domingo, 25 de enero de 2009

Los atavismos del catolicismo

Los atavismos del catolicismo

César Ricardo Luque Santana

"No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad."
Aristóteles

El investigador y divulgador de la ciencia Javier Flores pregunta en su colaboración del día 20 de enero del presente año en el periódico La Jornada, cuál es el propósito que persigue la Iglesia católica con su empecinamiento de proponer y de querer imponer un solo modelo de familia, es decir, ¿qué ganan con ello? Él dice que no tiene una respuesta propia al respecto y que las ya conocidas como las referidas al inveterado interés de la Iglesia por el control de la sexualidad y por el control político mediatizador le resultan insatisfactorias. A continuación, retomaré algunos de sus planteamientos para tratar de aportar algunos elementos a esta interesante cuestión.

En términos de mera propuesta, desde luego que los católicos tradicionalistas tienen derecho a defender un modelo de familia específico, pero el problema es su empecinamiento por querer imponerlo a todos sin excepción. En el primer caso, sostienen que tal es la voluntad de Dios; mientras que en el segundo, consideran que es el más conveniente para la sociedad. Pero, ¿cuál es concreto ese modelo de familia que defiende el Vaticano? La familia nuclear heterosexual de tipo paternalista, es decir, de papá proveedor y mamá ama de casa e hijos en la escuela. Sin embargo este tipo de familia tiende a disminuir de manera drástica por factores diversos. De hecho aceptan a regañadientes que la mujer también tenga un trabajo como el hombre, pero aún le asignan una doble jornada laboral porque su empleo o autoempleo que le permite obtener un percepción económica, no la exime de “su” responsabilidad de atender el hogar, es decir, de cuidar a los hijos y cargar de manera principal con los quehaceres domésticos.

Sin embargo, antes del cristianismo y posterior a su surgimiento, la humanidad ha conocido muchas formas de organización familiar, lo que haría inútil querer forzar a todos o a la mayoría a ceñirse a un sólo modelo, de ahí que la pregunta de Javier Flores sea pertinente, pues si comparamos su otra bandera de lucha permanente que es querer intervenir en la educación pública incrustando la religión (la suya por supuesto), se puede saber a ciencia cierta la ganancia que les representa, la cual consiste en apoderarse de las mentes infantiles para su causa. Las consecuencias de la intromisión de la religión –sea la que sea- en la educación pública, significa de entrada la supresión de la libertad de pensamiento entre otros efectos negativos para la ciencia y la vida democrática.

El asunto es que con este tipo de presiones políticas que la Iglesia católica ejerce en las sociedades donde el catolicismo es numéricamente importante (particularmente en aquellas donde hay gobiernos de derecha proclives a él), muestra como está anclada en intereses estrictamente terrenales aunque lo disfracen de empresas espirituales, pues queda claro que la evangelización es asumida por ellos con intenciones de dominio político. De ahí a que como se dijo en el artículo anterior muestren en estos puntos una actitud irredenta hacia el Estado laico.

Javier Flores alude como un posible motivo el intento de controlar la sexualidad de las personas, pues es evidente que sus posturas en aspectos de esta naturaleza son similares, por ejemplo: su rechazo al uso del condón, de los métodos anticonceptivos vía fármacos, contra el aborto, etc., promoviendo al mismo tiempo la castidad y la abstinencia sexual. La condena al placer sexual es una constante del pensamiento conservador, por ello consideran que las relaciones sexuales sólo son válidas dentro del matrimonio o hacen énfasis en el aspecto reproductivo de las mismas. Todos estos planteamientos son refutables tanto científica como moralmente, porque por ejemplo, se dicen defensores de la vida (en abstracto) al oponerse al aborto o interrupción del embarazo (también con posturas absolutistas), pero se contradicen cuando condenan la inseminación artificial no obstante que mediante ella se trae vida. Sin embargo, alguien podría objetarme diciendo que defienden una postura “naturalista”, pero si ello es así, tendrían que condenar a las ciencias de la salud a las cuales seguramente recurren cuando les es necesario.

En este punto recordemos que su oposición a la eutanasia es también contradictoria, pues se oponen a que una persona desahuciada tenga una muerte asistida que le evite un sufrimiento físico prolongandolo innecesariamente, sin reparar que en esas condiciones (por ejemplo con vida vegetativa), la vida no es propiamente vida. La contradicción consiste en que se oponen a poner fin al sufrimiento de una persona desahuciada utilizando medios artificiales para provocarle una muerte digna, pero obligan paradójicamente a que se le mantenga artificialmente con vida conectada a mangueras por todos lados. A lo que voy es que en un animo purista, los curas que defienden posiciones dizque muy tradicionalistas, no dejan de recurrir y de beneficiarse de la ciencia cuantas veces les es necesario. En otras palabras, su absolutismo paradójicamente es muy relativo pues lo aplican de manera focalizada y a conveniencia

Volviendo al quid de la cuestión en lo que respecta a la respuesta de tipo político, se dice que la Iglesia quiere mediante este tipo de postura perpetuar su poder, pero señala que tampoco ella le convence. En lo personal comparto esta insatisfacción porque es obvio que con sus posturas retrogradas están lejos de afianzar poder. Lo lógico es que con tantas prohibiciones absurdas tiendan a perderlo. En este sentido, se antoja que la estrategia política más adecuada para sobrevivir sería decantarse por un rediseño institucional en vez de aferrarse a atavismos anacrónicos.

