Este blog pretende ser una comunidad de aprendizaje sobre tópicos filosóficos y políticos, abiertos a cualquier persona que se interese por participar en los temas que aquí se exponen mediante comentarios críticos anotados al final del artículo del momento o enviándolos por email. Asimismo, todos mis escritos pueden ser reproducidos libremente en otros medios impresos o digitales conservando mi autoría.
domingo, 30 de agosto de 2009
Las actitudes filosóficas ante las crisis sociales
César Ricardo Luque Santana
Leyendo el libro de Las crisis humanas del filósofo español José Ferrater Mora (JFM) y ante la época de crisis a escala planetaria que nos ha tocado vivir, me permito retomar algunas ideas vertidas por él en esa obra donde nos ilustra cómo se han enfrentado las crisis desde la filosofía. En este caso, comenzaré por aludir a las escuelas filosóficas de los cínicos, los epicúreos, los escépticos, los estoicos y los neoplatónicos en el mundo antiguo del período helenístico, el cual se sitúa en el fin de la conquista de Alejandro Magno a raíz de su muerte y concretamente después de la muerte de Aristóteles de Estagira a finales del siglo IV.
Las crisis sociales nos dice JFM, son crisis reales que se dan en todos los niveles de la totalidad social: económico, político, social y cultural. En este sentido, podemos entender por crisis social las situaciones de inestabilidad e incertidumbre en lo económico, de deterioro severo del tejido social (altos índices de delincuencia), de antidemocracia o carencia de libertades civiles, de corrupción y relajamiento de los valores, y de formas de pensamiento monolíticas. Es decir, las crisis sociales representan un deterioro a las condiciones de vida material y espiritual de la sociedad.
En estas condiciones, la gente percibe una falta de asideros o referentes en los cuales depositar su confianza o sus esperanzas de mejoramiento individual y colectivo, percibiendo asimismo una realidad que los avasalla y ante la cual muchos sucumben de distintas maneras. En general, hay tres formas de actuar ante las crisis sociales: una, tratando de adaptarse oportunistamente a ella, esto es, de situarse entre los ganadores a cualquier precio; dos, evadiéndose mediante prácticas enajenadas asumiendo pasivamente las desgracias que se padecen dejándose llevar como corchos en el río; y tres, resistiéndose intelectual y espiritualmente procurando preservar la dignidad humana. En la primera postura están los individuos pragmáticos y los partidarios del éxito personal a toda costa, en el segundo los que Ortega y Gasset llamaba “hombre masa” y en tercer sitio los que si bien reconocen su impotencia para cambiar las cosas, procuran conservar la lucidez mediante una forma de vida especial. Esta es la actitud que nos interesa examinar ejemplificando cómo desde la filosofía se ha intentado resistir en las etapas de decadencia y por qué razón se adopta esta actitud.
La filosofía lo que hace es problematizar la relación del hombre con el mundo, es decir, tratar de encontrar sentido a la vida humana en medio de la desgracia, de la irracionalidad, de la maldad o de la injusticia. En otras palabras, se resiste a admitir que la felicidad no es posible, o bien, a que predomine la inmoralidad de los poderosos. En la antigüedad grecorromana del período helenístico que podemos ubicar de finales del siglo IV a. C. hasta el IV d. C., las corrientes filosóficas más sobresalientes fueron los cínicos, los epicúreos, los estoicos, los escépticos y los neoplatónicos. En esta ocasión comentaremos brevemente a los dos primeros y en la siguiente entrega a los tres restantes.
La problematización filosófica de las crisis sociales se hace mediante preguntas esenciales como indagar si es posible empatar el progreso material al progreso moral, es decir, si es posible aspirar a vivir con justicia y felicidad. Lo común por consiguiente de todas las posturas que vamos a examinar –independientemente de sus diferencias- es su propósito de preservar lo mejor del ser humano, lo que lo hace ser hombre.
Empezando por los cínicos, podemos decir que como corriente filosófica empezó desde los tiempos de Platón con Antístenes y Diógenes de Sinope (ambos de los siglos V y IV a. C.), siendo este último sin duda su representante más conocido, aunque se prolongó hasta la época romana, tanto de la república como del imperio. Los cínicos pertenecen a lo que en la historia de la filosofía se conocen como los socráticos menores, para distinguirlos de los socráticos de la Academia de Platón. Los primeros, imitaban a Sócrates en cuanto que limitaban su actividad filosófica en refutar las teorías existentes, es decir, asumían una actitud reactiva, de confrontación con el establismenth. Sin embargo, no tenían propiamente una doctrina sino que lo suyo era esencialmente un modo de vida rebelde, aunque individualista.
Los filósofos cínicos centraban su postura en el desprecio a los convencionalismos sociales. Tenían una actitud antiintelectual y abogaban por un “retorno” a la naturaleza. Ferrater Mora distingue oportunamente el cinismo de estos filósofos con el cinismo de los políticos, pues mientras los primeros rechazaban toda forma de hipocresía, los segundos se basan en ella. El término cínico que nos llega resignificado en la actualidad, proviene según parece de una analogía de la actitud de estos filósofos con los perros en cuanto a que éstos actúan en forma desinhibida.
Los epicúreos, que al igual que los escépticos son ignorados en el referido estudio de Ferrater Mora, surgen como una comunidad en torno a la figura de Epicuro (siglos IV y III a. C.), filósofo materialista continuador del atomismo de Demócrito (siglos V y IV a. C.) En la época romana destaca la figura de Tito Lucrecio Caro (hacia el siglo I a. C.) como un brillante y original continuador de la filosofía de Epicuro.
