martes, 10 de julio de 2012

Ricardo Luque - Inequidad e iniquidad electoral

Inequidad e iniquidad electoral

César Ricardo Luque Santana


Ricardo Alemán, uno de los más furibundos anti-Lopezobradoristas, dice que la compra de votos del PRI es un mito genial y reta a que se saquen cuentas para que se vea lo inverosímil de esta posibilidad. Trataré de hacer un acercamiento somero al tema para determinar su posibilidad, partiendo de que el tope de gastos de campaña de 330 millones de pesos, evidentemente fue rebasado por el PRI varias veces, examinando el asunto desde luego a ojo de buen cubero,  pues recordemos que tan solo en los traslados de Peña Nieto y su séquito a diferentes lugares del país, se hacían en hasta 3 aviones privados, entre otros gastos onerosos como hospedajes y comidas de todos sus acompañantes, además de las rentas de salones o espacios para los actos políticos, equipos de sonido,  estrados, pago a trabajadores, publicidad, acarreos (trasportes, comidas, playeras, matracas, etc.) y otros gastos menos visibles, como los 1,500 taxis que rentaron en Nayarit a mil pesos cada uno para mover a sus votantes durante la jornada electoral (según me confesó un taxista). El punto sin embargo se centra en los posibles gastos de compra del voto, de su volumen, toda vez que en las redes sociales circularon muchas evidencias de todo tipo que sin duda son datos empíricos incuestionables, aunque paradójicamente sean difíciles de usar como pruebas.

 El tope de gastos de campaña como se mencionó fue de alrededor de 330 millones de pesos más o menos. Ricardo Monreal llegó a decir en los primeros días posteriores a la jornada electoral, que el PRI rebasó ese límite al menos 14 veces, aunque recientemente su equipo dice que tienen pruebas de exceso de gastos de por lo menos 6 veces más que el tope legal. Con la primera estimación estaríamos hablando entonces de más de 4 mil 600 millones de pesos gastados (invertidos para ellos) en las despensas típicas, tarjetas de Soriana para adquirir mercancías, tarjetas con tiempo aire para llamar por teléfono, pago de operadores (mediante un esquema multinivel o piramidal), sobornos a comunicadores, entre otros muchos. Gran parte de este dinero es incluso no rastreable porque se manejó en efectivo sin comprobantes de ninguna especie e incluso es de procedencia dudosa por decir lo menos. De estos gastos excesivos  se han venido dando muchos testimonios diversos en Internet, como la propaganda del PRI en trípticos con billetes incrustados, reuniones en locales cerrados atestados de gente durante la jornada electoral donde se pagó directamente a cada votante y otras formas innovadoras que solo a los genios de la corrupción se les puede ocurrir. Tal vez la cifra sea incluso mayor a la que supuso Monreal al principio, es decir, quizá ronde en los 6 mil millones de pesos o más, tomando en cuenta también el uso generalizado de los recursos de las dependencias públicas, pues la compra de al menos 5 millones de votos que es lo que se cree adquirió el PRI de gente miserable de espíritu, requiere de fuertes cantidades de dinero que a mi juicio si están al alcance de la mafia priista.

 La pregunta de si una cifra de ese tamaño estaría al alcance del PRI tendría una respuesta afirmativa. Recordemos que tienen 20 gobernadores que echan mano del presupuesto a su antojo gozando de total impunidad y que podrían haber estado preparando un fondeo financiero para esta campaña con mucho tiempo de antelación. De hecho se ha llegado a decir que gran parte del endeudamiento excesivo de los gobiernos estatales priistas sería en parte con fines electorales. Asimismo, es cosa sabida que  los gobiernos priistas se han caracterizado por incurrir en usos facciosos y patrimonialistas del erario público desviando los recursos a su arbitrio; que existe una corrupción endémica en los gastos de los dineros públicos en obras y adquisiciones con contratistas y proveedores donde se suelen inflar costos; que en este tipo de corruptelas se han tejido  redes de complicidad con algunos empresarios que también aportan recursos a cambio de mantener privilegios de negocios; tampoco se descarta que haya dinero de procedencia ilegal (piense por ejemplo en los decomisos de dinero de delincuentes del crimen organizado y otras variantes relacionadas al mismo). Todas estas fuentes de financiamiento son posibilidades plausibles.

 Desde luego que nadie está diciendo que todos los que votaron por el PRI fueron comprados con dinero en efectivo, con monederos virtuales, prebendas, etc. Para nada, muchos otros fueron amenazados con retirarles apoyos diversos de los programas sociales si perdía el PRI; otros solo necesitaron promesas de un empleo; a los burócratas de los gobiernos estatales y municipales donde gobierna el PRI los amedrentaron y coaccionaron con represalias laborales como por ejemplo no recontratarlos si son eventuales o escamotearles sus derechos si son de base; y desde luego, hubo quienes votaron por el PRI por otras razones ajenas a la coacción: por inercia (“mi familia siempre vota por el PRI”), por irse a la cargada  inducidos por los medios y las encuestas decían que iba a ganar Peña por un amplísimo margen, por conveniencias personales (aviadurías, chayotes, sueldos altos, etc.), por frivolidades (“porque Peña está guapo”), por masoquismo (víctimas apoyando a sus verdugos) y hasta por convicciones auténticas (aunque sean difíciles de admitir).