Mi opinión es que la Iglesia siempre ha sido muy terrenal y no puede verse a sí misma sin sus vínculos con el poder económico y político, particularmente aquel que le es ideológicamente afín. Creo que el conservadurismo del Vaticano ha sido un complemento político del neoliberalismo económico, retomado en consecuencia su original y tradicional vocación pastoral de predicar la mansedumbre en los desposeídos para tratar de inmovilizarlos políticamente, exactamente al contrario de lo que intentó en su momento la Teología de la Liberación que manifestó una preferencia militante por los más pobres. Creo que el clero conservador hegemónico desde Juan Pablo II se quedó en la inercia de su complicidad con los neoliberales y ambos se resisten a reconocer que están equivocados.

En consecuencia, para responder a la pregunta de Javier Flores no encuentro otro criterio que hacer una lectura estrictamente política porque la Iglesia es y ha sido una institución esencialmente política. Desde esa perspectiva supongo que el clero conservador puede considerar que la admisión de otras formas de familias que evidentemente no pueden ser descalificadas sin incurrir en falacias, podría no respaldar sus posturas derechistas, de ahí que prefieran asustar con el petate del muerto sin reparar que su actitud excluyente le es contraproducente porque mina su proyección universalista. Lo que también creo es que fortaleza del catolicismo al parecer va de la mano de la ignorancia y la pobreza de los pueblos, de ahí su marcado interés por Latinoamérica.

luque2009@gmail.com

domingo, 18 de enero de 2009

La sagrada familia

La sagrada familia

César Ricardo Luque Santana

Recientemente se llevó al cabo en la Ciudad de México el “VI encuentro mundial de las familias” que organizó la Iglesia católica, donde el alto clero expuso sus posturas conservadoras ya conocidas acerca de la familia, el matrimonio, la sexualidad, la cuestión moral, la educación religiosa, entre otras, sin mayores argumentos que invocar un supuesto derecho natural como fundamento de sus concepciones y con la intencionalidad manifiesta de socavar el Estado laico.

En este sentido, dichas posiciones fueron una retahíla de anacronismos e incongruencias esgrimidas desde la típica doble moral que caracteriza al alto clero católico, vertiendo asimismo unas dosis de fundamentalismo y totalitarismo que los exhibe como irredentos respecto a la separación Iglesia – Estado. Para ellos nada de que “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es Dios”.

En esta ocasión, comentaré brevemente sus nociones respecto a la familia y mostraré por qué sus planteamientos son esencialmente falsos, hipócritas y peligrosos para una vida democrática que sólo el Estado laico puede garantizar.

Respecto a su idea de la familia, consideran que sólo hay un modelo verdadero y que cualquier forma de unión conyugal que no esté dentro de sus parámetros está equivocada y debe ser por tanto estigmatizada, asumiendo con ello que los valores religiosos católicos son los únicos universalmente válidos, entendiendo por universal, el monopolio de los valores morales desde su perspectiva. La familia según su visión, sólo puede consistir en la pareja heterosexual en matrimonio sacramentado por la Iglesia católica y que vive conforme los valores cristianos, como por ejemplo, ejercer la sexualidad con fines reproductivos poniendo al placer en segundo término o de plano negándola. Con base en ello, aseveran que las familias desintegradas o disfuncionales, o peor aún, que muchos problemas de violencia y delincuencia en la sociedad, tienen que ver con no ceñirse a dicho modelo de familia, afirmación evidentemente insostenible. En resumen, la familia católica es virtuosa por eso sólo hecho y las familias ajenas a esa doctrina están descalificadas de antemano por obra y gracia de un esencialismo arbitrario.

Evidentemente, esta visión de la familia es vaga, estrecha, abstracta y falsa, además de retrograda en la medida en que amenaza derechos conquistados como el divorcio, la educación laica y otros, pero sobretodo porque tiene la pretensión nada disfrazada, de imponer las concepciones de una religión específica a una sociedad de naturaleza plural, haciendo prevalecer concepciones religiosas parciales (que en todo caso sólo deben asumir sus feligreses si así lo desean) como leyes civiles, sin importarles la pluralidad cultural de la sociedad, como es el caso de su empecinamiento a imponer la educación religiosa (léase católica) a todos sin excepción.

