Este blog pretende ser una comunidad de aprendizaje sobre tópicos filosóficos y políticos, abiertos a cualquier persona que se interese por participar en los temas que aquí se exponen mediante comentarios críticos anotados al final del artículo del momento o enviándolos por email. Asimismo, todos mis escritos pueden ser reproducidos libremente en otros medios impresos o digitales conservando mi autoría.
domingo, 27 de septiembre de 2009
La necesaria refundación del PRD
César Ricardo Luque Santana
Acerca de la refundación del PRD caben dos preguntas fundamentales: ¿es necesaria?, ¿es posible? Creo que habría que responder afirmativamente a ambas pero justificando desde luego su sentido mediante un argumento plausible.
No pretendo tener por supuesto las respuestas acabadas a este problema, pero si aportar algunos elementos para que colegiadamente construyamos una propuesta viable y consensuada, lo que implicará que sea técnicamente -por así decir- posible de realizar, y que tenga un carácter conciliador, es decir, que no sea una propuesta que a lo mejor es muy racional y loable pero impráctica en virtud de que provoca una confrontación innecesaria. Es necesario plantearnos algo efectivo donde todos salgamos ganando, pensando no sólo en los beneficios inmediatos de quienes dirigen partido con los consabidos arreglos cupulares en torno a cargos (reconociendo que hay intereses creados pero que deben tener un límite que les dé legitimidad), sino que satisfaga las aspiraciones de las bases militantes y electorales del partido y nos permita atraer más simpatizantes a nuestras causa que es la de ellos. En este sentido, si queremos renovarnos de verdad, no cabe ni la simulación ni la idealización, sino reorganizar un partido ganador pero haciéndolo compatible con un auténtico proyecto alternativo de nación.
Creo entonces que para ir contestando las preguntas del problema que nos aqueja de refundar o reconstruir un partido que sea un verdadero referente de izquierda de la sociedad, tanto de los ciudadanos como de las demás fuerzas sociales afines, es importante afirmar que un partido ganador, fuerte y confiable es una necesidad política y social ineludible, para lo cual será indispensable que los esfuerzos de deliberación (reflexión) y acción que hagamos como militantes y como colectivo, nos lleve a una línea de congruencia entre lo que decimos y lo hacemos ¿Por qué la sociedad mexicana necesita de un partido de izquierda fuerte, responsable, propositivo y de lucha?, ¿cómo lograr tener un partido ganador sin que ello signifique desdibujarnos ideológicamente?, ¿hasta qué punto son conciliables la capacidad de negociación con la capacidad de movilización? Creo que aquí hay una serie de preguntas que involucran prácticamente todo el perfil del partido: nuestra declaración de principios, estatutos, programa de trabajo, línea política y su vida institucional.
Mi percepción es que en la discusión y funcionamiento del partido han prevalecido de manera contradictoria posiciones más o menos irreductibles que no han sabido encontrar el justo medio, la manera de conciliar lo mejor de cada una. Normalmente la disputa al interior del partido se ha reducido a dos grandes posturas que han querido caminar cada una por su lado con las consecuencias previsibles de ir como partido hacia ninguna parte. ¿Qué es lo que ha impedido lograr una estrategia común? A primera vista de acuerdo con este esquema, podemos decir que obviamente el querer actuar unilateralmente sólo con base en la negociación o sólo con la pura movilización, es erróneo políticamente porque es evidente que sin la necesaria complementación entre ambas estrategias no es posible avanzar. En otras palabras, una lectura en este sentido nos diría que quienes han establecido la hegemonía interna en el partido con base en criterios cuantitativos (de mayoría) ha tratado de hacer prevalecer su línea política, teniendo como consecuencia la resistencia de los disidentes, y como resultado, un forcejeo interno que termina anulando la eficacia del accionar nuestro partido, aunado a un desprestigio del mismo explotado mediáticamente por nuestros adversarios y/o enemigos.
Pero esta descripción me parece que muestra sólo el aspecto exterior del problema pero no la esencia del mismo. Es decir, necesitamos escudriñar un poco la problemática que nos ha caracterizado en los últimos años sumiéndonos en una crisis constante y hablarnos desde luego con la verdad, pues si queremos rectificar, corregir el rumbo o tener rumbo, estamos obligados en consecuencia a no maquillar las cosas sino a decirlas tal como son, a reconocer en qué estamos mal para que encontremos juntos las soluciones pertinentes a nuestro problema.
Para ello me permito poner enseguida un ejemplo que si bien es simplificador, ilustra creo yo el núcleo del problema que padecemos. Creo que lo que viene pasando en realidad es que no hemos tenido un debate ideológico y político de altura en el partido, sino que el sentimiento patrimonialista de algunos cuantos se ha impuesto marcando la pauta del desenvolvimiento de nuestra institución. En efecto, el PRD no está siendo congruente con sus postulados, con su discurso, sino que su misma vida interna está viciada por prácticas corporativistas y patrimonialistas de tal suerte que en vez de ser un instrumento de la sociedad para hacernos del poder y gobernar con base en un proyecto de justicia social y verdadera democratización, el partido se ha alejado de lo que dicen sus documentos básicos y ha caído en un descrédito público en virtud de las constantes pugnas internas que han privilegiado el reparto de cuotas sacrificando con ello el proyecto que se supone le da sentido a nuestra lucha. No se trata de denostar a quienes desean hacer carrera política lo cual no sólo es legítimo para ellos sino necesario para el partido, pues ninguna organización política puede prescindir de políticos profesionales, de individuos que vivan de y para la política, pero desafortunadamente han prevalecido muchos sujetos inescrupulosos que han aprovechado la situación para satisfacer sólo sus intereses personales a cambio de utilizar a todos los demás para esos propósitos por lo cual se puede decir que han mantenido al partido como rehén de intereses espurios perjudicando gravemente el proyecto que da sentido a la existencia del PRD.