Los epicúreos constituían una comunidad en las afueras de Atenas conocida como la Escuela del Jardín donde los lazos de amistad entre hombres y mujeres eran el vínculo principal entre ellos, así como la veneración del liderazgo de Epicuro, a diferencia de otras escuelas filosóficas donde los discípulos tenían una relación más crítica con su maestro. Los epicúreos vivían aislados de la sociedad y de la política constituyendo su propio mundo, su microsociedad, buscando la felicidad en torno a un concepto llamado ataraxia, que significa imperturbabilidad del alma.
Los epicúreos son conocidos por su hedonismo, es decir, por su búsqueda del placer, pues la felicidad se concebía en torno al placer (hedoné), el cual fue malinterpretado sobretodo por los cristianos medievales dándole un significado hacia el placer corporal y en sí a la concupiscencia (desear deliberadamente el mal o el pecado), sin embargo, de lo que trataba el placer epicúreo era de evitar el sufrimiento. Epicuro distinguía tres placeres que eran: uno, los naturales y necesarios, como alimentarse, abrigarse, y el sentido de seguridad, que son fáciles de satisfacer; los naturales pero no necesarios, como la conversación amena, la gratificación sexual; y tres, los no naturales ni necesarios, la búsqueda del poder, la fama, el prestigio. Sólo el primero cultivaban los epicúreos.
Así entonces, mientras los filósofos cínicos eran unos individualistas y confrontaban abiertamente los convencionalismos de su sociedad como una forma de repudio; los epicúreos generaban su propio espacio de convivencia para realizar su ideal de felicidad y trataban de pasar desapercibidos.
domingo, 23 de agosto de 2009
Las condiciones generales del filosofar
César Ricardo Luque Santana
“Una vida que no se examina a sí misma no vale la pena vivirla”
Sócrates
Dedico esta reflexión a los estudiantes de recién ingreso a la carrera de filosofía de nuestra Alma Mater, algunos de ellos adultos mayores que seguramente anhelaron estudiar filosofía de manera más formal y que ahora por circunstancias particulares tienen la oportunidad de hacerlo. Abordaré este tema desde la perspectiva de la edad y de las condiciones psíquicas de los individuos, pero antes, se partirá de que el filosofar es hasta cierto punto natural en el sentido de que todos poseemos una determinada concepción del mundo y de la vida. Ciertamente el filosofar espontáneo tiene la desventaja como observó Antonio Gramsci de que éste se instala en el pensamiento ocasional, el cual suele ser fragmentario y contradictorio, a diferencia del pensamiento filosófico aprendido, que es más sistemático y congruente. Por otra parte, el filósofo norteamericano Gareth B. Matthews en su obra El niño y la filosofía (FCE), demostró que el filosofar es un suceso hasta cierto punto natural y que está presente en las mentes de los niños a través de sus preguntas, de su curiosidad innata.
Entrando en materia cabe preguntar: ¿se puede decir que hay una edad propicia para filosofar? según Epicuro, cualquier edad es buena para ello, y dice textualmente al respecto lo siguiente en la Carta a Meneceo: "Ni el joven dilate el filosofar, ni el viejo de filosofar se fastidie; pues a nadie es intempestivo ni por muy joven ni por muy anciano el solicitar la salud del ánimo. Y quien dice, quien no ha llegado el tiempo de filosofar o que ya se ha pasado, es semejante a quien dice que no ha llegado el tiempo de buscar la felicidad, o que ya se ha pasado. Así, que deben de filosofar viejos y jóvenes: aquéllos para florecer en el bien a beneficio de los nacidos; éstos para ser juntamente jóvenes y ancianos, careciendo del miedo a las cosas futuras." En otras palabras, si filosofar es pensar y el pensar libera, sólo quien renuncie a pensar y a ser libre podrá creer que no tiene edad para ello.
José Ortega y Gasset por su parte, afirma sin embargo que la edad de los treinta años es la más propicia para filosofar ya que en esa etapa "nuestro espíritu se recoge sobre sí mismo y con la frialdad de un contable se pone a hacer el balance de la vida". Más adelante agrega lo siguiente: "Es inevitable, hacia los treinta años, en medio de los fuegos juveniles que perduran, aparece la primera línea de nieve y congelación sobre la cima de nuestra alma. Llegan a nuestra experiencia las primeras noticias directas del frío moral. Un frío que no viene de afuera, sino que nace de lo más íntimo y desde allí envía al resto del espíritu un efecto extraño que más que nada se parece a la impresión producida por una mirada quieta y fija sobre nosotros". Concluye Ortega y Gasset que a esa edad, se dejan de lado los excesos juveniles de idealizar ingenuamente al mundo y "empezamos a querer ser nosotros mismos, a veces con plena conciencia de nuestros radicales defectos. Queremos ser, ante todo, la verdad de lo que somos y muy especialmente nos resolvemos a poner bien en claro qué es lo que sentimos del mundo".
Obviamente en este caso, Ortega y Gasset habla del filosofar espontáneo y por ello se refiere a una actitud de madurez de las personas que en un determinado momento de su vida, hacen un alto en el camino y examina lo que han sido y lo proyectan ser, como un acto de introspección, tratando de aplicar el conócete a ti mismo socrático.