En efecto, no obstante que en México al menos el 80% de la población manifiesta ser católica, los índices de divorcio, violencia intrafamiliar y otros, ocurren por lógica en gran medida a personas de confesión católica. Se sabe por otra parte de familias dedicadas a la delincuencia organizada (el secuestro y el narcotráfico por ejemplo) son muy unidas e incluso muy religiosas (normalmente católicas), es decir, nada desintegradas. Hay muchos contraejemplos más que demuestran la vacuidad e incongruencia de las posturas esgrimidas en el mencionado evento de los católicos, como los casos de de las narcolimosnas que ellos mismos reconocieron que recibían con la “justificación” de que ese dinero sucio se purificaba al entrar a las arcas de la Iglesia, o la protección a curas pederastas mediante el encubrimiento activo o el silencio cómplice. Es evidente que el alto clero incurre en una doble moral, pues incluso su condena del homosexualismo resulta hipócrita e injusta. Tampoco reconocen que parte significativa de la erosión de las familias se da por la miseria económica que provoca el capitalismo neoliberal, compartiendo con las derechas neoliberales y conservadoras la promoción de políticas subsidiarias en vez de abogar porque el Estado cumpla los derechos sociales constitucionales de los mexicanos que evitarían los altos índices de pobreza y sus nefastas consecuencias.

La realidad social es otra y es desde luego más compleja que las simplificaciones a que pretenden reducirla. En efecto, la sociedad actual muestra muchos tipos de familia: madres solteras, matrimonios que profesan otras religiones o ninguna, uniones heterosexuales libres, e incluso parejas homosexuales que se hallan en unión conyugal, entre otras modalidades, muchas de las cuales viven una relación estable económica y emocional, e incluso que son felices, con sólidos principios morales pero sobretodo congruentes con los mismos; mientras que en contraste, algunas familias católicas padecen problemas de desintegración, violencia intrafamiliar y otros. Sin embargo, según los criterios fundamentalistas de la jerarquía católica, en ambos caso no sería así sólo por el hecho de que los primeros no profesan la religión católica y los segundos sí. Es decir, si la realidad no es como la imagina el alto clero, peor para la realidad. En rigor, en un caso y otro no tiene nada que ver en forma per se, ser católico o no, pues desde luego hay muchos católicos (y en sí creyentes de diversas religiones) que son magníficas personas; mientras que personas de otras religiones o ninguna pueden ser malas personas. Sin embargo, no se trata sólo de exigir ser congruente con los principios que uno dice tener, sino de valorar la pertinencia de esos principios mismos, y en mi opinión, al margen de la doble moral de la mayoría de los altos jerarcas católicos, sus posturas (como la relativa a la familia y la educación) son en sí mismas deleznables y erróneas.

Por último, la familia -pese al manto sagrado que pretenden colgarle- tiene un origen artificial (cultural) y un fin y una función mundana como bien lo señaló Federico Engels en su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. En efecto, la familia nuclear o monogámica surge al imponerse el patriarcado y desarrollarse las desigualdades sociales donde unos cuantos acumulan riqueza personal y poder, pero necesitan saber quienes son sus hijos legítimos para heredarles su fortuna. La familia monogámica nació con ese interés, pero no canceló el derecho de facto del hombre poderoso de tener muchas mujeres u otras prácticas sexuales, pues la instauración histórica de la familia monogámica no supuso la igualdad de la mujer sino su sometimiento, asunto que desde luego no tocan porque siguen dándole al hombre un papel en el matrimonio, en la vida social y religiosa, no sólo diferente, sino superior al de la mujer.

luque2009@gmail.com

domingo, 11 de enero de 2009

Pensamiento crítico y participación democrática

Pensamiento crítico y participación democrática

César Ricardo Luque Santana

En mi artículo titulado “Vivir con valores” (14 de diciembre de 2008), manifestaba entre otras cosas la cuestión acerca de la enseñanza de los valores y la posición de Sócrates al respecto, donde el filósofo ateniense hacía énfasis en la vivencia como el único mecanismo para asumir los valores que le dan sentido a la vida de las personas, por ello decía que si bien los valores, dada su naturaleza intrínseca no podían ser enseñados -entendiendo por ello un acto exterior de mera transmisión- si era posible aprenderlos, lo cual parece en primera instancia contradictorio, pero no lo es, pues el punto es que las convicciones o principios no pueden ser de fachada (como sugiere la propaganda que invita a “vestirse” de valores), sino que es un compromiso personal asociado a la elección de un proyecto de vida basado en los más altos valores de la humanidad.

Traigo este planteamiento a colación para tratar de entender la pasividad de la mayoría de los ciudadanos para participar en los asuntos públicos, fenómeno que por cierto tiene un paralelismo en la educación. En efecto, como profesor, uno observa asimismo en muchos de sus alumnos que tienden más a instalarse en las explicaciones o discursos ya dados, sin cuestionarlos o problematizarlos para generar un pensamiento crítico.

La dificultad para que en el ámbito de la política se desarrolle una participación democrática con base en ideales y propuestas sanas, es un problema complejo que no se puede abordar en pocas líneas, pero que tiene que ver entre otras cosas con un envilecimiento de la esfera política que inhibe a muchas personas con intenciones sanas a involucrarse en la vida política de su comunidad.

El asambleísmo como un posible contraejemplo de participación democrática es realmente endeble porque en los espacios en que este tipo de prácticas ocurren, suele haber un control político efectivo sobre la gente que asiste a estos encuentros, quienes normalmente están condicionados por prácticas clientelares de sus gestores o líderes, lo cual provoca que la mayoría actúe con consigna o línea como se dice en el argot político de quienes fungen como sus dirigentes o líderes. Cuando esta actitud de acatar instrucciones para votar u opinar prevalece, no hay razones que hagan a la gente actuar de modo diferente, sino que se pliegan sectariamente a las consignas recibidas. Por ende, la participación democrática es inexistente.