A veces el resultado de estas pugnas por ganar posiciones personales y de camarillas ha llegado a niveles tan grotescos que no sólo han provocado una dinámica de desgaste de organización e imagen pública, sino que se ha encumbrado a personajes sin seriedad, preparación ni compromiso. ¿Cuántos de estos sujetos que el partido hizo regidores, diputados, etc., no están ahora con nosotros sino que incluso están en otras agrupaciones agrediendo constantemente a nuestro partido? ¿De qué sirvió tanto pleito interno para colocar a personajes tránsfugas, mediocres y oportunistas? Como dije, es sólo un ejemplo de la ramplonería en la que hemos caído y que ha significado sacrificar el esfuerzo y la esperanza de cientos de miles o millones de personas, desde militantes hasta electores que han sido utilizados para otros propósitos.
Creo que una renovación es posible si somos capaces de admitir nuestros errores y excesos, si buscamos sin simulación conciliar lo mejor de cada parte, si se logra atraer a este esfuerzo de renovación a personajes notables tanto del partido como de la sociedad civil que proyecten una imagen más positiva y una confianza de muchos ciudadanos, sectores y organizaciones. No pretendo con ello ofrecer una visión maniquea de buenos y malos, de puros e impuros, de idealistas y pragmáticos, sino que considero que todos los perfiles caben dentro de un proyecto siempre y cuando la finalidad de hacerse del poder (que es el objetivo de todo partido político) sea para trabajar en serio para revertir las injusticias del actual sistema capitalista bajo el modelo neoliberal.
Asimismo, creo que debemos entender que no se trata de suprimir los conflictos internos porque ello no sólo es imposible sino porque éstos pueden ser positivos, pero para ello es necesario redefinir las pugnas internas con base en debates políticos, filosóficos, ideológicos, etc., auténticos, y ceñir las aspiraciones personales a los intereses del partido y dotar asimismo nuestro actuar personal y de partido de acuerdo a nuestra identidad de izquierda a una dimensión ética. Dicho de otro modo, se trata de darle un cariz positivo a nuestros desacuerdos para de ese modo encauzar nuestros conflictos a una vía institucional que nos blinde contra las crisis internas, o al menos a crisis políticas cuyo origen son resultado de una sórdida pugna de intereses estrictamente personales y de camarillas.
Finalmente, los cambios que se pueden realizar en la sociedad desde el ejercicio de los espacios de poder dependen de la correlación de fuerzas que se logra y en ese sentido el PRD no debe pretender ser ninguna vanguardia pero si una opción electoral de izquierda que vinculada al movimiento social mexicano, abone para frenar y eventualmente desmantelar ese modelo económico de capitalismo salvaje que nos tiene condenados al sufrimiento, la pobreza, la violencia, la corrupción, la inmoralidad, etc. Ya basta de permitir la existencia de un sistema político derechista fundado en el cinismo y la insensibilidad, cuyo ejercicio del poder se reduce a socializar las pérdidas de los ricos y privatizar las ganancias de los mismos.
Gracias.
Nota: Ponencia presentada en el Foro Estatal del PRD, Tepic, Nayarit, 27 de septiembre de 2009.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Noam Chomsky, crítico del Imperialismo
César Ricardo Luque Santana
Sin duda alguna, la conferencia magistral que dictó el profesor estadounidense Noam Chomsky en la sala Nezahualcoyótl el pasado 21 de septiembre del año en curso en el marco del 25 aniversario del diario La Jornada, constituyó un gran acontecimiento académico y político, lo cual quedó demostrado por el enorme interés del público que abarrotó ese recinto universitario y por la transmisión en directo por TV UNAM y 12 televisoras públicas más de distintos estados de la república. El podcast de este evento puede ser bajado por quien desee desde La Jornada on line, y ahí mismo, en la edición del día 22, es posible encontrar la transcripción y traducción completa de dicha disertación.
A continuación trataré de recuperar algunos puntos de su planteamiento pero para antes conviene señalar que Noam Chomsky es uno de los más grandes pensadores del momento, profesor del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), reconocido lingüista y filósofo, pero más conocido aún por su persistente, aguda y certera crítica del imperialismo estadounidense.
La pregunta de la que parte Chomsky es: ¿qué lecciones nos han dejado dos décadas de realidad unipolar en el mundo? Dentro de ello explica cómo se fue construyendo la hegemonía militar estadounidense en la historia reciente, y su afianzamiento con la desaparición de la Unión Soviética y la caída del bloque socialista, paralelamente a la implementación del neoliberalismo, y cómo estos acontecimientos históricos del fin de la llamada guerra fría que configuraba un mundo bipolar con dos grandes potencias enemigas como la URSS y los EUA que permitían un equilibrio tenso en el mapa geopolítico, terminó por romperse a favor de los Estados Unidos como la principal potencia del mundo, lo que a su vez ha permitido retornar al capitalismo salvaje generando paradójicamente otro mundo bipolar: el de una minoría muy rica y el de grandes mayorías muy pobres. Asimismo, la tendencia militarista de los Estados Unidos hubo de rehacerse pues al esfumarse la “amenaza comunista”, tuvieron que inventar nuevos pretextos para continuar su intervencionismo colonialista en el mundo, principalmente en los países periféricos. Ahora, las amenazas para los Estados Unidos y para “la paz mundial” según su retórica, son el narcotráfico y el terrorismo.
