domingo, 31 de octubre de 2010

Ricardo Luque - El problema filosófico de la muerte


El problema filosófico de la muerte

César Ricardo Luque Santana

Si sólo vivimos dos días, no merece la pena emplearlos
en arrastrarnos ante tanto bribón despreciable
Voltaire.

¿Qué es la muerte? Nada sabemos acerca de ella, dijo tajante Sócrates durante su juicio (“Apología de Sócrates”) dando a entender por un lado que no debemos verla como un mal porque no sabemos qué es; y por el otro, que él no temía ser sentenciado a la muerte como finalmente ocurrió. Y lo mismo repite en otro Diálogo, el “Fedón o del Alma” para tranquilizar a sus seguidores y amigos que tratan en vano de persuadirlo para que huya de la cárcel, donde paciente y resignadamente espera su ejecución mediante la cicuta, sólo que aquí, se aventura una teoría sobre la inmortalidad del alma.

Epicuro de Samos (s. IV a. C.) fue más enfático que Sócrates en este asunto pues agregaba que debíamos evitar todo tipo de temores irracionales como el miedo a la muerte o cualquier otra forma de superstición. Epicuro decía que la muerte no existe, porque cuando uno vive, ella está ausente; y cuando ella llega, uno ya no está presente.

La idea de la muerte como algo natural fue en general un pensamiento típico de los pensadores o ilustrados antiguos de Grecia y Roma. Gorgias de Leontini (s. IV a. C.), uno de los más destacados sofistas, en una de sus obras “La Defensa de Palamedes”, personaje de la Ilíada que según Ulises traicionó a Grecia en la guerra contra Troya, trata de rehabilitar la figura de este personaje. En este ejemplo no interesa en sí, la cuestión de si este sujeto fue o no un traidor ni tampoco las argucias retóricas del sofista para resarcirlo, sino su percepción de la muerte que coincide con los demás pensadores ilustrados en tanto la ve como un proceso natural inexorable. Palamedes comienza su defensa ante el jurado popular diciendo que lo que está en juego no es si ha de morir o no, sino si ha de hacerlo con honor o deshonor, pues la naturaleza –remata enfático dirigiéndose al jurado- ya nos ha condenado a muerte a todos.

No obstante esta visión laica o naturalista de la muerte, ha existido también una concepción espiritualista que en la filosofía se ha expresado a través de noción de alma, aunque originariamente ésta procede de la religión y también persiste en ella. La idea de la inmortalidad del alma -y en ocasiones de su transmigración o reencarnación- alude a un deseo de no resignarse a la muerte como un fin absoluto de la existencia personal.

Platón decía que la filosofía es una meditación de la muerte, pero ésta ha sido entendida en sentido de la muerte humana porque sólo en el ser humano la muerte tiene significado. Es decir, sólo el ser humano es consciente de su condición mortal, de ahí que le sea inevitable e indispensable pensar sobre la muerte. Ahora bien, la muerte así concebida, es personal e intransferible, pero aceptar resignadamente su naturaleza ineluctable no es suficiente sino que es necesario dotarle de un sentido o domesticarla.

Las religiones tienden a generar creencias que sirven de consuelo ante la inevitabilidad de la muerte. El cristianismo por ejemplo, sostiene que la verdadera felicidad está en el más allá, siempre y cuando se hayan respetado los preceptos religiosos. Desde luego, esta “prerrogativa” (salvación) ha sido interpretada como una forma de dominio político de las masas que sufren en este “valle de lágrimas” a las cuales se les inculca la mansedumbre prometiéndoles una “mejor vida” en un supuesto paraíso celestial. Independientemente de los usos instrumentales que se pueda dar a la muerte, persiste la necesidad intrínseca de encontrarle sentido, mismo que se genera por el miedo ante la muerte propia y por el dolor ante la muerte ajena de algún ser querido. La noción de la inmortalidad del alma con base en estos últimos criterios, es un intento de limitar la muerte como una mera cesación de la existencia física y también como una negación de nuestra condición de seres mortales. La concepción naturalista de la muerte también admite una especie de “inmortalidad” pero entendida como una prolongación o perpetuación de la vida en función de la especie, es decir, que la muerte del individuo se continúa con la descendencia en la especie, de manera que la naturaleza sobrevive en un ciclo relativamente incesante de vida y muerte.

El miedo a la muerte denota sin embargo la percepción de que ésta es un mal en sí misma y en el fondo es un reconocimiento de que la vida de cada individuo es única e irrepetible, es decir, que si la vida significa el ser, la muerte sería el no ser, la nada. Por eso, la concepción de la muerte que se tenga es al mismo tiempo una concepción de la vida, pues en efecto, la muerte no sólo es algo que nos pasa por ser inevitable e intransferible, sino que asimismo, es algo que nos sobrepasa porque al no saber realmente qué es, queremos averiguarlo, necesitamos saberlo, pues a pesar de no saber qué es la muerte y precisamente por eso, estamos obligados a tratar de encontrarle sentido ya que como dice Martín Heidegger, el hombre es un ser para la muerte, de tal suerte que si no tuviéramos conciencia de la muerte no tendríamos identidad alguna.

El filósofo chileno Diego Fernández H., en un interesante artículo llamado “De otro modo que-(ser-para-la-muerte)” en A Parte Rei, Revista de Filosofía (disponible en Internet), explora de la mano de Heidegger y Manuel Levinas el problema de la muerte pero no como un tránsito del ser al no ser o del ser a la ausencia del ser, sino como una trascendencia dentro de los límites de lo temporal, es decir, no se plantea un más allá metafísico como lo hace el espiritualismo idealista-religioso, pero tampoco acepta el reduccionismo del naturalismo. En este texto se analiza el paso del ser a otro modo de ser, esto es, no de la vida a la muerte, de una existencia efímera a una supuestamente eterna, sino que se propone otro tipo de trascendencia: ¿Cómo pensar de otra manera la alteridad del ser?