Pero aún suponiendo que se permita a la gente proceder con libertad, es común que en este tipo de reuniones la gente no cuente con la información adecuada o suficiente para tomar decisiones, por lo que se tiende a delegar en otros dicha toma de decisiones. Es demagógico por tanto suponer que las asambleas en sí mismas son espacios de participación democrática cuando se dan estas condiciones de tráfico de favores y/o desinformación.

Desde luego que puede haber excepciones en grupos que realmente buscan cambiar cambiando primero ellos mismos, sin tener una obsesión por el poder. En otras palabras, un asambleísmo democrático es posible si los participantes están informados, actúan con base en convicciones (sin línea), anteponen los intereses de la colectividad a los intereses personales y se rigen por el principio de que los medios justifican el fin y no a la inversa. En estas condiciones, las deliberaciones tienen sentido y las decisiones asumidas tienen auténtica legitimidad. En este caso, la participación democrática no sólo es posible sino deseable y ojalá que llegue el momento en que éstas dejen de ser experiencias de excepción para convertirse en prácticas habituales y generalizadas. Por lo pronto, estoy convencido que ningún grupo político que pretenda ser alternativo lo podrá ser realmente sin este tipo de acción comunicativa y de relaciones horizontales.

En el terreno educativo en las aulas, la situación de pasividad de la mayoría de los alumnos no es menos compleja, pues inciden también varios factores, como el miedo del estudiante al error o hacer el ridículo al equivocarse, la deformación de los educandos en su trayectoria escolar donde se les ha tratado como receptores de información, y desde luego, las deficiencias didácticas y pedagógicas del profesor que tiende a reproducir la forma en que él mismo aprendió consistente en repetir información en vez de enseñar a pensar.

Es un hecho que la dificultad de saber problematizar los conocimientos adquiridos es una constante, y la verdad es que el pensamiento crítico sólo se construye en la contradicción entre teorías e ideas distintas, es decir, en el diálogo. La precariedad de conocimientos o la superficialidad o unilateralidad de los mismos, evita que se pueda profundizar y contar con más y mejores elementos de juicio para asumir una postura fundamentada y argumentada.

Un riesgo y confusión es creer que cualquier forma de educación participativa lleva en sí misma hacia la construcción de un pensamiento crítico. La propuesta didáctica de un aprendizaje basado en problemas cae según mi perspectiva en esa ilusión, porque está anclada en el razonamiento instrumental. Me explico, una cosa es que un estudiante aprenda a resolver problemas y otro que aprenda a problematizar. Por ejemplo, alguien puede aprender a reparar aparatos pero no a crearlos. En este caso estamos ante competencias técnicas meritorias pero parciales. Ahora bien, situados en el terreno de las ciencias sociales y las humanidades, el pensamiento crítico se orienta a los fundamentos de las cosas, pues por ejemplo, las crisis económicas recurrentes del capitalismo no son coyunturales sino estructurales, están en su naturaleza. Se pueden ofrecer parches para paliar sus graves consecuencias, pero ello no evita que se condene a millones de personas al sufrimiento de por vida. La mayoría de los jóvenes que se incorporan como fuerza de trabajo en este momento –por ejemplo- serán subempleados permanentes, lo que significa que vivirán en una incertidumbre constante respecto a sus condiciones de vida.

En otras palabras, una cosa es que uno resuelva problemas con base en una agenda externa e impuesta, y otra es que uno construya su propio proyecto. Las naciones, instituciones e individuos que viven a expensas de dictados externos y se dejan condicionar por parámetros ajenos a sus intereses o que no son parámetros basados en la justicia, la democracia o el consenso científico, no ejercen un pensamiento crítico sino instrumental o de mera imitación.

luque2009@gmail.com

domingo, 4 de enero de 2009

¿Feliz año nuevo?

¿Feliz año nuevo?

César Ricardo Luque Santana

Mercaderes e industriales no deben ser admitidos a la ciudadanía,
porque su género de vida es abyecto y contrario a la virtud”

Aristóteles

El año 2009 comenzó con malos augurios desde el año pasado con el estallido de la crisis económica estadounidense, y en sí del modelo de capitalismo neoliberal, al grado que los países desarrollado como Japón, Alemania y desde luego los EUA, entre otros, oficialmente reconocieron que sus economías entraron en recesión, concepto que denota una crisis económica profunda y de largo aliento que se traduce en desempleo, malos salarios, reducción de la capacidad de compra y sus secuelas naturales de deterioro del tejido social: más corrupción, delincuencia común y organizada, pobreza y envilecimiento de las relaciones sociales.