Ahora bien, en cuanto las condiciones psíquicas que se requieren para filosofar, habría que darle la palabra al psicólogo Jean Piaget. Según él, la inteligencia independientemente del nivel en que se encuentre, procura comprender o explicarse las cosas formulando una serie de interrogantes. En el caso de los adolescentes, se ha comprobado que éstos muestran interés "por los problemas inactuales, sin relación con las realidades vividas día a día, o que anticipan, con una ingenuidad que desarma, situaciones futuras del mundo y a menudo quiméricas. Lo que sorprende más que nada es su facilidad para elaborar teorías abstractas. Hay algunos que escriben: que crean una filosofía, una política, una estética o lo que se quiera. Otros no escriben pero hablan. La mayoría incluso no hablan mucho de sus producciones y se limitan a rumiarlas de modo íntimo y secreto. Pero todos tienen sistemas y teorías que trasforman al mundo de una forma u otra".
Piaget afirma que los adolescentes, desde los doce años de edad, comienzan a orientar su pensamiento hacia una "reflexión libre y desligada de lo real". En otras palabras, los adolescentes superan el nivel de pensamiento pre lógico caracterizado por moverse en el plano de lo concreto o lo que es lo mismo, en referencia "a los objetos tangibles que pueden ser manipulados y sometidos a experiencias efectivas", hacia el nivel hipotético deductivo que es el plano del pensamiento formal.
Ciertamente, esta nueva etapa de la vida mental está marcada por un egocentrismo intelectual típico de la adolescencia el cual "se manifiesta a través de la creencia en la reflexión todopoderosa, como si el mundo tuviera que someterse a los sistemas y no los sistemas a la realidad. Es la edad metafísica por excelencia...". Añade Piaget que dicho egocentrismo se corrige posteriormente al lograrse un equilibrio que adecua el pensamiento a la realidad tal cual esta es. Ello significa que se adquiere conciencia de que el papel del pensamiento consiste en anticiparse idealmente a los objetos sobre los que reflexiona. Ahora bien, las proyecciones que realizan los adolescentes (caracterizadas por su egocentrismo y megalomanía), tienen como resorte a la emotividad o afectividad que refleja sus sentimientos generosos y altruistas.
Sin embargo, la afectividad que impulsó al adolescente a establecer ideales generosos, "...no es nada sin la inteligencia que le procuran los medios y les ilumina los objetivos". Piaget concluye: "...la tendencia más profunda de toda la actividad humana es la marcha hacia el equilibrio, y la razón, que expresa las formas superiores de dicho equilibrio, reúne en ella inteligencia y afectividad".
Un poco a contrapelo en cierto modo de la teoría piagetena, el programa de Filosofía para Niños creado por Matthew Lipman, ha demostrado que incluso los niños de una etapa previa al pensamiento hipotético-deductivo pueden filosofar en el sentido de que pueden aprender a dialogar, a justificar sus pensamientos, a escuchar otras razones y valorarlas, a decodificar mensajes en las historias y acontecimientos, a aprender tempranamente a construir conocimientos y también pautas de conducta de índole democrática esenciales para el intercambio de ideas. Por cierto, habría que escarbar en la teoría de Lev Vigostski los fundamentos teóricos y metodológicos de este sistema para aprender a pensar de Lipman.
Notas: las citas de José Ortega y Gasset están en su obra El espectador, Editorial Salvat, mientras que las de Jean Piaget están en Seis estudios de psicología. En Psicología y pedagogía también hace referencias respecto a la enseñanza de la filosofía en un apartado especial.
domingo, 16 de agosto de 2009
Filosofía y medios de comunicación (3/3)
Filosofía y medios de comunicación III
César Ricardo Luque Santana
La filosofía académica, al aislarse en sus actividades de un público no especializado, se vuelve una actividad endógena donde sólo los conocedores de los temas filosóficos se entienden entre sí, reduciendo la filosofía a espacios como las escuelas superiores, los congresos, las revistas y libros especializados, etc. Roxana Kreimer, dice que algunos profesores de filosofía que dedican toda su vida a estudiar un filósofo determinado, actúan como sus “viudos” filosóficos.
La vertiente académica o teórica es sin duda importante e insoslayable, pero debe complementarse con una vertiente práctica que ponga a disposición del gran público la sabiduría filosófica mediante diversas estrategias de divulgación, a la manera de la divulgación científica que se hace mediante libros dirigidos a un público relativamente culto pero no especializado, y a través de documentales televisivos didácticos y entretenidos. Después de todo, la filosofía se alimenta de los problemas el mundo aunque los eleve a altos niveles de abstracción.
Otras formas de acercar la filosofía son -como ya se mencionó en la entrega anterior-
El Internet también ofrece una gran gama de posibilidades sobretodo para los estudiantes y profesores de filosofía a través de blogs, videos, audios, artículos, libros digitalizados (eBooks), espacios de discusión, etc. La educación filosófica a distancia también es un recurso que puede explotarse mediante el Internet.
La radio también ha sido un vehículo importante para difundir la filosofía siendo uno de los programas más destacados en México “El Banquete de Platón” de la siria-mexicana Ikram Antaki, donde abordaba con elocuencia, sencillez y conocimiento, temas de filosofía, religión, ciencia e historia. Sus charlas se compilaron en libros tan amenos como sus pláticas. Actualmente hay un blog de Internet donde están muchos de sus programas radiofónicos. En ese mismo blog hay otras ligas interesantes, entre ellas la relativa al sabio mexicano Ernesto de la Peña (Al hilo del tiempo), donde también hay muchos audios de los programas de radio que él realiza con temas de filosofía y religión. Otro programa añejo es el de “Charlas de Filosofía” de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Guadalajara que se trasmite en la radiodifusora del gobierno del Estado de Jalisco.