La conciencia de la muerte nos lleva a pensar sobre nuestro modo de estar en el mundo, lo que hacemos con nuestra vida, o como decía Sartre, “cada hombre es lo que hace con lo que hicieron con él” para señalar que no tenemos una esencia inmutable sino que somos una construcción o proyección social (la existencia precede a la esencia). El tener conciencia de que vamos a morir, entonces nos convoca a construir un proyecto de vida, a dibujar un horizonte de sentido de nuestra existencia en aras de alcanzar la felicidad, no de una manera egoísta sino en comunión con los demás.

Pensar la muerte es un asunto complejo porque no podemos obviamente tener la experiencia de la muerte constándola en otros ni padeciéndola en uno mismo. En el primer caso, tenemos un contacto con la muerte a través de los otros pero no es todavía la muerte porque no la experimentamos en nosotros mismos, y cuando lo hacemos, no podemos comunicarla. “La muerte, en lugar de dejarse definir por su propio acontecimiento nos afecta por su sinsentido” dice Levinas. En otras palabras, la muerte como tal, cuando a uno le acontece, es incomunicable e impensable, pero en su otredad, en la muerte del otro, si nos da en qué pensar, aunque como dice Levinas, la muerte del otro es un acontecimiento sin lugar. En efecto, como la muerte que puede ser pensada es la del otro y no nuestra propia muerte, ésta es incomprensible.

La alteridad debe ser pensada por lo tanto respecto del otro que al igual que yo existe, es decir, que preguntarse por el sentido de la muerte es realmente preguntarse por el sentido de la vida y más propiamente de la vida social o en comunidad, de nuestra convivencia con el otro. Para Levinas, este horizonte de sentido se funda en la ética a la cual denomina “filosofía primera”. En consecuencia, si la muerte es en sí misma un sinsentido, la vida debería de estar dotada de sentido para que por esa vía la muerte tenga sentido.

domingo, 24 de octubre de 2010

Ricardo Luque - Cerrando filas


Cerrando filas

César Ricardo Luque santana

Exitoso sin duda resultó el encuentro entre dirigentes y militantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD) de Nayarit, en torno a la figura del diputado federal Guadalupe Acosta Naranjo. En dicha reunión, estuvieron presentes también los alcaldes perredistas del norte del estado, a saber, de Acaponeta, Tecuala, Rosamorada y Huajicori. Esta actividad política se realizó el domingo 24 de octubre por la mañana en el Salón “Quinta Nena” de la ciudad de Tepic, el cual se vio completamente abarrotado. Resulta interesante añadir que no hubo acarreos ni refrigerio para los asistentes, sino que prevaleció la austeridad en ese sentido.

Para el perredismo local, este acto político fue muy importante e incluso histórico porque no se recuerda un acto de unidad tan contundente. En efecto, todos los dirigentes de las distintas corrientes de este partido, manifestaron sin ambages su respaldo pleno al diputado Naranjo, mostrando con ello no sólo una actitud de elemental responsabilidad ante la sociedad y el momento histórico, sino reconociendo en él un liderazgo que se ha ganado a pulso, pues creo que nadie le regatea a estas alturas de la vida, la enorme proyección que ha conseguido y sus grandes cualidades de líder. Habla bien también, del grado de madurez alcanzado por los dirigentes de las distintas expresiones del PRD nayarita. De este modo, pudieron hacer a un lado sus divergencias que los venía manteniendo confrontados entre sí durante mucho tiempo causando una grave división entre ellos. En este tenor, Arturo Marmolejo Rivera, uno de sus dirigentes históricos, manifestó que no sólo era necesario hacer a un lado sus diferencias atávicas, sino que también era importante restañar las heridas que éstas les dejaron al paso del tiempo. Las circunstancias donde se combina una alta probabilidad de que la izquierda conquiste el próximo año las instancias del poder público, como el poder ejecutivo y el poder legislativo, a través de una amplia alianza política y de gobierno, así como la necesidad de superar el mal gobierno realizado por Ney González, ameritan para ellos el cierre de filas para lograr esos objetivos, y desde ahí, enarbolar un proyecto distinto al actual, que sólo ha logrado deteriorar el tejido social e hipotecar el futuro de los nayaritas.

La lista de oradores fue larga pero sus discursos emotivos, destacados los pronunciados por los alcaldes perredistas, particularmente por el de Acaponeta, Saulo Lora. Pero sin duda, el discurso más esperado y más aplaudido, fue el de Guadalupe Acosta Naranjo, quien hizo gala de sus cualidades de tribuno, haciendo pronunciamientos políticos muy importantes, mismos que seguramente otras crónicas complementarán a la que aquí se realicen.

Al principio, su alocución fue tranquila, pausada, relatando en grandes trazos su fecunda pero sinuosa trayectoria política de 29 años, desde su etapa estudiantil, después como luchador social, más adelante como representante popular, luego funcionario público, hasta lo que consideró su logro personal más significativo que fue dirigir al partido del sol azteca a nivel nacional, mismo que muchos años atrás, no sólo fundara, sino que tuvo el privilegio junto con Arturo Marmolejo, de figurar entre los 300 convocantes a la iniciativa del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que dio lugar al nacimiento del PRD, el partido de izquierda más importante que ha tenido el país.

