran como pinzas para atrapar la subjetividad de los ciudadanos enajenándolos con el propósito de mantenerlos pasivos y temerosos por un lado, mientras que por el otro se busca obtener su asentimiento para las políticas públicas que toma el Estado las cuales incluso pueden ser lesivos al interés popular.
Los medios masivos de comunicación y el Estado convergen bajo un esquema de complicidades que pretenden ser encubiertas pero que son demasiado evidentes para no verlas con claridad. Históricamente en México, los medios de comunicación (principalmente los electrónicos), han estado supeditados al Estado. En efecto, durante el régimen de partido de Estado, los medios estaban subordinados al Estado porque éste los condicionaba mediante la prerrogativa legal del otorgamiento de concesiones; ahora parece que el Estado es rehén de los medios aunque ambos comparten un interés por mantener el establishment. En esta última relación, los medios emergen como poderes fácticos, no obstante que el país transitó supuestamente de un monopolio político a un pluripartidismo, lo que supondría en abstracto que los medios deberían de acompañar el proceso de democratización en curso.
Precisamente la contrariedad que mueve a esta reflexión es que por un lado la clase política se ufana de que vivimos en una democracia, pero en la práctica vemos un ejercicio autoritario del poder y una corrupción galopante que la pone en tela de juicio, sin dejar de reconocer que se han dado cambios significativos pero insuficientes porque persiste mucha opacidad en aspectos medulares donde debería reinar la claridad, porque se impone el criterio de la fuerza sobre las razones y la justicia, y porque las libertades democráticas –entre ellas la libertad de expresión- se ve amenaza por los fuertes intereses corporativos. En el primer caso, no existen mecanismos eficaces de contrapesos por diversas razones, entre ellos porque no hay la suficiente participación ciudadana y porque muchas veces los partidos de oposición no hacen bien su tarea por ineptitud, corrupción o debilidad en los espacios de poder como las cámaras legislativas; en el segundo caso se privilegia la fuerza policíaca o el avasallamiento mediante el uso de las mayorías en las instancias legislativas para imponer decisiones impopulares; y en el tercer caso, porque los medios constituidos en grandes empresas entran en evidente conflicto de interés porque no hay un marco legislativo democrático adecuado para ponerles límites y evitar que se conviertan en actores políticos de facto, además de que no tienen contrapesos de medios alternativos desde el sector público y social. Esta última situación también forma parte de la mencionada opacidad y discrecionalidad que envuelve el ejercicio del poder porque ante la falta de una prensa crítica e independiente, la sociedad queda en una situación de grave indefensión.
En cuanto a la desinformación, se entiende por tal la omisión o el sesgo deliberado, la selección perversa de ciertas notas, la justificación apologética de determinadas decisiones abusivas del poder mediante noticias supuestamente objetivas o reflexiones que presumen de serias e imparciales, así como la limitación de puntos de vista contrarios a la versión oficial, todo lo cual impide que los ciudadanos tomen conciencia de los problemas sobre la base de una información veraz donde se muestren de manera respetuosa y equitativa las opiniones divergentes y se den a conocer los hechos sin maquillarlos y sin editorializarlos.
Esta situación se puede ilustrar con muchos ejemplos pero me parece interesante el relacionado con el problema de la influenza donde a través del Internet podemos conocer versiones contrarias a la postura oficial como la que ofrece la monja benedictina y doctora en medicina Teresa Forcades, o la también doctora Jane Burgermesteir quienes nos hacen dudar sobre la cuestión de las vacunas. Es decir, parece que estos temas que deberían de ventilarse en espacios públicos más amplios a través de debates formales, son conocidos en espacios más marginales donde a veces no es posible determinar la seriedad de los temas tratados.
El tema de la frivolidad por su parte está muy extendido en los medios, particularmente en la televisión, donde los escándalos del mundo de la farándula dominan el paisaje generando un interés morboso en esos asuntos que en sí mismo pertenecen a la esfera de la vida de las artistas pero que ante el manejo incisivo y el excesivo tiempo que se le destina a ello, va instalando en muchas personas estos temas como los centrales en sus vidas, actuando como sucedáneos de los grandes temas políticos que deberían estar en la agenda de todos los ciudadanos como su preocupación fundamental, como la propuesta del paquete económico del gobierno federal, la reforma electoral, o los recientes sucesos en torno al reciente decreto presidencial de extinción de la Compañía de Luz y Fuerza, etc. Las telenovelas, los programas de concursos bobos y morbosos y el fútbol, entre otros, vienen a redondear esta industria del entretenimiento cuyo fin es despolitizar los temas de interés público, desviando a la gente de los auténticos problemas a la vez que les genera un gran negocio.
domingo, 4 de octubre de 2009
Memoria histórica e impunidad
Memoria histórica e impunidad
César Ricardo Luque Santana
El 2 de octubre pasado, un segmento de la comunidad de filosofía de la UAN integrada por profesores y estudiantes organizaron un Café Filosófico en el céntrico café cultural “El Barullo” para reflexionar sobre los acontecimientos del 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas de la ciudad de México, donde el Estado mexicano masacró de manera cobarde e impune a cientos o miles de personas entre hombres, mujeres, ancianos y niños, la mayoría de ellos jóvenes estudiantes universitarios de la UNAM y el IPN, principalmente.
La idea de impulsar un espacio de reflexión sobre el movimiento estudiantil del 68 haciendo converger a personas maduras que de algún modo u otro vivieron esos sucesos, con los jóvenes estudiantes, nació con la inquietud de que éstos últimos traten de informarse de cómo surgió dicho movimiento, cuál era el contexto histórico de México y del mundo en esa época, qué se demandaba y por qué el Estado mexicano en el cual el presidente de la república ejercía el poder omnímodo, decidió acabarlo mediante una brutal represión. Qué significó este suceso para la vida política de la nación y qué lectura se puede hacer ahora comparativamente hablando a 41 años de distancia con el momento que estamos viviendo, entre otras interrogantes que fueron surgiendo en el diálogo colectivo.
Para empezar el encuentro, se leyó a varias voces un poema alusivo a la matanza del 68 y se hizo asimismo una crónica breve de esta lucha desde su comienzo a partir de una trifulca entre jóvenes estudiantes de bachillerato en san Cosme donde los granaderos intervinieron utilizando exceso de fuerza, lo que a la postre desataría una serie de protestas contra los abusos de esta fuerza policíaca represiva y, posteriormente, se demandaría su desaparición y castigos a los jefes de la misma, hasta los eventos posteriores de marchas y mítines y su culminación mediante un genocidio. Todo ello contextualizando las circunstancias políticas locales e internacionales y, desde luego, el marco de la olimpiada misma. También se hizo una reseña histórica sucinta del mayo francés para exponer el carácter internacional de la rebeldía juvenil de aquellos años.
La interesante de la reflexión realizada fue que se considera imprescindible mantener la memoria histórica de lo que pasó para que no vuelva a repetirse, pero se reconoció que si bien en magnitudes menores, estas masacres han seguido ocurriendo como sucedió después a los pocos años con el Jueves de Corpus en 1971 y otras matanzas más cercanas a nuestra época como Aguas Blancas o Acteal, todas ellas con el mismo resultado de impunidad de los poderosos que perpetraron esos crímenes contra una población indefensa. En cuanto al 2 de octubre del 68, éste continua sin castigo y sin saberse la verdad histórica, al menos de manera oficial porque evidentemente todos sabemos que el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y el secretario de gobernación Luis Echeverría Álvarez, son los principales responsables, con el beneplácito o complicidad de los poderes legislativo y judicial y los medios masivos de comunicación escritos y electrónicos de entonces que -salvo pocas excepciones- silenciaron o distorsionaron los hechos rindiéndole pleitesía al poder presidencial en turno. Asimismo, la Fiscalía para crímenes del pasado creada en el sexenio de Fox resultó un fisco porque terminó exonerando al principal responsable vivo del 68 y del 71 (Luis Echeverría), con la mañosada de que no hubo genocidio porque según los jueces éste concepto sólo aplica a una etnia determinada y la población asesinada no lo era.
