domingo, 5 de abril de 2009

La actitud racionalista

La actitud racionalista

César Ricardo Luque Santana

Algunos de mis amigos lectores me han dicho que debería de escribir también artículos filosóficos y no sólo de análisis político, y aunque yo creo que no hay temas filosóficos nobles e innobles, y que lo importante es tener elementos de reflexión sobre los problemas que afectan nuestras vidas, trataré de complacerlos de alguna manera.

Comenzaré diciendo que los condicionamientos sociales en los que trascurre nuestra vida inmediata –si bien prosaicos-, repercuten en nosotros en lo individual y en lo social haciéndonos mejores o peores personas. Por esta razón, he venido machacando en muchos de mis artículos, que la implementación del neoliberalismo (un complejo fenómeno económico, social y político), socava de manera muy severa las bases de la convivencia social envileciendo las relaciones humanas y deteriorando de forma muy grave las bases de la vida misma de nuestro planeta, pues el afán de ganancia desmedido de los grandes capitalistas que actúan sin las debidas regulaciones por parte del Estado, arrasa con todo a su paso, empobreciendo por un lado a cada momento a una mayor cantidad de personas en el mundo, al mismo tiempo que disminuye el número de ricos cuyas fortunas son estratosféricas; y por el otro lado, provoca daños irreversibles a la naturaleza como los que se manifiestan en el llamado cambio climático.

Desde luego que no se trata de incurrir en un determinismo económico, pero los hechos demuestran que a mayor inequidad social hay mayores problemas sociales, pero sobretodo, se trata de insistir en que los sistemas sociales son construcciones humanas y que como diría Kant, si el hombre es un fin en sí mismo y no un simple medio, deberíamos de oponernos a un sistema social que provoca el oprobio y que condena a la enorme mayoría de la humanidad a un sufrimiento inmerecido. Cuando existía el esclavismo, a muchos les parecía normal, como a Aristóteles, que no obstante haber sido el mayor filósofo del mundo antiguo, lo legitimó creyendo que era una disposición natural. Lo mismo sucede ahora con el capitalismo que muchos justifican en los mismos términos.

Así entonces, las grandes preguntas de la vida resultan vacías si ignoramos el contexto en el que vivimos, pues hablar de libertad por ejemplo, sin considerar sus condiciones de posibilidad, es mera abstracción gratuita. La filosofía -en contra lo que algunos creen-, es una actividad intelectual mundana e incluso con una fuerte carga política. Pretender hacer filosofía metidos en una burbuja, es incurrir en una situación de inautenticidad como decía Heidegger, es asumirse como pensados y no como pensantes, como objetos y no como sujetos. Quien renuncia a razonar sobre su realidad inmediata y cree que la filosofía está encerrada sólo en los libros, no entiende como decía Wittgestein que la filosofía es ante todo un estilo de vida y no un mero devaneo academicista. Pero se preguntarán: ¿qué puede hacer la filosofía para mejorar el mundo?, ¿sirve el pensar para ello?

Quiero traer a colación a propósito de estas inquietudes y a reserva de retomar estas preguntas en otra ocasión para profundizar en algunas respuestas, la defensa del racionalismo que hace Karl Popper, uno de los más grandes filósofos del siglo XX, quien comienza por recuperar la tradición racionalista desde los presocráticos mismos destacando que desde su origen en la escuela de Mileto en el siglo VI a. C., la filosofía inauguró una sui generis tradición de la discusión racional donde al contrario de lo que hacen la mayoría de las escuelas que se concentran en conservar determinados saberes, la filosofía promueve la innovación de ideas y la posibilidad de que el alumno supere al maestro, como se puede ilustrar en la relación misma entre Tales de Mileto y Anaximandro, o en la frase de Aristóteles quien fue discípulo de Platón en la Academia durante 20 años, quien expresó: “soy amigo de Platón pero soy más amigo de la verdad”. En este punto, Popper compara la relación entre el ortodoxo y el hereje donde realmente no hay una disputa entre las nuevas y las viejas ideas y por ende no hay propiamente progreso de las ideas, porque el hereje se cree más ortodoxo que el ortodoxo a quien acusa de haberse apartado de la verdadera doctrina y al mismo tiempo él se asume como su restaurador.

En su argumentación, Popper trata de demostrar que basados en la discusión racional, no hay verdades definitivas y que los mismos conocimientos son sólo conjeturas o suposiciones que al estar sometidas al escrutinio de la razón, (al ser de carácter público) pueden ser refutados. El progreso del conocimiento se basa entonces en la dupla de conjeturas y refutaciones. En otras palabras, los conocimientos científicos o filosóficos son creencias racionalmente justificadas. La verdad en sí misma como decía Kant no la podemos conocer, es decir, no podemos saber lo que las cosas son en sí mismas sino lo que son para nosotros, pues la relación del sujeto con el objeto está mediada por el lenguaje y otros factores, de manera que no hay entre ambos una relación pura. Sin embargo, al ser la verdad intersubjetiva, se evita que la verdad esté sujeta a caprichos personales o que nos lleve a un relativismo como en la metáfora de Hegel de la negra noche donde todos los gatos son pardos. En otras palabras, el hecho de que no exista posibilidad de acceder a la verdad en su pureza y de que ésta sea por tanto procesada por el sujeto como conjetura, no implica que no existan verdades universales, sino por el contrario, su naturaleza intersubjetiva y su referencia y compatibilidad con la realidad material, garantiza que tengan ese alcance universal, pero su validez es temporal y por tanto susceptible de ser corregida.