Según Chomsky, la política exterior de los Estados Unidos se funda en tres principios que son los siguientes: la máxima de Tucídides que dice que los fuertes hacen los quieren y los débiles sufren de esos abusos, el principio de Adam Smith quien sostenía que los verdaderos arquitectos de las políticas públicas eran los grandes comerciantes e industriales y el principio de la mafia que consiste en actuar insensiblemente ante las carencias y sufrimiento de sus víctimas. Actualmente se puede constatar como dichos principios actúan en la vida política, pues por ejemplo según la visión de Smith reforzada por el planteamiento del economista Thomas Ferguson, los grandes empresarios del capital financiero controlan las elecciones para asegurar sus inversiones y ganancias, por ello es lógico que las políticas públicas de los Estados secuestrados por las mafias empresariales sean siempre beneficiadas incluso de las crisis económicas que ellos mismos provocan. Los rescates de los empresarios en México derivados de una política consistente en privatizar las ganancias y socializar las pérdidas corroboran esa afirmación de Chomsky. Asimismo, sostiene que en las pasadas elecciones presidenciales en México, los Estados Unidos no podían permitir un gobierno que eventualmente contradijera sus políticas como sucede con otros gobiernos latinoamericanos.
Desde luego que la dominación y el abuso del poder no podría darse sin la alcahuetería de los intelectuales orgánicos del poder, quienes tienen la función de justificar lo injustificable mediante argucias retóricas y pensamientos sofísticos, pues es importante ganar el asentimiento de los ciudadanos o el consenso como diría Gramsci, generando una especie de servidumbre voluntaria. Este tema es muy interesante aunque en esta ocasión es tratado muy por encima.
Chomsky ilustra con ejemplos históricos el comportamiento hipócrita de los Estados Unidos para intervenir en los países que quiere saquear y cómo no tienen reparo en apoyar a regímenes criminales que actúan como sus cómplices, esgrimiendo una doble moral entre los que dicen acerca de la democracia y la paz y lo que realmente hacen. Desde luego que hay que señalar que el intervencionismo no sólo es por la vía militar sino que implementan otros recursos neocolonizadores, como el Tratado de Libre Comercio con México a partir del cual se le forzaba la privatización de los bienes y servicios públicos para ponerlos en manos de unos cuantos capitalistas, principalmente extranjeros, y creando asimismo una situación de dependencia económica más pronunciadas a partir de las exigencias de dicho Tratado obligando por ejemplo a los mexicanos a eliminar los subsidios al campo al mismo tiempo que ellos subsidiaban a sus productores agrícolas con las consecuencias previsibles: un campo mexicano tronado y por ende dependiente de los Estados Unidos. La asimetría que de por sí existía entre ambos países se hacía con ello más pronunciada en vez de buscar mecanismos compensatorios que permitieran mejorar a la economía mexicana para que fuera de veras competitiva, pero basados en el principio de la mafia, esa situación no les importaba sino sólo expoliar lo más posible a sus vecinos. El fenómeno migratorio es entonces una consecuencia de esta política entreguista para lo cual los Estados Unidos endurecen por un lado su política migratoria militarizando la frontera, pero por el otro tienen disponible mano de obra barata.
Como bien dice Chomsky, la globalización neoliberal se ha diseñado “para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos contra otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege a las fuerzas del mercado…”
Por último, Chomsky ve con buenos ojos los esfuerzos de una serie de países y gobiernos latinoamericanos por sacudirse el neoliberalismo, mientras que los Estados Unidos trata de desestabilizarlos de diversas maneras, alentando a las oposiciones de derechas dirigidas por los grandes empresarios locales, tratando de estrangularlos económicamente como han hecho con Cuba y estableciendo base militares como las recientes en Colombia cuyo narcogobierno es aliado incondicional del imperio.
Los invito a que lean la transcripción completa o escuchen el podcast de la conferencia de Noam Chomsky para que saquen sus propias conclusiones.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Escépticos y neoplatónicos
César Ricardo Luque Santana
Con este artículo continuamos y damos término al tema de la crisis social en el mundo antiguo y cómo las filosofías del período helenístico la enfrentaron. En el primer artículo hablamos de los cínicos y los epicúreos, en el segundo de los estoicos y concluimos ahora con los escépticos y los neoplatónicos. Asimismo, subrayamos que por crisis social venimos entendiendo una situación social relativamente caótica donde el tejido social se halla fuertemente erosionado por el predominio de un esquema social, económico y político injusto configurado a la conveniencia de los poderosos a expensas del pueblo, envileciendo las relaciones sociales al grado de que sólo los inescrupulosos obtienen beneficios.
Empezaremos por los escépticos que eran una corriente filosófica que negaban que se pudiera alcanzar la esencia de las cosas, esto es, la verdad. La palabra escepticismo viene del griego sképsis que significa examinar, indagar o investigar. El escepticismo consiste en poner en duda las posibilidades de certidumbre, pero no se trata como bien apunta el filósofo guatemalteco Moris Polanco (en su artículo Las funciones de la razón. El escepticismo antiguo y la filosofía como forma de vida, disponible en Internet) de una problemática de teoría del conocimiento sino de concebir la filosofía al servicio de la vida. Su crítica apunta contra los platónicos que hacían del conocimiento de la esencia de las cosas el fundamento de la vida feliz. En este sentido, si bien asumen que no podemos conocer las cosas o sólo podemos hacerlo de un modo probable, consideran que ello no es obstáculo para proponer una forma de vida razonable o tranquila. Es decir, el ideal de imperturbabilidad del alma (ataraxia) no descansa en la renuncia a encontrar la verdad sino en combatir la creencia de que sin ésta no es posible lograr dicha tranquilidad como pensaban los platónicos. Por ello, lo que los escépticos tratan de lograr es la tranquilidad del alma (ataraxia) mediante la suspensión del juicio (epojé).
