domingo, 21 de junio de 2009

Carta abierta a Alejandro Martí

Carta abierta a Alejandro Martí

César Ricardo Luque Santana

Señor Martí, me llama la atención su protagonismo político a raíz del cobarde asesinato de su hijo, pero percibo que su participación no es del todo auténtica porque de algún modo pareciera que su terrible pérdida se ha convertido en un acto lucrativo.

Perdóneme la entrada de esta carta, creo que estoy siendo un poco rudo al juzgarlo tan severamente poniendo en duda su vocación democrática, pero me llama la atención lo sesgado de su actitud, porque por ejemplo, ante la desgracia en la guardería ABC en Hermosillo donde murieron decenas de niños indefensos, usted no haya levantado la voz indignado, como tampoco lo ha hecho ante las constante corrupción de la clase política y los empresarios.

¿Sabe qué?, la injusta muerte de su hijo y la de los niños inocentes en Hermosillo tienen la misma causa: la imposición de un sistema económico depredador o de capitalismo salvaje que lleva necesariamente al deterioro del tejido social a niveles insospechados. ¿Qué le dice el hecho de que unos de los principales mafiosos de La familia Michoacana haya confesado hace unos meses que pudo reclutar a cientos de personas para actividades criminales en cuestión de meses? Esto incluía asesinar personas, extorsionar, traficar drogas, etc., como si fuesen repartidores de pizzas o chambas por el estilo.

Es ingenuo pensar que la delincuencia organizada, incluida la de cuello blanco de los políticos y empresarios encumbrados, así como la delincuencia ocasional, se resuelva con más policías, con leyes más severas y con la cárcel (que empeora las cosas por el hacinamiento y el “autogobierno” de los reos más peligrosos). Pero usted no es ingenuo ni nosotros tampoco, pues es evidente que no hay forma de contener las actividades criminales sin empleo bien remunerado, sin una buena educación, sin mejorar sustancialmente las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población, y esto no lo pueden hacer porque desean seguir llenándose los bolsillos de dinero sin importarles el sufrimiento de la ciudadanos. Lo que realmente están haciendo con esas medidas punitivas, es criminalizar la protesta política y la disidencia para contener un estallido social, pues bien saben que están empujando a la gente a la desesperación, la cual se manifiesta ya mediante una violencia criminal que se expresa así porque no encuentra cauces políticos adecuados para hacerlo de otro modo.

Me da pena verlo como “paladín” de la democracia presionando a los candidatos de los partidos a firmar un “compromiso” para que supuestamente cumplan sus promesas. Me dan más pena desde luego los políticos que van y se arrodillan ante usted y ante los poderes fácticos mediáticos empecinados en engañar al pueblo con esos trucos baratos. Creo que con esa acción se ganó usted la medalla Belisario Domínguez (no dudo ni tantito que se la den) porque “resolvió” de un plumazo la crisis de representatividad política. ¿Pero como no se nos ocurrió antes una solución tan simple para “superar” la demagogia? Ni a Sócrates ni a Platón se les ocurrió en su momento tan sensacional idea.

Sabe señor Martí, somos millones de mexicanos que todos los días luchamos por hacer de México un país mejor pero no tenemos el poder económico de su señoría para hacernos oír. Fíjese como todo mundo nos ningunea por esa misma razón, hasta algunos intelectuales de izquierda nos regatean la capacidad de pensar y tomar decisiones para anular nuestro voto diciendo que estamos manipulados por personajes de derechas. ¿Y sabe por qué actúan así? Porque para ellos como para usted, la masa anónima no existe más que como menores de edad a los cuales hay que decirles qué hacer, qué pensar, qué consumir. Porque sólo existen los que aparecen en la televisión o los que tienen voz en la radio o los grandes medios de comunicación escrito. La palabra está unida a los que tienen poder económico sin importar que no digan la verdad o propongan bagatelas como usted comprenderá.

Si señor Martí, los asesinos de su hijo y de los niños de Hermosillo no son los autores materiales que por el envilecimiento del neoliberalismo que deja a cada quien a su suerte, que no educa, que pisotean los valores aunque los falsos sepulcros se llenen la boca con ellos; sino los mismos que le aplauden, lo “apapachan”, le dan cuerda. Los que están empecinados en sostener un sistema económico como el neoliberalismo que degrada a las personas, que sume a la mayoría de la gente en la miseria y la desesperanza, son los verdaderos autores intelectuales de esos y otros crímenes, entre ellos el de la democracia.

(luque2009@gmail.com)

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