Por si esto fuera poco, a finales de año 2008 Israel empezó a masacrar por enésima ocasión al pueblo palestino asentado en la franja de Gaza, con el pretexto de que grupos armados ligados a Hamas -una organización islámica integrista- ha estado lanzando cohetes a territorio israelí. Sin embargo, la respuesta del Estado de Israel ha sido desmedida avasallando al pueblo palestino, matando a muchas personas no vinculadas a dicho grupo fundamentalista. En efecto, la artillería israelí que supuestamente se enfoca a blancos relacionados con Hamas, ha matado a niños, mujeres y hombres civiles, con el beneplácito del mundo occidental y el silencio también cómplice de gobiernos árabes corruptos y tiránicos como Arabia Saudita, Egipto y otros.

En ambos casos, reina una pasmosa insensibilidad para resolver los problemas referidos, aunque en lo que respecta a la crisis capitalista neoliberal, se anuncian medidas de tipo keynesianas lo cual es habitual en estas situaciones, lo que significa que el Estado intervendrá más decididamente en la economía nacional para evitar que se dañe más el tejido social tratando de evitar las consecuencias ya mencionadas. Es decir, el Estado invertirá recursos públicos con sentido social, pero no porque se conduela del ciudadano ordinario, sino como una estrategia de sobrevivencia del mismo sistema al cual hay que darle unas bocanadas de oxígeno, pues no obstante que el Estado retomará una función más proactiva en la economía a la manera del Estado benefactor, tampoco piensa en restaurarlo, sino que sólo son medidas temporales para evitar el colapso del sistema con estallidos sociales. Habría que insistir como lo he dicho en anteriores colaboraciones, que para mí, el Estado nunca ha dejado de ser intervencionista en la economía, sólo que en el actual período neoliberal viró su intervencionismo hacia los grandes capitalistas favoreciéndolos de manera desmedida, principalmente a los capitalistas financieros, los cuales siguen siendo intocados pese a que son los principales responsables del gradual empobrecimiento de los trabajadores por casi tres décadas y por ende son los principales provocadores de las crisis económica recurrentes, incluida la reciente, sin ser ellos mismos afectados, pues la desregulación de la que gozan los exime por ejemplo de pagar impuestos entre otros privilegios indebidos, como el ser “salvados” invariablemente en sus negocios fracasados, aunque muchas veces dicho fracaso sea fraudulento.

Bajo esta perspectiva donde el abuso de los poderosos prevalece por encima de todo y de todos, el desear feliz año suena más hueco que nunca porque las expectativas personales de la mayoría de los mexicanos son francamente desalentadoras, pues lo más seguro es que el proceso de empobrecimiento que venimos padeciendo se verá acentuado sin duda alguna en el presente año. Lo más desesperante de todo es que no hay perspectivas favorables para un cambio de rumbo en las políticas públicas toda vez que la izquierda más representativa del país tiene un resquebrajamiento de facto que lo afectará en las elecciones intermedias, mientras que millones de personas dañadas por la crisis neoliberal seguirán votando fanáticamente por sus victimarios derechistas, lo cual significa por un lado, no un masoquismo colectivo sino la ausencia de una conciencia de clase, ya que prevalece la incapacidad de darse cuenta de quienes son los están afectando en sus bolsillos (y los nuestros también), y por otro lado, la ausencia de una fuerza política alternativa con credibilidad a la cual asirse.

Dentro de estas circunstancias, no queda otra que la lucha popular organizada más allá de las cuestiones electorales, con una auténtica participación ciudadana y social que permita sanear las organizaciones existentes secuestradas por camarillas de mafiosos, o bien, la creación de organizaciones nuevas donde la lucha por mejores condiciones de vida no se limite a resolver sólo cuestiones materiales, sino que tienda a cohesionar formas de organización popular basadas en la solidaridad de clase. Hay que formar redes sociales para paliar la crisis al mismo tiempo que se generan nuevas formas de convivencia social solidarias independientemente de la conquista de espacios de poder, lo cual se daría por añadidura.

luque2009@gmail.com

domingo, 14 de diciembre de 2008

Vivir con valores

César Ricardo Luque Santana

La pertinaz campaña del DIF estatal (Nayarit) sobre la promoción de los valores, refleja la visión de una clase política que vive en la fantasía porque creen que basta una campaña publicitaria para promover los valores en la sociedad, además de que expresa la visión e ilusión típicamente conservadora de creer que los valores, y con ello el mejoramiento personal, se pueden alcanzar por el sólo hecho de desearlos sin considerar las condiciones de posibilidad económicas, sociales y políticas de la población a la que se dirige dicha campaña.

Pero como dijo el destazador, vamos por partes. Primero, qué entendemos por valores; segundo, analizar si los valores pueden transmitirse (ambos tópicos son temas de suyo filosóficos tratados por la Ética); y tercero, hacer una lectura política de esta obsesión de los grupos conservadores y tradicionalistas respecto a los valores, la familia, las buenas costumbres y los estados emocionales positivos.