Un cuestionamiento típico al escepticismo es su carácter autorrefutable, pues si afirman que no podemos conocer la verdad, su propia afirmación es contradictoria. Los escépticos más conocidos son Pirrón de Ellis, Carnéades y Sexto Empírico (todos ello de los siglos III y II a. C.)
Los sucesores de Platón, tanto los continuadores de la Academia como otros neoplatónicos, en general mantuvieron firme el papel del conocimiento para alcanzar la felicidad, razón por lo cual se separaban tanto del sabio tipo estoico o epicúreo como del predicador religioso, sin renunciar a considerar la filosofía como un modo de vida al igual que los primeros, ni a la salvación del alma como planteaban los segundos (aunque interpretada ésta de manera diferente a la fe religiosa)
Se reconoce que en una de sus etapas, la Academia de Platón (que subsistió ochos siglos) pasó por una fase de escepticismo, pero este escepticismo era diferente al que acabamos de comentar y está enderezado contra el estoicismo y el epicureísmo que eran filosofía de corte materialistas. Los platónicos pensaban que era mejor no creer en nada (racionalmente hablando) que en decantarse por posturas materialista, al menos así lo interpretó san Agustín de Hipona (s. IV d. C.) para quien la verdad se refiere a la verdad revelada la cual reside en el interior de las personas.
La característica común de los platónicos es que su propuesta para situarse en el mundo consiste en una huída del mismo mediante un conocimiento que lleve a la contemplación, lo que implicaba mantener una actitud intelectual o teórica. El racionalismo platónico era de tipo trascendente porque consistía en negar lo visible por los sentidos, pero no significaba que negaran la existencia de la realidad material sino que la despreciaban y la consideraban inferior a la realidad del mundo de las ideas, la cual era perfecta. La vida feliz era entonces la vida teórica desde un punto de vista idealista y metafísico.
Al contrario de los escépticos, la felicidad depende de descubrir la esencia de las cosas pues sólo en ellas reside la verdad, la cual para ser tal, debe permanecer siempre idéntica a sí misma, es decir, sin cambios.
Para Plotino (s. III d. C.), un brillante neoplatónico, el hombre vive en la medianía entre Dios y las bestias, siendo el alma la característica esencial del ser humano. Pero de los hombres, sólo los que se entregan a la contemplación son los únicos capaces de acercarse a Dios. A estos los consideraba divinos.
Lo común a todas las posiciones filosóficas que hemos revisado en estos tres artículos es por un lado su desapego de los bienes materiales como el poder, la riqueza económica y los placeres ordinarios; y por el otro lado, su actitud es espiritual aunque asumida en forma distinta, ya sea reactiva o contestataria como los cínicos, de repliegue interior como los estoicos, de vida comunal desligada de la sociedad como los epicúreos, de negación de toda certidumbre como los escépticos o de evasión metafísica como los platónicos. En todos los casos parece que la salvación del alma se entiende como una purificación de aquellos aspectos de la vida que envilecen a los hombres degradándolos. La preocupación por la ética y por una vida conforme a los valores -no de boca sino asumidos realmente como guías de conducta- es una característica típica de este período helenístico marcado por la crisis social donde prevalece la autoridad del más fuerte (el mal), y no de la razón, ni de la deliberación y elección democrática de la cosa pública.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Los estoicos ante la crisis social
César Ricardo Luque Santana
En mi colaboración anterior abordé a propósito de una sugerente lectura de una obra de Ferrater Mora ahí mencionada, cómo algunas filosofías antiguas enfrentaron las crisis de su época y cuál era el sentido de asumir un posicionamiento filosófico ante las mismas, lo cual deja entrever de que la filosofía era entendida por los antiguos no sólo como un oficio o forma de razonamiento, sino ante todo como un modo de vida, pues en efecto, parece que el interés se centra en conservar la dignidad humana, a veces con actitudes reactivas, otras replegándose hacia una libertad interior, o bien fugándose hacia otros mundos o de plano adoptando un abierto escepticismo.
El caos que provocan las crisis sociales, así como la desesperanza que conlleva, generan confusión, aturdimiento y sin sentido, lo que lleva a muchas personas a retrotraerse de participar en la vida social aceptando las cosas como son sobrellevándolas al sentirse impotente para modificarlas, o en caso extremo, tratando no sólo de adaptarse a una realidad que se percibe como inamovible sino procurando incrustarse a cualquier precio entre los privilegiados, mientras que la filosofía asumida como una forma de vida, no se limita a comprender la situación prevaleciente tratando de preservar algún sentido a la vida, sino que establece cierta resistencia aunque esta no se traduzca en un afán de transformación social revolucionaria a la manera que plantea la tesis de Marx de no limitarse a comprender el mundo sino tratar de transformarlo.
Toca turno pasar revista de manera muy sucinta a las siguientes corrientes filosóficas de la antigüedad grecorromana: los estoicos, los escépticos y los neoplatónicos, aunque en esta ocasión para no alargar este escrito, se hablará sólo de los primeros, dejando para la siguiente semana a las otras dos posiciones.