Desde luego que se discutieron muchos temas derivados de las preguntas iniciales que serían largo comentar en este espacio, pero lo importante es que los jóvenes que ahora se encuentran en una situación de vulnerabilidad social ante la rapacidad del neoliberalismo, entendieron que en primer lugar esta fecha es de conmemoración y lucha y no de fiesta como lo vienen haciendo otros jóvenes que salen a las calles sin tener plena conciencia de lo que vino a significar el sacrificio de tantas vidas y, en segundo lugar, que el autoritarismo que en ese entonces criminalizaba la disidencia con el delito de “disolución social” que era uno de los puntos que se impugnaban el pliego petitorio del movimiento, ahora lo vemos reflejado en lo que llaman “secuestro comparado” y “terrorismo”, cuya laxidad semántica permite al Estado reprimir personas y movimientos que a veces actúan con ciertos excesos exasperados ante la ineptitud, cinismo y frivolidad de un sistema político, social y económico que no resuelve sus problemas y los condena a la exclusión social.
El movimiento del 68 fue sin dudas un parteaguas aunque los cambios logrados han sido lentos porque se ha caído en una partidocracia donde parecería que el PRI se clonó en varios partidos. Sin embargo se reconoció que algo se ha avanzado y que la vida política del país ya no es igual. Se lamentó que tengamos una sociedad poca participativa en torno a los grandes problemas nacionales y que no defendamos los intereses populares en la lucha social como ocurre en otros países donde sus ciudadanos se movilizan constantemente. No obstante, se aceptó que hemos sido capaces de generar grandes movimientos sociales y políticos que han podido superar no sólo las inercias y el valemadrismo de algunos, sino que han sabido superar las formas de control corporativas y la desinformación de los medios, pero que el hecho de que se hayan frenado mediante la represión descarada, ha desarticulado esos movimientos y ha inhibido la participación. Los fraudes electorales también han contribuido al desánimo, pero indudablemente México tiene una gran historia de lucha popular, con los reflujos inevitables.
Después de la discusión entre los asistentes, hubo una tocada con canciones de protesta de los años 70 y 80, como las canciones de José de Molina y de otros cantantes que solían acompañar los movimientos populares en esas décadas. Luego, continuó la convivencia entre los contertulios que se dieron cita con este propósito.
César Ricardo Luque Santana
El 2 de octubre pasado, un segmento de la comunidad de filosofía de la UAN integrada por profesores y estudiantes organizaron un Café Filosófico en el céntrico café cultural “El Barullo” para reflexionar sobre los acontecimientos del 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas de la ciudad de México, donde el Estado mexicano masacró de manera cobarde e impune a cientos o miles de personas entre hombres, mujeres, ancianos y niños, la mayoría de ellos jóvenes estudiantes universitarios de la UNAM y el IPN, principalmente.
La idea de impulsar un espacio de reflexión sobre el movimiento estudiantil del 68 haciendo converger a personas maduras que de algún modo u otro vivieron esos sucesos, con los jóvenes estudiantes, nació con la inquietud de que éstos últimos traten de informarse de cómo surgió dicho movimiento, cuál era el contexto histórico de México y del mundo en esa época, qué se demandaba y por qué el Estado mexicano en el cual el presidente de la república ejercía el poder omnímodo, decidió acabarlo mediante una brutal represión. Qué significó este suceso para la vida política de la nación y qué lectura se puede hacer ahora comparativamente hablando a 41 años de distancia con el momento que estamos viviendo, entre otras interrogantes que fueron surgiendo en el diálogo colectivo.
Para empezar el encuentro, se leyó a varias voces un poema alusivo a la matanza del 68 y se hizo asimismo una crónica breve de esta lucha desde su comienzo a partir de una trifulca entre jóvenes estudiantes de bachillerato en san Cosme donde los granaderos intervinieron utilizando exceso de fuerza, lo que a la postre desataría una serie de protestas contra los abusos de esta fuerza policíaca represiva y, posteriormente, se demandaría su desaparición y castigos a los jefes de la misma, hasta los eventos posteriores de marchas y mítines y su culminación mediante un genocidio. Todo ello contextualizando las circunstancias políticas locales e internacionales y, desde luego, el marco de la olimpiada misma. También se hizo una reseña histórica sucinta del mayo francés para exponer el carácter internacional de la rebeldía juvenil de aquellos años.
La interesante de la reflexión realizada fue que se considera imprescindible mantener la memoria histórica de lo que pasó para que no vuelva a repetirse, pero se reconoció que si bien en magnitudes menores, estas masacres han seguido ocurriendo como sucedió después a los pocos años con el Jueves de Corpus en 1971 y otras matanzas más cercanas a nuestra época como Aguas Blancas o Acteal, todas ellas con el mismo resultado de impunidad de los poderosos que perpetraron esos crímenes contra una población indefensa. En cuanto al 2 de octubre del 68, éste continua sin castigo y sin saberse la verdad histórica, al menos de manera oficial porque evidentemente todos sabemos que el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y el secretario de gobernación Luis Echeverría Álvarez, son los principales responsables, con el beneplácito o complicidad de los poderes legislativo y judicial y los medios masivos de comunicación escritos y electrónicos de entonces que -salvo pocas excepciones- silenciaron o distorsionaron los hechos rindiéndole pleitesía al poder presidencial en turno. Asimismo, la Fiscalía para crímenes del pasado creada en el sexenio de Fox resultó un fisco porque terminó exonerando al principal responsable vivo del 68 y del 71 (Luis Echeverría), con la mañosada de que no hubo genocidio porque según los jueces éste concepto sólo aplica a una etnia determinada y la población asesinada no lo era.
Desde luego que se discutieron muchos temas derivados de las preguntas iniciales que serían largo comentar en este espacio, pero lo importante es que los jóvenes que ahora se encuentran en una situación de vulnerabilidad social ante la rapacidad del neoliberalismo, entendieron que en primer lugar esta fecha es de conmemoración y lucha y no de fiesta como lo vienen haciendo otros jóvenes que salen a las calles sin tener plena conciencia de lo que vino a significar el sacrificio de tantas vidas y, en segundo lugar, que el autoritarismo que en ese entonces criminalizaba la disidencia con el delito de “disolución social” que era uno de los puntos que se impugnaban el pliego petitorio del movimiento, ahora lo vemos reflejado en lo que llaman “secuestro comparado” y “terrorismo”, cuya laxidad semántica permite al Estado reprimir personas y movimientos que a veces actúan con ciertos excesos exasperados ante la ineptitud, cinismo y frivolidad de un sistema político, social y económico que no resuelve sus problemas y los condena a la exclusión social.
El movimiento del 68 fue sin dudas un parteaguas aunque los cambios logrados han sido lentos porque se ha caído en una partidocracia donde parecería que el PRI se clonó en varios partidos. Sin embargo se reconoció que algo se ha avanzado y que la vida política del país ya no es igual. Se lamentó que tengamos una sociedad poca participativa en torno a los grandes problemas nacionales y que no defendamos los intereses populares en la lucha social como ocurre en otros países donde sus ciudadanos se movilizan constantemente. No obstante, se aceptó que hemos sido capaces de generar grandes movimientos sociales y políticos que han podido superar no sólo las inercias y el valemadrismo de algunos, sino que han sabido superar las formas de control corporativas y la desinformación de los medios, pero que el hecho de que se hayan frenado mediante la represión descarada, ha desarticulado esos movimientos y ha inhibido la participación. Los fraudes electorales también han contribuido al desánimo, pero indudablemente México tiene una gran historia de lucha popular, con los reflujos inevitables.
Después de la discusión entre los asistentes, hubo una tocada con canciones de protesta de los años 70 y 80, como las canciones de José de Molina y de otros cantantes que solían acompañar los movimientos populares en esas décadas. Luego, continuó la convivencia entre los contertulios que se dieron cita con este propósito.
domingo, 27 de septiembre de 2009
La necesaria refundación del PRD
La necesaria refundación del PRD
César Ricardo Luque Santana
Acerca de la refundación del PRD caben dos preguntas fundamentales: ¿es necesaria?, ¿es posible? Creo que habría que responder afirmativamente a ambas pero justificando desde luego su sentido mediante un argumento plausible.