Luego de este recuento, enfocó su discurso político a una serie de problemas muy relevantes: aseveró que busca en serio la candidatura del PRD y de una eventual alianza política y de gobierno con otras fuerzas políticas y sociales, y que en modo alguno está dispuesto a participar con las “manos amarradas”, exigiéndole al dirigente estatal de su partido, Rodrigo González Barrios, que convoque a todos los aspirantes internos y externos por el PRD a la candidatura al gobierno del estado de Nayarit, a un debate de ideas para contrastar ante la ciudadanía los proyectos de gobierno de cada uno. No obstante, ratificó lo que ha dicho en otras ocasiones de que de nos ser él, el abanderado del PRD, apoyará sin reservas a quien resulte favorecido por la aceptación ciudadana, y que considera que éstos deben de pronunciarse de igual manera. Huelga decir que el tono de esta parte del discurso fue más enjundioso que al principio, donde las dotes del gran orador que es Naranjo, atraparon la atención del público y desbordó su entusiasmo. Desde el comienzo de su discurso, a diferencia e los que ocurrió con otros oradores que desde luego fueron escuchados con respeto por los asistentes, con Naranjo reinó un silencio muy especial que denotaba una gran expectativa para oír sus pronunciamientos, silencio que luego se convirtió en algarabía y aplausos con cada pronunciamiento relevante. El dominio de la palabra, la ilación coherente de ideas, los cambios apropiados de ritmo y en el tono de su voz, la claridad de exposición, la seguridad de sus afirmaciones y su actitud desafiante ante los retos, mantuvo al auditorio pendiente de cada cosa que decía y de cada explicación que daba, festejándole sus dichos a cada momento.

Insistió en que es la hora de poner sobre la balanza las trayectorias, experiencias y capacidades de todos los aspirantes de cara a la sociedad. Centró sus baterías en criticar al gobierno de Ney González al que consideró un gobierno de ocurrencias y el peor que hemos padecido los nayaritas. Señaló cuatro grandes errores del actual gobernador: primero, el dejar la educación en manos del cacique magisterial Liberato Montenegro lo cual ha traído nefastas consecuencias, asegurando que de ser él el gobernador, le pondrá a éste un freno y convertirá a la educación en todos sus niveles, en la palanca de desarrollo del estado; segundo, la inseguridad pública, donde es evidente que el gobierno de Ney González se mantiene sospechosamente como mero espectador, permitiendo que estén muriendo decenas de personas inocentes, así como jóvenes reclutados por el crimen organizado ante la indiferencia e incompetencia de un gobierno “nini” (sic) que ni trabaja ni resuelve nada; tercero, el abandono del campo porque sólo tiene ojos para la Riviera Nayarit, siendo el campo un gran potencial económico porque en Nayarit dijo, “existe la mejor agua, las mejores tierras y los mejores campesinos”; y cuarto, el tremendo endeudamiento público que va a dejar maniatado al próximo gobierno, advirtiendo a los banqueros que el nuevo gobierno encabezado por él no reconocerá esa deuda porque no la contrajo el pueblo de Nayarit, convocando al mismo tiempo a sus correligionarios a dar la batalla para impedir que se concrete este último endeudamiento.

Hubo otros tópicos que se me escapan de momento o que por las limitaciones de espacio no puedo comentar, sin embargo, puedo añadir que aventuró algunas interesantes propuestas de gobierno para una reforma político-electoral que responda a una auténtica vocación democrática y no a los manoseos oportunistas y facciosos como los que realizó Ney González en contubernio con su mayoría priista, como en los tiempos del Gran Elector, donde los diputados sólo levantaban el dedo para aprobar lo que les indicaba el gobernador, traicionando con ello a sus electores. También esgrimió en grandes líneas su proyecto para reactivar el campo, para impulsar la educación, generar empleos, entre otros.

domingo, 17 de octubre de 2010

Ricardo Luque - ¿Se puede enseñar valores?

¿Se puede enseñar valores?

César Ricardo Luque Santana

Esta pregunta puede parecer ociosa y su respuesta obvia pero no lo son. Hace 2500 años, Platón se hizo esta misma pregunta abordándola en varios de sus Diálogos, entre ellos, el “Menón o de la Virtud”. Hoy esta inquietud sigue teniendo vigencia y la respuesta que Platón aportó en su momento sigue siendo pertinente. Sin embargo, algún apresurado podría decir que no sólo es posible enseñar valores morales, sino que además, es algo deseable y necesario, toda vez que estamos padeciendo una grave erosión en las relaciones humanas, manifestada particularmente, en una crisis de inseguridad pública intolerable.

Quienes aducen que la ola de crímenes que nos agobian, que la crisis educativa patentizada en resultados desastrosos que nos indican un claro fracaso educativo en todos los niveles, la permanente crisis económica y otros males sociales que nos aquejan, son producto de la falta de valores en los que vive nuestra sociedad, sólo dan cuenta de los hechos pero no los explican, porque parten de una visión subjetivista que hace omisión de las deterioradas condiciones sociales, económicas y políticas que propician o se vuelven caldo de cultivo para que emerjan este tipo de problemáticas. Desde luego que una postura objetivista sería igualmente errónea, porque en efecto, una sociedad, una familia o un individuo, pueden gozar de ventajas materiales y sin embargo actuar con miseria moral. No obstante, la equidad o la justicia social, una buena educación, un Estado de Derecho verdadero, entre otros factores de este tipo, pueden abonar favorablemente a construir una convivencia social más sana y pacífica.

Kant decía que los seres humanos somos socialmente insociables y que la vida en sociedad a través de normas morales, de cortesía y jurídicas, son convencionales, pero gracias a ellas se hace viable la vida en comunidad. Las normas morales sin embargo, tienen un carácter de convicción personal porque apelan a nuestro fuero interno, a nuestro convencimiento racional; mientras que las leyes son disposiciones legales que tienen un carácter coercitivo o punitivo. En esa misma línea de pensamiento, Sigmund Freud, sostenía en “El malestar de la cultura”, que la civilización es una sublimación de los instintos. La cultura en este sentido constituye para los humanos una “segunda naturaleza”, y por ello, Kant y los ilustrados de su época, entendían por cultura todo lo que no es naturaleza externa o todo lo que es artificial. Las relaciones sociales son por tanto cultura porque son una construcción social e histórica, lo mismo que la moralidad, los artefactos, etc. Incluso si nos remontamos a los primeros grupos humanos que todavía no tenían leyes escritas, es lógico pensar que eran ciertos valores morales como la solidaridad, la lealtad al grupo, etc., lo que permitía su cohesión para perpetuar su existencia.