De los programas de filosofía por televisión tenemos el del argentino Ricardo Foster, “Grandes pensadores del siglo XX” (Canal Encuentro) donde presenta una breve semblanza de connotados intelectuales como el antropólogo francés Levi Strauss, la filósofa de la política Hanna Arendt, el filósofo francés Michel Foucault, al psicoanalista Jacques Lacan, entre otros. Este programa no se reduce a filósofos sino que incluye a destacados intelectuales creadores de importantes teorías de diversos campos de la cultura. Cada personaje es presentado por Foster desde un pequeño café parisino y enseguida muestra un documental de ellos ya sea mediante una entrevista, una conferencia, etc. Es interesante conocer a estos personajes que han marcado la vida intelectual del siglo XX viéndolos en acción por así decirlo. El español Fernando Savater por su parte, presenta un interesante programa llamado “La aventura del Pensamiento” (mismo que plasmó también en un libro) donde hace una semblanza de una serie de filósofos desde Platón hasta Foucault. Son 26 filósofos sobre los que nos presenta su obra, su biografía, sus aportaciones, etc. Por su parte, el también argentino Juan Pablo Feinmann, presenta un programa llamado “Filosofía Aquí & Ahora” el cual es un poco más exhaustivo, punzante y subversivo en el tratamiento de temas filosóficos y de los filósofos. Hasta el momento van dos épocas, siendo la primera de 13 episodios que van de Descartes a Nietzsche, y la segunda aborda a los filósofos y corrientes contemporáneas en forma igualmente controvertida. Otro programa más reciente en la televisión uruguaya es el de Sandino Núñez, llamado “Prohíbido pensar” que se diferencia de los otros porque más bien filosofa sobre temas de actualidad como la comunicación, las elecciones, la censura, etc.
Si bien todos estos programas no los hemos conocido directamente de la televisión por darse en otras latitudes, los videos están disponibles en Internet. En México, recientemente Alejandro Tomasini Bassols presentó en el Canal 22, tres programas sobre el Tratactus logico-philoshopicus de Wittgenstein y continuamente presenta entrevistas a filósofos y filósofas mexicanas muy interesantes. Hay desde luego otros proyectos parecidos como el del canal Arcoiris, un canal independiente de Venezuela que tiene un curso de filosofía cuyos videos se pueden bajar por Internet, pero su calidad es regular. Algunos de sus documentales ofrecen narraciones muy planas y con pocos recursos técnicos.
En fin, la relación entre la filosofía y los medios no se agota en las variantes que acabamos de presentar, sino que también se da de otras maneras como es la crítica a los medios, la cual es una tarea indispensable para contribuir a preservar las libertades democráticas. Lo que hay que resaltar es que pese a que estamos en pleno auge del neoliberalismo el cual pretende imponer un pensamiento único, existen espacios para la filosofía, la cual por su naturaleza crítica es ajena a las doctrinas dogmáticas de cualquier especie. La filosofía en este sentido, no se reducen a difundir y/o divulgar el pensamiento filosófico, sino que ejerce mediante estos mismos medios que incluye también a los medios impresos, una crítica política y cultural, y asimismo, una crítica a los mismos medios de comunicación que en ocasiones son aliados de la dominación y la injusticia, pugnando por disposiciones que impidan una tiranía de los medios de comunicación privados, tanto electrónicos como impresos, pues en la medida en que éstos imperen sin una regulación adecuada y sin medios públicos alternativos que les hagan contrapeso ofreciendo opciones a los ciudadanos de análisis, entretenimiento, cultura, ciencia, etc., la posibilidad de formar una conciencia crítica se verá limitada. En este sentido, más allá de una legislación que impida a los medios electrónicos e impresos privados actuar como poderes fáctico, es necesario contar con medios públicos o de Estado, sin condicionamientos comerciales y sin estar secuestrados por intereses políticos facciosos. De otra manera, los medios de comunicación privados se erigirán -como de hecho ya lo están haciendo- en poderes fácticos que constituyen un obstáculo a la creación de una sociedad democrática.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Filosofía y medios de comunicación (2/3)
César Ricardo Luque Santana
Parece que la filosofía despierta un sentimiento encontrado o ambivalente en muchas personas percibiéndola a la vez con respeto y con desprecio, o bien como algo intimidante pero al mismo tiempo inútil o impráctico. Estas percepciones no son nuevas y de algún modo la filosofía misma las ha propiciado por su lenguaje encriptado y extraño que el filósofo alemán Theodor Adorno refirió como una especie de “lenguaje del hampa”, esto es, sólo asequible a los iniciados. La filosofía académica enclaustrada en las universidades, que produce teorías abstrusas y libros de filosofía supraespecializados, ha reforzado este distanciamiento entre la filosofía y la gente común.
Ya en la antigua Grecia, la filosofía en su origen, desde el momento en que comenzó a ser visible para los ciudadanos en la Atenas de Pericles en el siglo IV a. C., comenzó a generar problemas de rechazo en muchas personas, pues por su naturaleza crítica, la filosofía cuestionó muchas creencias populares, lo cual se interpretó como una ofensa a las mismas y llevó a la confrontación entre los filósofos y los no-filósofos. José Ortega y Gasset llegó a afirmar que el nombre de “filosofía” nació como un disfraz para esquivar los ataques de los no-filósofos, por ello la filosofía se presenta como algo inocuo, como un afán o deseo de saber y no cómo una actividad depositaria de la verdad absoluta. Hay pues un dejo de modestia que trata de matizar la actividad filosófica como un saber ciertamente crítico pero no acabado. Aquí, la figura del sabio es desplazada por el filósofo.