No pretendo tener por supuesto las respuestas acabadas a este problema, pero si aportar algunos elementos para que colegiadamente construyamos una propuesta viable y consensuada, lo que implicará que sea técnicamente -por así decir- posible de realizar, y que tenga un carácter conciliador, es decir, que no sea una propuesta que a lo mejor es muy racional y loable pero impráctica en virtud de que provoca una confrontación innecesaria. Es necesario plantearnos algo efectivo donde todos salgamos ganando, pensando no sólo en los beneficios inmediatos de quienes dirigen partido con los consabidos arreglos cupulares en torno a cargos (reconociendo que hay intereses creados pero que deben tener un límite que les dé legitimidad), sino que satisfaga las aspiraciones de las bases militantes y electorales del partido y nos permita atraer más simpatizantes a nuestras causa que es la de ellos. En este sentido, si queremos renovarnos de verdad, no cabe ni la simulación ni la idealización, sino reorganizar un partido ganador pero haciéndolo compatible con un auténtico proyecto alternativo de nación.
Creo entonces que para ir contestando las preguntas del problema que nos aqueja de refundar o reconstruir un partido que sea un verdadero referente de izquierda de la sociedad, tanto de los ciudadanos como de las demás fuerzas sociales afines, es importante afirmar que un partido ganador, fuerte y confiable es una necesidad política y social ineludible, para lo cual será indispensable que los esfuerzos de deliberación (reflexión) y acción que hagamos como militantes y como colectivo, nos lleve a una línea de congruencia entre lo que decimos y lo hacemos ¿Por qué la sociedad mexicana necesita de un partido de izquierda fuerte, responsable, propositivo y de lucha?, ¿cómo lograr tener un partido ganador sin que ello signifique desdibujarnos ideológicamente?, ¿hasta qué punto son conciliables la capacidad de negociación con la capacidad de movilización? Creo que aquí hay una serie de preguntas que involucran prácticamente todo el perfil del partido: nuestra declaración de principios, estatutos, programa de trabajo, línea política y su vida institucional.
Mi percepción es que en la discusión y funcionamiento del partido han prevalecido de manera contradictoria posiciones más o menos irreductibles que no han sabido encontrar el justo medio, la manera de conciliar lo mejor de cada una. Normalmente la disputa al interior del partido se ha reducido a dos grandes posturas que han querido caminar cada una por su lado con las consecuencias previsibles de ir como partido hacia ninguna parte. ¿Qué es lo que ha impedido lograr una estrategia común? A primera vista de acuerdo con este esquema, podemos decir que obviamente el querer actuar unilateralmente sólo con base en la negociación o sólo con la pura movilización, es erróneo políticamente porque es evidente que sin la necesaria complementación entre ambas estrategias no es posible avanzar. En otras palabras, una lectura en este sentido nos diría que quienes han establecido la hegemonía interna en el partido con base en criterios cuantitativos (de mayoría) ha tratado de hacer prevalecer su línea política, teniendo como consecuencia la resistencia de los disidentes, y como resultado, un forcejeo interno que termina anulando la eficacia del accionar nuestro partido, aunado a un desprestigio del mismo explotado mediáticamente por nuestros adversarios y/o enemigos.
Pero esta descripción me parece que muestra sólo el aspecto exterior del problema pero no la esencia del mismo. Es decir, necesitamos escudriñar un poco la problemática que nos ha caracterizado en los últimos años sumiéndonos en una crisis constante y hablarnos desde luego con la verdad, pues si queremos rectificar, corregir el rumbo o tener rumbo, estamos obligados en consecuencia a no maquillar las cosas sino a decirlas tal como son, a reconocer en qué estamos mal para que encontremos juntos las soluciones pertinentes a nuestro problema.
Para ello me permito poner enseguida un ejemplo que si bien es simplificador, ilustra creo yo el núcleo del problema que padecemos. Creo que lo que viene pasando en realidad es que no hemos tenido un debate ideológico y político de altura en el partido, sino que el sentimiento patrimonialista de algunos cuantos se ha impuesto marcando la pauta del desenvolvimiento de nuestra institución. En efecto, el PRD no está siendo congruente con sus postulados, con su discurso, sino que su misma vida interna está viciada por prácticas corporativistas y patrimonialistas de tal suerte que en vez de ser un instrumento de la sociedad para hacernos del poder y gobernar con base en un proyecto de justicia social y verdadera democratización, el partido se ha alejado de lo que dicen sus documentos básicos y ha caído en un descrédito público en virtud de las constantes pugnas internas que han privilegiado el reparto de cuotas sacrificando con ello el proyecto que se supone le da sentido a nuestra lucha. No se trata de denostar a quienes desean hacer carrera política lo cual no sólo es legítimo para ellos sino necesario para el partido, pues ninguna organización política puede prescindir de políticos profesionales, de individuos que vivan de y para la política, pero desafortunadamente han prevalecido muchos sujetos inescrupulosos que han aprovechado la situación para satisfacer sólo sus intereses personales a cambio de utilizar a todos los demás para esos propósitos por lo cual se puede decir que han mantenido al partido como rehén de intereses espurios perjudicando gravemente el proyecto que da sentido a la existencia del PRD.
A veces el resultado de estas pugnas por ganar posiciones personales y de camarillas ha llegado a niveles tan grotescos que no sólo han provocado una dinámica de desgaste de organización e imagen pública, sino que se ha encumbrado a personajes sin seriedad, preparación ni compromiso. ¿Cuántos de estos sujetos que el partido hizo regidores, diputados, etc., no están ahora con nosotros sino que incluso están en otras agrupaciones agrediendo constantemente a nuestro partido? ¿De qué sirvió tanto pleito interno para colocar a personajes tránsfugas, mediocres y oportunistas? Como dije, es sólo un ejemplo de la ramplonería en la que hemos caído y que ha significado sacrificar el esfuerzo y la esperanza de cientos de miles o millones de personas, desde militantes hasta electores que han sido utilizados para otros propósitos.
Creo que una renovación es posible si somos capaces de admitir nuestros errores y excesos, si buscamos sin simulación conciliar lo mejor de cada parte, si se logra atraer a este esfuerzo de renovación a personajes notables tanto del partido como de la sociedad civil que proyecten una imagen más positiva y una confianza de muchos ciudadanos, sectores y organizaciones. No pretendo con ello ofrecer una visión maniquea de buenos y malos, de puros e impuros, de idealistas y pragmáticos, sino que considero que todos los perfiles caben dentro de un proyecto siempre y cuando la finalidad de hacerse del poder (que es el objetivo de todo partido político) sea para trabajar en serio para revertir las injusticias del actual sistema capitalista bajo el modelo neoliberal.
Asimismo, creo que debemos entender que no se trata de suprimir los conflictos internos porque ello no sólo es imposible sino porque éstos pueden ser positivos, pero para ello es necesario redefinir las pugnas internas con base en debates políticos, filosóficos, ideológicos, etc., auténticos, y ceñir las aspiraciones personales a los intereses del partido y dotar asimismo nuestro actuar personal y de partido de acuerdo a nuestra identidad de izquierda a una dimensión ética. Dicho de otro modo, se trata de darle un cariz positivo a nuestros desacuerdos para de ese modo encauzar nuestros conflictos a una vía institucional que nos blinde contra las crisis internas, o al menos a crisis políticas cuyo origen son resultado de una sórdida pugna de intereses estrictamente personales y de camarillas.
Finalmente, los cambios que se pueden realizar en la sociedad desde el ejercicio de los espacios de poder dependen de la correlación de fuerzas que se logra y en ese sentido el PRD no debe pretender ser ninguna vanguardia pero si una opción electoral de izquierda que vinculada al movimiento social mexicano, abone para frenar y eventualmente desmantelar ese modelo económico de capitalismo salvaje que nos tiene condenados al sufrimiento, la pobreza, la violencia, la corrupción, la inmoralidad, etc. Ya basta de permitir la existencia de un sistema político derechista fundado en el cinismo y la insensibilidad, cuyo ejercicio del poder se reduce a socializar las pérdidas de los ricos y privatizar las ganancias de los mismos.