Posteriormente a esta temprana etapa de los grupos humanos, con la aparición de la propiedad privada, surge según Federico Engels, la familia monogámica y el Estado como garantes de la propiedad privada. El Estado presupone leyes escritas, castigos, fuerza pública, etc. Pero esta incorporación coercitiva a la normativa moral originaria, no sólo no es un mero complemento o reforzamiento externo a ésta, ni mucho menos su sucedáneo. La verdadera civilidad descansa más en los valores que en las imposiciones, en la moral que en la ley, de manera que la formación en valores de una sociedad debería de ser algo que esté fuera de duda. En algunas comunidades indígenas, la palabra empeñada es valiosa en sí misma, lo que no ocurre en las sociedades complejas. Asimismo, la mera prosperidad económica o una mayor equidad social, no garantiza en sí misma una convivencia sana, sino que se necesita invariablemente de un sustento ético, pues el sólo éxito material sin un soporte espiritual de corte moral y laico, es insuficiente.

Volviendo a Platón, en el "Menón"discute con éste si la virtud puede ser enseñada, planteándose primero la necesidad de definir qué es la virtud. Si bien no se da una definición explícita de ésta, se da por sentado que existe porque existen personas que el pueblo toma por seres virtuosos, como Pericles, los sofistas y otros (aunque Sócrates y Platón los consideran impostores porque para ellos sólo el filósofo es un ser auténtico ya que es el único que busca la verdad y trata de ser consecuente con ella en su modo de vivir). No obstante, suponiendo sin conceder como dicen los abogados que haya referentes humanos como los que consideraba el pueblo ateniense, éstos determinan parcialmente la existencia de la virtud; pero por otro lado, desde la perspectiva platónica, la virtud es un ideal, un arquetipo a alcanzar. La virtud en este contexto, es sinónimo de excelencia o perfeccionamiento intelectual y moral, es decir, un conjunto de cualidades de índole espiritual (laico). Cultivar la razón y vivir conforme a ella es la clave. Los griegos distinguían entre la sofrosine o sabiduría y la hybris o la violencia. La primera lleva a la prudencia y se rige por la razón; la segunda es impulsiva porque se deja llevar por las pasiones y las emociones.

Platón en boca de Sócrates, argumenta que no hay una ciencia de la virtud ni por consiguiente nadie que la posea, es decir, para él la virtud o los valores no se pueden enseñar, pero si se pueden y se deben aprender. Esta conclusión parece desconcertante pero significa que el aprendizaje de los valores no es una cuestión de lecciones, teorías o propaganda, sino de vivencias y congruencia. Por ello, cuando en la “Séptima Carta”, Platón le dice a Dionisio “el joven” que su filosofía no está en los libros, le está queriendo decir que la filosofía no sólo es un modo de razonar ni un mero oficio, sino ante todo un modo de vida, pues buscar la verdad implica ser consecuente con ella en la vida cotidiana, al grado de que en un momento dado, como decía Sócrates, “es preferible padecer el mal que cometerlo”.

Desde esta perspectiva, la enseñanza de los valores, o mejor dicho su aprendizaje, implica que debe haber una congruencia para que sean asimilados por la sociedad. De poco sirve tejer discursos contra la corrupción –por poner un ejemplo-, de crear instancias que supuestamente la impedirían, la inhibirían o la atajarían, cuando en el imaginario colectivo, ésta es una realidad insoslayable que aceita los mecanismos de funcionamiento del gobierno y la sociedad, involucrando a autoridades, empresarios, académicos, ciudadanos comunes y otros. De poco sirve mandar un mensaje teórico o prescriptivo, cuando se envía al mismo tiempo pero de manera más contundente otro mensaje en sentido contrario. ¿De qué sirve llenarse la boca de democracia cuando todos perciben que vivimos bajo una plutocracia? Esto no significa que haya de aceptar el estado de cosas existente desdeñando la ética, sino que hay que trabajar para crear las condiciones para qué ésta florezca. Las posturas que escudándose en un supuesto realismo renuncian a transformar la sociedad predicando su adaptación pragmática y oportunista a través de discursos o teorías falaces, sólo “contribuyen” al empeoramiento del ya de por sí deteriorado tejido social, y son en los hechos unos cínicos que como decía Oscar Wilde, conocen el precio de todo y el valor de nada.

Hace 2 años, el 14 de diciembre de 2008 para ser exactos, escribí en este mismo blog un artículo llamado “Vivir con valores”, donde abordé este mismo asunto para criticar la hipocresía de la clase política dominante, que insiste en infundir valores al mismo tiempo que son ellos los obstruye sus condiciones de posibilidad.

domingo, 10 de octubre de 2010

Ricardo Luque - La metodología filosófica de Kant


LA METODOLOGÍA FILOSÓFICA DE KANT

César Ricardo Luque Santana

El siguiente escrito acerca del método filosófico según Kant -filósofo alemán del siglo XVIII-, está extraído de su libro “Tratado de Lógica”.

Para Kant, el entendimiento es la facultad de pensar y de concebir reglas en general. Hay reglas generales y contingentes. Las primeras son a priori o independientes de toda experiencia, es decir, necesarias; las segundas se refieren a objetos específicos (matemáticas, metafísica, moral, etc.). Las reglas generales son formales o lógicas y las contingentes son materiales o de contenido.

La lógica es para él la propedéutica de toda función intelectual. No es asumida a la manera de Aristóteles como instrumento (“organum”), excepto cuando sirve para rectificar o criticar el conocimiento. En este sentido, la lógica es una ciencia racional del entendimiento y la razón en cuanto a la forma y también en cuanto al fondo.

Distingue entre pensamiento analítico que descompone el todo en sus partes y la dialéctica que identifica como retórica o como lógica de la apariencia.