La filosofía en la antigua Grecia se hacía en gran medida en la calle, en la plaza pública. Así lo hacía Sócrates quien cuestionaba a sus conciudadanos al margen de su condición económica. Le extrañaba que las personas se preocuparan más de las cosas que compraban que en examinar su propia vida. Pero antes de él, lo hacían también los filósofos-rapsodas como Jenófanes y otros que vivían como filósofos itinerantes dando sus recitales poético-filosóficos en espacios públicos o callejeros. Del mismo modo, otros filósofos y corrientes filosóficas posteriores a Sócrates, como Epicuro y lo estoicos, entendieron la filosofía como un saber al servicio de la vida. Epicuro consideraba que de nada valía los argumentos filosóficos si no podían mitigar el sufrimiento humano; los estoicos por su parte, tenían adeptos de todas las condiciones sociales, desde un ex esclavo o liberto como lo era el filósofo Epicteto (cuyo nombre significa precisamente esclavo), hasta el emperador romano Marco Aurelio. Los estoicos se llamaban así porque originalmente filosofaban en la puerta (stoa) de un mercado en Atenas. Sin embargo, con Platón y Aristóteles se fundan la Academia y el Liceo respectivamente, donde comienza la filosofía académica, que desde finales de la Edad Media y luego en la era moderna y hasta nuestros días, se ha confinado en las universidades. Con ello la filosofía abandonó gradualmente los espacios públicos más abiertos y no especializados. En la actualidad, los Cafés Filosóficos, las Consultorías Filosóficas y la Filosofía para Niños, son las principales expresiones de un movimiento de filosofía práctica, que sin renunciar a la reflexión sistemática pero evitando caer en tecnicismos o en una especialización apta sólo para iniciados así como en la banalización de los cursos y libros de autoayuda, tratan de recuperar la función de la filosofía para la vida. Ambas formas de hacer filosofía no son excluyentes sino complementarias.
Hay que hacer notar el hecho de que el filosofar no es espontáneo, sino algo adquirido o aprendido. Filosofar quiere decir saber pensar, saber dar razones válidas de las cosas, aprender a escuchar y saber argumentar, privilegiar el diálogo como método de aprendizaje. Antonio Gramsci decía que la filosofía es natural en el sentido de que todos tenemos una concepción del mundo y de la vida, pero acotaba que este pensamiento espontáneo realmente es prefilosófico porque se realiza en forma ocasional y contradictoria, es decir, que se pueden tener ideas incompatibles sin reparar en ello. En otras palabras, hay una disposición natural a conocer y pensar, pero esa facultad tiene que cultivarse, que entrenarse, para que sea más ordenada y más penetrante.
Hay otras formas de filosofar o de llevar la filosofía a un público amplio, siendo el periodismo una de ellas. Sartre, el gran filósofo existencialista francés, quien asistía cotidianamente a un café público como cualquier parroquiano, escribía constantemente en los periódicos e incluso llegó a escribir en volantes que repartía él mismo en la calle para dar a conocer su posición política o su critica personal sobre un determinado asunto. En nuestros días, un divulgador destacado de la filosofía tanto de libros destinados al gran público como de exitosos programas audiovisuales, es el español Fernando Savater, quien dice que el periodismo y la filosofía son dos de sus grandes pasiones.
En la actualidad, damos cuenta de la existencia de una serie de programas de filosofía en televisión en distintos lugares de Iberoamérica que resultan intentos formidables por llevar la filosofía a un público heterogéneo y por darle a ésta una difusión que va desde tratar personajes o problemáticas filosóficas que requieren del público desde luego un interés per se por estos tópicos, hasta otros que más bien ejercen el filosofar para tratar problemas cotidianos. En ese orden, mencionaré una serie de programas cuyos videos pueden encontrarse en Internet (accediendo a ellos desde cualquier buscador o directamente desde este blog (en Enlaces) : “La aventura del Pensamiento” de Fernando Savater, “Filosofía Aquí & Ahora” del argentino Juan Pablo Feinmann y “Prohibido Pensar” del filósofo uruguayo Sandino Núñez, entre otros que abordaré en una próxima entrega retomando a los aquí mencionados.
miércoles, 5 de agosto de 2009
Filosofía y medios de comunicación (1/3)
César Ricardo Luque Santana
La filosofía y los medios masivos de comunicación, particularmente los electrónicos como la radio y la televisión, parecerían a primera vista incompatibles. Esta noción no es del todo gratuita, aunque tampoco es del todo correcta. Ciertamente existe la idea de que dichos medios se han utilizado principalmente para enajenar y de que están regidos predominantemente por criterios mercantiles. En este sentido no habría nada más opuesto que las necesidades comerciales de los medios electrónicos de carácter privado, que como negocio que son buscan ganar dinero a través del mayor auditorio posible; y la filosofía y en general la cultura, que son poco taquilleras y persiguen propósitos distintos y opuestos a los medios comerciales. En otras palabras, mientras los medios de comunicación privados buscan generar una riqueza material para sus dueños; la filosofía y la cultura buscan el enriquecimiento espiritual de todos. Pero por otro lado, la radio y la televisión son sólo instrumentos, “medios”, que cuando son negocios privados, necesitan obviamente vender, generar ganancias, y por ello tienen que apostarle al entretenimiento de las masas, serles atractivas con programas que las distraigan, entretengan o les hagan pasar un rato de esparcimiento desde la comodidad de sus hogares, sin exigirles a cambio ningún esfuerzo intelectual, pero sin proporcionarles tampoco un crecimiento en ese sentido. Ciertamente, ha sido tal la mediocridad de los contenidos de dichos medios, especialmente de la televisión, que se ganó el calificativo despectivo de los intelectuales como “la caja idiota”.