Gracias.
Nota: Ponencia presentada en el Foro Estatal del PRD, Tepic, Nayarit, 27 de septiembre de 2009.
César Ricardo Luque Santana
Acerca de la refundación del PRD caben dos preguntas fundamentales: ¿es necesaria?, ¿es posible? Creo que habría que responder afirmativamente a ambas pero justificando desde luego su sentido mediante un argumento plausible.
No pretendo tener por supuesto las respuestas acabadas a este problema, pero si aportar algunos elementos para que colegiadamente construyamos una propuesta viable y consensuada, lo que implicará que sea técnicamente -por así decir- posible de realizar, y que tenga un carácter conciliador, es decir, que no sea una propuesta que a lo mejor es muy racional y loable pero impráctica en virtud de que provoca una confrontación innecesaria. Es necesario plantearnos algo efectivo donde todos salgamos ganando, pensando no sólo en los beneficios inmediatos de quienes dirigen partido con los consabidos arreglos cupulares en torno a cargos (reconociendo que hay intereses creados pero que deben tener un límite que les dé legitimidad), sino que satisfaga las aspiraciones de las bases militantes y electorales del partido y nos permita atraer más simpatizantes a nuestras causa que es la de ellos. En este sentido, si queremos renovarnos de verdad, no cabe ni la simulación ni la idealización, sino reorganizar un partido ganador pero haciéndolo compatible con un auténtico proyecto alternativo de nación.
Creo entonces que para ir contestando las preguntas del problema que nos aqueja de refundar o reconstruir un partido que sea un verdadero referente de izquierda de la sociedad, tanto de los ciudadanos como de las demás fuerzas sociales afines, es importante afirmar que un partido ganador, fuerte y confiable es una necesidad política y social ineludible, para lo cual será indispensable que los esfuerzos de deliberación (reflexión) y acción que hagamos como militantes y como colectivo, nos lleve a una línea de congruencia entre lo que decimos y lo hacemos ¿Por qué la sociedad mexicana necesita de un partido de izquierda fuerte, responsable, propositivo y de lucha?, ¿cómo lograr tener un partido ganador sin que ello signifique desdibujarnos ideológicamente?, ¿hasta qué punto son conciliables la capacidad de negociación con la capacidad de movilización? Creo que aquí hay una serie de preguntas que involucran prácticamente todo el perfil del partido: nuestra declaración de principios, estatutos, programa de trabajo, línea política y su vida institucional.
Mi percepción es que en la discusión y funcionamiento del partido han prevalecido de manera contradictoria posiciones más o menos irreductibles que no han sabido encontrar el justo medio, la manera de conciliar lo mejor de cada una. Normalmente la disputa al interior del partido se ha reducido a dos grandes posturas que han querido caminar cada una por su lado con las consecuencias previsibles de ir como partido hacia ninguna parte. ¿Qué es lo que ha impedido lograr una estrategia común? A primera vista de acuerdo con este esquema, podemos decir que obviamente el querer actuar unilateralmente sólo con base en la negociación o sólo con la pura movilización, es erróneo políticamente porque es evidente que sin la necesaria complementación entre ambas estrategias no es posible avanzar. En otras palabras, una lectura en este sentido nos diría que quienes han establecido la hegemonía interna en el partido con base en criterios cuantitativos (de mayoría) ha tratado de hacer prevalecer su línea política, teniendo como consecuencia la resistencia de los disidentes, y como resultado, un forcejeo interno que termina anulando la eficacia del accionar nuestro partido, aunado a un desprestigio del mismo explotado mediáticamente por nuestros adversarios y/o enemigos.
Pero esta descripción me parece que muestra sólo el aspecto exterior del problema pero no la esencia del mismo. Es decir, necesitamos escudriñar un poco la problemática que nos ha caracterizado en los últimos años sumiéndonos en una crisis constante y hablarnos desde luego con la verdad, pues si queremos rectificar, corregir el rumbo o tener rumbo, estamos obligados en consecuencia a no maquillar las cosas sino a decirlas tal como son, a reconocer en qué estamos mal para que encontremos juntos las soluciones pertinentes a nuestro problema.
Para ello me permito poner enseguida un ejemplo que si bien es simplificador, ilustra creo yo el núcleo del problema que padecemos. Creo que lo que viene pasando en realidad es que no hemos tenido un debate ideológico y político de altura en el partido, sino que el sentimiento patrimonialista de algunos cuantos se ha impuesto marcando la pauta del desenvolvimiento de nuestra institución. En efecto, el PRD no está siendo congruente con sus postulados, con su discurso, sino que su misma vida interna está viciada por prácticas corporativistas y patrimonialistas de tal suerte que en vez de ser un instrumento de la sociedad para hacernos del poder y gobernar con base en un proyecto de justicia social y verdadera democratización, el partido se ha alejado de lo que dicen sus documentos básicos y ha caído en un descrédito público en virtud de las constantes pugnas internas que han privilegiado el reparto de cuotas sacrificando con ello el proyecto que se supone le da sentido a nuestra lucha. No se trata de denostar a quienes desean hacer carrera política lo cual no sólo es legítimo para ellos sino necesario para el partido, pues ninguna organización política puede prescindir de políticos profesionales, de individuos que vivan de y para la política, pero desafortunadamente han prevalecido muchos sujetos inescrupulosos que han aprovechado la situación para satisfacer sólo sus intereses personales a cambio de utilizar a todos los demás para esos propósitos por lo cual se puede decir que han mantenido al partido como rehén de intereses espurios perjudicando gravemente el proyecto que da sentido a la existencia del PRD.
A veces el resultado de estas pugnas por ganar posiciones personales y de camarillas ha llegado a niveles tan grotescos que no sólo han provocado una dinámica de desgaste de organización e imagen pública, sino que se ha encumbrado a personajes sin seriedad, preparación ni compromiso. ¿Cuántos de estos sujetos que el partido hizo regidores, diputados, etc., no están ahora con nosotros sino que incluso están en otras agrupaciones agrediendo constantemente a nuestro partido? ¿De qué sirvió tanto pleito interno para colocar a personajes tránsfugas, mediocres y oportunistas? Como dije, es sólo un ejemplo de la ramplonería en la que hemos caído y que ha significado sacrificar el esfuerzo y la esperanza de cientos de miles o millones de personas, desde militantes hasta electores que han sido utilizados para otros propósitos.
Creo que una renovación es posible si somos capaces de admitir nuestros errores y excesos, si buscamos sin simulación conciliar lo mejor de cada parte, si se logra atraer a este esfuerzo de renovación a personajes notables tanto del partido como de la sociedad civil que proyecten una imagen más positiva y una confianza de muchos ciudadanos, sectores y organizaciones. No pretendo con ello ofrecer una visión maniquea de buenos y malos, de puros e impuros, de idealistas y pragmáticos, sino que considero que todos los perfiles caben dentro de un proyecto siempre y cuando la finalidad de hacerse del poder (que es el objetivo de todo partido político) sea para trabajar en serio para revertir las injusticias del actual sistema capitalista bajo el modelo neoliberal.
Asimismo, creo que debemos entender que no se trata de suprimir los conflictos internos porque ello no sólo es imposible sino porque éstos pueden ser positivos, pero para ello es necesario redefinir las pugnas internas con base en debates políticos, filosóficos, ideológicos, etc., auténticos, y ceñir las aspiraciones personales a los intereses del partido y dotar asimismo nuestro actuar personal y de partido de acuerdo a nuestra identidad de izquierda a una dimensión ética. Dicho de otro modo, se trata de darle un cariz positivo a nuestros desacuerdos para de ese modo encauzar nuestros conflictos a una vía institucional que nos blinde contra las crisis internas, o al menos a crisis políticas cuyo origen son resultado de una sórdida pugna de intereses estrictamente personales y de camarillas.