Dice Kant que se puede aprender filosofía sin saber filosofar, pero si se quiere ser filósofo es necesario atreverse a pensar (“sapere aude”), a usar la razón libremente para filosofar (pensar) en vez de simplemente imitar o repetir mecánicamente las cosas.

La filosofía es un conocimiento racional por medio de simples ideas (conocimiento a priori o teórico)

La filosofía realiza cuatro preguntas fundamentales: 1 ¿qué puedo saber?, 2 ¿qué debo hacer?, 3 ¿qué se necesita esperar? y 4 ¿qué es el hombre? La metafísica, la moral, la religión y la antropología responden respectivamente a esas preguntas. Esto significa que la filosofía debe determinar: “1º Las fuentes del saber humano, 2º Los límites del uso posible y útil de toda ciencia y 3º los límites de la razón.” (19)

Dice Kant que para ser filósofo se deben tener dos cualidades esenciales: primero tener talento y capacidad unidos, y segundo, la habilidad en el empleo de los medios para alcanzar ciertos fines. Añade que la obtención de conocimientos debe estar “iluminada por los fines supremos de la razón humana” (19)

Para ser filósofo hay que filosofar, y para ello hay que ejercitar en el uso de la propia razón. “Todo pensador filósofo funda su obra sobre las ruinas de otro; nunca ha habido una obra de tal solidez que no pueda ser atacada en algunas de sus partes.” (20) la filosofía no es algo acabado por lo que no se debe aprender filosofía sino a filosofar. Cualquier conocimiento de un sistema filosófico es necesariamente un conocimiento histórico. “Quien quiera aprender a filosofar no debe considerar los sistemas filosóficos más que como historias del ejercicio de la razón, y como objetos propios para adornar un talento filosófico.” (20)

“El verdadero filósofo, como libre pensador, debe usar propia e independientemente su razón y no emplearla de manera servil.” (20)

Dice Kant que “en general, los matemáticos han precedido a la filosofía” (23). Del mismo modo que la poesía es anterior a la prosa. Curiosamente, “Ferécides, un pitagórico, pasa por haber sido el primero que escribió en prosa.” (23)

Dice Kant que la filosofía ha salido ganando con los avances de las ciencias naturales y las matemáticas, sin embargo, no deriva este reconocimiento en un rechazo a la metafísica sino que dice contra aquellos que desprecian “las investigaciones metafísicas como vanas sutilezas” (29) que la metafísica es la auténtica filosofía. Añade que nuestro siglo (XVIII) es el siglo de la crítica.

Resulta interesante también la crítica que Kant hace de la aseveración wolffiana de que toda representación oscura es confusa, pues parece pretender curarse en salud por lo denso de su pensamiento filosófico. Para él, lo opuesto a la confusión no es la claridad sino el orden. Si la claridad es un efecto del orden y la oscuridad del desorden, todo conocimiento confuso es oscuro pero no a la inversa. En los conocimientos simples no hay orden ni desorden, ni confusión real o posible. Las representaciones simples no son claras no porque sean confusas sino porque no contienen variedad de elementos. De este modo, cuando no son claras son oscuras pero no confusas. En las representaciones compuestas que contienen una diversidad de elementos, la oscuridad no viene de la confusión sino de la fragilidad de la conciencia (32) Una cosa puede ser clara en cuanto a la forma (conciencia de su diversidad) pero oscura en su contenido o materia en cuanto que el grado de conciencia disminuye. Tal es el caso de las representaciones abstractas.

Para Kant, los conocimientos intuitivos son relativos a la estética, mientras los discursivos son de orden lógico. De esto deriva dos facultades: de la sensibilidad y del entendimiento. Los juicios a priori sólo son posibles respecto a las nociones. Sin embargo, más adelante habla de la “perfección formal estética” (36) que nos permitiría hablar de “leyes de la intuición” o de la “esencia o universalidad de lo bello” (36).

Enseguida habla de los limites del conocimiento humano en un doble aspecto: uno en cuanto la humanidad que como tal tiene que circunscribir sus conocimientos a su propia naturaleza humana; dos en cuanto a los individuos tomados en sí mismos cuya esfera del conocimiento está determinada por sus propias facultades.

En este sentido, dice que no se debe pretender abarcar demasiado ni tampoco caer en el otro extremo de acotarse demasiado. Tampoco hay que desdeñar conocimientos que falsamente se juzgan de no pertinentes. Tal es el caso de los filósofos que desprecian la historia. Menciona también la necesidad de estar concientes de nuestra ignorancia a la manera de Sócrates.

Considera necesario mejorar los conocimientos ampliándolos y profundizándolos (extensidad e intensidad). Agrega que no debemos confundir los conocimientos importantes con los difíciles. Un conocimiento puede ser difícil de adquirir y no ser importante y a la inversa. Agrega que “un conocimiento sin consecuencias importantes es una ciencia vacía (brübulei).” Tal era el caso de la filosofía escolástica.

Finalmente, hay que señalar que la dificultad de entender el pensamiento de Kant estriba en gran medida en lo complejo y denso de su lenguaje filosófico. Esto se debe a que Kant incorpora muchos neologismos filosóficos y resignifica conceptos que cambia en el sentido de las cosas. Como ejemplo de esto último están los conceptos de “metafísica” y de “estética”. En el primero rechaza la noción tradicional elaborada por la escolástica dándole un nuevo significado; en el segundo se aparta de la noción de Baumgarten quien entiende la estética como teoría de la sensibilidad ligada al goce de los sentidos respecto de una obra artística, mientras que Kant la lleva al plano de la teoría del conocimiento.

Nota: Kant, Manuel, 1981, Tratado de Lógica. Curso elemental para servir de Introducción al estudio de la Filosofía, México, Editora Nacional.

domingo, 3 de octubre de 2010

Ricardo Luque - La prominencia del mal

La prominencia del mal

César Ricardo Luque Santana

El estudio sobre el bien y el mal es un problema central en la filosofía siendo estudiado por ella a través de la ética. Ello se debe a que la moral y lo inmoral son privativos del hombre, mientras que el resto de los seres animales son amorales. Por ello, Aristóteles decía que el ser humano es capaz al mismo tiempo de las acciones más sublimes y más brutales, de hacer el bien y de hacer el mal, aseveración que podemos constatar a lo largo de la historia, particularmente en lo relativo a la maldad, asunto que abordaré líneas más adelante.