Loa estoicos tienen como núcleo de su filosofía a la ética. Según Ferrater Mora, eran un grupo un tanto ecléctico porque si bien subrayan la importancia de los valores morales, no asumían una postura ascética como los cínicos y creían fuertemente en el destino, lo que les permitía ocupar cargos políticos si era el caso, aunque no fuera algo buscado en sí mismo. Los estoicos profesaban un ejercicio de la libertad interior, replegándose a sí mismos. En la actualidad, se habla de tomar las cosas con estoicismo queriendo decir con ello tomarlas con resignación. Epicteto, un liberto romano, decía que sólo debemos preocuparnos por las cosas que están a nuestro alcance o que dependen de nuestras decisiones. En este sentido, si yo como individuo no puedo incidir para cambiar lo que está mal en la sociedad, tengo el deber ser de lograr los cambios en el ámbito de mi influencia, es decir, empezando por mí mismo, y mediante mi ejemplo, influir en los que me rodean y así sucesivamente. Este principio debería ser asumido por muchos que hablan de cambiar a la sociedad empezando por cambiar ellos mismos, pues como puede verse, este principio estoico lejos de ser una resignación total, es un verdadero acto de congruencia, si bien en su caso no se traduce en una proyección política. Podría objetárseles de que al aceptar cargos públicos estarían dando muestra de incongruencia, sobretodo cuando prevalece una noción muy negativa de la política, e incluso se podría aducir que la creencia en el destino era sólo una coartada para no negarse a ocupar puestos públicos. Yo considero que al margen del supuesto de la creencia en el destino que era fundamental en ellos y en sí en la cultura helénica, me parece endeble cuestionar a un hombre con principios por participar en la vida política cuando realmente deberíamos de reprobar que no lo hicieran, pues si éstos se abstienen a ello, qué nos queda entonces.
Ciertamente, la resignación del estoico parece similar a la predicación de la mansedumbre como luego hicieron los cristianos para no cuestionar las injusticias del poder, esto es, como una forma de sometimiento de los dominados. Pero al contrario de esta postura, los estoicos se justificaban porque se apartaban de la violencia como parte de su relación con el mundo, sin prometer ninguna salvación de ningún tipo al contrario del cristianismo que predicaban la mansedumbre prometiendo un paraíso después de la muerte física a cambio de aceptar el sufrimiento sin protestar, mientras que los estoicos aceptaban resignados la situación social pero en modo alguno encomiaban el sufrimiento. Ellos al igual que los epicúreos evitan el sufrimiento, no sólo físico sino también espiritual, sin la radicalidad de los seguidores de Epicuro que por ejemplo se oponían a los miedos irracionales a través de una especie de agnosticismo.
En la siguiente entrega terminaremos de analizar la forma en que las filosofías de la antigüedad grecorromana enfrentaron las crisis sociales, con la exposición de los escépticos y los neoplatónicos y trataremos de ofrecer algunas conclusiones al respecto que tal vez nos ayuden a fijar nuestra forma de estar y ser en el mundo actual.
domingo, 30 de agosto de 2009
Las actitudes filosóficas ante las crisis sociales
César Ricardo Luque Santana
Leyendo el libro de Las crisis humanas del filósofo español José Ferrater Mora (JFM) y ante la época de crisis a escala planetaria que nos ha tocado vivir, me permito retomar algunas ideas vertidas por él en esa obra donde nos ilustra cómo se han enfrentado las crisis desde la filosofía. En este caso, comenzaré por aludir a las escuelas filosóficas de los cínicos, los epicúreos, los escépticos, los estoicos y los neoplatónicos en el mundo antiguo del período helenístico, el cual se sitúa en el fin de la conquista de Alejandro Magno a raíz de su muerte y concretamente después de la muerte de Aristóteles de Estagira a finales del siglo IV.
Las crisis sociales nos dice JFM, son crisis reales que se dan en todos los niveles de la totalidad social: económico, político, social y cultural. En este sentido, podemos entender por crisis social las situaciones de inestabilidad e incertidumbre en lo económico, de deterioro severo del tejido social (altos índices de delincuencia), de antidemocracia o carencia de libertades civiles, de corrupción y relajamiento de los valores, y de formas de pensamiento monolíticas. Es decir, las crisis sociales representan un deterioro a las condiciones de vida material y espiritual de la sociedad.
En estas condiciones, la gente percibe una falta de asideros o referentes en los cuales depositar su confianza o sus esperanzas de mejoramiento individual y colectivo, percibiendo asimismo una realidad que los avasalla y ante la cual muchos sucumben de distintas maneras. En general, hay tres formas de actuar ante las crisis sociales: una, tratando de adaptarse oportunistamente a ella, esto es, de situarse entre los ganadores a cualquier precio; dos, evadiéndose mediante prácticas enajenadas asumiendo pasivamente las desgracias que se padecen dejándose llevar como corchos en el río; y tres, resistiéndose intelectual y espiritualmente procurando preservar la dignidad humana. En la primera postura están los individuos pragmáticos y los partidarios del éxito personal a toda costa, en el segundo los que Ortega y Gasset llamaba “hombre masa” y en tercer sitio los que si bien reconocen su impotencia para cambiar las cosas, procuran conservar la lucidez mediante una forma de vida especial. Esta es la actitud que nos interesa examinar ejemplificando cómo desde la filosofía se ha intentado resistir en las etapas de decadencia y por qué razón se adopta esta actitud.
La filosofía lo que hace es problematizar la relación del hombre con el mundo, es decir, tratar de encontrar sentido a la vida humana en medio de la desgracia, de la irracionalidad, de la maldad o de la injusticia. En otras palabras, se resiste a admitir que la felicidad no es posible, o bien, a que predomine la inmoralidad de los poderosos. En la antigüedad grecorromana del período helenístico que podemos ubicar de finales del siglo IV a. C. hasta el IV d. C., las corrientes filosóficas más sobresalientes fueron los cínicos, los epicúreos, los estoicos, los escépticos y los neoplatónicos. En esta ocasión comentaremos brevemente a los dos primeros y en la siguiente entrega a los tres restantes.