Finalmente, los cambios que se pueden realizar en la sociedad desde el ejercicio de los espacios de poder dependen de la correlación de fuerzas que se logra y en ese sentido el PRD no debe pretender ser ninguna vanguardia pero si una opción electoral de izquierda que vinculada al movimiento social mexicano, abone para frenar y eventualmente desmantelar ese modelo económico de capitalismo salvaje que nos tiene condenados al sufrimiento, la pobreza, la violencia, la corrupción, la inmoralidad, etc. Ya basta de permitir la existencia de un sistema político derechista fundado en el cinismo y la insensibilidad, cuyo ejercicio del poder se reduce a socializar las pérdidas de los ricos y privatizar las ganancias de los mismos.
Gracias.
Nota: Ponencia presentada en el Foro Estatal del PRD, Tepic, Nayarit, 27 de septiembre de 2009.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Noam Chomsky, crítico del Imperialismo
Chomsky, crítico del imperialismo
César Ricardo Luque Santana
Sin duda alguna, la conferencia magistral que dictó el profesor estadounidense Noam Chomsky en la sala Nezahualcoyótl el pasado 21 de septiembre del año en curso en el marco del 25 aniversario del diario La Jornada, constituyó un gran acontecimiento académico y político, lo cual quedó demostrado por el enorme interés del público que abarrotó ese recinto universitario y por la transmisión en directo por TV UNAM y 12 televisoras públicas más de distintos estados de la república. El podcast de este evento puede ser bajado por quien desee desde La Jornada on line, y ahí mismo, en la edición del día 22, es posible encontrar la transcripción y traducción completa de dicha disertación.
A continuación trataré de recuperar algunos puntos de su planteamiento pero para antes conviene señalar que Noam Chomsky es uno de los más grandes pensadores del momento, profesor del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), reconocido lingüista y filósofo, pero más conocido aún por su persistente, aguda y certera crítica del imperialismo estadounidense.
La pregunta de la que parte Chomsky es: ¿qué lecciones nos han dejado dos décadas de realidad unipolar en el mundo? Dentro de ello explica cómo se fue construyendo la hegemonía militar estadounidense en la historia reciente, y su afianzamiento con la desaparición de la Unión Soviética y la caída del bloque socialista, paralelamente a la implementación del neoliberalismo, y cómo estos acontecimientos históricos del fin de la llamada guerra fría que configuraba un mundo bipolar con dos grandes potencias enemigas como la URSS y los EUA que permitían un equilibrio tenso en el mapa geopolítico, terminó por romperse a favor de los Estados Unidos como la principal potencia del mundo, lo que a su vez ha permitido retornar al capitalismo salvaje generando paradójicamente otro mundo bipolar: el de una minoría muy rica y el de grandes mayorías muy pobres. Asimismo, la tendencia militarista de los Estados Unidos hubo de rehacerse pues al esfumarse la “amenaza comunista”, tuvieron que inventar nuevos pretextos para continuar su intervencionismo colonialista en el mundo, principalmente en los países periféricos. Ahora, las amenazas para los Estados Unidos y para “la paz mundial” según su retórica, son el narcotráfico y el terrorismo.
Según Chomsky, la política exterior de los Estados Unidos se funda en tres principios que son los siguientes: la máxima de Tucídides que dice que los fuertes hacen los quieren y los débiles sufren de esos abusos, el principio de Adam Smith quien sostenía que los verdaderos arquitectos de las políticas públicas eran los grandes comerciantes e industriales y el principio de la mafia que consiste en actuar insensiblemente ante las carencias y sufrimiento de sus víctimas. Actualmente se puede constatar como dichos principios actúan en la vida política, pues por ejemplo según la visión de Smith reforzada por el planteamiento del economista Thomas Ferguson, los grandes empresarios del capital financiero controlan las elecciones para asegurar sus inversiones y ganancias, por ello es lógico que las políticas públicas de los Estados secuestrados por las mafias empresariales sean siempre beneficiadas incluso de las crisis económicas que ellos mismos provocan. Los rescates de los empresarios en México derivados de una política consistente en privatizar las ganancias y socializar las pérdidas corroboran esa afirmación de Chomsky. Asimismo, sostiene que en las pasadas elecciones presidenciales en México, los Estados Unidos no podían permitir un gobierno que eventualmente contradijera sus políticas como sucede con otros gobiernos latinoamericanos.
Desde luego que la dominación y el abuso del poder no podría darse sin la alcahuetería de los intelectuales orgánicos del poder, quienes tienen la función de justificar lo injustificable mediante argucias retóricas y pensamientos sofísticos, pues es importante ganar el asentimiento de los ciudadanos o el consenso como diría Gramsci, generando una especie de servidumbre voluntaria. Este tema es muy interesante aunque en esta ocasión es tratado muy por encima.
Chomsky ilustra con ejemplos históricos el comportamiento hipócrita de los Estados Unidos para intervenir en los países que quiere saquear y cómo no tienen reparo en apoyar a regímenes criminales que actúan como sus cómplices, esgrimiendo una doble moral entre los que dicen acerca de la democracia y la paz y lo que realmente hacen. Desde luego que hay que señalar que el intervencionismo no sólo es por la vía militar sino que implementan otros recursos neocolonizadores, como el Tratado de Libre Comercio con México a partir del cual se le forzaba la privatización de los bienes y servicios públicos para ponerlos en manos de unos cuantos capitalistas, principalmente extranjeros, y creando asimismo una situación de dependencia económica más pronunciadas a partir de las exigencias de dicho Tratado obligando por ejemplo a los mexicanos a eliminar los subsidios al campo al mismo tiempo que ellos subsidiaban a sus productores agrícolas con las consecuencias previsibles: un campo mexicano tronado y por ende dependiente de los Estados Unidos. La asimetría que de por sí existía entre ambos países se hacía con ello más pronunciada en vez de buscar mecanismos compensatorios que permitieran mejorar a la economía mexicana para que fuera de veras competitiva, pero basados en el principio de la mafia, esa situación no les importaba sino sólo expoliar lo más posible a sus vecinos. El fenómeno migratorio es entonces una consecuencia de esta política entreguista para lo cual los Estados Unidos endurecen por un lado su política migratoria militarizando la frontera, pero por el otro tienen disponible mano de obra barata.
Como bien dice Chomsky, la globalización neoliberal se ha diseñado “para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos contra otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege a las fuerzas del mercado…”
Por último, Chomsky ve con buenos ojos los esfuerzos de una serie de países y gobiernos latinoamericanos por sacudirse el neoliberalismo, mientras que los Estados Unidos trata de desestabilizarlos de diversas maneras, alentando a las oposiciones de derechas dirigidas por los grandes empresarios locales, tratando de estrangularlos económicamente como han hecho con Cuba y estableciendo base militares como las recientes en Colombia cuyo narcogobierno es aliado incondicional del imperio.
Los invito a que lean la transcripción completa o escuchen el podcast de la conferencia de Noam Chomsky para que saquen sus propias conclusiones.
César Ricardo Luque Santana
Sin duda alguna, la conferencia magistral que dictó el profesor estadounidense Noam Chomsky en la sala Nezahualcoyótl el pasado 21 de septiembre del año en curso en el marco del 25 aniversario del diario La Jornada, constituyó un gran acontecimiento académico y político, lo cual quedó demostrado por el enorme interés del público que abarrotó ese recinto universitario y por la transmisión en directo por TV UNAM y 12 televisoras públicas más de distintos estados de la república. El podcast de este evento puede ser bajado por quien desee desde La Jornada on line, y ahí mismo, en la edición del día 22, es posible encontrar la transcripción y traducción completa de dicha disertación.
A continuación trataré de recuperar algunos puntos de su planteamiento pero para antes conviene señalar que Noam Chomsky es uno de los más grandes pensadores del momento, profesor del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), reconocido lingüista y filósofo, pero más conocido aún por su persistente, aguda y certera crítica del imperialismo estadounidense.