Cualquier libro elemental de Ética aborda la cuestión de definir los valores acotando éstos al plano de la moral como principios de comportamiento que asumen los individuos en una comunidad por convicción sin mediar ninguna coerción como en el caso de las leyes o normas jurídicas, distinguiéndolas también de las normas de buen comportamiento como saludar, dar el asiento en los camiones a las personas mayores o con alguna necesidad visible, o cualquier norma de cortesía en general. De hecho, los valores que promueve esta instancia de gobierno, mezclan valores morales con normas de buen comportamiento y/o preceptos motivacionales. Todas sin embargo, son cualidades deseables en los seres humanos, pero el ser “optimista” o tener buena “actitud”, por ejemplo, no son preceptos estrictamente morales, pues la moral trata de lo relativo al bien en contraposición al mal, es decir, un pesimista no es necesariamente alguien malo, sino un sujeto deprimido, e igual, una persona apática o sin actitud positiva, puede ser por falta de motivación, sin que ello implique un juicio moral al respecto. En otras palabras, hay normas que son de índole interna porque se asumen por convencimiento (los valores morales) y otras que son de naturaleza externa porque se asumen para evitar una sanción subjetiva (“el qué dirán”) o punitiva (castigo corporal), o bien porque prometen el éxito personal.

Los valores morales son entonces asumidos por convencimiento no sólo en el discurso sino en la práctica, pues la importancia de los valores es que permiten la cohesión de la comunidad en la conciencia de lo que es bueno y lo que es malo. Una cosa es calificar de bueno al valor de la honradez y otra muy distinta es ser honrado, sin embargo, el hecho de que en la práctica haya sujetos que no son honrados (y tienen mucho éxito precisamente por ello), no demerita este valor porque su naturaleza es prescriptiva, es decir, es un ideal, está en marco del deber ser.

Hasta aquí no hay mayor problema, solamente se ha distinguido entre valores intrínsecos y extrínsecos, se ha señalado que ambos son positivos y necesarios para la convivencia social y nada más (pero nada menos). El punto ahora es si es posible enseñarlos.

Esta cuestión la trata Sócrates en el Diálogo platónico del Menón o de la virtud, donde Sócrates sostiene a lo largo de su diálogo con Menón, que las virtudes o valores no se pueden enseñar, pero concluye que si se pueden aprender. Lo que trata de decir es que para asumir los valores en serio, es decir, no sólo de dientes para afuera sino para regir de veras la conducta propia a partir de ellos, no es una cuestión de aprender en los libros, o de llenarse la boca de palabrería, sino de ser consecuente en la práctica, como por ejemplo, cuando Sócrates sostiene que es mejor padecer el mal que realizarlo. Es como si se quisiera generar una conciencia democrática con base en spots o cursos, pues a través de esos medios sólo se pueden aprender conceptos, pero no garantiza su realización efectiva. Esto lo vemos en los centros educativos donde se habla en las clases constantemente de democracia pero no existe en la práctica de la institución.

Por tanto, creer que se influye en el buen comportamiento de la gente con costosas campañas publicitarias, es en el menor de los casos una vacua ilusión y en el peor de ellos una forma de hipocresía grotesca, y en ambos denotan una profunda ignorancia, propia del pensamiento mágico más primitivo que creía en el animismo de las piedras.

La lectura política inevitable de esta ideología (falsa conciencia) de los grupos dominantes que viven en una burbuja de cristal, revela su desconocimiento del funcionamiento de sistema socioeconómico prevaleciente (aunque gozan de sus privilegios) donde los lazos de solidaridad promovidos por el Estado benefactor son ahora inexistentes, no obstante que la solidaridad es uno de los más bellos valores, pero que ha sido resignificado en términos de caridad individual y no como un lazo de apoyo mutuo de carácter social.

¿Cuál es la intención de este tipo de campañas del conservadurismo neoliberal, es decir, no la intención manifiesta, sino la oculta? Según el argumento falaz de este tipo de pensamiento muy afin a los rollos de desarrollo humano, superación personal, programación neurolingüística y demás supercherías del esoterismo, los individuos son responsables de su éxito personal con base en su actitud y buen comportamiento, sin tomar en cuenta el contexto en el que se desenvuelven. Pero, ¿no son acaso las personas más inmorales e inescrupulosas las que más éxito tiene? En efecto, así sucede en la realidad, y dicho éxito material se debe sobretodo a sus buenas relaciones políticas, o al pertenecer a dinastías o mafias económicas y/o políticas que les heredan poder político y económico, lo que les allanan el camino independientemente de que algunos puedan ser ineptos e inmorales, pues basta con ser astuto, ambicioso y decidido. Desde luego, hay como en todo, algunas excepciones afortunadamente.

El hecho es que hacerle creer a los demás que basta que sean buena onda, que tengan una actitud positiva, que deseen superarse, y de ser bueno en el sentido de no rebelarse nunca (de soportar las injusticias sin chistar), es decir, en términos de mansedumbre, explica el verdadero sentido de manipulación de esta campaña que se dirige al individuo socialmente aislado, al cual se conmina a ser respetuoso de unas instituciones totalmente desacreditadas, y sobretodo, a asumir que sus desgracias son su culpa por no ser una persona preparada y con las cualidades que la “filosofía” de la superación pregona, que no es otra cosa que religión disfrazada y fraseología de lugares comunes de Perogrullo, machacados una y otra vez, dirigidos a analfabetas funcionales y elaborados por analfabetas funcionales. El paralelismo con la religión es porque ésta promueve la salvación individual del alma y la sumisión ante los poderosos, es decir, el conformismo y la adaptación al medio social asumido como inexorable.