La problematización filosófica de las crisis sociales se hace mediante preguntas esenciales como indagar si es posible empatar el progreso material al progreso moral, es decir, si es posible aspirar a vivir con justicia y felicidad. Lo común por consiguiente de todas las posturas que vamos a examinar –independientemente de sus diferencias- es su propósito de preservar lo mejor del ser humano, lo que lo hace ser hombre.
Empezando por los cínicos, podemos decir que como corriente filosófica empezó desde los tiempos de Platón con Antístenes y Diógenes de Sinope (ambos de los siglos V y IV a. C.), siendo este último sin duda su representante más conocido, aunque se prolongó hasta la época romana, tanto de la república como del imperio. Los cínicos pertenecen a lo que en la historia de la filosofía se conocen como los socráticos menores, para distinguirlos de los socráticos de la Academia de Platón. Los primeros, imitaban a Sócrates en cuanto que limitaban su actividad filosófica en refutar las teorías existentes, es decir, asumían una actitud reactiva, de confrontación con el establismenth. Sin embargo, no tenían propiamente una doctrina sino que lo suyo era esencialmente un modo de vida rebelde, aunque individualista.
Los filósofos cínicos centraban su postura en el desprecio a los convencionalismos sociales. Tenían una actitud antiintelectual y abogaban por un “retorno” a la naturaleza. Ferrater Mora distingue oportunamente el cinismo de estos filósofos con el cinismo de los políticos, pues mientras los primeros rechazaban toda forma de hipocresía, los segundos se basan en ella. El término cínico que nos llega resignificado en la actualidad, proviene según parece de una analogía de la actitud de estos filósofos con los perros en cuanto a que éstos actúan en forma desinhibida.
Los epicúreos, que al igual que los escépticos son ignorados en el referido estudio de Ferrater Mora, surgen como una comunidad en torno a la figura de Epicuro (siglos IV y III a. C.), filósofo materialista continuador del atomismo de Demócrito (siglos V y IV a. C.) En la época romana destaca la figura de Tito Lucrecio Caro (hacia el siglo I a. C.) como un brillante y original continuador de la filosofía de Epicuro.
Los epicúreos constituían una comunidad en las afueras de Atenas conocida como la Escuela del Jardín donde los lazos de amistad entre hombres y mujeres eran el vínculo principal entre ellos, así como la veneración del liderazgo de Epicuro, a diferencia de otras escuelas filosóficas donde los discípulos tenían una relación más crítica con su maestro. Los epicúreos vivían aislados de la sociedad y de la política constituyendo su propio mundo, su microsociedad, buscando la felicidad en torno a un concepto llamado ataraxia, que significa imperturbabilidad del alma.
Los epicúreos son conocidos por su hedonismo, es decir, por su búsqueda del placer, pues la felicidad se concebía en torno al placer (hedoné), el cual fue malinterpretado sobretodo por los cristianos medievales dándole un significado hacia el placer corporal y en sí a la concupiscencia (desear deliberadamente el mal o el pecado), sin embargo, de lo que trataba el placer epicúreo era de evitar el sufrimiento. Epicuro distinguía tres placeres que eran: uno, los naturales y necesarios, como alimentarse, abrigarse, y el sentido de seguridad, que son fáciles de satisfacer; los naturales pero no necesarios, como la conversación amena, la gratificación sexual; y tres, los no naturales ni necesarios, la búsqueda del poder, la fama, el prestigio. Sólo el primero cultivaban los epicúreos.
Así entonces, mientras los filósofos cínicos eran unos individualistas y confrontaban abiertamente los convencionalismos de su sociedad como una forma de repudio; los epicúreos generaban su propio espacio de convivencia para realizar su ideal de felicidad y trataban de pasar desapercibidos.
domingo, 23 de agosto de 2009
Las condiciones generales del filosofar
César Ricardo Luque Santana
“Una vida que no se examina a sí misma no vale la pena vivirla”
Sócrates
Dedico esta reflexión a los estudiantes de recién ingreso a la carrera de filosofía de nuestra Alma Mater, algunos de ellos adultos mayores que seguramente anhelaron estudiar filosofía de manera más formal y que ahora por circunstancias particulares tienen la oportunidad de hacerlo. Abordaré este tema desde la perspectiva de la edad y de las condiciones psíquicas de los individuos, pero antes, se partirá de que el filosofar es hasta cierto punto natural en el sentido de que todos poseemos una determinada concepción del mundo y de la vida. Ciertamente el filosofar espontáneo tiene la desventaja como observó Antonio Gramsci de que éste se instala en el pensamiento ocasional, el cual suele ser fragmentario y contradictorio, a diferencia del pensamiento filosófico aprendido, que es más sistemático y congruente. Por otra parte, el filósofo norteamericano Gareth B. Matthews en su obra El niño y la filosofía (FCE), demostró que el filosofar es un suceso hasta cierto punto natural y que está presente en las mentes de los niños a través de sus preguntas, de su curiosidad innata.
Entrando en materia cabe preguntar: ¿se puede decir que hay una edad propicia para filosofar? según Epicuro, cualquier edad es buena para ello, y dice textualmente al respecto lo siguiente en la Carta a Meneceo: "Ni el joven dilate el filosofar, ni el viejo de filosofar se fastidie; pues a nadie es intempestivo ni por muy joven ni por muy anciano el solicitar la salud del ánimo. Y quien dice, quien no ha llegado el tiempo de filosofar o que ya se ha pasado, es semejante a quien dice que no ha llegado el tiempo de buscar la felicidad, o que ya se ha pasado. Así, que deben de filosofar viejos y jóvenes: aquéllos para florecer en el bien a beneficio de los nacidos; éstos para ser juntamente jóvenes y ancianos, careciendo del miedo a las cosas futuras." En otras palabras, si filosofar es pensar y el pensar libera, sólo quien renuncie a pensar y a ser libre podrá creer que no tiene edad para ello.