La pregunta de la que parte Chomsky es: ¿qué lecciones nos han dejado dos décadas de realidad unipolar en el mundo? Dentro de ello explica cómo se fue construyendo la hegemonía militar estadounidense en la historia reciente, y su afianzamiento con la desaparición de la Unión Soviética y la caída del bloque socialista, paralelamente a la implementación del neoliberalismo, y cómo estos acontecimientos históricos del fin de la llamada guerra fría que configuraba un mundo bipolar con dos grandes potencias enemigas como la URSS y los EUA que permitían un equilibrio tenso en el mapa geopolítico, terminó por romperse a favor de los Estados Unidos como la principal potencia del mundo, lo que a su vez ha permitido retornar al capitalismo salvaje generando paradójicamente otro mundo bipolar: el de una minoría muy rica y el de grandes mayorías muy pobres. Asimismo, la tendencia militarista de los Estados Unidos hubo de rehacerse pues al esfumarse la “amenaza comunista”, tuvieron que inventar nuevos pretextos para continuar su intervencionismo colonialista en el mundo, principalmente en los países periféricos. Ahora, las amenazas para los Estados Unidos y para “la paz mundial” según su retórica, son el narcotráfico y el terrorismo.
Según Chomsky, la política exterior de los Estados Unidos se funda en tres principios que son los siguientes: la máxima de Tucídides que dice que los fuertes hacen los quieren y los débiles sufren de esos abusos, el principio de Adam Smith quien sostenía que los verdaderos arquitectos de las políticas públicas eran los grandes comerciantes e industriales y el principio de la mafia que consiste en actuar insensiblemente ante las carencias y sufrimiento de sus víctimas. Actualmente se puede constatar como dichos principios actúan en la vida política, pues por ejemplo según la visión de Smith reforzada por el planteamiento del economista Thomas Ferguson, los grandes empresarios del capital financiero controlan las elecciones para asegurar sus inversiones y ganancias, por ello es lógico que las políticas públicas de los Estados secuestrados por las mafias empresariales sean siempre beneficiadas incluso de las crisis económicas que ellos mismos provocan. Los rescates de los empresarios en México derivados de una política consistente en privatizar las ganancias y socializar las pérdidas corroboran esa afirmación de Chomsky. Asimismo, sostiene que en las pasadas elecciones presidenciales en México, los Estados Unidos no podían permitir un gobierno que eventualmente contradijera sus políticas como sucede con otros gobiernos latinoamericanos.
Desde luego que la dominación y el abuso del poder no podría darse sin la alcahuetería de los intelectuales orgánicos del poder, quienes tienen la función de justificar lo injustificable mediante argucias retóricas y pensamientos sofísticos, pues es importante ganar el asentimiento de los ciudadanos o el consenso como diría Gramsci, generando una especie de servidumbre voluntaria. Este tema es muy interesante aunque en esta ocasión es tratado muy por encima.
Chomsky ilustra con ejemplos históricos el comportamiento hipócrita de los Estados Unidos para intervenir en los países que quiere saquear y cómo no tienen reparo en apoyar a regímenes criminales que actúan como sus cómplices, esgrimiendo una doble moral entre los que dicen acerca de la democracia y la paz y lo que realmente hacen. Desde luego que hay que señalar que el intervencionismo no sólo es por la vía militar sino que implementan otros recursos neocolonizadores, como el Tratado de Libre Comercio con México a partir del cual se le forzaba la privatización de los bienes y servicios públicos para ponerlos en manos de unos cuantos capitalistas, principalmente extranjeros, y creando asimismo una situación de dependencia económica más pronunciadas a partir de las exigencias de dicho Tratado obligando por ejemplo a los mexicanos a eliminar los subsidios al campo al mismo tiempo que ellos subsidiaban a sus productores agrícolas con las consecuencias previsibles: un campo mexicano tronado y por ende dependiente de los Estados Unidos. La asimetría que de por sí existía entre ambos países se hacía con ello más pronunciada en vez de buscar mecanismos compensatorios que permitieran mejorar a la economía mexicana para que fuera de veras competitiva, pero basados en el principio de la mafia, esa situación no les importaba sino sólo expoliar lo más posible a sus vecinos. El fenómeno migratorio es entonces una consecuencia de esta política entreguista para lo cual los Estados Unidos endurecen por un lado su política migratoria militarizando la frontera, pero por el otro tienen disponible mano de obra barata.
Como bien dice Chomsky, la globalización neoliberal se ha diseñado “para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos contra otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege a las fuerzas del mercado…”
Por último, Chomsky ve con buenos ojos los esfuerzos de una serie de países y gobiernos latinoamericanos por sacudirse el neoliberalismo, mientras que los Estados Unidos trata de desestabilizarlos de diversas maneras, alentando a las oposiciones de derechas dirigidas por los grandes empresarios locales, tratando de estrangularlos económicamente como han hecho con Cuba y estableciendo base militares como las recientes en Colombia cuyo narcogobierno es aliado incondicional del imperio.
Los invito a que lean la transcripción completa o escuchen el podcast de la conferencia de Noam Chomsky para que saquen sus propias conclusiones.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Escépticos y neoplatónicos
Escépticos y neoplatónicos
César Ricardo Luque Santana
Con este artículo continuamos y damos término al tema de la crisis social en el mundo antiguo y cómo las filosofías del período helenístico la enfrentaron. En el primer artículo hablamos de los cínicos y los epicúreos, en el segundo de los estoicos y concluimos ahora con los escépticos y los neoplatónicos. Asimismo, subrayamos que por crisis social venimos entendiendo una situación social relativamente caótica donde el tejido social se halla fuertemente erosionado por el predominio de un esquema social, económico y político injusto configurado a la conveniencia de los poderosos a expensas del pueblo, envileciendo las relaciones sociales al grado de que sólo los inescrupulosos obtienen beneficios.
Empezaremos por los escépticos que eran una corriente filosófica que negaban que se pudiera alcanzar la esencia de las cosas, esto es, la verdad. La palabra escepticismo viene del griego sképsis que significa examinar, indagar o investigar. El escepticismo consiste en poner en duda las posibilidades de certidumbre, pero no se trata como bien apunta el filósofo guatemalteco Moris Polanco (en su artículo Las funciones de la razón. El escepticismo antiguo y la filosofía como forma de vida, disponible en Internet) de una problemática de teoría del conocimiento sino de concebir la filosofía al servicio de la vida. Su crítica apunta contra los platónicos que hacían del conocimiento de la esencia de las cosas el fundamento de la vida feliz. En este sentido, si bien asumen que no podemos conocer las cosas o sólo podemos hacerlo de un modo probable, consideran que ello no es obstáculo para proponer una forma de vida razonable o tranquila. Es decir, el ideal de imperturbabilidad del alma (ataraxia) no descansa en la renuncia a encontrar la verdad sino en combatir la creencia de que sin ésta no es posible lograr dicha tranquilidad como pensaban los platónicos. Por ello, lo que los escépticos tratan de lograr es la tranquilidad del alma (ataraxia) mediante la suspensión del juicio (epojé).
Un cuestionamiento típico al escepticismo es su carácter autorrefutable, pues si afirman que no podemos conocer la verdad, su propia afirmación es contradictoria. Los escépticos más conocidos son Pirrón de Ellis, Carnéades y Sexto Empírico (todos ello de los siglos III y II a. C.)
Los sucesores de Platón, tanto los continuadores de la Academia como otros neoplatónicos, en general mantuvieron firme el papel del conocimiento para alcanzar la felicidad, razón por lo cual se separaban tanto del sabio tipo estoico o epicúreo como del predicador religioso, sin renunciar a considerar la filosofía como un modo de vida al igual que los primeros, ni a la salvación del alma como planteaban los segundos (aunque interpretada ésta de manera diferente a la fe religiosa)
Se reconoce que en una de sus etapas, la Academia de Platón (que subsistió ochos siglos) pasó por una fase de escepticismo, pero este escepticismo era diferente al que acabamos de comentar y está enderezado contra el estoicismo y el epicureísmo que eran filosofía de corte materialistas. Los platónicos pensaban que era mejor no creer en nada (racionalmente hablando) que en decantarse por posturas materialista, al menos así lo interpretó san Agustín de Hipona (s. IV d. C.) para quien la verdad se refiere a la verdad revelada la cual reside en el interior de las personas.
La característica común de los platónicos es que su propuesta para situarse en el mundo consiste en una huída del mismo mediante un conocimiento que lleve a la contemplación, lo que implicaba mantener una actitud intelectual o teórica. El racionalismo platónico era de tipo trascendente porque consistía en negar lo visible por los sentidos, pero no significaba que negaran la existencia de la realidad material sino que la despreciaban y la consideraban inferior a la realidad del mundo de las ideas, la cual era perfecta. La vida feliz era entonces la vida teórica desde un punto de vista idealista y metafísico.