En conclusión, dicha campaña es además de costosa, demagógica, porque no es verdad que baste la mera actitud, asumir reglas supuestamente morales abstraídas de las condiciones materiales de vida de la persona o seguir pautas como el optimismo, la generosidad, etc., que son resignificadas de manera perversa e hipócrita. El éxito material en general está reservado por definición a unas cuantas personas y los valores aludidos son inútiles en el sentido en que se manejan, pues su función primordial no es la auténtica realización del individuo como ser humano, sino cultivar su egoísmo para que compita con sus semejantes ante la zanahoria que los poderosos les ponen para que formen parte de la minoría de incluidos, mediante un sistema de meritocracia, restringido de suyo.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Honor a quien honor merece







Honor a quien honor merece

César Ricardo Luque Santana

El día viernes 5 de diciembre de 2008 se entregó merecidamente el Doctorado Honoris Causa al historiador francés-mexicano Jean Meyer Barth, en un emotivo acto solemne en el recinto de la Biblioteca Magna de la Universidad Autónoma de Nayarit, con excelentes participaciones del historiador universitario maestro Pedro Luna Jiménez, el Dr. Manuel Olimón Nolasco y el Dr. Pedro Antonio Enríquez Soto quien habló a nombre del claustro de doctores del área de Ciencias Sociales y Humanidades de la UAN, aunque a la vez –me pareció oír-, estaba también en representación del gobernador Ney González Sánchez, además por supuesto de la intervención del homenajeado que resultó una verdadera delicia, narrando en forma anecdótica cómo llegó a México y por qué se interesó por investigar sobre la cristiada y sobre Manuel Lozada.

Pero si usted no asistió a este evento y quiere conocer los textos que se leyeron o los discursos que se vertieron de viva voz en este importante acto académico, seguramente que se quedará con las ganas de ello, pues al igual que en las otras ceremonias de este tipo o la Cátedra Amado Nervo, nunca se ha publicado una memoria al respecto, sino que en el mejor de los casos, se trasmite por TV UAN una edición de ello, de manera que si tiene suerte y servicio de televisión por cable, podrá verlo algún día.

¿Por qué razón la Universidad Autónoma de Nayarit no ha publicado una memoria de cada acto académico solemne? No lo sé. Realmente uno no se explica por qué eventos académicos tan relevantes no son testimoniados y socializados por escrito. Creo sin embargo que es necesario publicar la memoria de dichos actos académicos, particularmente de los reconocimientos de Doctorado Honoris Causa y los de la Cátedra Magistral Amado Nervo. En el primer caso, se ha entregado reconocimientos al poeta acaponetense Alí Chumacero, al creador de nuestra máxima casa de estudios el ex gobernador Dr. Julián Gazcón Mercado, al investigador científico el biólogo Juan Luis Cifuentes Lemus, y ahora le tocó el turno al historiador Jean Meyer; mientras que de la Cátedra Amado Nervo hemos tenido al escritor Carlos Monsiváis, al también escritor José Emilio Pacheco y a la escritora Elena Poniatowska.

Quienes hemos tenido el privilegio de estar en estos actos (cuando menos así lo siento en mi caso), hemos disfrutado de la inteligencia de todos estos personajes y hemos sentido (de nuevo perdón por usar la tercera persona) un acierto de la UAN reconocer su contribución cultural con nuestro estado y en general con México.

Me parece que se podría impulsar una serie de publicaciones para ir documentando cada uno de dichos eventos recopilando los discursos escritos que se leyeron para la ocasión (incluidos los protocolos del mismo) y recuperar en versión estenográfica aquellas intervenciones importantes que se hicieron en forma verbal, cuidando de conciliar la fidelidad de lo que se dijo con la estructuración de un discurso escrito, porque a veces este tipo de mensajes verbales, si bien uno supone que están previamente meditados, pueden sin embargo al pasarlo por escrito tener defectos que incomoden al autor. Recuerdo al respecto lo que José Emilio Pacheco dijo relativo a esta situación en el marco de la Cátedra Magistral Amado Nervo. Sucedió que él olvidó el escrito que tenía preparado para la ocasión en el hotel donde se hospedaba y tuvo que improvisar su discurso. A mi me gustó su espontaneidad, pero hubo otros que les desagradó ese hecho, considerando una ligereza del escritor, pero el punto que me interesa resaltar es que él comentó que si llegaban a poner por escrito su intervención, tenía que revisarla para su publicación, y seguramente lo que haría sería recuperar la parte anecdótica para reescribir un nuevo relato que recogiera el suceso sin las deficiencias de una mera trascripción literal (además de incorporar el supuesto discurso que tenía preparado y no se leyó). Comentó que una vez le sucedió algo parecido, que hubo de improvisar y que posteriormente le trascribieron la plática que dio, la cual, a la hora de leerse, el documento escrito se veía muy estropeado, de modo que si alguien leyera ese texto atribuido a él sin conocer el contexto del mismo, pensaría que el escritor aludido había hecho un galimatías vergonzoso por tratarse de un escritor consagrado.