Así entonces, bajo las premisas comerciales que las mueven y guían, la radio y la televisión privadas lógicamente han cargado su programación hacia cuestiones frívolas que rayan en la estulticia generando enajenación y pasividad; reforzando al mismo tiempo el analfabetismo funcional de la población. E incluso, sus programas relativos a las noticias y a la opinión o análisis político, están muy sesgados hacia grupos y personajes afines a sus intereses, ejerciendo descaradamente una manipulación del público y actuando como poderes fácticos. Los espacios para una programación cultural o inteligente en estos medios son escasos, y desde luego están confinados a horarios poco favorables.
No obstante, hay alternativas de medios electrónicos públicos que al no estar condicionados por criterios comerciales, pueden dar los espacios a la cultura que en los medios de comunicación privados son restringidos o inexistentes. Tenemos como ejemplo de ello en México, el Canal 22 y el Canal 11 del IPN, aunque la señal abierta del primero se limita a la zona metropolitana del valle de México de manera que en otras latitudes sólo puede ser captado en televisión de paga, mientras que en el segundo, su señal llega a casi todo el país (excepto los estados del norte). Hay asimismo otras opciones de TV y de radiodifusoras no comerciales, incluidas las radios comunitarias que han sido constantemente agredidas por los gobiernos panistas. De las radios culturales destacan Radio Educación y Radio UNAM, pero el problema es que en entidades como la nuestra (Nayarit) es difícil captar su señal en forma convencional. El Internet por su parte, es un espacio que permite acceder a este tipo de radiodifusoras e incluso a algunos canales de TV de diversos lugares del mundo, aunque a veces resulta complicado lograr captar la señal en tiempo real. Sin embargo, como compensación proporciona una gran cantidad de videos que puede uno bajarlos y verlos con calma. La limitación más evidente es que pocas personas tienen acceso al Internet. Por su parte, La TV de paga (por cable o satélite) está más al alcance de las personas que el Internet y hay desde luego mejores opciones a los canales comerciales de señal abierta, gracias a los canales de divulgación científica en todas sus modalidades, como el Discovery Channel y otros. Persiste el problema sin embargo de que los malos gustos que infundió la TV comercial durante décadas siguen predominando. No es raro que alguien tenga señal de cable o vía satélite, y sin embargo vea películas de charros valentones y briagos, de ficheras, telenovelas bobas con tramas inverosímiles o programas del mundo de la farándula completamente banales, etc., que son todos un atentado a la inteligencia.
Volviendo rápidamente a los medios electrónicos públicos, algunos de ellos, sobretodo los que están auspiciados por los gobiernos estatales, suelen caer en usos facciosos y patrimonialistas sirviendo de medios de propaganda para gobiernos demagógicos y para promover el culto a la personalidad del gobernante en turno. Es decir, son medios gubernamentales pero no de Estado, porque la única parte pública que tienen está referida al subsidio, pero sus contenidos no sólo están orientados a cantar loas al gobierno, sino que están aún por debajo de los mismos medios privados. Un problema adicional es la poca audiencia que suelen tener los medios electrónicos públicos, ya sea porque se reducen a instancias de propaganda gubernamental, o porque hay una predisposición negativa o actitud reactiva que muchas personas (incluso con escolaridad universitaria) hacia los programas culturales, de documentales científicos, etc., y también por la acostumbrada actitud de no hacer promociones eficaces. Hay que añadir que este problema de la mala o nula promoción no es exclusivo de los espacios de radios o TV culturales, sino también de de otras manifestaciones artísticas y culturales como el teatro, los recitales de poesía, las conferencias, etc., que registran habitualmente poco público. Por ello, una política pública de primer orden en materia de cultura, es la necesidad de crear públicos promoviendo la lectura e incentivando el gusto por las artes y las ciencias, principalmente entre los niños y jóvenes. Recuerdo al respecto una plática que dio en Tepic el maestro Alejandro Aura, en ese entonces encargado de cultura del gobierno de la Ciudad de México cuando Cuauhtemoc Cárdenas era el jefe de gobierno. Decía que en una ocasión estando en Londres, quiso ir a ver una obra de teatro de Shakespeare pero le dijeron que los boletos se agotan con meses de anticipación. “La siguiente ocasión que fui –decía Aura-, me previne comprando mi boleto con antelación. Ya en el teatro, me sorprendí al ver que los espectadores murmuraban los parlamentos que decían los actores. Me dijeron que ya conocían las obras las cuales habían aprendido en la escuela básica y que a pesar de eso iban a verlas repetidas veces para juzgar el trabajo de la compañía de teatro en turno.”