Continuando con Aristóteles, él decía además que la responsabilidad de un individuo (o de una institución o colectividad) por sus acciones o conducta, existe o es imputable desde el momento en que se demuestra que tienen capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Por ejemplo, durante los juicios de Nuremberg donde se juzgó a mandos altos y medios de los nazis por los crímenes de guerra cometidos por ellos durante la Segunda Guerra Mundial, no les valió como argumento de defensa que hubieran aducido haber cumplido con “órdenes superiores” como un intento para eximirse de su responsabilidad personal, precisamente porque eran conscientes de la diferencia entre el bien y el mal.

Para Platón, nadie es malo voluntariamente pues el mal es producto de la ignorancia. Según él, todos aspiramos al bien o lo bueno, pero a veces éste es confundido con los placeres corporales, la riqueza o los honores. La auténtica felicidad en cambio –según su perspectiva- consiste en cultivar la virtud, lo que significa que la verdadera felicidad es de carácter espiritual. Ahora bien, a la virtud se llega mediante el conocimiento, buscando la verdad y siendo congruente con ella. La vida intelectual está ligada a un comportamiento regido por la verdad, porque quien obedece a la razón puede controlar sus instintos, impulsos y apetencias.

Platón concibe al hombre como dotado de alma, la cual es sinónimo de vida pues es lo que anima al cuerpo. El alma la divide en tres partes: la razón, las emociones y los placeres. La parte principal del alma es la razón, la cual permite al hombre acercase a la divinidad, de ahí que el alma en este sentido sea identificada con la mente. El alma es concebida entonces como un puente entre el mundo de las ideas y el mundo sensible. El primero constituye la realidad suprasensible; la segunda es copia o imitación de la primera, por ello, si bien su idealismo es una evasión del mundo en la medida en que la meta es alcanzar una perfección o ideal, no significa una renuncia al mundo material, no sólo porque éste es una copia del mundo ideal y por tanto contiene algo de él, sino porque la persona puede alcanzar cierto estado de perfección aún dentro de los límites de su mortalidad. Es como poder tener un pedazo de paraíso celestial en la vida terrenal, por decirlo en un lenguaje religioso.

Resulta interesante también el tratamiento que San Agustín (s. IV a. C.) le dio al bien y el mal desde la perspectiva del cristianismo. Es sabido que él se convirtió al cristianismo a partir del planteamiento de Platón donde se considerar al mal como una privación del bien, lo que significa de entrada que el bien es absoluto mientras que el mal es relativo. Esta interpretación le permitió a san Agustín justificar la existencia del mal eximiendo a Dios de toda responsabilidad. De este modo, salió al paso a los detractores del cristianismo que planteaban como contradictoria la creación del mundo por Dios en el sentido de que si éste era perfecto, cómo podría explicarse el mal, esto es, cómo un Ser perfecto podría crear algo imperfecto. Siendo el mal una privación del bien y por ende un comportamiento con un valor relativo, la creación divina estaba a salvo, además de que mediante el libre albedrío, el hombre podría escoger entre el bien y el mal. Dicho de otro modo, no tendría sentido hacer el bien donde todos fueran buenos, pues ser honrado donde todos los son no es meritorio, pero si es digno de encomio donde lo que prevalece es la corrupción. Hacer el bien, según estos preceptos religiosos, no es sin embargo algo valioso en sí mismo porque está en función de una recompensa espiritual futura. En efecto, se predica a los adeptos del cristianismo que el mundo es un valle de lágrimas y que la verdadera felicidad está en el paraíso celestial. Todos son iguales a los ojos de Dios, pero a los pobres se les inculca la mansedumbre, aceptar la injusticia, con la esperanza de una recompensa eterna de ultratumba.

Pese a estos discursos, la prominencia del mal ha sido superior al bien indudablemente. Las atrocidades cometidas por unos seres humanos en contra sus semejantes, son una constante que nos ha acompañado a lo largo de la historia y que no ha sido superado con los avances de la civilización, pues el progreso científico y tecnológico no se ha traducido en un progreso moral de la humanidad, ni tampoco ha llevado a una equidad social que es la base de la justicia y que seguramente reduciría la maldad a su mínima expresión.

Así, no obstante los avances en materia de derechos humanos del presente, particularmente en el plano de la conciencia del imaginario colectivo, seguimos a estas alturas de la historia atestiguando crímenes de lesa humanidad que por desgracia suelen ser cometidos principalmente por determinados Estados quienes son los principales violadores de los derechos humanos, ya que su capacidad de hacer daño a los demás, es mayor que la de cualquier grupo de delincuentes o maleantes individuales.

La reciente denuncia sobre los monstruosos experimentos realizados por el gobierno de los Estados Unidos en complicidad con el gobierno de Guatemala a mediados de los años 40, es una muestra de la maldad de un gobierno, que para este caso no nos resulta sorprendente aunque si indignante. De hecho, se pueden mencionar muchas otras actividades ilícitas e inmorales cometidas en diversas ocasiones por el imperialismo estadounidense (que se jacta de ser el país más democrático, libre y respetuoso de los derechos humanos), contra otros pueblos del mundo. Sin embargo es importante recoger primero brevemente lo que pasó en Guatemala para poner las cosas en perspectiva.