Al contrario de los escépticos, la felicidad depende de descubrir la esencia de las cosas pues sólo en ellas reside la verdad, la cual para ser tal, debe permanecer siempre idéntica a sí misma, es decir, sin cambios.
Para Plotino (s. III d. C.), un brillante neoplatónico, el hombre vive en la medianía entre Dios y las bestias, siendo el alma la característica esencial del ser humano. Pero de los hombres, sólo los que se entregan a la contemplación son los únicos capaces de acercarse a Dios. A estos los consideraba divinos.
Lo común a todas las posiciones filosóficas que hemos revisado en estos tres artículos es por un lado su desapego de los bienes materiales como el poder, la riqueza económica y los placeres ordinarios; y por el otro lado, su actitud es espiritual aunque asumida en forma distinta, ya sea reactiva o contestataria como los cínicos, de repliegue interior como los estoicos, de vida comunal desligada de la sociedad como los epicúreos, de negación de toda certidumbre como los escépticos o de evasión metafísica como los platónicos. En todos los casos parece que la salvación del alma se entiende como una purificación de aquellos aspectos de la vida que envilecen a los hombres degradándolos. La preocupación por la ética y por una vida conforme a los valores -no de boca sino asumidos realmente como guías de conducta- es una característica típica de este período helenístico marcado por la crisis social donde prevalece la autoridad del más fuerte (el mal), y no de la razón, ni de la deliberación y elección democrática de la cosa pública.
César Ricardo Luque Santana
Con este artículo continuamos y damos término al tema de la crisis social en el mundo antiguo y cómo las filosofías del período helenístico la enfrentaron. En el primer artículo hablamos de los cínicos y los epicúreos, en el segundo de los estoicos y concluimos ahora con los escépticos y los neoplatónicos. Asimismo, subrayamos que por crisis social venimos entendiendo una situación social relativamente caótica donde el tejido social se halla fuertemente erosionado por el predominio de un esquema social, económico y político injusto configurado a la conveniencia de los poderosos a expensas del pueblo, envileciendo las relaciones sociales al grado de que sólo los inescrupulosos obtienen beneficios.
Empezaremos por los escépticos que eran una corriente filosófica que negaban que se pudiera alcanzar la esencia de las cosas, esto es, la verdad. La palabra escepticismo viene del griego sképsis que significa examinar, indagar o investigar. El escepticismo consiste en poner en duda las posibilidades de certidumbre, pero no se trata como bien apunta el filósofo guatemalteco Moris Polanco (en su artículo Las funciones de la razón. El escepticismo antiguo y la filosofía como forma de vida, disponible en Internet) de una problemática de teoría del conocimiento sino de concebir la filosofía al servicio de la vida. Su crítica apunta contra los platónicos que hacían del conocimiento de la esencia de las cosas el fundamento de la vida feliz. En este sentido, si bien asumen que no podemos conocer las cosas o sólo podemos hacerlo de un modo probable, consideran que ello no es obstáculo para proponer una forma de vida razonable o tranquila. Es decir, el ideal de imperturbabilidad del alma (ataraxia) no descansa en la renuncia a encontrar la verdad sino en combatir la creencia de que sin ésta no es posible lograr dicha tranquilidad como pensaban los platónicos. Por ello, lo que los escépticos tratan de lograr es la tranquilidad del alma (ataraxia) mediante la suspensión del juicio (epojé).
Un cuestionamiento típico al escepticismo es su carácter autorrefutable, pues si afirman que no podemos conocer la verdad, su propia afirmación es contradictoria. Los escépticos más conocidos son Pirrón de Ellis, Carnéades y Sexto Empírico (todos ello de los siglos III y II a. C.)
Los sucesores de Platón, tanto los continuadores de la Academia como otros neoplatónicos, en general mantuvieron firme el papel del conocimiento para alcanzar la felicidad, razón por lo cual se separaban tanto del sabio tipo estoico o epicúreo como del predicador religioso, sin renunciar a considerar la filosofía como un modo de vida al igual que los primeros, ni a la salvación del alma como planteaban los segundos (aunque interpretada ésta de manera diferente a la fe religiosa)
Se reconoce que en una de sus etapas, la Academia de Platón (que subsistió ochos siglos) pasó por una fase de escepticismo, pero este escepticismo era diferente al que acabamos de comentar y está enderezado contra el estoicismo y el epicureísmo que eran filosofía de corte materialistas. Los platónicos pensaban que era mejor no creer en nada (racionalmente hablando) que en decantarse por posturas materialista, al menos así lo interpretó san Agustín de Hipona (s. IV d. C.) para quien la verdad se refiere a la verdad revelada la cual reside en el interior de las personas.
La característica común de los platónicos es que su propuesta para situarse en el mundo consiste en una huída del mismo mediante un conocimiento que lleve a la contemplación, lo que implicaba mantener una actitud intelectual o teórica. El racionalismo platónico era de tipo trascendente porque consistía en negar lo visible por los sentidos, pero no significaba que negaran la existencia de la realidad material sino que la despreciaban y la consideraban inferior a la realidad del mundo de las ideas, la cual era perfecta. La vida feliz era entonces la vida teórica desde un punto de vista idealista y metafísico.
Al contrario de los escépticos, la felicidad depende de descubrir la esencia de las cosas pues sólo en ellas reside la verdad, la cual para ser tal, debe permanecer siempre idéntica a sí misma, es decir, sin cambios.
Para Plotino (s. III d. C.), un brillante neoplatónico, el hombre vive en la medianía entre Dios y las bestias, siendo el alma la característica esencial del ser humano. Pero de los hombres, sólo los que se entregan a la contemplación son los únicos capaces de acercarse a Dios. A estos los consideraba divinos.
Lo común a todas las posiciones filosóficas que hemos revisado en estos tres artículos es por un lado su desapego de los bienes materiales como el poder, la riqueza económica y los placeres ordinarios; y por el otro lado, su actitud es espiritual aunque asumida en forma distinta, ya sea reactiva o contestataria como los cínicos, de repliegue interior como los estoicos, de vida comunal desligada de la sociedad como los epicúreos, de negación de toda certidumbre como los escépticos o de evasión metafísica como los platónicos. En todos los casos parece que la salvación del alma se entiende como una purificación de aquellos aspectos de la vida que envilecen a los hombres degradándolos. La preocupación por la ética y por una vida conforme a los valores -no de boca sino asumidos realmente como guías de conducta- es una característica típica de este período helenístico marcado por la crisis social donde prevalece la autoridad del más fuerte (el mal), y no de la razón, ni de la deliberación y elección democrática de la cosa pública.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Los estoicos ante la crisis social
Los estoicos ante la crisis social
César Ricardo Luque Santana
En mi colaboración anterior abordé a propósito de una sugerente lectura de una obra de Ferrater Mora ahí mencionada, cómo algunas filosofías antiguas enfrentaron las crisis de su época y cuál era el sentido de asumir un posicionamiento filosófico ante las mismas, lo cual deja entrever de que la filosofía era entendida por los antiguos no sólo como un oficio o forma de razonamiento, sino ante todo como un modo de vida, pues en efecto, parece que el interés se centra en conservar la dignidad humana, a veces con actitudes reactivas, otras replegándose hacia una libertad interior, o bien fugándose hacia otros mundos o de plano adoptando un abierto escepticismo.
El caos que provocan las crisis sociales, así como la desesperanza que conlleva, generan confusión, aturdimiento y sin sentido, lo que lleva a muchas personas a retrotraerse de participar en la vida social aceptando las cosas como son sobrellevándolas al sentirse impotente para modificarlas, o en caso extremo, tratando no sólo de adaptarse a una realidad que se percibe como inamovible sino procurando incrustarse a cualquier precio entre los privilegiados, mientras que la filosofía asumida como una forma de vida, no se limita a comprender la situación prevaleciente tratando de preservar algún sentido a la vida, sino que establece cierta resistencia aunque esta no se traduzca en un afán de transformación social revolucionaria a la manera que plantea la tesis de Marx de no limitarse a comprender el mundo sino tratar de transformarlo.