Añade Popper que sin embargo, es un error creer que basta la mera argumentación racional para que las ideas racionales prosperen, pues mientras haya interlocutores que se nieguen a adoptar una actitud racional, de nada sirve en sí mismo un argumento racional. Esto lo podemos traducir a varios contextos, por ejemplo, la política en sus diversas manifestaciones es esencialmente irracional porque su soporte está atrapado en fuertes intereses materiales, por ello se dice que en política 2 + 2 no son necesariamente 4 y por ello las discusiones se tornan en negociaciones donde lo que menos importan son las razones en sí mismas, sino las ventajas que obtienen las partes en pugna. De este modo, un diálogo racional es imposible cuando los pretendidos interlocutores no asumen una actitud racional, como cuando un burócrata se aferra a aplicar reglas absurdas y no hay manera de hacerle ver el sin sentido de las mismas. Igual sucede cuando se intenta ser racional con alguien que se mueve en la lógica del poder y cuya intención es someter a los demás para proteger sus intereses o quien se basa en creencias religiosas que considera verdades absolutas e inapelables.

De este modo y en forma breve, he querido mostrar que aunque las cuestiones filosóficas pueden revestir altos niveles de expresión teórica, su vinculación con la vida inmediata es inevitable, lo que no implica por lo que acabamos de ver con Popper, que el razonamiento rija a la vida en su conjunto, pues si bien hay un notable avance científico y tecnológico, éste representa sólo a la razón instrumental, no a una razón crítica. Lo que prevalece en el mundo a despecho de la razón, es en consecuencia un irracionalismo expresado en la predominancia de los intereses materiales de unos cuantos sobre los intereses de la humanidad.

lunes, 30 de marzo de 2009

La lucha por el poder legislativo

La lucha por el poder legislativo

César Ricardo Luque Santana

Como era de esperarse, los movimientos estratégicos que los partidos políticos empiezan a realizan para ganar las mayorías de los escaños en los próximos comicios federales para renovar la Cámara de Diputados, carecen de propuestas serias que reflejen un auténtico proyecto de nación.

La disputa por obtener la mayoría relativa en la Cámara de Diputados entre las principales fuerzas políticas del país y sus aliados minoritarios, no dan señales de proponer salidas a la crisis económica que hagan viable la convivencia social pacífica entre los mexicanos. Así, cada uno de los partidos políticos está más preocupado por el reparto del pastel legislativo y por seguir sirviendo a la elite del poder económico, que en representar de manera auténtica y hasta las últimas consecuencias a los ciudadanos que con su voto los ponen ahí. Basta con echar una mirada rápida a los movimientos y declaraciones que vienen haciendo los partidos a través de sus figuras más destacadas para darse cuenta de ello.

El PAN, no obstante su manifiesta ineptitud para gobernar, buscará ser la mayoría relativa o al menos mantenerse en el segundo sitio abajo del PRI, con el cual trata de sostener una enconada disputa. En esta lucha por uno de los espacios del poder legislativo, han a retomado la estrategia de lodazal y la estridencia que les diseñó su asesor español (ya nacionalizado mexicano) el señor Antonio Solá en las elecciones de 2006, tratando de polarizar la contienda contra el PRI para intentar desplazar o marginar al PRD en esta pugna (que para ello se pinta solo), al mismo tiempo que tratan de convertir el fracaso de gobierno de Calderón en un triunfo en el problema de la seguridad pública, al parecer con el respaldo activo y decidido del gobierno de Obama, quien ha matizado sus criticas al gobierno panista tachado inicialmente como Estado fallido, para “reconocerle” ahora sus esfuerzos en la lucha contra las mafiass de las drogas. No sería casual si esta lectura es correcta, que veamos que el problema de la delincuencia organizada amaine durante el apogeo del proceso electoral (con la ayuda de los medios electrónicos) para crear la percepción de que se está teniendo éxito en su combate, pues prácticamente no existe ningún otro referente que el panismo pueda explotar a su favor como partido en el gobierno. Sin embargo, es obvio que la derecha panista no va a proponer medidas que atenten contra el modelo neoliberal, pues sería como dice Tomás Mojarro “El valedor”, como pedirle al león que sea vegetariano.