 Pero la inducción y coacción del voto, junto con la compra del mismo, fueron lo determinante, principalmente esto último. En el SNTE por ejemplo, me contaron algunos maestros conocidos míos, que un enviado del sindicato los abordaba en sus centros de trabajo y les pedía que se involucraran en actividades de promoción de los candidatos del PRI: “No es obligatorio -les decían- pero el sindicato tomará en cuenta su apoyo”. Resulta ocioso explicar el sentido de esta frase. Aparte de ir de puerta en puerta o agitar banderolas en una esquina haciendo el ridículo en actividades proselitistas ajenas a sus funciones, les pedían listas de 10 votantes para el PRI. En otro caso que conocí y que fue una práctica generalizada, a una amiga mía (abogada), se le amenazó con despedirla del trabajo si no les proporcionaba una lista de 10 votantes seguros (lo que incluía copias fotostáticas de la credencial de elector). Ella creyó que saldría al paso apoyándose entre familiares y amigos quienes le hicieron el favor de prestarse simuladamente, pero no contaba con esa lista sería verificada por otra persona del PRI que se dio cuenta que la mayoría de esa lista votarían por otra opción, lo que le valió una reprimenda y se le obligó de nuevo a juntar los 10 votos “auténticos” para el PRI. Para verificar estas listas por cierto, lo que hacían era fingir una encuesta domiciliaria, preguntaban tu nombre y tu preferencia electoral, y de ese modo sabían si el apoyo era real o no (aunque siempre cabía la posibilidad de mentirles si uno estaba alerta). Mi amiga no tiene base en su trabajo y es madre de varios hijos, de manera que no quiso arriesgarse a perder su empleo que es el sustento de su familia.

Del mismo modo se pueden ir añadiendo muchas otras formas ilegales e inmorales de apoyos que el PRI obtuvo de diversas instituciones públicas cuyos recursos materiales y humanos se utilizaron de manera patrimonialista en su campaña, mismas que desde luego no son detectadas o no se pueden comprobar. De este modo obtuvieron muchos brigadistas y activistas gratis, usaron teléfonos, computadoras, papelería, vehículos, etc., de muchas dependencias de gobierno también en forma gratuita, aunque lo de “gratuito” es un decir porque realmente estamos hablando  desvío de recursos públicos o peculado.

 Todas estas variedades de apoyos y fuentes de financiamiento juntas, acumulan un poder económico nada despreciable, aunado a las inducciones con encuestas copeteadas, comentaristas alcahuetes que se parapetaban en ellas para generar una percepción de invencibilidad de Peña Nieto y otras formas más de inequidad e iniquidad electoral que generaron ventajas desleales e ilegales a favor del PRI, amén de toda una serie de delitos electorales perpetrados impunemente ante la complacencia sospechosa de las autoridades electorales, sin olvidar el insólito crecimiento de las casillas rurales contrarias a las tendencias de población del país según el INEGI que señala que la inmigración del medio rural al urbano es una constante. Curiosamente en las zonas rurales Peña Nieto salió favorecido, mientras que en el medio urbano le fue más desfavorable.

En suma, las condiciones de posibilidad de unos comicios democráticos fueron inexistentes de tal forma que una cantidad importante de personas que votaron por el PRI no ejercieron su sufragio de manera libre sino coaccionada de una u otra manera. No creo ni por asomo que el PRI pueda tener éxitos electorales sin usar grandes cantidades de dinero y sin contar con una impunidad plena. La asombrosa maquinaria electoral que despliega el PRI con una enorme eficacia, tiene por consiguiente como mecanismo fundamental el empleo de dinero a raudales e impunidad absoluta para violar las reglas del juego democrático. Así las cosas, podemos imaginar para la siguiente “contienda” la aplicación de esta misma estrategia electoral pero ahora con el PRI en el gobierno federal. Llegamos al absurdo de que podemos tener votaciones sin democracia porque como en los viejos tiempos del PRI avasallante, el pueblo vota pero no elije. Nada de esto debe soslayar sin embargo las limitaciones de los partidos y dirigentes de izquierda cuyas prácticas de corrupción en sus partidos y en sus gobiernos se asemejan mucho a las del PRI, lo que impide que muchos electores los vean como una alternativa de cambio válida y deseable. En este punto que está más a nuestro alcance, se tendrá que trabajar sin dilación con gran sentido autocrítico, esto es, una vez consumada la imposición que independientemente del esfuerzo que se haga por limpiar las elecciones, se dará por desgracia.

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