La investigadora estadounidense Susan M. Reverby -especialista en historia de la medicina- fue quien realizó la denuncia como parte de sus hallazgos, los cuales revelan que hubo una investigación auspiciada por el gobierno de los Estados Unidos donde se expuso como conejillos de indias a diversas personas, entre prisioneros comunes, enfermos mentales y otros, a contraer sífilis y gonorrea con el propósito de estudiar los efectos de la penicilina y otras curas alternativas en estas enfermedades. La estrategia consistió en enviar prostitutas infectadas para que contagiaran a los presos mediante las relaciones sexuales, llegando Incluso a contagiar deliberadamente a prostitutas sanas colocándoles la bacteria en el cuello uterino. El resultado fue de miles de inocentes sacrificados sin justificación alguna.

La Agencia de Inteligencia Americana –mejor conocida por sus siglas como la CIA- ha utilizado muchas veces este tipo de prácticas para propósitos siniestros. Naomi Klein, investigadora canadiense, mediante su obra “La doctrina del shock” y a través de otros estudios similares, ha documentado en forma objetiva los métodos perversos que en diversos momentos de la historia esta instancia de espionaje y de terrorismo del gobierno estadounidense ha empleado para someter o dañar a sus enemigos, desde experimentos psiquiátricos contra disidentes o ciudadanos inocentes, hasta el empleo de armas bacteriológicas, sin dejar de lado sus conocidos pactos con gánsteres y otros criminales para socavar gobiernos legítimos de otras naciones, como ocurrió en Nicaragua, donde a mediados de los años 80 se financió con la ilegal venta de armas a Irán –entonces en guerra contra Irak- a la contrarrevolución, y de forma perecida ha actuado contra otros países latinoamericanos y de otras latitudes para someterlos y robarles sus recursos naturales como ha sucedió recientemente con la invasión a Irak. Hay que recordar entre esas atrocidades, el uso de un gas letal llamado “agente naranja” contra el Vietcong, la población civil y los ecosistemas de Vietnam, así como los daños con químicos y plagas a la agricultura cubana durante los primeros años de la Revolución, sin obviar otras actividades abiertamente terroristas harto conocidas.
La prominencia del mal sobre el bien ha sido la constante de toda la historia hasta nuestros días, patentizándose en crímenes de todo tipo, algunos en gran escala como las matanzas en masa de población civil inerme, otros aparentemente menos graves pero igualmente dañinos como la corrupción y la impunidad que lacera a nuestras sociedades, y otros menores y aislados de psicópatas y delincuentes comunes, etc. Los casos de maldad son tantos y tan diversos que es prácticamente muy difícil hacer un inventario: pederastia, trata de personas, tráfico de drogas, secuestros, robos, tortura, peculado, extorsión, abusos, injusticia, manipulación, etc.

No basta desde luego constatar la prominencia de la maldad como un hecho indubitable, sino que es necesario explicar sus causas, siendo la injusticia social la principal de ellas. No es casual que la mayoría de las teorías políticas se fundamenten en una antropología negativa del hombre, aunque personalmente no comparto la tesis de que el hombre sea malo (o bueno) por naturaleza, sino que la maldad es en gran medida una construcción social y por tanto hay que verla como una condición socio-histórica y no como una fatalidad.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Ricardo Luque - La investigación y el Internet

La investigación y el Internet

César Ricardo Luque Santana

Aunque el uso de la computadora y del Internet parece la cosa más normal del mundo para las generaciones que han crecido en la llamada era de la “supercarretera de la información”, hace apenas una tres décadas, los que fuimos a la universidad más o menos hasta mediados de los 80, teníamos que hacer nuestros trabajos escolares en máquinas de escribir, y quienes no teníamos la suficiente habilidad para la mecanografía, cometíamos errores frecuentes por lo que había que estar usando constantemente el corrector. Ya se podrán imaginar los jóvenes estudiantes de ahora, el suplicio que significaba hacer y rehacer un documento, pues cualquier corrección de algunos párrafos, alteraba el documento en su conjunto moviendo todo el paginado, lo que implicaba volver a escribir todo de nuevo. Actualmente, la computadora a través de los procesadores de texto y de otros programas paralelos o complementarios, nos salva de este tipo de problemas y nos ofrecen ventajas de edición de todo tipo otrora inimaginables.

En mis clases en la Universidad, que a veces me sirven de insumos para mis escritos como en esta ocasión, estuvimos discutiendo en la asignatura de Metodología de la Investigación Filosófica sobre las diversas fuentes de consulta, a saber, libros, revistas, periódicos, memorias y otras, destacando las facilidades que la computadora y el Internet ofrecen para la investigación. En el primer caso, la computadora es una herramienta portentosa en muchos sentidos: podemos almacenar la información, nos ayuda en cierto modo con la ortografía, en la presentación del documento, nos facilita el paginado el cual podemos cambiar automáticamente cada que sea necesario, podemos borrar, copiar y pegar partes del texto, incorporar imágenes, fotos o viñetas, salvar distintas versiones de un escrito, entre otras posibilidades. El Internet por su lado, nos permite no sólo acceder a muchas fuentes de información más allá de las tradicionales, sino también a mantenernos mejor comunicados con quien queramos para tener interlocución de manera indirecta a través de los correos electrónicos o directamente mediante los chats, o en formas mixtas a través del intercambio de mensajes dentro de un grupo de trabajo, un foro de discusión o en alguna de las redes sociales.

En cuanto al acceso a fuentes de consulta en el Internet, podemos hacernos de libros en formato digital o podemos leerlos en línea. Podemos acceder a muchas revistas especializadas, a páginas Web, blogs, foros de discusión, etc. Sin embargo, la lectura de textos en la pantalla de la computadora es -al menos para mí- una actividad extenuante. Los dispositivos para leer libros electrónicos (los cuales todavía no llegan al mercado mexicano), prometen facilitar la lectura emulando lo más posible al texto impreso, el cual a mi me parece más cómodo por varias razones, principalmente porque los puedo subrayar (excepto, claro está, los que uno consulta en las bibliotecas públicas o los libros prestados).