El PRI por su parte, toma con cautela la estrategia pendenciera de los panistas aunque sin duda de algún modo también les conviene, a la vez que lanzan su propaganda en medios con una serie de propuestas paliativas a la situación de crisis sin mostrar nunca su pretendido rostro socialdemócrata (signifique eso lo que signifique que para mí no significa nada). En este sentido, tampoco muestran una oposición al neoliberalismo porque en la práctica han sido promotores del mismo desde hace un par de décadas actuando en contubernio con el PAN, lo que dio lugar no sin razón a que se les identificara como el “PRIAN”
Por lo que toca al PRD, su proceso interno de selección de candidatos realizado en forma parcial en algunos estados del país, volvió a mostrar las prácticas mapacheriles de sus tribus irredentas, aunque pudieron capotear el escándalo auto-reprimiéndose en sus disputas internas para no deteriorar más la mala imagen de su partido. En cuanto a su propaganda en medios, es realmente deplorable, muy por debajo de otros partidos minoritarios como el Partido Verde que tienen promocionales más atractivos. Para colmo, la selección de candidatos como el caso de la Sra. Martha García en Nayarit, si bien es un personaje respetable, no representan posiciones de izquierda, e incluso su ideario personal y sus posturas prácticas son claramente de derecha, lo cual indica que hay un desdibujamiento ideológico o una incongruencia de un partido declarativamente de izquierda, que al parecer lo que realmente les importa, es obtener el buen caudal de votos que este tipo de candidatos pueden ofrecer, sin importar si triunfan o no. Huelga decir que difícilmente el PAN admite como sus candidatos a personas de izquierda, pero el PRD acepta lo que pueda darles votos y eventuales triunfos electorales, vengan de donde vengan y sea como sean. Hay otros factores más a considerar como la lucha de los seguidores de López Obrador dentro y fuera del PRD por tener una presencia importante en el mencionado espacio legislativo, en pugna contra Nueva Izquierda que es acusada de claudicante a las posiciones de izquierda.

Un botón de muestra al respecto fue la postura del líder principal de esta corriente, Jesús Ortega, quien manifestó en la reunión de banqueros en Acapulco donde Beatriz Paredes y Germán Martínez se atacaron mutuamente echándose en cara quien había contribuido más al crecimiento de crimen organizado, que su partido está a favor de una economía de libre mercado (sic), cuando la izquierda de todo el mundo, incluyendo los más moderados de Europa e incluso los liberales como Obama, están promoviendo una política intervencionista del Estado a la manera de Keynes y se pronuncian por implementar una regulación al capital financiero. Las posturas políticas más radicales están además exigiendo que los banqueros paguen los daños de la crisis y se frene de una vez por toda la táctica neoliberal de privatizar las ganancias y de socializar las pérdidas.

Así las cosas, los partidos siguen empecinados en cuidar sus intereses sin proponer soluciones de fondo que implique frenar la voracidad del capitalismo neoliberal que ha demostrado hasta la saciedad que hace inviable no sólo la convivencia social, sino que pone en riesgo las bases mismas de la vida del planeta. En este sentido, mientras todo se queda en una lucha electorera mediática, el desempleo y el deterioro de la calidad de vida de los trabajadores siguen descendiendo y las injusticias siguen al orden del día, como las decisiones del INFONAVIT en algunas entidades de la república de transferir las carteras vencidas a empresas privadas con las terribles consecuencias para miles de familias mexicanas, que aparte de estar sin empleo y por ende sin recursos para sufragar los gastos esenciales de cada día, perderán irremediable sus modestas viviendas, dando al traste con la solidaridad que habría de esperarse del Estado con los grupos sociales más vulnerables, pues deja de tener sentido hablar de viviendas de interés social con esas prácticas mercantilistas. En sí, el país parece no importarles mucho sino sus propios intereses.
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domingo, 22 de marzo de 2009

Parálisis gubernamental

Parálisis gubernamental

César Ricardo Luque Santana

La percepción de que Felipe Calderón no sabe gobernar porque no toma las decisiones adecuadas y en el momento oportuno, y que las que toma las hace con notorios titubeos, es muy generalizada no sólo entre la clase política y en particular dentro la oposición, sino también entre la crítica periodística independiente, pues por ejemplo, respecto a la crisis económica, en vez de tomar medidas a la altura del problema, reacciona a destiempo y con tibieza, además de hacerlo en forma oportunista (léase electorera).

En efecto, los dardos envenenados que le lanzó recientemente el legislador priísta Beltrones (en el marco de los dimes y diretes entre la dirigente del PRI Beatriz Paredes y el pendenciero presidente del PAN Germán Martínez) sobre su ambigüedad respecto a una serie de casos como el de la secuestradora francesa, donde a pesar de lo que dijo sobre la justicia en México, dejó la puerta abierta para su eventual extradición y liberación anticipada por la justicia francesa; su sometimiento ante la participación financiera del gobierno de Estados Unidos en Banamex a pesar de la prohibición constitucional al respecto; y la puntada de organizar foros para que los estados de la federación que gusten, se disputen la creación de la nueva refinería de PEMEX, en vez de tomar la decisión ya con base en criterios técnicos y económicos; además de otras situaciones por el estilo como aquella donde organizó un concurso para el trámite más inútil de la administración pública federal, así como su parsimonia para hacerle frente a la grave crisis económica, o las enormes deficiencias mostradas en el combate al problema de la inseguridad, todo lo cual, pone en evidencia la incapacidad del presidente de México para resolver estos asuntos manera oportuna, clara y eficiente, pero sobretodo, defendiendo los intereses de la mayoría de la sociedad a la que supuestamente se debe. Sus respuestas a los diversos problemas en cambio, han sido hasta ahora en gran medida mediáticos y recurriendo en sus alocuciones a pura palabrería basada en sobados clichés de superación personal, que no hacen otra cosa que evidenciar su impotencia.