José Ortega y Gasset por su parte, afirma sin embargo que la edad de los treinta años es la más propicia para filosofar ya que en esa etapa "nuestro espíritu se recoge sobre sí mismo y con la frialdad de un contable se pone a hacer el balance de la vida". Más adelante agrega lo siguiente: "Es inevitable, hacia los treinta años, en medio de los fuegos juveniles que perduran, aparece la primera línea de nieve y congelación sobre la cima de nuestra alma. Llegan a nuestra experiencia las primeras noticias directas del frío moral. Un frío que no viene de afuera, sino que nace de lo más íntimo y desde allí envía al resto del espíritu un efecto extraño que más que nada se parece a la impresión producida por una mirada quieta y fija sobre nosotros". Concluye Ortega y Gasset que a esa edad, se dejan de lado los excesos juveniles de idealizar ingenuamente al mundo y "empezamos a querer ser nosotros mismos, a veces con plena conciencia de nuestros radicales defectos. Queremos ser, ante todo, la verdad de lo que somos y muy especialmente nos resolvemos a poner bien en claro qué es lo que sentimos del mundo".
Obviamente en este caso, Ortega y Gasset habla del filosofar espontáneo y por ello se refiere a una actitud de madurez de las personas que en un determinado momento de su vida, hacen un alto en el camino y examina lo que han sido y lo proyectan ser, como un acto de introspección, tratando de aplicar el conócete a ti mismo socrático.
Ahora bien, en cuanto las condiciones psíquicas que se requieren para filosofar, habría que darle la palabra al psicólogo Jean Piaget. Según él, la inteligencia independientemente del nivel en que se encuentre, procura comprender o explicarse las cosas formulando una serie de interrogantes. En el caso de los adolescentes, se ha comprobado que éstos muestran interés "por los problemas inactuales, sin relación con las realidades vividas día a día, o que anticipan, con una ingenuidad que desarma, situaciones futuras del mundo y a menudo quiméricas. Lo que sorprende más que nada es su facilidad para elaborar teorías abstractas. Hay algunos que escriben: que crean una filosofía, una política, una estética o lo que se quiera. Otros no escriben pero hablan. La mayoría incluso no hablan mucho de sus producciones y se limitan a rumiarlas de modo íntimo y secreto. Pero todos tienen sistemas y teorías que trasforman al mundo de una forma u otra".
Piaget afirma que los adolescentes, desde los doce años de edad, comienzan a orientar su pensamiento hacia una "reflexión libre y desligada de lo real". En otras palabras, los adolescentes superan el nivel de pensamiento pre lógico caracterizado por moverse en el plano de lo concreto o lo que es lo mismo, en referencia "a los objetos tangibles que pueden ser manipulados y sometidos a experiencias efectivas", hacia el nivel hipotético deductivo que es el plano del pensamiento formal.
Ciertamente, esta nueva etapa de la vida mental está marcada por un egocentrismo intelectual típico de la adolescencia el cual "se manifiesta a través de la creencia en la reflexión todopoderosa, como si el mundo tuviera que someterse a los sistemas y no los sistemas a la realidad. Es la edad metafísica por excelencia...". Añade Piaget que dicho egocentrismo se corrige posteriormente al lograrse un equilibrio que adecua el pensamiento a la realidad tal cual esta es. Ello significa que se adquiere conciencia de que el papel del pensamiento consiste en anticiparse idealmente a los objetos sobre los que reflexiona. Ahora bien, las proyecciones que realizan los adolescentes (caracterizadas por su egocentrismo y megalomanía), tienen como resorte a la emotividad o afectividad que refleja sus sentimientos generosos y altruistas.
Sin embargo, la afectividad que impulsó al adolescente a establecer ideales generosos, "...no es nada sin la inteligencia que le procuran los medios y les ilumina los objetivos". Piaget concluye: "...la tendencia más profunda de toda la actividad humana es la marcha hacia el equilibrio, y la razón, que expresa las formas superiores de dicho equilibrio, reúne en ella inteligencia y afectividad".
Un poco a contrapelo en cierto modo de la teoría piagetena, el programa de Filosofía para Niños creado por Matthew Lipman, ha demostrado que incluso los niños de una etapa previa al pensamiento hipotético-deductivo pueden filosofar en el sentido de que pueden aprender a dialogar, a justificar sus pensamientos, a escuchar otras razones y valorarlas, a decodificar mensajes en las historias y acontecimientos, a aprender tempranamente a construir conocimientos y también pautas de conducta de índole democrática esenciales para el intercambio de ideas. Por cierto, habría que escarbar en la teoría de Lev Vigostski los fundamentos teóricos y metodológicos de este sistema para aprender a pensar de Lipman.
Notas: las citas de José Ortega y Gasset están en su obra El espectador, Editorial Salvat, mientras que las de Jean Piaget están en Seis estudios de psicología. En Psicología y pedagogía también hace referencias respecto a la enseñanza de la filosofía en un apartado especial.
domingo, 16 de agosto de 2009
Filosofía y medios de comunicación (3/3)
Filosofía y medios de comunicación III
César Ricardo Luque Santana
La filosofía académica, al aislarse en sus actividades de un público no especializado, se vuelve una actividad endógena donde sólo los conocedores de los temas filosóficos se entienden entre sí, reduciendo la filosofía a espacios como las escuelas superiores, los congresos, las revistas y libros especializados, etc. Roxana Kreimer, dice que algunos profesores de filosofía que dedican toda su vida a estudiar un filósofo determinado, actúan como sus “viudos” filosóficos.