Existen muchos sitios en Internet donde se pueden bajar libros en forma gratuita, lo cual es maravilloso cuando no se dispone del texto impreso. Hay también muchos libros interesantes en esos sitios que uno no encuentra ni en las bibliotecas ni en las librerías. Sin embargo, un recurso menos usado son las bibliotecas virtuales de universidades y otras instituciones académicas a las que se puede acceder a través de permisos especiales, los cuales no sólo permiten la consulta en línea, sino incluyen la posibilidad de bajar una cantidad determinada de documentos. En este último caso, estudiantes y profesores pueden aprovechar este recurso a través de sus propias instituciones las cuales pagan por esos servicios. En este tipo de bibliotecas virtuales, no sólo se encuentran disponibles investigaciones de académicos de alto nivel, sino también artículos y ensayos en revistas, ponencias en memorias de congresos, tesis de grado y posgrado, etc. Respecto a estas últimos, hay sitios de universidades donde los trabajos de tesis son públicos, lo cual debería ser algo generalizado, pues no sólo se transparenta la calidad académica a través de estos productos, sino que un egresado de licenciatura (o posgrado) que desea hacer una tesis, no sólo dispondría de una forma accesible para buscar antecedentes para su tema de investigación, sino que le permitiría tener algunos parámetros de referencia de un nivel parecido al suyo.

Resultaría muy extenso inventariar y describir toda la gama de posibilidades que ofrece el Internet para diversificar las fuentes de consulta, pero también es necesario entender que si bien es un medio que amplía nuestras opciones, debemos asimismo tener en cuenta sus limitaciones y riesgos. Debemos identificar los buenos sitios y los buenos autores, entender que por ejemplo, algunos documentales o podcats (audios y/o videos) son versiones de divulgación, que hay algunos libros escaneados que omiten algunos datos de edición necesarios para ponerlos en las referencias bibliográficas, entre otros puntos de este tipo a considerar. Sin embargo, el libro impreso o en papel, sigue siendo el preferido para la consulta en un trabajo de investigación, incluso entre los jóvenes, mientras que la computadora y el Internet, son herramientas extraordinarias que pueden potenciar el trabajo intelectual si se les toma como lo que son, unos medios y no unos fines en sí mismos, porque también pueden ser distractores que perjudiquen la actividad intelectual si se abusa de ellas al pasar más tiempo navegando sin ton ni son, jugando, intercambiando frivolidades, etc.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Ricardo Luque - Hasta siempre, Maestro Juan José

Hasta Siempre, Maestro Juan José

César Ricardo Luque Santana

Hoy lunes 20 de septiembre de 2010, alrededor de las cinco y media de la tarde, luego de haber concluido mis labores docentes, me dirigí al Café Diligencias a disfrutar un café antes de irme a casa. Apenas me había sentado cuando vi un anuncio en la pared que daba cuenta del fallecimiento de mi amigo Juan José Ley Mitre. Si bien la noticia no me causó sorpresa porque todos los que lo tratábamos sabíamos que su salud se había deteriorado severamente, lamenté no haberlo visitado en su casa recientemente, pues las últimas dos o tres semana me vi abrumado por mis actividades académicas y personales.

Mi relación con el Maestro Ley fue breve pero intensa. A finales de octubre del 2008 comencé a colaborar con él en su revista “El Vocero del Norte”, una de las publicaciones más longevas de Nayarit. La larga existencia de casi 50 años de esta revista de análisis político (que ojalá siga adelante), retrata de alguna manera su espíritu de perseverancia y de compromiso a favor de la verdad y de las mejores causas del pueblo, cualidades difíciles de encontrar en un medio habitualmente cooptado y envilecido por el poder político. Mi amistad con el Maestro Ley, que se dio en el Café Diligencias hace cuatro o cinco años, se intensificó a partir de mi integración con él como colaborador de su revista. Me agradaba ir al Diligencias a la hora que él solía asistir para disfrutar su plática. Él me decía gustoso que coincidíamos mucho en nuestros puntos de vista, lo cual era cierto. Me hubiera gustado haberlo conocido antes, pues, pese a la diferencia de edades, no había entre nosotros propiamente un “abismo generacional” ni de ningún otro tipo.

Al Maestro Ley lo conocí siendo él un hombre de edad avanzada, sin embargo, siempre fue muy lúcido mentalmente, al grado de que no dejó de escribir nunca su columna “Voces Políticas”. En sus escritos y sus charlas ponía siempre la razón y sus convicciones por delante. Cuando defendía un punto de vista o renegaba de los caciques y de los malos políticos, la pasión lo desbordaba. Era un hombre de una sola pieza, sin dobleces; no hacía concesiones cuando creía que tenía la razón, pero también sabía escuchar a los demás. Sus conocimientos como profesor de literatura se notaban en su pulcra manera de comunicar sus ideas por escrito y en forma verbal
.
Curiosamente, esta semana no había elaborado mi escrito acostumbrado para publicarlo en su revista y en otros medios donde colaboro habitualmente, y de hecho había decidido no hacerlo en esta ocasión, no obstante que había escrito un pequeño ensayo sobre la poesía desde la perspectiva de Heidegger, pero que resultaba muy extenso como para publicarlo en los medios impresos, además de que lo hice sólo como un acercamiento personal al tema, a raíz de algunas lecturas que sobre este tópico había realizado durante el “puente” del Bicentenario.

Que descanses en paz amigo Juan José, te agradezco por haberme honrado con tu amistad y por haberme invitado a colaborar a tu revista. Sólo te nos has adelantada en el camino, frase que no por trillada es menos cierta. Te recordaré siempre con cariño, Maestro, por tu generosidad, por tu decencia, por la firmeza en tus convicciones, por el amor que le profesaste a este país. Estoy seguro de que quienes tuvieron el privilegio de conocerte y/o amistarte, independientemente de las diferencias que hayan tenido contigo, reconocerán siempre tu entereza, tu integridad y tus capacidades tanto como maestro, como periodista y como persona.

Finalmente, le mando un abrazo solidario a su familia deseándoles que encuentren pronta resignación.