Independientemente de todas esas carencias e incompetencias, las soluciones puestas en práctica no atacan las verdaderas causas de los problemas, sino que se quedan en el nivel de la sintomatología. La razón de esta actitud indolente y timorata es porque no se atreve a atacar las causas reales de todos los problemas del país, principalmente el económico que de algún modo provoca todos los demás. Esto es así porque no está dispuesto a romper con el proyecto político, económico y social enarbolado por su partido y sus secuaces enmarcado en el neoliberalismo, cuando en otras latitudes buscan alternativas al mismo incluso dentro del propio capitalismo.

En efecto, el modelo neoliberal ha socavado los cimientos de la sociedad mexicana generando miseria y violencia por doquier, de manera que el ignorar ese punto conduce a soluciones precarias y superficiales que dejan intactos los problemas. Por ejemplo, la espiral de delitos comunes y del crimen organizado, tienen que ver –como lo señaló muy bien la filósofa Roxana Kreimer- con la inequidad social, de manera que a mayor desempleo, de deterioro constante y acelerado de la calidad de vida de la enorme mayoría de la población, es de esperar que se genere más actividad delincuencial. En este sentido, es obvio que esta problemática no podrá ser resuelta de manera significativa y efectiva sólo con medidas policíacas y/o legales -si bien son importantes y necesarias-, mientras las condiciones sociales, económicas y culturales que permiten que se dé este fenómeno de manera desbordada, persistan y tiendan a empeorar, con lo cual se alimenta y retroalimenta incesantemente las causas de lo que se quiere combatir, como si se quisiera apagar el fuego echando más gasolina a la lumbre. Está plenamente demostrado en lo que respecta al problema de la inseguridad pública, que la vía meramente represiva no es capaz por sí misma de disminuir este problema, derivado directa o indirectamente de la mala situación económica.

La monserga de los economistas neoliberales tiende a embozar las causas reales de la crisis económica ligadas al modelo neoliberal que propicia una profundo abismo entre las clases sociales y que opera con total impunidad. El mismo lenguaje y las aseveraciones de los epígonos del neoliberalismo son bizarros e irracionales. En cuanto al supuesto lenguaje economicista podemos encontrar todo menos conceptos científicos: frases metafóricas (“catarritos”, “tsunamis” y cosas por el estilo), eufemismos como hablar de “ajustes” a los precios de las mercancías para evitar hablar de aumentos o inflación por el impacto psicológico y eventualmente electoral que ello tiene, mentiras descaradas como hablar de economías “emergentes” y hasta “justificaciones” cínicas de expresar sin rubor que los derechos de una minoría poderosa económicamente, están por encima de los intereses de la mayoría de la población, de manera que la recesión económica no es algo imputable a la codicia de unos cuantos y a la complicidad de las autoridades que la solapan y la protegen, sino que pretenden hacernos creer que es una situación “normal” de un sistema económico que es presentado como si funcionara como un proceso natural, con fallas atribuibles a sí mismo, como si operara independientemente de los individuos que lo generan y conforman. Y no obstante que los hechos muestran de manera contundente el fracaso social y económico estrepitoso del modelo neoliberal que vuelve inviable a las sociedades, se atreven a decir que no hay más ruta que esa.

El empecinamiento por defender a capa y espada un proyecto económico, social y político como el neoliberal con las terribles consecuencias que acarrea, explica por qué el gobierno y las instituciones del Estado no son capaces de hacerle frente a los diversos problemas que aquejan al país, pues las condiciones materiales y culturales que propician el caos social, son un caldo de cultivo que impide arribar a soluciones reales y duraderas. Esto explica por qué hay esta sensación de parálisis, pues lejos de gobernar y de representar los intereses de la mayoría de la población, se dedican a hace negocios con el patrimonio público sin importar las graves consecuencias que provocan, entrampando su gestión de gobierno en un círculo vicioso, pues no entienden o no quieren entender que la excesiva acumulación de riquezas de unos pocos en detrimento de la mayoría o que la sobreprotección de una minoría rapaz que es proporcionalmente inversa a la desprotección de la sociedad, no puede llevar a otro resultado que el que estamos padeciendo y que tiene su raíz en una política económica equivocada para el bienestar de la mayoría de la población. Es como alguien que se intoxica constantemente o en forma abusiva, pretendiendo sin embargo mantenerse sano, o instituciones que desean tener buenas cuentas sin entender que la corrupción que prohíjan es incompatible con la racionalidad y la moralidad que debería prevalecer en ellas.

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domingo, 15 de marzo de 2009

¿Es México un país con Estado fallido?

¿Es México un país con Estado fallido?

En verdad os digo, que el verdadero Estado fallido es el que le falla a su propio pueblo”
Jesús, el carpintero de mi barrio


César Ricardo Luque Santana

Ante la impericia del presidente del desempleo Felipe Calderón y de su “gabinetazo” para conducir el gobierno y las instituciones de la república, así como la creciente inseguridad pública que para algunos va más allá porque representa ya una cuestión de seguridad nacional ante la infrenable ola de violencia de las organizaciones delincuenciales, y desde luego, la crisis económica que pasó de ser de un simple “catarrito” a un “Tsunami” -según el fallido pitoniso de Hacienda-, aunado a la presión de los gringos que se inquietan de que sus leales criados no les estén cuidando debidamente su patio trasero, ha venido cobrando fuerza entre la clase política y los analistas políticos, la calificación de la actual situación de México como un país con Estado fallido.