Toca turno pasar revista de manera muy sucinta a las siguientes corrientes filosóficas de la antigüedad grecorromana: los estoicos, los escépticos y los neoplatónicos, aunque en esta ocasión para no alargar este escrito, se hablará sólo de los primeros, dejando para la siguiente semana a las otras dos posiciones.
Loa estoicos tienen como núcleo de su filosofía a la ética. Según Ferrater Mora, eran un grupo un tanto ecléctico porque si bien subrayan la importancia de los valores morales, no asumían una postura ascética como los cínicos y creían fuertemente en el destino, lo que les permitía ocupar cargos políticos si era el caso, aunque no fuera algo buscado en sí mismo. Los estoicos profesaban un ejercicio de la libertad interior, replegándose a sí mismos. En la actualidad, se habla de tomar las cosas con estoicismo queriendo decir con ello tomarlas con resignación. Epicteto, un liberto romano, decía que sólo debemos preocuparnos por las cosas que están a nuestro alcance o que dependen de nuestras decisiones. En este sentido, si yo como individuo no puedo incidir para cambiar lo que está mal en la sociedad, tengo el deber ser de lograr los cambios en el ámbito de mi influencia, es decir, empezando por mí mismo, y mediante mi ejemplo, influir en los que me rodean y así sucesivamente. Este principio debería ser asumido por muchos que hablan de cambiar a la sociedad empezando por cambiar ellos mismos, pues como puede verse, este principio estoico lejos de ser una resignación total, es un verdadero acto de congruencia, si bien en su caso no se traduce en una proyección política. Podría objetárseles de que al aceptar cargos públicos estarían dando muestra de incongruencia, sobretodo cuando prevalece una noción muy negativa de la política, e incluso se podría aducir que la creencia en el destino era sólo una coartada para no negarse a ocupar puestos públicos. Yo considero que al margen del supuesto de la creencia en el destino que era fundamental en ellos y en sí en la cultura helénica, me parece endeble cuestionar a un hombre con principios por participar en la vida política cuando realmente deberíamos de reprobar que no lo hicieran, pues si éstos se abstienen a ello, qué nos queda entonces.
Ciertamente, la resignación del estoico parece similar a la predicación de la mansedumbre como luego hicieron los cristianos para no cuestionar las injusticias del poder, esto es, como una forma de sometimiento de los dominados. Pero al contrario de esta postura, los estoicos se justificaban porque se apartaban de la violencia como parte de su relación con el mundo, sin prometer ninguna salvación de ningún tipo al contrario del cristianismo que predicaban la mansedumbre prometiendo un paraíso después de la muerte física a cambio de aceptar el sufrimiento sin protestar, mientras que los estoicos aceptaban resignados la situación social pero en modo alguno encomiaban el sufrimiento. Ellos al igual que los epicúreos evitan el sufrimiento, no sólo físico sino también espiritual, sin la radicalidad de los seguidores de Epicuro que por ejemplo se oponían a los miedos irracionales a través de una especie de agnosticismo.
En la siguiente entrega terminaremos de analizar la forma en que las filosofías de la antigüedad grecorromana enfrentaron las crisis sociales, con la exposición de los escépticos y los neoplatónicos y trataremos de ofrecer algunas conclusiones al respecto que tal vez nos ayuden a fijar nuestra forma de estar y ser en el mundo actual.
César Ricardo Luque Santana
En mi colaboración anterior abordé a propósito de una sugerente lectura de una obra de Ferrater Mora ahí mencionada, cómo algunas filosofías antiguas enfrentaron las crisis de su época y cuál era el sentido de asumir un posicionamiento filosófico ante las mismas, lo cual deja entrever de que la filosofía era entendida por los antiguos no sólo como un oficio o forma de razonamiento, sino ante todo como un modo de vida, pues en efecto, parece que el interés se centra en conservar la dignidad humana, a veces con actitudes reactivas, otras replegándose hacia una libertad interior, o bien fugándose hacia otros mundos o de plano adoptando un abierto escepticismo.
El caos que provocan las crisis sociales, así como la desesperanza que conlleva, generan confusión, aturdimiento y sin sentido, lo que lleva a muchas personas a retrotraerse de participar en la vida social aceptando las cosas como son sobrellevándolas al sentirse impotente para modificarlas, o en caso extremo, tratando no sólo de adaptarse a una realidad que se percibe como inamovible sino procurando incrustarse a cualquier precio entre los privilegiados, mientras que la filosofía asumida como una forma de vida, no se limita a comprender la situación prevaleciente tratando de preservar algún sentido a la vida, sino que establece cierta resistencia aunque esta no se traduzca en un afán de transformación social revolucionaria a la manera que plantea la tesis de Marx de no limitarse a comprender el mundo sino tratar de transformarlo.
Toca turno pasar revista de manera muy sucinta a las siguientes corrientes filosóficas de la antigüedad grecorromana: los estoicos, los escépticos y los neoplatónicos, aunque en esta ocasión para no alargar este escrito, se hablará sólo de los primeros, dejando para la siguiente semana a las otras dos posiciones.
Loa estoicos tienen como núcleo de su filosofía a la ética. Según Ferrater Mora, eran un grupo un tanto ecléctico porque si bien subrayan la importancia de los valores morales, no asumían una postura ascética como los cínicos y creían fuertemente en el destino, lo que les permitía ocupar cargos políticos si era el caso, aunque no fuera algo buscado en sí mismo. Los estoicos profesaban un ejercicio de la libertad interior, replegándose a sí mismos. En la actualidad, se habla de tomar las cosas con estoicismo queriendo decir con ello tomarlas con resignación. Epicteto, un liberto romano, decía que sólo debemos preocuparnos por las cosas que están a nuestro alcance o que dependen de nuestras decisiones. En este sentido, si yo como individuo no puedo incidir para cambiar lo que está mal en la sociedad, tengo el deber ser de lograr los cambios en el ámbito de mi influencia, es decir, empezando por mí mismo, y mediante mi ejemplo, influir en los que me rodean y así sucesivamente. Este principio debería ser asumido por muchos que hablan de cambiar a la sociedad empezando por cambiar ellos mismos, pues como puede verse, este principio estoico lejos de ser una resignación total, es un verdadero acto de congruencia, si bien en su caso no se traduce en una proyección política. Podría objetárseles de que al aceptar cargos públicos estarían dando muestra de incongruencia, sobretodo cuando prevalece una noción muy negativa de la política, e incluso se podría aducir que la creencia en el destino era sólo una coartada para no negarse a ocupar puestos públicos. Yo considero que al margen del supuesto de la creencia en el destino que era fundamental en ellos y en sí en la cultura helénica, me parece endeble cuestionar a un hombre con principios por participar en la vida política cuando realmente deberíamos de reprobar que no lo hicieran, pues si éstos se abstienen a ello, qué nos queda entonces.
Ciertamente, la resignación del estoico parece similar a la predicación de la mansedumbre como luego hicieron los cristianos para no cuestionar las injusticias del poder, esto es, como una forma de sometimiento de los dominados. Pero al contrario de esta postura, los estoicos se justificaban porque se apartaban de la violencia como parte de su relación con el mundo, sin prometer ninguna salvación de ningún tipo al contrario del cristianismo que predicaban la mansedumbre prometiendo un paraíso después de la muerte física a cambio de aceptar el sufrimiento sin protestar, mientras que los estoicos aceptaban resignados la situación social pero en modo alguno encomiaban el sufrimiento. Ellos al igual que los epicúreos evitan el sufrimiento, no sólo físico sino también espiritual, sin la radicalidad de los seguidores de Epicuro que por ejemplo se oponían a los miedos irracionales a través de una especie de agnosticismo.
En la siguiente entrega terminaremos de analizar la forma en que las filosofías de la antigüedad grecorromana enfrentaron las crisis sociales, con la exposición de los escépticos y los neoplatónicos y trataremos de ofrecer algunas conclusiones al respecto que tal vez nos ayuden a fijar nuestra forma de estar y ser en el mundo actual.
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