La vertiente académica o teórica es sin duda importante e insoslayable, pero debe complementarse con una vertiente práctica que ponga a disposición del gran público la sabiduría filosófica mediante diversas estrategias de divulgación, a la manera de la divulgación científica que se hace mediante libros dirigidos a un público relativamente culto pero no especializado, y a través de documentales televisivos didácticos y entretenidos. Después de todo, la filosofía se alimenta de los problemas el mundo aunque los eleve a altos niveles de abstracción.
Otras formas de acercar la filosofía son -como ya se mencionó en la entrega anterior-
El Internet también ofrece una gran gama de posibilidades sobretodo para los estudiantes y profesores de filosofía a través de blogs, videos, audios, artículos, libros digitalizados (eBooks), espacios de discusión, etc. La educación filosófica a distancia también es un recurso que puede explotarse mediante el Internet.
La radio también ha sido un vehículo importante para difundir la filosofía siendo uno de los programas más destacados en México “El Banquete de Platón” de la siria-mexicana Ikram Antaki, donde abordaba con elocuencia, sencillez y conocimiento, temas de filosofía, religión, ciencia e historia. Sus charlas se compilaron en libros tan amenos como sus pláticas. Actualmente hay un blog de Internet donde están muchos de sus programas radiofónicos. En ese mismo blog hay otras ligas interesantes, entre ellas la relativa al sabio mexicano Ernesto de la Peña (Al hilo del tiempo), donde también hay muchos audios de los programas de radio que él realiza con temas de filosofía y religión. Otro programa añejo es el de “Charlas de Filosofía” de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Guadalajara que se trasmite en la radiodifusora del gobierno del Estado de Jalisco.
De los programas de filosofía por televisión tenemos el del argentino Ricardo Foster, “Grandes pensadores del siglo XX” (Canal Encuentro) donde presenta una breve semblanza de connotados intelectuales como el antropólogo francés Levi Strauss, la filósofa de la política Hanna Arendt, el filósofo francés Michel Foucault, al psicoanalista Jacques Lacan, entre otros. Este programa no se reduce a filósofos sino que incluye a destacados intelectuales creadores de importantes teorías de diversos campos de la cultura. Cada personaje es presentado por Foster desde un pequeño café parisino y enseguida muestra un documental de ellos ya sea mediante una entrevista, una conferencia, etc. Es interesante conocer a estos personajes que han marcado la vida intelectual del siglo XX viéndolos en acción por así decirlo. El español Fernando Savater por su parte, presenta un interesante programa llamado “La aventura del Pensamiento” (mismo que plasmó también en un libro) donde hace una semblanza de una serie de filósofos desde Platón hasta Foucault. Son 26 filósofos sobre los que nos presenta su obra, su biografía, sus aportaciones, etc. Por su parte, el también argentino Juan Pablo Feinmann, presenta un programa llamado “Filosofía Aquí & Ahora” el cual es un poco más exhaustivo, punzante y subversivo en el tratamiento de temas filosóficos y de los filósofos. Hasta el momento van dos épocas, siendo la primera de 13 episodios que van de Descartes a Nietzsche, y la segunda aborda a los filósofos y corrientes contemporáneas en forma igualmente controvertida. Otro programa más reciente en la televisión uruguaya es el de Sandino Núñez, llamado “Prohíbido pensar” que se diferencia de los otros porque más bien filosofa sobre temas de actualidad como la comunicación, las elecciones, la censura, etc.
Si bien todos estos programas no los hemos conocido directamente de la televisión por darse en otras latitudes, los videos están disponibles en Internet. En México, recientemente Alejandro Tomasini Bassols presentó en el Canal 22, tres programas sobre el Tratactus logico-philoshopicus de Wittgenstein y continuamente presenta entrevistas a filósofos y filósofas mexicanas muy interesantes. Hay desde luego otros proyectos parecidos como el del canal Arcoiris, un canal independiente de Venezuela que tiene un curso de filosofía cuyos videos se pueden bajar por Internet, pero su calidad es regular. Algunos de sus documentales ofrecen narraciones muy planas y con pocos recursos técnicos.
En fin, la relación entre la filosofía y los medios no se agota en las variantes que acabamos de presentar, sino que también se da de otras maneras como es la crítica a los medios, la cual es una tarea indispensable para contribuir a preservar las libertades democráticas. Lo que hay que resaltar es que pese a que estamos en pleno auge del neoliberalismo el cual pretende imponer un pensamiento único, existen espacios para la filosofía, la cual por su naturaleza crítica es ajena a las doctrinas dogmáticas de cualquier especie. La filosofía en este sentido, no se reducen a difundir y/o divulgar el pensamiento filosófico, sino que ejerce mediante estos mismos medios que incluye también a los medios impresos, una crítica política y cultural, y asimismo, una crítica a los mismos medios de comunicación que en ocasiones son aliados de la dominación y la injusticia, pugnando por disposiciones que impidan una tiranía de los medios de comunicación privados, tanto electrónicos como impresos, pues en la medida en que éstos imperen sin una regulación adecuada y sin medios públicos alternativos que les hagan contrapeso ofreciendo opciones a los ciudadanos de análisis, entretenimiento, cultura, ciencia, etc., la posibilidad de formar una conciencia crítica se verá limitada. En este sentido, más allá de una legislación que impida a los medios electrónicos e impresos privados actuar como poderes fáctico, es necesario contar con medios públicos o de Estado, sin condicionamientos comerciales y sin estar secuestrados por intereses políticos facciosos. De otra manera, los medios de comunicación privados se erigirán -como de hecho ya lo están haciendo- en poderes fácticos que constituyen un obstáculo a la creación de una sociedad democrática.