Pero, ¿qué significa “Estado fallido”?, ¿de dónde procede esa denominación?, ¿qué consecuencias tiene?, pero sobre todo ¿fallido para quién?

El término de “Estado fallido” procede curiosamente de Noam Chomsky y ha sido adoptado por el gobierno estadounidense para clasificar a aquellos gobiernos que no mantienen un control claro sobre el territorio que gobiernan porque existen instancias paralelas e ilegales que le disputan el poder, por ejemplo cobrando impuestos o manteniendo zonas bajo su control, como son los casos de la guerrilla en Colombia o por acciones similares del crimen organizado en otras latitudes. Asimismo, hay Estados fallidos en donde prevalecen conflictos tribales o religiosos que rebasan al Estado poniendo en entredicho su autoridad y eficacia tanto en términos del consenso como del uso legítimo de la fuerza. Se podrían considerar también a los regímenes plutocráticos que socavan la legalidad y generan una alta estratificación social. Sin embargo, si se toma literalmente la cuestión de la eficacia de un Estado para mantener un control político y militar, las dictaduras no estarían en cierto modo consideradas como Estados fallidos, cuando es evidente que lo serían al faltarles el consenso popular que sólo da la vida democrática. El problema es que las potencias extranjeras pueden alegar que su seguridad interna está amenazada por países con Estados fallidos, y “justificar” con base en ello una invasión militar a los mismos. La legalidad de esta posición es no sólo dudosa sino hipócrita, porque muchos países con Estados fallidos lo son precisamente por la intromisión de dichas potencias extranjeras, que por ejemplo, patrocinan guerras civiles o propician inestabilidad en determinados pueblos y gobiernos por convenir así a sus intereses, además de que otros países con Estados fallidos lo son por efecto de la globalización neoliberal que ha minado las bases de la convivencia social y la misma soberanía de los Estados nacionales.

Recapitulando, los síntomas de una Estado fallido son la alta corrupción en las diversas instancias del Estado, la inexistencia de un Estado de derecho real en virtud de esa corrupción y la impunidad consecuente, las altas tasas de criminalidad, la extensión acelerada de un mercado informal, y otros factores parecidos. Asimismo, la existencia de Estados terroristas que suprimen las libertades democráticas de elecciones libres, libertad de prensa, de asociación, derechos humanos, etc., y que imponen sus políticas mediante el uso casi exclusivo de la violencia, como ocurrió durante el régimen talibán en Afganistán, entre otros, es un ejemplo drástico de Estado fallido.

De esta manera, hay instancias ligadas al gobierno estadounidense (el think tank o Fondo para la Paz) que han señalado los elementos que constituyen un Estado fallido (problemas demográficos, éxodos masivos, descontento generalizado, altos índices de inequidad, criminalidad incontrolable, etc.) y cada año elaboran una lista de los países que entran en ese concepto. Sin embargo, llama la atención que se tiende a nombrar como Estados fallidos a países con circunstancias muy diferentes entre sí, donde se incluye a algunos cuyos gobiernos son contrarios al imperialismo estadounidense, lo que revela lo tendencioso y ambiguo de esta valoración. La paradoja es que los países que han venido aplicando a rajatabla las recetas neoliberales han devenido invariablemente en Estados fallidos, mientras que los que buscan formas de organización social, económica y política alternativas, tratan de ser sometidas a esas mismas recetas y para ello se les incluye como amenazas a la seguridad nacional de Estados Unidos o para la paz mundial, para poder intervenirlos militarmente y frenas sus proyectos alternativos al neoliberalismo.

Ahora bien, es notorio que existen en nuestro país algunos factores que encajan dentro del concepto de Estado de fallido, pero una cosa es señalar sus síntomas y otro reparar en las causas que los provocan, pues por un lado deberíamos de considerar el empecinamiento en llevar al cabo un modelo económico depredador, y por otro lado, la incapacidad manifiesta del actual grupo gobernante que actúan como rehén de los poderes fácticos, así como una clase política envilecida que no está a la altura de los retos del país sino que siguen montados en una lógica de saqueo del erario público y de sus riquezas naturales.

En este contexto, la confrontación del ejército contra el crimen organizado (principalmente los cárteles de las drogas) y la gran cantidad de muertos que ha ocurrido como producto de este proceso, así como las propias declaraciones públicas de las fuerzas armadas de que la embestida de los narcotraficantes han puesto en riesgo la viabilidad del país, aunado a la severa crisis económica donde el gobierno tampoco acierta a tomar decisiones correctas y a tiempo, han reducido drásticamente su capacidad de gestión; además del peso de la ilegitimidad que pesa todavía sobre un presidente que presumió ganar la presidencia de la república “haiga sido como haiga sido”, reconociendo con ello que la guerra sucia que su partido y los empresarios emprendieron contra López Obrador les permitió obtener un triunfo pírrico (sin contar con otras situaciones que nos permiten pensar legítimamente en que existió un fraude electoral); así como la presión constante de los gringos sobre el gobierno mexicano, han socavado como nunca al Estado mexicano que ciertamente aparece como una entidad débil que no protege debidamente a sus ciudadanos, no sólo por su ineficacia contra el crimen organizado, sino por los abusos de la misma clase empresarial codiciosa a la que se empecina en beneficiar a como dé lugar.