En la siguiente entrega se aludirá al ejercicio filosófico a través de los medios masivos de comunicación, principalmente los electrónicos, lo cual ha empezado a tener un auge y aceptación de un público heterogéneo en diversos países iberoamericanos donde se ha hecho o se está haciendo filosofía por televisión y/o radio, de lo cual nos hemos venido a enterar gracias al Internet que ha difundido de manera “extemporánea”, pero a la vez “perenne”, los programas de filosofía por televisión más recientes.
martes, 28 de julio de 2009
La política y el conflicto
César Ricardo Luque Santana
En mis más recientes escritos decía que la política nace y se justifica por el conflicto, de manera que si no hubiera conflicto no existiría la política, pero como toda comunidad está atravesada por el conflicto, la política es un instrumento necesario para mediarlo o administrarlo, es decir, para resolverlo. En consecuencia, el Poder político o el Estado, no sólo es un instrumento de dominación sino también de legitimación de esa dominación, y para que ello ocurra, es necesario que prevalezca el consenso sobre la fuerza. Lo paradójico de este problema, es que si la política es esencialmente un instrumento para resolver conflictos, el Estado neoliberal la ha convertido en un instrumento para generar conflictos poniendo en riesgo la cohesión social.
Así entonces, el Estado se mueve en una contradicción, entre hacer prevalecer una situación de dominación de una minoría sobre una mayoría, y la necesidad de hacer viable a la sociedad, esto es, de que la mayoría acepte esa dominación obedeciendo al Estado. Esto presupone un mínimo de bienestar social para que el consenso funcione, porque al acentuarse la pobreza de la mayoría de la población, se pierde legitimidad y entonces va siendo necesario que el Estado utilice cada vez el recurso de la fuerza para contener el descontento social y para poder mantener las relaciones de dominio. La criminalización de la disidencia y la protesta política bajo la coartada del combate a la inseguridad pública (que es insoluble en términos policíacos y jurídicos), es propiciado por el creciente abismo de la desigualdad social que genera el neoliberalismo, y es un ejemplo del ejercicio autoritario del Estado neoliberal lo cual representa asimismo un indicio de una crisis de legitimidad democrática.
La objeción que podría esgrimirse al respecto, es que un gobierno (que es la cabeza del Estado), siempre va a tomar medidas que en sí mismas ocasionen conflicto o disgusto en algún sector de la sociedad. Es decir, lo mismo sería que el gobierno fuera de izquierda o de derecha, de todos modos la implementación de sus políticas causaran invariablemente alguna inconformidad. Esto es relativamente cierto, pero no se trataría de situaciones iguales, pues no lo es mismo tomar medidas que beneficien a la mayoría de la sociedad poniéndoles límites a las elites económicas, que permitirles a éstas hacer lo que quieran en detrimento del bienestar de la mayoría de la población. Se dirá que de todos modos se demuestra que la política también es un instrumento de confrontación y no sólo de resolución. Nuevamente esto es cierto pero a medias, pues si bien la política es por definición una dialéctica de conflicto-solución, la obligación del Estado, incluso sin renunciar a hacer prevalecer un esquema de dominación, es hacerlo compatible en la medida de lo posible con la legitimación, y esto implica necesariamente defender los intereses de la mayoría, de procurar justicia social, de buscar equilibrios, contrario a la política de libre mercado de “dejar hacer-dejar pasar”, que precisamente rompe el equilibrio o la equidad, la cual debe de sustentarse en el consenso, mientras que la predominancia de la fuerza indica justamente lo contrario, esto es, el reconocimiento tácito de que la legitimidad ha mermado y que sólo con mano dura se puede sostener el régimen falsamente democrático.
La democracia en el neoliberalismo se torna una farsa porque ésta se ve secuestrada por los grupos de poder quienes necesitan conservar el Estado para continuar el saqueo, pero necesitan también aparentar un ejercicio del poder con una base de legitimidad. De este modo, la democracia queda reducida al mero acto de votar, pero realmente la ciudadanía no es tomada en cuenta. En este sentido, gobiernos como el de Lula en Brasil y algunos parecidos en otra latitudes, tienen el gobierno pero no el poder. En el mejor de los casos, este tipo de gobiernos de “izquierda”, sólo logran limar las aristas más filosas del neoliberalismo, cuando de lo que se trata es de desmontarlo. Por eso, cuando algunos “izquierdistas” se ufanan de presentarse como “socialdemócratas” (una etiqueta vacía), lo que pretenden es mandarle un mensaje a los poderosos diciendo que son “moderados” y que también pueden funcionar como sus gerentes en turno, es decir, que no van a impulsar políticas que atenten contra los intereses del capitalismo, un sistema demostradamente absurdo e inhumano.
Ahora bien, la inconformidad de las masas populares agraviadas, es atenuada y contenida mediante diversos mecanismos que van desde la manipulación de la información y el entretenimiento frívolo de los medios masivos de comunicación (la enajenación); pasando por la cooptación de partidos, organizaciones e individuos (políticos e intelectuales), presuntamente de oposición o críticos, que se vuelven mediatizadores del pueblo y legitimadores de la dominación del capitalismo salvaje; hasta el más descarado corporativismo sindical que somete a los trabajadores mediante distintas formas de represalias a las prácticas laborales más atroces los empresarios y del gobierno mismo, entre otros muchos dispositivos de control, incluido el uso de la fuerza como recurso en última instancia Mientras que cuando las elites de poder económico son afectados por un gobierno popular, sus mecanismos de defensa son más eficaces porque tienen todos los recursos económicos a su alcance, les es más fácil organizarse y unificarse porque son pocos, tienen más claro sus intereses, además de que carecen de ideales y de escrúpulos. El golpe de Estado en Honduras es el ejemplo más reciente de esto último, y eso que el presidente derrocado por los gorilas, no es ni por asomo revolucionario o de izquierda.