Dicho lo anterior, propongo que se publiquen estos actos académicos solemnes en dos series, un sobre los Doctorados Honoris Causa, y otro, sobre la Cátedra Magistral Amado Nervo, que incluyan los discursos escritos y verbales con las salvedades mencionadas, además de fotografías y tal vez hasta una crónica de alguien que haya estado involucrado en la atención de estos personajes, entre otros aspectos y criterios que se considere pertinentes en cada caso. En fin, creo que la oportunidad y la obligación de publicar unas memorias de este tipo es una labor ineludible de la Universidad Autónoma de Nayarit.

Por último, te invito a que me mandes tus opiniones a cesar_luque40@hotmail.com o luque2009@gmail.com o directamente al final de cada artículo dentro de mi blog realiza tu comentario crítico para desatar un diálogo. Recuerda que la verdad se construye intersubjetivamente.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Altruismo e impostura

Altruismo e impostura

César Ricardo Luque Santana

El altruismo significa interés por el bien ajeno aún a costa del propio. Esta definición resulta relevante a propósito de la nueva edición del Teletón, en la idea de indagar qué tanto los promotores de esta iniciativa cumplen con este precepto, o mejor dicho, qué tan auténticos son con el significado original de este término.

Es sabido que en este evento del Teletón, quienes más dinero suelen aportar al mismo son los ciudadanos comunes y no las grandes empresas cuya contribución dista mucho de ser lo generosa y desinteresada que nos quieren hacer creer.

Veamos el asunto con detenimiento, pero antes es importante aclarar que no se critica el objetivo y el resultado por sí mismo, que sin duda alguna ayuda de manera significativa a muchas familias que tienen hijos con alguna discapacidad a paliarla. Es decir, la necesidad de contar con este tipo de centros o instituciones es altamente benéfica, y por tanto la iniciativa para realizar el proyecto es también meritoria de suyo. Lo que se cuestiona son dos cosas: uno, la doble moral de quienes se suponen debería de hacer válido el principio bíblico de que no sepa la mano izquierda lo que hace la derecha, es decir, que no lucraran con la desgracia ajena; y dos, la tendencia neoliberal de hacer de la caridad un sucedáneo de la asistencia pública.

En el primer caso sucede algo parecido a los impuestos, pues los que más los evaden son los grandes capitalistas, y porcentualmente hablando, la mayor parte de los ingresos del Estado vía impuestos son de las personas físicas, de los asalariados que son contribuyentes cautivos, de los pequeños comerciantes y profesionistas liberales, además de los consumidores que pagan IVA, sin olvidar lo que aportan las empresas del Estado como PEMEX, CFE y también las remesas de los inmigrantes mexicanos en EUA. Los grandes empresarios tienen contadores capaces de hacer malabares contables para ocultar o deformar información, crean empresas fantasmas y recurren a una serie de trucos que desde luego cuentan con la complicidad de las autoridades hacendarias para evadir lo más que pueden el pago de impuestos (y algunos otros como los que realizan negocios a través de la bolsa de valores, de plano están exentos), pero la manera más redituable para ellos en términos de imagen es el altruismo o la filantropía.

Como es sabido, en los famosos redondeos de los grandes centro comerciales, los consumidores aportan millones de pesos que las empresas en cuestión donan para la asistencia pública como si fueran aportaciones propias, deduciendo impuestos de ello, pues no donan a nombre de los consumidores sino a nombre propio, cuando ellos sólo administran ese recurso. Pero además de deducir impuestos con dinero ajeno, se hacen propaganda como empresas con sentido social que ayudan a los más desvalidos, logrando no sólo una publicidad gratuita sino un prestigio y credibilidad inmerecidos.

Con el Teletón sucede un esquema parecido, pues son las grandes empresas y Televisa en particular, quienes capitalizan para sí el esfuerzo de millones de mexicanos que realmente si actúan desinteresadamente en la mayoría de los casos, porque muchos de los que cooperan con algunas monedas son gente que realmente están muy necesitadas y para los cuales desprenderse de 10 pesos por ejemplo, puede ser un verdadero sacrificio. Ciertamente, esta contribución se diluye en el anonimato, lo cual en sí no es malo, pues no se podría dar el crédito a cada persona en lo individual, pero es obvio que las marcas comerciales si obtiene créditos que la más de las veces no merecen porque como se dijo, se apropian de lo que dan otros para evadir impuestos y hacerse propaganda gratis, sino también porque presionan a sus propios empleados y trabajadores para que “cooperen” con la causa, descontándoles de su menguado salario un porcentaje determinado.

El otro punto no menos cuestionable es avalar mediante este tipo de campañas la política del Estado neoliberal de abdicar de sus obligaciones con los grupos sociales más vulnerables, sustituyendo la asistencia social pública por la caridad, el altruismo o la filantropía; que en el mejor de los casos debería ser un complemento de los programas sociales y no un parche de los mismos, pues de todos modos le siguen cargando al ciudadano común la factura de lo que se supone debería ser sufragado con los impuestos, además de beneficiarse como ya se dijo con la generosidad de los mexicanos evadiendo impuestos y haciéndose publicidad gratuita.