Sin embargo, creo que es excesivo calificar a México de ser un Estado fallido porque finalmente el país no lo hacen sólo los que están al frente de las instituciones sino sus trabajadores y ciudadanos (la sociedad civil) que en medio de todos los problemas mantienen una conducta madura y ecuánime. Al respecto me permito hacer una cita in extenso de Pedro Miguel columnista de La Jornada que dice los siguiente: “A pesar del daño inconmensurable que las últimas cuatro presidencias han causado al país, éste sigue funcionando. Entre la crisis económica, a pesar de la violencia desatada por el calderonismo y a contrapelo del saqueo del erario que practica el funcionariato, los mexicanos, en su gran mayoría, se levantan temprano para ir a ganarse la vida en forma honesta, llevan a sus hijos a la escuela, pagan impuestos, no matan, no violan, no torturan y no hacen fraude, y conviven, discuten, festejan y guardan luto en forma civilizada. Las universidades públicas, en medio del acoso de un grupo gobernante que quisiera verlas privatizadas, siguen preparando profesionistas, las ambulancias siguen recogiendo accidentados y las mercerías siguen despachando hilos de colores diversos. Esta base formidable de civilidad, en la que reposa el Estado mexicano, ha impedido, pese a todo, que los desgobiernos de Salinas, Zedillo, Fox y Calderón lleven al país a la subversión, a la desestabilización y al caos completo.” (Ver Navegaciones en La Jornada, 20 de enero 2009)

En conclusión, lo descaminado del debate de nuestros políticos y politólogos es no cuestionar el funcionamiento del Estado mexicano desde la perspectiva de su propio pueblo, sino con base en los parámetros de una potencia extranjera que no le importa si hay Estados fallidos o no, si no es en función de sus intereses imperialistas.

jueves, 12 de marzo de 2009

El dinero es Deuda

Génesis y funcionamiento del sistema monetario




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domingo, 8 de marzo de 2009

Roxana Kreimer en Tepic

Roxana Kreimer en Tepic

César Ricardo Luque Santana

El pasado 5 de marzo la filósofa argentina Roxana Kreimer (RK) dictó una magistral conferencia en el auditorio de la Biblioteca Magna de la Universidad Autónoma de Nayarit, con el tema relativo a las causas de la inseguridad pública según recientes estudios científicos al respecto. Dicha conferencia que preparó expresamente para su venida a Tepic, puede ser consultada íntegramente en su página de Internet la cual está disponible en www.filosofiaparalavida.com.ar/ (se puede acceder directamente desde mi blog), entrando enseguida al apartado Café filosófico y de ahí hay que ir a la parte final del mismo. Sin embargo, me permito recuperar algunos de sus puntos de vista añadiendo un brevísimo comentario personal a los mismos.

Antes de reseñar sucintamente los principales puntos de su charla, conviene decir que RK es una destacada filósofa latinoamericana que ha contribuido de manera notable a lo que se conoce como asesoría, consultoría o terapia filosófica, cuyo explicación también puede consultarse en la mencionada página en el apartado “La filosofía como arte de vivir”, el cual constituye una introducción de lo qué es la terapia filosófica. Asimismo ella es una promotora muy dinámica y entusiasta de los cafés filosóficos. Desafortunadamente en esta ocasión (que espero no sea la última), no abordó con nosotros estas actividades filosóficas que están marcando un nuevo derrotero de la profesión filosófica acercando al mismo tiempo la filosofía a la gente que no tiene estudios filosóficos académicos. Pero para tener una mejor imagen del interesante perfil de RK y para no alargar este escrito, es menester consultar su sitio en Internet y eventualmente consultar sus libros (uno de ellos puede ser bajado en forma gratuita en su Web llamado “La tiranía del automóvil”). Particularmente recomiendo los dos que yo conozco: “Artes del buen vivir” y “Las falacias de amor” (Ed. Paidós), ambos estupendos.

En esencia y con fundamento en los referidos estudios científicos y datos estadísticos del crimen en varios países -fuentes que ella cita puntualmente en su ponencia escrita en el sitio mencionado de Internet- el análisis crítico de RK se orienta a exponer las falacias del pensamiento conservador respecto a la delincuencia, saliendo al paso al reduccionismo y simplificación de este fenómeno mostrando su complejidad y los diversos factores que lo explican.

Un factor significativo que explica satisfactoriamente la cuestión de la inseguridad según los datos y estudios que RK toma como referencia, es la inequidad social, la cual advierte no se debe confundir con la pobreza, pues esta visión ha provocado que se etiquete de manera discriminatoria a determinados grupos sociales criminalizando con ello la pobreza, lo que significa que el hecho de ser pobre no indica automáticamente que sean delincuentes.

Ahora bien, de los distintos delitos que existen, ella se centra en el homicidio porque dice es el mejor documentado ya que la mayoría de los delitos no se denuncian, aunque habría que señalar por qué no se denuncia, lo cual se debe principalmente a la ineficiencia de las autoridades en la materia y a la impunidad que campea en el medio judicial.

El punto es que la inequidad o exclusión social tiende a traducirse en violencia, para lo cual correlaciona los datos sobre homicidios de diversos países con su condición de desarrollados o subdesarrollados, observándose que salvo excepciones que involucra otros factores explicativos, la inequidad social que podemos relacionar con falta de oportunidades de estudio y empleo, y en sí con las malas condiciones de vida en general o con la eliminación o reducción a su mínima expresión de la movilidad social, es el factor determinante.