En conclusión, los conflictos que desata el Estado al instrumentar determinadas políticas públicas son de distinta naturaleza y afectan de diversa manera a diversos grupos sociales, pero sólo la defensa de los intereses populares hace viable a la sociedad y por tanto justifican el conflicto que ocasiona el Estado al afectar a las minorías rapaces y mafiosas.
miércoles, 22 de julio de 2009
Neoliberalismo versus democracia
César Ricardo Luque Santana
La tesis que a continuación habré de sostener es que el neoliberalismo es incompatible con la democracia. Primero describiré de manera sucinta en qué consiste el modelo económico neoliberal cuyas consecuencias se pueden documentar ampliamente con datos duros, aunque no me referiré por ahora a los datos cuantitativos sino a sus aspectos cualitativos que nos han aprisionado en una crisis estructural. Luego, diré lo que creo debería de ser la democracia y en lo que ha convertido, demostrando la incompatibilidad entre el neoliberalismo y la democracia
Por lo pronto es innegable que el desastre económico que ha provocado el neoliberalismo en México a lo largo de 30 años es de grandes proporciones, lo cual se ha traducido en un crecimiento constante de la pobreza, del desempleo y por ende, en un déficit en las condiciones materiales de vida en cuanto alimentación, salud, vivienda, etc. Al mismo tiempo y en sentido proporcionalmente inverso, una pequeña minoría ha amasado grandes fortunas.
La implementación del neoliberalismo desde sus orígenes hasta nuestros días, ha “vendido” la idea de que con este modelo se logrará el tan anhelado desarrollo, mientras que los datos duros dicen lo contrario porque (y esto es típico de todas las naciones subdesarrolladas latinoamericanas) la balanza comercial es negativa porque no podemos competir con los productos importados y porque no tenemos una capacidad para incorporar nuevos productos de exportación merced al desastre en el campo y el desmantelamiento de la industria nacional. Esto ha llevado a un círculo vicioso donde la deuda externa se multiplica incesantemente y los nuevos créditos son para pagar los intereses de ésta. Mientras que la oligarquía local y el capital extranjero se apropian de todo lo que genera ganancias en un feroz proceso de privatización que no respeta ningún límite, pues lo mismo la educación que los servicios públicos que deberían mantenerse como derechos sociales se han convertido en viles mercancías. De remate, las “reformas estructurales” como la impositiva, tiende invariablemente a eximir a los más ricos de pagar impuestos haciendo recaer los mismos en los consumidores, todo ello “justificado” por los epígonos del neoliberalismo mediante una serie de “mitos geniales” (Pedro Aspe dixit) En suma, las políticas económicas neoliberales que están contempladas en el llamado Consenso de Washington, se resumen en una dependencia cada vez mayor del capital extranjero.
Hay desde luego una larga cadena de atrocidades prohijadas por este sistema depredador de competencia feroz que barre con cualquier forma de solidaridad. Esto se puede ver en las políticas antisociales en la educación y la salud pública donde cada vez bajan más los presupuestos con un daño grave a la calidad en estos servicios. En lo laboral, el trabajador se encuentra en la indefensión total porque el inversionista foráneo tiene manga ancha para sobre-explotarlo negándole sus más elementales derechos. Asimismo, le permiten destruir el entorno natural y le reducen al mínimo el pago de impuestos. Y si aún así se merma su ganancia o deja de parecerle interesante, simplemente se va dejando una estela de desastre. El sometimiento al capital principalmente extranjero es tan avasallador que además impiden a través de sus lacayos que simulan ser gobernantes del pueblo que haya un desarrollo científico y tecnológico propio, adueñándose de nuestras riquezas mediante un sistema de patentes y una legislación internacional hecha a su conveniencia, entre otras situaciones parecidas que abonan a una desigualdad cada vez más pronunciada con el consiguiente deterioro del tejido social que vuelven cada más inviable la convivencia social.
La democracia es entonces resignificada para que responda a esos intereses, es decir, para que injusticia prevalezca. La democracia entonces va a ser reducida a meras reglas de elección (democracia sin adjetivos) y va a depender de la manipulación mediática. Es obvio que tiene sentido la hipótesis de que el neoliberalismo así descrito es incompatible con la democracia entendida como una representación genuina de los intereses del pueblo, lo cual llevaría a la justicia social. Se entiende también por qué los neoliberales tienen que resignificar la democracia como meras reglas de juego donde el poder del dinero tiene mayores probabilidades de triunfo y donde tienen además el apoyo cómplice de los poderes mediáticos que actúan como poderes fácticos o informales.
La democracia neoliberal es por tanto una democracia mediática, de imagen, no de propuestas, donde la democracia se agota en las urnas (según esta visión), donde la autodeterminación de los pueblos está socavada por los intereses neocoloniales (como podemos verlo de manera meridiana en el reciente golpe de Estado en Honduras con el silencio ominoso y cómplice de los Estados Unidos y la impotencia de los países de la OEA), donde los medios masivos de comunicación hacen “héroe” o “villano” ha quien se les antoje, ya sea porque le sirve a sus intereses o porque les perjudica. En este sentido, los representantes populares proclives al sistema neoliberal, no defienden los intereses de sus representados sino que se dedican a legitimar políticas impuestas por entidades trasnacionales.
Los intereses monopólicos de este capitalismo rapaz no son compatibles con la democracia y la justicia social, por lo que es una obligación moral oponérsele no obstante su poderío. La utopía negativa, es decir, la crítica que denuncia la injusticia y que aspira a la emancipación de la humanidad es un deber moral por el que hay que pugnar, no obstante las grandes dificultades que representa, pero es claro que no hay nada eterno y el neoliberalismo no es la excepción de este principio.