En contrapartida a esta explicación y en aras de minimizarla, el conservadurismo neoliberal pretende “solucionar” los problemas de violencia criminal con políticas represivas de mano dura y endurecimiento del castigo, aunque éste se orienta invariablemente a los grupos sociales más vulnerables porque en esencia lo que se pretende es castigar los atentados a la propiedad privada. Es decir, la minoría social más favorecida trata de eximirse de su responsabilidad en lo relativo a la inseguridad aduciendo causas subjetivas de la delincuencia, razón por la cual proponen medidas ineficaces.

En dichos estudios se ha observado que el aumento o descenso del desempleo, las facilidades para adquirir armas, los valores o desvalores, etc., inciden de un modo u otro en una mayor o menor delincuencia. Sin embargo, dice que hay que considerar una estrategia integral, porque no se trata sólo de mejorar las condiciones de vida sin mejorar la impartición de justicia y la eficiencia policíaca. Lo que es un error –insiste- es enfatizar la seguridad penal sobre la seguridad social, pues ésta contribuye a reducir aquella, mientras que al revés es un fracaso seguro, es decir, no se puede frenar la delincuencia y en particular la violencia con medidas sólo policíacas o prioritariamente represivas. De hecho no sólo no hay solución por la vía de la mano dura (castigos más severos, bajar la edad para ser punible, entre otras), sino que resulta contraproducente porque al dejarse intactas las causas reales, el problema no se detiene ni se reduce, sino que se incrementa, además de que los centros penales no rehabilitan sino que son verdaderas universidades del crimen porque los delincuentes comunes se mezclan con la delincuencia organizada. E incluso el costo económico que se destina a este problema desde una perspectiva meramente policíaca resulta ser demasiado oneroso para las arcas públicas. En otras palabras, es irracional hacer gastos en seguridad pública sin compartirlos con la seguridad social.

Hace notar que en las sociedades democráticas en situación de subdesarrollo social -en contraste con sociedades tradicionales pobres-, se dé en forma alarmante la criminalidad, lo cual se explica según ella porque postulan una igualdad que no existe, lo que provoca resentimiento y desesperanza en amplios núcleos de la población, generando un caldo de cultivo para actividades criminales. En otras palabras, los vacíos que el Estado deja en la sociedad por su empecinamiento en favorecer desmedidamente a las elites económicas, son ocupados por la delincuencia.

Así entonces, el aducir factores falsos a la delincuencia tomando los efectos por las causas o recurriendo a falsas generalizaciones para endosarles una inclinación criminal per se a los pobres o exagerando factores como el genético, entre otros parecidos, impide atacar de manera correcta el problema para lo cual recomienda voltear a ver las experiencias exitosas no basadas en la mano dura.

Sólo me queda agregar que la debilidad de las instituciones que son rehenes de los intereses de las mafias, la impunidad ligada a la corrupción, la falta de educación y de formación en valores, así como la mala influencia de los medios masivos de comunicación, además del factor de exclusión social que propicia el actual modelo económico neoliberal que es el más importante, provocan entre todos los diversos problemas de inseguridad.

luque2009@gmail.com

domingo, 1 de marzo de 2009

Asociación delictuosa

Asociación delictuosa

César Ricardo Luque Santana

“Es preferible molestar con la verdad que complacer con la mentira”
Ana Guevara

Mientras la crisis económica empeora cada día manifestándose en mayor desempleo e inflación que da lugar a su vez a mayor pobreza, los consejeros del IFE trataron de obtener un aumento de sueldo escandaloso, mismo que no tuvieron empacho en conseguir los magistrados del Supremo Tribunal de Justicia (que de por sí son los que más ganan en el país), mientras que los diputados que en ese renglón -en lo que a altos salarios se refiere-, no sufren ni se abochornan, discuten si se debe de poner un límite o tope al salario máximo de los servidores públicos con la intención por parte de la izquierda al menos, de que ninguno de ellos, ya sea que se trate de representantes electos o funcionarios designados, pueda ganar más que el presidente de la república.

Los consejeros ¿ciudadanos? Del IFE dieron marcha atrás a su desmedida petición de homologar sus salarios con los mencionados magistrados que reciben poco más de 300 mil pesos al mes, en virtud del rechazo público del que fueron objeto, pero ello no obstó para que los magistrados si tuvieran un “pequeño” aumento a su de por si excesivo salario. Los primeros dijeron que se retractaban porque eran sensibles a la crisis económica que estaba pasando el país, aunque si tuvieran de veras esa conciencia no hubieran hecho el ridículo que hicieron, mientras los segundos no hicieron ruido al respecto.

En este contexto, el comunicador Ciro Gómez Leyva, de plano derrapó cuando quiso poner como ejemplo de amor a la patria al secretario de gobernación que según su ¿inocente? opinión, dejó de ganar un dineral en su despacho de abogados por incorporarse al gobierno. Tal vez dejó de ganar un 90% de lo que percibía en el sector privado dijo pasmado el gran Ciro, cuando todos sabemos que este tipo de personajes no dejan de percibir ganancias por una ausencia temporal en sus negocios, además de que los privilegios que se obtienen en ese tipo de cargos en el gobierno les permiten ventajas ilimitadas para lucrar.

Pero mientras periodistas alcahuetes como el mencionado destilan la baba queriendo salpicar a los incautos, en contraste, Denisse Dresser (DD) -que acababa de enviar una ejemplar carta abierta al ingeniero Carlos Slim donde lo pone en su lugar-, acudió al foro “México ante la crisis” donde dijo lo que muchos ya sabemos -principalmente los aludidos por ella- que en México gobiernan los poderes fácticos y que ello es el principal obstáculo para salir de la crisis por la corrupción que involucra esta anomalía institucional.

Resulta importante retomar algunos planteamientos de esta investigadora caracterizada por su inteligencia, valentía e independencia (según mi percepción) cuya implacable crítica no hace concesiones a nadie, para aventurar un par de ideas adicionales y complementarias a su postura.

Para empezar hay que señalar que DD cuestiona el actual modelo capitalista neoliberal pero no al capitalismo en sí, y habla incluso de un buen capitalismo (que también llama capitalismo democrático) que promueve la equidad social, en contraste con un mal capitalismo que provoca un abismo social cada vez mayor. A este último, en el caso mexicano, lo llama “capitalismo de cuates o de cómplices” refiriéndose al maridaje pernicioso entre los altos empresarios y los gobernantes, quienes se asumen como gerentes de éstos en vez de representar a la sociedad velando por su bienestar como es su obligación constitucional. En este sentido, el Estado claudica de su responsabilidad esencial y se aboca a proteger y acrecentar los privilegios de una minoría oligárquica rapaz que veta, obstruye y/o sabotea todas las reformas que atentan contra sus insanos intereses.

DD califica a la oligarquía mexicana como capitalismo rentista que vive a costillas de los consumidores con el beneplácito del Estado que los protege en sus ganancias desmedidas. En este punto pregunta ¿quién gobierna en México?: “¿La SEP o Elba Esther Gordillo?, PEMEX o Carlos Romero Deschamps?, ¿El Senado o Ricardo Salinas Pliego cuando logra controlar los vericuetos del proceso legislativo?,” etc. Con ello señala lo que decíamos al principio de que los poderes fácticos de todo tipo son los que mandan, quedando los espacios institucionales sólo para formalizar decisiones tomadas fuera de sus ámbitos.

En este sentido, se genera una estructura basada en redes de poder informales que actúan en forma coludida entre sí, con el agravante de que el Estado se vuelve rehén de intereses espurios a la nación. Sólo así se entiende dice la investigadora los privilegios de los que gozan los principales grupos corporativos (empresariales, sindicales y políticos), como el que les devuelvan impuestos, de que nos los infraccionen, de que no avancen leyes que les perjudican en sus negocios, de que los dirigentes sindicales corruptos sean intocables, etc. Remata que donde las elites económicas son fuertes, la gobernabilidad democrática es débil.

En este contexto de prácticas abusivas de empresarios que viven de medrar de los consumidores no sólo con la ausencia de regulación por parte del Estado sino con su protección, no puede haber una auténtica competencia. Es necesario por tanto que se rompa esta sumisión del Estado a los grupos de poder económico instaurando un nuevo tipo de relación entre Estado, sociedad y mercado. De no romper con este esquema de mafias, se seguirá abonando para el deterioro de las instituciones y su falta de credibilidad y continuará incrementándose la pobreza con todas las consecuencias que ello provoca.

Creo en lo particular que la aguda crítica de DD revela que no existe la institucionalidad ni el Estado de derecho o que éste actúa facciosa y patrimonialistamente. En este sentido, considero también que para la clase política, el gobernar para la sociedad pasa a segundo término pues su prioridad es enriquecerse a la sombra del Estado. Por ejemplo, la modificación de la tenencia ejidal emprendida por Salinas de Gortari en su momento, no tenía como propósito desarrollar las fuerzas productivas para generar una riqueza socialmente compartida, ni mucho menos para buscar una autosuficiencia alimentaria, sino que les interesaba despojar a los campesinos de sus tierras para reestablecer las haciendas y para apropiarse de los lugares con mayor potencial turístico que luego valdría millones de dólares. Así, cada medida económica, social, de seguridad, de educación etc., que el Estado mexicano toma, tiene como objetivo central beneficiar a los más ricos (incluidos ellos mismos por supuesto) en detrimento de la mayoría de la población, aunque desde luego las disfrazan haciéndolas pasar como benéficas para toda la sociedad.

Las consecuencias de esta forma de “gobernar” donde el Estado no asume con ética la responsabilidad de ejercer la autoridad para la sociedad protegiéndola de minorías voraces, ya las estamos viendo y padeciendo. Siguiendo con en el ejemplo anterior, provocaron el abandono del campo, que éste se volviera improductivo e incosteable para los productores de escasos recursos (que por esa razón no tienen acceso a créditos), que por ende se emigre a las ciudades o a los Estados Unidos, que la gente se empobrezca gradual e inevitablemente, que se deteriore el tejido social con los altos grados de inseguridad que hoy se viven, etc. En este sentido, el interés público se trastoca en interés privado con lo cual el Estado traiciona su esencia de proteger a la sociedad haciéndola viable.

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